jueves, 31 de marzo de 2011

Todos los días llegan

Todos los días llegan y casi ninguno es tal y como lo esperábamos. Creo haber leído esta frase en “Tu rostro mañana” (Javier Marías), pero los tres volúmenes pasan de mil seiscientas páginas (¡menos mal que “no debería contar uno nunca nada”!) y no he sido capaz de dar con ella. Llegan los días buenos y los malos. Hay días que alguna vez vimos lejanos y se nos aproximan de forma lineal, casi imperceptible. Son aquellos para los que sólo se requiere del paso del tiempo. Quizás por eso sean los que menos duelen en el camino, los que más daño hacen al final. Hay una suerte de letargo, un acostumbrarse y mentirse, una cierta creencia infantil de que somos eternos.

Por ejemplo: Hace unas semanas nos dejó Ricardo Zuloaga. Aunque era probable que ocurriera, la noticia me cayó de sorpresa y trajo una intensa tristeza. A la muerte de Miguel Otero Silva, José Ramón Medina escribió “ya las puertas del porvenir quedaron cerradas para quien fuera pulso estremecido de vivencia lanzada hacia el futuro”. No he logrado conseguir en mi inventario algo mejor para describir la partida de Ricardo Zuloaga. Pero éste no es un artículo para rendirle homenaje. Ya varios lo han hecho con mejor fortuna (en particular Asdrúbal Aguiar), dando con las palabras que mejor se adhieren a lo que fue su vida, pensamiento, acción y al sentimiento que nos ha dejado. El punto es que tras verlo llegar tantas veces a las reuniones conduciendo su vehículo, tras oírlo hablar, discutir y contribuir con todo aquello que tuviera que ver con la “reconstrucción de Venezuela” (otro de los días que llegará, sin duda), en algún momento llegué a olvidar la posibilidad cierta de que él llegara a agotarse (el día en que su reloj se detuvo a los 92 años, tenía marcadas en su agenda nada menos que diez reuniones).

Hay otros días cuya venida resulta imposible de predecir, aunque sea evidente que en algún momento van a llegar. Al contrario de los anteriores, estos días suelen causar ansiedad a priori (que a veces se extiende por años enteros), una gran incertidumbre y un no saber. Se precipitan, un día cualquiera, como resultado de un conjunto de circunstancias impredecibles, que luego serán descritas por los farsantes de ocasión con una coherencia implacable que nunca tuvieron. ¿Quién hubiera podido predecir la caída de Fujimori o Mubarak, o las prevenidas al bate de Gaddafi y El Asad? ¿Quién que hubiese estado en Lima, Cairo, Trípoli o Damasco unas semanas antes de esos días hubiese podido adivinar lo que estaba por venir? Y sin embargo todos han llegado, siempre llegan, con toda probabilidad.

Cada día trae su propio afán. Con los primeros días, los que dependen del tiempo, hay poca cosa que podamos hacer. Acaso esa sensación de permanencia infantil que todos tenemos no sea del todo mala, quizás nos ayude a vivir más tranquilos (aunque sea bueno recordar que la vida es efímera y no perder tanto tiempo en cosas pequeñas). Y aquellos días que más valen son los que están rodeados de mayor incertidumbre. Uno trabaja a veces sin la certeza de que su día llegará. Ya decía Victor Frankl que “quien tiene un por qué es capaz de aceptar casi cualquier cómo”. Mientras haya días, habrá esperanza.

Para El Universal, 01/04/2011

jueves, 24 de marzo de 2011

El derecho al olvido

No es el título de la última telenovela mexicana. Este encabezado está en el centro de un largo contencioso que mantienen en España Google y la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD). La disputa es sobre quién debe retirar de Internet un enlace con información sobre una determinada persona cuando ésta así lo reclama. El conflicto se reproduce de un caso a otro casi siempre en los mismos términos: Una persona que se considera perjudicada por una noticia o documento que existe en la red, a pesar de que las circunstancias que rodean el hecho hayan cambiado, no tiene a quién acudir para solicitar la retirada del enlace.

