jueves, 27 de enero de 2011

Venezuela: A céntimo el minuto (unas líneas por los que se fueron)

Lo he ido notando poco a poco, aunque en buena medida ha sido imperceptible. Venezuela escala posiciones en las propagandas de los cyber-cafés y locutorios de las grandes ciudades del mundo. Ya estamos ahí, junto a Ecuador, Bolivia, Rumania, Bangladesh y Pakistán. A céntimo el minuto. Es la contrapartida de ese ejército que ha ido creciendo de igual forma, lenta pero sostenida. Son esos mismos que deambulan en las noches por los pasillos virtuales de Twitter o Facebook, lanzando botellas al mar. Hay cada vez más. A pesar de nuestra tradición individualista los números se imponen, y aunque quizás nunca llegue a tomar forma un equivalente de la Hermandad Gallega o el Hogar Canario, a donde los venezolanos exiliados puedan acudir para ofrecer ayuda y ser ayudados, ya empiezan a asomar algunas organizaciones informales. Nos cuesta esa sociedad. No estamos hechos para eso.


En Venezuela siempre ha predominado cierto desdén hacia aquellos que emigraron del país. Ese mismo desdén que, apenas alguien rompe cierta barrera y destaca, en esa lógica de pensamiento no lineal que nos rige, suele transmutar en admiración. Tengo para mí que tras la difícil migración de los trabajadores expulsados de PDVSA, esos que hoy habitan los dominios de Petrolia (Luis Pacheco dixit), ha cambiado en algo esa percepción. Ahora existen sentimientos encontrados. Me llama la atención el contraste entre esa actitud y la de otros países como España o Italia. Me viene a la mente de inmediato mi abuelo Ángel Navarrete, que solía religiosamente pasar a visitarnos tras retirar el cheque de su pensión, ya no sé si en Correos (cuando existía) o en el Consulado de España. Resulta curioso que, a pesar de la enorme dificultad fiscal que atraviesa España por estos días, a nadie se le haya ocurrido dar al traste con las transferencias a los emigrantes españoles. Es una medida que, si uno lo piensa bien, debería tener un costo político relativamente bajo y quizás aún podría llegar a ser atractiva. Pero aquí prevalecen dos convicciones. Primero, el gobierno debe velar por el bienestar de sus ciudadanos, no sólo de los que viven en el territorio nacional. Esta es una idea poderosa sobre la que tendremos que volver más adelante (como sociedad, quiero decir, no soy de los que disimula la propaganda del ego utilizando el plural). Segundo, existe cierto sentimiento de deuda hacia aquellos que se vieron obligados a abandonar su país en búsqueda de mejores condiciones de vida.

En cualquier caso, no deja de ser curioso que para muchos de los hijos de aquellos que vinieron en tiempos difíciles la marea haya reversado. Había empezado esta nota con la intención de comentar algunas investigaciones recientes acerca de las ventajas y desventajas de la fuga de cerebros (para el país de origen, se entiende). En su lugar, se me vinieron a la memoria un caudal de imágenes, en rápida sucesión, y las palabras de mi padre, llegado a América con apenas diecisiete años y a Venezuela hace más de cincuenta: “Se ha cerrado el ciclo. Recuerda siempre que, si yo he tenido alguna suerte en la vida, es que nadie me ha regalado nada”. Es así papá. A nosotros tampoco. Ni aquí, ni mucho menos allá.

Para El Universal, 28/01/2011

domingo, 23 de enero de 2011

¿Cuál es la forma adecuada de calcular tasas de descuento en mercados emergentes?

Anexo el Caso de Estudio "Telmex-CANTV: Which is the appropriate discount rate?", que escribí con Carlos Alberto Molina (IESA) y fue publicado en Mayo, 2010 por Academia Revista Latinoamericana de Negocios (ISI). Teaching notes y respuestas pueden ser proveídas por los autores a los profesores que deseen usar el caso y las necesiten.


jueves, 20 de enero de 2011

¿Cuál es la magnitud del atraso económico de estos 12 años? Cuánto hemos crecido por habitante en contraste con América Latina

En los últimos días, a raíz del discurso del Presidente en donde en teoría debía rendir cuentas por los últimos doce años, muchos se han dado a la tarea, cada uno en su área, de explicar qué es lo que no se ha hecho. Porque con una bonanza petrolera de la magnitud que hemos tenido es evidente que no se puede citar como único mérito el que esto se haya mantenido en pié (si es que eso se puede decir, al menos hay más de 150.000 que ya no están en pie). Esa dimensión, la de lo que no se ha hecho, nos saca de la atontada realidad en la que vivimos y nos pone en presencia de lo que pudo haber sido (y podemos llegar a ser). Ese es acaso uno de los retos más difíciles de quienes hacen política: Alimentar la imaginación del venezolano con la posibilidad de alcanzar un nivel de bienestar superior, que quizás no hayan tenido antes. Algo así como la república aérea de Bolívar, pero en términos de bienestar.