Aunque por ahora el caso está circunscrito a 90 demandantes en España y enfocado en Google, una sentencia sentaría jurisprudencia a lo largo de la Comunidad Europea y arroparía a los demás buscadores, y sobretodo a las redes sociales. Hasta aquí, la AEPD considera que “no puede obligarse a la fuente de la noticia o documento a retirarla, porque ello alterara el propio historial”. Google sostiene que su labor se restringe a buscar en la red y listar resultados: son aquellos que publicaron la información los responsables de retirarla. La AEPD responde que “no se trata de suprimir una noticia del mundo real o del virtual”, sino de proteger el derecho al olvido restringiendo el efecto multiplicador sobre el contenido que poseen los motores de búsqueda.

Me llama la atención que los demandantes exijan el derecho a suprimir (olvidar) aquellas noticias alrededor de las cuales “las circunstancias hayan cambiado”. Y es que esto podría aplicarse a cientos de cosas, no sólo a aquellas de las que hemos sido acusados de forma injusta, sino a todas esas cosas que sí ocurrieron y de las que nos arrepentimos, esas cuya reproducción antes estuvo restringida por la existencia de fotografías (que se ponen ocres con el tiempo), cartas (que se pueden destruir), o en la memoria de testigos (que es perecedera, no es de fiar, y en última instancia también desaparece).

Pero más me llama la atención que en muchos de esos casos (Facebook está prevenido al bate) la información, esa misma de la que se podría uno luego arrepentir y que podría ser utilizada en propia contra, ha sido aportada de forma voluntaria. Eso me lleva a un detalle adicional: ¿Y el derecho al olvido de los muertos? Porque sus datos siguen rodando por ahí, nos siguen sonriendo desde sus páginas de Facebook, siguen mandando recomendaciones, apareciendo en fotos, siguen cumpliendo años, aunque estacionados ya para siempre en la edad de su fin. Más aún, sigue colgado allí, en esos cementerios virtuales, el contenido de sus días, sus vinculaciones, sus fotografías de otros. ¿Qué piensa hacer Facebook con los muertos? Si no se hace algo, pronto tendrá muchos más miembros muertos que vivos. Ya lo dice Javier Marías (Tu rostro mañana): “No debería uno contar nunca nada, ni dar datos, ni aportar historias… Contar es casi siempre un regalo, un vínculo y un otorgar confianza, y rara es la confianza que no se traiciona, raro el vínculo que no se enreda”. Y es que, en buena medida, el derecho al olvido no puede ser resguardado por nadie que no seamos nosotros mismos.

Para El Universal, 25/03/2011

¿Cómo hacen las compañías extranjeras para no pagar impuestos por sus actividades en Africa? No te pierdas esta presentación!

jueves, 17 de marzo de 2011

Kornai: A fuerza de pensar (versión ampliada)

Nunca es casualidad que un determinado libro caiga en nuestras manos en determinado momento. Me gusta pensar que hay cierta lógica de vida detrás de ese proceso que desemboca en la lectura de una entre tantas otras cientos de miles de posibilidades. Así, saltando de una referencia a otra, a partir de una conferencia de Jeffrey Sachs sobre el desarrollo sustentable, llegó a mis manos “A fuerza de pensar”, del economista húngaro Janos Kornai (“By force of thought: Irregular memoirs of an intellectual journey”, MIT Press 2007).

Había leído referencias a Kornai aquí y allá, pero nunca nada escrito por él directamente y menos aún caído en cuenta de su extraordinaria historia. Nació en Hungría y alcanzó la mayoría de edad en ese peculiar período en que los rusos desalojan a los soldados de Hitler de Budapest. Esta época ha sido descrita de forma magistral por Sandor Marai en sus memorias (“Tierra, tierra”), pero desde otro punto de vista: A diferencia de Kornai, Marai no era judío y nunca se identificó con los comunistas rusos.

Kornai perdió a su padre durante la persecución a los judíos y a tres de sus hermanos en la guerra. Consiguió eludir el servicio militar y escapar de los campos de trabajos forzados a través de una sucesión de iniciativas y coincidencias sorprendente improbables. Tras la “liberación de Budapest”, decidió cambiar su apellido judío (Kornhauser) por uno que sonara más húngaro (“Kornai”) y se unió a la juventud socialista. Desde allí contribuyó a sentar las bases de la Revolución de 1956 y se convirtió en uno de los grandes teóricos de la transición post-Soviética. Fue desencantándose poco a poco del régimen, y llegó a escribir varias obras críticas, la más notable de todas “Sobre-centralización” (Overcentralization), el primer libro salido de la cortina de hierro que criticaba de forma abierta al régimen, exhibiendo sus grandes contradicciones. A estas le siguieron muchas otras, que ayudaron a los intelectuales de Occidente a entender mejor la mecánica de funcionamiento interna del socialismo y sus debilidades implícitas. Hoy en día Kornai es tenured profesor en la Universidad de Harvard (83 años).