En economía los números son devastadores. A pesar de la colosal bonanza petrolera, el ingreso por habitante promedio ha crecido 4,8% en doce años, que viene a ser 0,4% anual. Los farsantes (los hay de lado y lado) suelen decir que Venezuela “siempre ha sido un país de bajo crecimiento”. No es verdad, Venezuela fue el país de mayor crecimiento económico en el mundo entre 1950-1977 y también creció lo suyo entre 1990-1992. (Pero en fin: Analistas económicos y políticos son dos ocupaciones muy de moda por estos días, y a veces ambos se funden en uno sólo) ¿Qué han hecho otros países en ese tiempo? No vamos a citar el caso de China, cuyo ingreso promedio ha crecido en doce años 161% (8,3% anual) o el de la India, que ha crecido 85% (5,3% anual). Vamos a pensar en gente como nosotros. Entre 1999 y 2010, Chile consiguió incrementar el ingreso promedio de cada habitante en 36% (2,6% anual). Bueno, te dicen, Chile tuvo a Pinochet (a quien se sobreestima, se olvida que su gestión económica fue un rotundo fracaso hasta 1982 y que la democracia volvió en 1990, hace ya veinte años). “Es un caso distinto”. Hablemos de Argentina y Brasil. En los doce años de Chávez, ambos consiguieron incrementar su ingreso por habitante 25% (1.8% anual). ¿Tampoco? Veamos Perú y Colombia. Perú consiguió aumentar el ingreso real promedio de sus habitantes en 47% en doce años (3,2% anual). Colombia ha conseguido crecer 14% por encima del crecimiento poblacional (equivalente a 1,1% anual). Y hasta en México, que no ha tenido doce años fáciles, el ingreso promedio creció más del doble de lo que creció el nuestro: 12% en doce años (0,9% anual).

Visto de otra forma, al ritmo de crecimiento de Venezuela tomaría 98 años crecer lo que ha crecido Perú en doce, 33 años crecer lo que creció Colombia y 29 años lo que creció México en ese mismo período. Y cuando se hacen todas estas cuentas hay que considerar que el resto de América Latina ha recibido el impacto negativo de los precios del petróleo, que para Venezuela representa viento a favor.

Muchos de esos países aún tienen ingresos promedio que en términos absolutos están por debajo de Venezuela. Pero con esas enormes diferencias en las tasas de crecimiento, es sólo una cuestión de tiempo. Hecho en socialismo.

Para El Universal, 21/01/2010

jueves, 13 de enero de 2011

La República exhausta

La semana pasada decía yo que en los últimos doce años Venezuela había recibido 516.280 millones de dólares por exportaciones petroleras, 245% más que en los doce años previos a Chávez. Siendo un período tan largo, habría que ajustar por la inflación en dólares (hoy no valen lo mismo que hace 24 años). Tras ese ajuste, la cifra se reduce a 141%. También somos muchos más. Como la población ahora es 24% mayor que hace doce años, las exportaciones petroleras reales por persona son ahora 95% más altas. Por donde se le mire y tras los ajustes que se le quieran hacer, es un período de bonanza descomunal. Es como si al final de estos doce años, en diciembre pasado, a cada venezolano le hubiesen hecho un cheque por 21.875 dólares (1.823 por año). Hace doce años, el cheque habría sido apenas de 11.740 dólares (978 por año).


¿A dónde se ha ido todo ese dinero? Uno tiene que pensar que si el gobierno no existiera, y alguien se hubiese tomado la tarea de distribuir la renta petrolera, a todos nos hubiese tocado 95% más (¡en dólares!). Uno también se puede imaginar que con ese cheque, al menos a los fines de las estadísticas del INE, habría sido posible eliminar por completo la pobreza. ¿Por qué digo esto? Porque según una de esas reglas prácticas de los organismos internacionales (esos que suele citar el gobierno cuando las estadísticas son favorables y vilipendiar cuando no es así, tipo Insulza), en pobreza crítica se encuentran quienes viven con menos de un dólar al día, y en pobreza relativa en general con menos de dos dólares diarios. Un cheque de 1.823 dólares cada año le hubiese dado a cada venezolano en promedio unos cinco dólares diarios, todos y cada uno de los 4.380 días de los últimos doce años.

Sin embargo, la producción por habitante en estos doce años ha crecido apenas 5% y ni siquiera el gigantesco boom del volumen de consumo (43%) alcanza para explicar el destino de la mitad de los recursos recibidos. Pero la cuenta no termina ahí. También en estos años el endeudamiento del sector público consolidado ha crecido de forma colosal. Si uno realiza cálculos similares a los anteriores para nuestros niveles de deuda se da una coincidencia interesante: Ha crecido en 240% en doce años, que en términos reales (corrigiendo por inflación en dólares) representa 140%, lo que equivale a decir que cada venezolano debe ahora 95% más en términos reales que hace doce años. ¡Idéntico al ingreso petrolero!