Quisiera resaltar algunos aspectos que más me han llegado de esta lectura. El primero es el proceso a través del cual Kornai decide unirse a la juventud socialista, a pesar de los evidentes crímenes y abusos que se cometían a diario contra sus compatriotas húngaros. “Todas aquellas experiencia horrorosas que oíamos a diario quedaban confinadas al inconsciente; sí, las oía, pero no le atribuía todo el peso que tenían, porque si hubieran salido a flote con toda su fuerza habrían debilitado mi confianza en la Unión Soviética… Yo no hacía sino pensar en que ellos habían perdido muchas vidas para salvarnos de la aniquilación nazi, y así, mi confianza en el régimen se fue fortaleciendo hasta el punto en que eventualmente transmutó en una fe ciega e incondicional”. Algo de ese sentimiento, identificación y ceguera podría estar también detrás de esas otras fidelidades incondicionales que nos resultan tan difíciles de comprender.

La otra es que Kornai se aprovechó de aquél aspecto, en donde evidentemente tenía una ventaja comparativa, para convertirse en uno de los profesionales más destacados de su época. Desarrolló una veta que ningún otro economista hubiera podido desarrollar. Para mí, es algo quizás comparable a lo que en el cine ha hecho Pedro Almodóvar: Hacerse famoso a fuerza de contar esas cosas que en España pasan todos los días, pero que a los demás en el resto del mundo nos parecen surreales. ¿De qué se puede escribir e investigar en Venezuela por estos días? ¿Qué nos está pasando que podamos explotar desde el punto de vista del conocimiento, para aprender de nosotros mismos y dejar una lección al resto de mundo? Me da la impresión que varias cosas: El propio socialismo anacrónico, los 150.000 asesinatos en 12 años, las hordas de refugiados y la fuga de talentos, y el petróleo, se me ocurren sólo como algunas posibilidades.

Por último, me quedo con ese pasaje en donde se relata la “liberación” de Budapest por el ejército soviético. A Kornai este día le sorprende escondido en un sótano. Dos soldados rusos abren la compuerta y, a través de la luz filtrada por la escalera de caracol, ven abajo al joven Kornai, de apenas 16 años. Uno de ellos le estira la mano y cuando Kornai se incorpora, pensando que le ofrecían ayuda para subir le grita: “¡Davay chasi!” (¡el reloj!). Así, tras robarles los relojes y cadenas a todos los que se encontraban ocultos, se marcharon dejando la puerta abierta. Buena lectura, y buena introducción a lo que termina siendo siempre el socialismo.

Para El Universal, 18/03/2011

Itaca, el poema de Konstatinos Cavafys, en la voz de Sean Connery

jueves, 10 de marzo de 2011

¿Qué hacer con la deuda venezolana?

Entiendo que mi referencia reciente al principio de “odious debt” ha causado alguna polémica, por decir lo menos, y me gustaría aclarar mi percepción y las recomendaciones de política que se derivan de allí. En primer lugar, conviene recordar la definición de odious debt de Kenneth Rogoff: “Cuando los prestamistas le dan dinero a un gobierno conspicuamente cleptómano y corrupto, los gobiernos subsecuentes no tienen la obligación de honrar dichos compromisos”.


Resulta evidente que la ausencia de institucionalidad en Venezuela le ha permitido al gobierno endeudarse de forma indiscriminada. Los fondos provenientes de esos compromisos en muchos casos no son utilizados en cosas que favorezcan los intereses de la República y sus ciudadanos, o al menos eso cabe presumir, dado que el manejo es totalmente opaco, a espaldas de la nación. Si, quizás PDVSA era una caja negra. Pero es que esta gente se ha llevado la caja. Esta situación es conocida para todos los que deciden apostar sus fondos al gobierno de Venezuela. Todo parece indicar que los nuestros están dispuestos a seguir endeudándonos al infinito, más allá de las tasas de interés que los mercados decidan imponer. Para engañarnos (a nivel internacional nadie se engaña) calculan el PIB venezolano a tasas de cambio muy sobrevaluadas: Nos presentan niveles de deuda/PIB de 30%-40% que en realidad son de 60-70%.

Hay deudas mucho más opacas que otras. Tómese por ejemplo el Fondo Chino. Por lo que sabemos de las cadenas presidenciales, el gobierno chino le abrió una línea de crédito al venezolano y cada vez que éste gira contra esos fondos se genera un compromiso de envío de petróleo. Este contrato no ha sido discutido, presentado, ni tan siquiera conocido de forma pública en Venezuela. No sabemos cuáles son las condiciones de descuento, la tasa de interés implícita, los plazos, o qué tanto compromete la venta futura de petróleo. Ahora que la oposición tiene una probabilidad real de llegar a ser gobierno me parece inteligente que, a través de algún canal diplomático, se le haga saber a los chinos que existe una posibilidad de que no se cumplan esos compromisos. Los chinos, que no pierden una, seguro ya lo han descontado y están ganándole al trato actual cualquier cosa que puedan perder a futuro. Pero, en cualquier caso, me parece una medida necesaria y entiendo que algunos partidos políticos en Venezuela la están considerando.

Luego está la deuda documentada. En este frente tiendo a pensar que será necesario primero hacer un reordenamiento. Si en lugar de las “emisiones sorpresa” e indiscriminadas del gobierno, se hiciera un road-show y se explicara cuál es la estrategia y qué uso se le dará al dinero, dentro de un marco de sostenibilidad fiscal, la prima de riesgo de Venezuela caería unos 200-400 puntos básicos. Ahora bien, quienes le prestan hoy a Venezuela tienen que considerar que las enormes tasas de interés que están devengando compensan su temor de que Chávez no tenga disposición a pagar. Para el momento en que deje el poder, cuando quiera que eso ocurra, el problema de podría ser mucho más de capacidad de pago que de disposición. Y, ya en ese escenario, habría muy poco de que hablar.

Para El Universal, 11/03/2011

viernes, 4 de marzo de 2011

Impresionante entrevista de Maripili Hernández a Reed Lindsay, corresponsal de Telesur: Revela crímenes de Gaddafi y posición del pueblo de Libia sobre Chávez

No tiene desperdicio el clip de esta entrevista que Reed Lindsay - corresponsal de TELESUR - le concede a Maripili Hernández, en donde le revela el genocidio de Gaddafi contra un pueblo indefenso, y le comenta entre otras cosas que la gente en la calle no hace sino preguntarle por qué Chávez apoya a quien los está asesinando!

jueves, 3 de marzo de 2011

2011: ¿Otra bonanza inútil?

Las expectativas más optimistas sobre los precios petroleros se han materializado. Según la evolución de Libia y las posibilidades de que la insurrección se extienda a otros productores, podría durar más o menos. El caso es que, aún con los niveles de exportación tan bajos de PDVSA, cada dólar que sube el precio de la cesta venezolana, por encima de los 73 que promedió en 2010, representa 500 millones de dólares anuales.


El gobierno no debería tener problema en seguir bombeando 120 millones de dólares diarios a través de CADIVI, además de los 30-40 del SITME. Visto de otra forma: Habrá disponibilidad para cubrir el servicio de deuda, los 14.000 millones de dólares en salidas de capital y los 40.000 (quizás algo más) en importaciones de este año. Seguirán escaseando cosas aquí y allá, seguirá la corrupción, y siempre nos parecerá que se hace muy poco o nada con esa enorme cantidad de divisas. Pero no cabe esperar que la situación se deteriore aún más (aunque en esto el gobierno siempre nos sorprende, en una sola dirección). Habrá más gasto: sólo en enero los egresos base caja del gobierno central crecieron 48% en relación con ese mes en 2010, 16% en términos reales.