Más allá de esta curiosidad estadística, se hace cada vez más evidente que el desgobierno de Chávez dejará a Venezuela en la bancarrota total, sin activos de valor, sin reservas internacionales, con una enorme deuda y con una fracción de la producción petrolera futura ya cobrada por adelantado. Es decir, lo que dejó Lusinchi y el año 1989 van a parecer un paseo por el Parque del Este al lado de esto.

Pero como decía el Presidente Nixon, hope for the best, but plan for the worst. No sólo es que ese escenario se puede enfrentar, sino que alguien tendrá que hacerlo porque sí. Siendo tan previsible como lo es, y tan imprevisible el qué podría ocurrir con el curso del poder, no queda otra que empezar a planificar para entonces. Lo más difícil es creérselo.

Para El Universal, 14/01/2010

martes, 11 de enero de 2011

Situación de la democracia y derechos humanos en Venezuela, ante recientes medidas legislativas

Feliciano Reyna y Yolanda D'Elia han preparado este extraordinario documento, que describe de forma resumida y bastante asequible cuál es la situación en que ha quedado la democracia venezolana luego de la aprobación de paquete de leyes pasado por el Ejecutivo y Legislativo Nacional (léase Presidente Chávez) días antes del cierre del último ejercicio legislativo.


En más de veinte de estas leyes se viola de forma directa la Constitución de 1999 y obligaciones internacionales contraídas por el Estado venezolano, representando una ruptura clara del estado de derecho en nuestro país.

Gracias a la Asociación Civil Civilis, a Feliciano y a Yolanda -



jueves, 6 de enero de 2011

La revolución en cifras: 12 años después

Vale la pena analizar las cifras oficiales de estos últimos doce años. ¿Por qué? Porque es un período suficientemente largo como para verificar la naturaleza infalible de algunos principios de economía, esos mismos que se suelen encontrar en los libros de Macro 101 y que el gobierno se empeña en ignorar. Además, de ahí se derivan un conjunto de lecciones que nos podrían ser útiles una vez que pase el diluvio y se detenga la destrucción.

En doce años, el gobierno ha recibido por exportaciones petroleras 516.280 millones de dólares. ¿Y eso es mucho? Para hacerse una idea, basta decir que es 245% más que los 149.600 millones de dólares recibidos en los doce años previos. Pero eso no ha sido todo. Chávez en 1998 recibió un país con una deuda pública de 27.900 millones de dólares, que representaban apenas 29% del tamaño de nuestra economía. Hoy en día la deuda pública asciende a 95.000 millones de dólares, equivalentes a 70% de nuestra producción.

¿Qué se hizo con esa enorme cantidad de divisas? 62% se destinó a importaciones (consumo), 28% salieron del país, en una colosal fuga de capitales estimulada por las emisiones bolívar-dólar del propio gobierno. Lo demás fue a fortalecer reservas (apenas 3%) y otros usos. ¿Cuánto ha crecido nuestra economía? La producción por habitante ha crecido 5%, un mísero 0,4% anual. Doce años perdidos. Mientras tanto, al cierre del 2010 el consumo por persona era 43% más que en 1998, equivalente a 3% anual. Esa es la esencia pura de la revolución: Promueve un socialismo-comunismo que destruye la capacidad productiva, mientras procura evitar la correspondiente caída en el consumo haciendo uso de la renta petrolera y el endeudamiento.

Entre 1999-2010 el salario promedio creció 740% (19,4% anual), mientras la inflación registrada fue de 1006% (22,1%). Es decir, el poder de compra del salario ha caído 24% en doce años. El boom de consumo no tuvo como contrapartida un boom de salarios reales, sino el aumento del gasto público y las transferencias del gobierno. Así se manipulan y chantajean empleados públicos, contratistas y receptores de programas sociales.

Al contrario de lo que se predica, la devaluación y la inflación no resultaron de la especulación. Mientras la liquidez ha crecido en doce años 2.676%, nuestras reservas apenas se duplicaron. En 1998 había 0,7 bolívares por cada dólar en reservas, ahora hay más de 9,7. Aumentar el circulante en 32% anual, en un país que crece muy poco, sólo puede generar inflación. La paridad del poder de compra, una de esas leyes vilipendiadas por todos, se cumple de forma asombrosa: Inflación promedio anual de 22%, mientras la tasa oficial se ha devaluado 18% anual y la paralela 25%. Si ya de por sí íbamos a tener que devaluar el diferencial entre nuestra inflación y la de los demás, ¿por qué no hacerlo de forma gradual, en lugar de esperar años y luego recurrir a macro-devaluaciones?

En resumen: Destrucción de la producción, crecimiento cero, gigantesco boom de consumo cortesía del petróleo, más inflación y más devaluación. La revolución nos trajo de vuelta a la política del siglo diecinueve, en medio de una economía idéntica a la del decenio Herrera-Lusinchi. Fenomenal.

Para El Universal, 07/01/2010