El problema está en cuáles serán los efectos de esa inyección de gasto adicional. El gobierno tiene ya años en el afán de demoler el aparato productivo. Nuestra capacidad de reacción ya no es la misma. Tomemos el ejemplo de la construcción. En el último trimestre de 2010 el volumen de construcción cayó 9%, 19% el sector privado y 6% el público (también arrasa con su propia capacidad). Dentro de este apartado la infraestructura vial cayó 43%, con los metros de Los Teques y Caracas con volumen de trabajo 80% menor, y Maracaibo y Valencia paralizados (y sin asignación presupuestaria). Por la categoría que se mire el inventario de construcciones interrumpidas continúa creciendo. Son los zombies de concreto. Es consecuencia natural de la escasez de insumos básicos. Las cementeras, sean públicas o privadas, tienen el mismo problema: la regulación del precio del saco de cemento (fijo en 8,35 desde 2003). Ahora son públicas, de manera que la crisis de flujo de caja termina por ahogar la inversión y el mantenimiento, en favor (relativo) de los salarios. Poco a poco toda Venezuela se va convirtiendo en un gran conflicto sindical en donde los trabajadores se esfuerzan por tomar una porción cada vez mayor de una torta que se hace cada vez más pequeña. En otras áreas, cabillas, acero, mallas, el problema parece ser la depreciación absoluta de los activos utilizados en el proceso de extracción.

Siendo así, esa inyección de gasto desembocará en una inflación mayor (30%-35%). No será aún más alta porque existen divisas para reciclar el gasto de vuelta al BCV (a través de importaciones). El efecto crecimiento será positivo, pero muy bajo (menor al 1,7% que crece la población). En este escenario y según el SITME vaya cobrando importancia, los bancos serán las nuevas alcabalas de negocios. Han recibido del gobierno una fracción del mercado de divisas que antes llevaban las Casas de Bolsa. Hay que recordar la historia de la rana y escorpión y su naturaleza. Sobre esto volveremos más adelante.

Para El Universal, 04/03/2011

Aclaratoria sobre mi percepción de probabilidad de default de venezuela, y Venezuela's economy: Could one of the world’s top petroleum producers really go bankrupt?

Les recomiendo darle una lectura a este artículo de The Economist acerca de la economía venezolana, publicado el pasado 24/02/2011. La verdad es que a corto plazo es más optimista (i.e. menos pesimista) de lo que reza el título, y va en la misma línea de mi artículo de mañana Viernes en El Universal (2011: ¿Otra bonanza perdida?).

A mediano plazo, está bastante claro que si la deuda sigue creciendo al ritmo de los tres últimos años, en algún momento la razón Deuda/PIB de la eocnomía venezolana va a explotar. Hoy en día esa razón podría estar alrededor de 60%. El problema está en que con un sistema de cambio múltiple y muchas deudas no documentadas, el rango de volatilidad de este índice es muy amplio. Por esa razón hay gente en el gobierno que, utilizando los supuestos más convenientes (tasa de cambio oficial y deuda financiera emitida por el gobierno central) hablan de índices muy bajos (30%), mientras otros hablan más de índices de 60%-70%. Mi teoría siempre ha sido que si existe falta de transparanecia y opacidad en el manejo de las cuentas públicas, es porque estamos bastante más cerca del segundo escenario que del primero.

Por otra parte, a raíz de mi último artículo se han levantado algunas voces e inquietudes acerca de la posibilidad de que una eventual administración de oposición declare un default sobre la deuda venezolana (a raíz de mi artículo acerca de la idea de "odious debt" de Kenneth Rogoff y de la evidente opacidad con que Chávez administra los fondos levantados a través de emisiones de deuda). Sobre esto quiero aclarar algunas cosas:
1) Yo no represento a la MUD, ni mi opinión es la de "un asesor de la MUD", ni siquiera de una fracción de la oposición venezolana. Yo sólo tengo una opinión particular.
2) No veo razones en el corto plazo para que Chávez declare un default, sobretodo con vencimiento muy bajos en 2012 (en todo caso sería más allá) y el petróleo por encima de 100 dólares el barril.

Irónicamente, los mercados internacionales le clavan una enorme prima de riesgo a la deuda venezolana por temores de que Chávez no tenga "willingness" to pay. Me atrevería a decir, de nuevo sin representar a nadie, que en la oposición venezolana hay cierto consenso acerca de la necesidad de cumplir los compromisos de deuda de la República. El punto está, y de ahí el "irónicamente" de más arriba, que a este ritmo si Chávez no sale pronto (si no también) va a dejar a la República completamente hipotecada, con una producción/exportación petrolera muy deprimida, una enorme deuda, parte de la producción futura ya comprometida, y en esas circunstancias, de llegar al poder una administración de oposición, ya no sería un tema tanto de willingness, sino de ability.