jueves, 30 de junio de 2011

Grecia: Mírate en ese espejo

La Comunidad Europea (CE) ha conseguido darle una patada al mingo. Tras mucho discutir y la tozuda oposición de Alemania, se ha optado por darle un margen de respiro (no demasiado) a Grecia y postergar la batalla final. ¿Qué opciones había? La primera, propuesta por alemanes y franceses, era obligar a los inversionistas privados a reconocer parte de la pérdida en el valor de sus títulos de deuda soberana griega. Algo similar a lo ocurrido en América Latina durante los ochenta. Es decir, las dificultades fiscales están volviendo casi imposible que el gobierno sea capaz de honrar su deuda a valor facial. Los mercados han ido reconociendo esta posibilidad, y ya hoy en día los títulos griegos rinden entre 13% y 15%, para compensar por ese riesgo adicional. Algunos inversionistas institucionales (bancos, fondos de pensiones) que entraron en deuda griega después de la crisis, han disfrutado de rendimientos muy atractivos (hasta aquí). Llegado este punto, se podría promover una negociación similar a la de América Latina: Ni yo voy a pagar lo que ustedes creen, ni ustedes van a perder todo lo que el mercado cree. Una salida así tiene sus dificultades. En primer lugar, la deuda soberana hoy en día se encuentra atomizada entre miles de inversionistas. Coordinar un cartel de negociación sería muy costoso. A comienzos de los ochenta, la deuda latinoamericana se encontraba en manos de bancos, por lo que no fue difícil sentar a representantes de ambas partes a trabajar en la renegociación. En segundo lugar, muchos de los tenedores de deuda griega son bancos europeos, por lo que, en el evento de un arreglo que involucre pérdida en el valor facial, podría comprometer a algunos ya de por sí en situación delicada. Esto ha generado la interesante discusión (interesante para quienes lo observan con curiosidad intelectual, no para los que tienen dinero involucrado) sobre si los países de la CE, en lugar de seguir concentrando fondos en demorar default griego, los deberían poner al respaldo de sus propios bancos (quiero decir, todavía más).
Ante ese panorama se ha optado por la situación actual: un paquete de ayuda, no demasiado importante (US$12.000 millones), con una zanahoria atada a un paquete de ajustes: Si Grecia demuestra todavía más disciplina fiscal, podrían venir en camino otros US$100.000 millones. Entre otras medidas, esta semana entrará en vigor el "impuesto solidario", que grava los ingresos del 1% al 5%. Aumentará el IVA en restaurantes y bares, del 13% al 23%. El plan contempla el recorte de beneficios sociales; la reducción del gasto en Sanidad y Defensa, entre otras partidas, y el aumento de las contribuciones a la seguridad social. A mediano plazo el gobierno también se compromete a reducir 150.000 empleos públicos.
Así, quizás, se podría llegar a una situación fiscal que ayude a evitar el default. El problema es que tanto quienes diseñaron este plan como quienes lo aplauden creen que los números pueden migrar sin ninguna fricción desde las celdas de Excel hasta las calles de Atenas. Ya lo único que falta, para garantizar el éxito, es que Papandreu y Venizelos consigan mantenerse en el poder. Uno de esos supuestos heroicos que con frecuencia hacemos los economistas.

Para El Universal, 01/07/2011

jueves, 23 de junio de 2011

Kapuscinski Non-Fiction

Tres años después de la muerte de Richard Kapuscinski, el creador del reportaje de guerra como pieza de literatura, el viajero, el analista de los mecanismos del poder, sale esta biografía escrita por Artur Domoslawski, su amigo y colega en la Agencia Oficial de Prensa polaca. Lectura obligada para los interesados en la obra de Kapuscinski, se mantiene lejos de la hagiografía y el género apologético tan común en las biografías de los grandes maestros y se centra en el análisis de hombre, sus circunstancias y su obra. Están aquí su surgimiento como reportero, su abnegada militancia en el partido socialista polaco y su relación con las cúpulas del poder, sus reportajes en Etiopía, Angola, Irán y América Latina, y su rol en Polonia durante la caída del socialismo.
Entre todos los aspectos que se abordan en las seiscientas veinte páginas de documentos, entrevistas con testigos y conjeturas, lo que más me ha llamado la atención es esa tensión entre Kapuscinski el militante del partido y sus reportajes de las revoluciones que en otras regiones del mundo protagonizan “los oprimidos”. A lo largo de este viaje los roles van a ir cambiando poco a poco, Polonia se deteriora bajo la égida socialista y su partido va trastocando lentamente en opresor, hasta un punto culminante en donde coincide con las actitudes de esos líderes defenestrados por las revoluciones del tercer mundo que Kapuscinski había combatido con toda la fuerza de su prosa.
El ascenso del socialismo en Polonia era una historia carente de romanticismo. Fue un resultado natural del fin de la Guerra Mundial y la posterior ocupación soviética. Ese romanticismo, esa ausencia de lucha, de héroes y valientes, Kapuscinski la va a ir a buscar en las revoluciones armadas del tercer mundo. Allí, consigue acompañar la propaganda comunista que fluía de la Unión Soviética hasta todos sus satélites, con el romanticismo del pueblo que lucha contra el opresor. En ese proceso lo sorprende la huelga de Gdansk en 1980. Ese acontecimiento abre los ojos del maestro a una realidad ante la cual se había hecho ciego. A partir de ahí, utiliza un dispositivo que el libro revela muy común al resto de su obra: empieza a reescribir la historia comenzando desde un poco más atrás, sí, a punta de ficción. “Cada vez que volvía del extranjero y preguntaba cómo iban las cosas, recibía respuestas cada vez más derrotistas, nos hundíamos en el barro y el lodazal acabaría tragándonos. Todos teníamos la impresión de que tendría que ‘ocurrir algo’: Aquél pueblo acogotado, aplastado, despojado de su voz y de cualquier oportunidad de autorrealización estaba a punto de estallar”.
En esta última etapa las obras de Kapuscinski sobre los últimos días de Selassie en Etiopía y la propia caída del Sha de Irán, empiezan a ser leídas en claves como verdaderas memorias descriptivas del deterioro del poder en Polonia. Eso, más que un mérito del maestro, es una realidad cruda: Los códigos de la autocracia son necesariamente similares en todas partes. Buena lectura, buen complemento a la lectura de Kapuscinski y, ya que nos ha tocado vivirlo, buena introducción a los mecanismos de transmisión que culminan con el desmoronamiento del poder opresor.

Para El Universal, 24/06/2011

lunes, 20 de junio de 2011

Growth, Democracy, and Civil War

Antonio Ciccone, Director del Master in Economics at Barcelona Graduate School of Economics, acaba de publicar un interesante estudio que demuestra que las guerras civiles han sido precedidas en una medida significativa por caídas en los precios de los commodities. Dado que las economías de la mayorías de los países involucrados dependen fuertemente de las exportaciones de algunos commodities, esta variable se convierte en una buena aproximación para la relación entre crecimiento económico y Guerra Civil. Esta última relación es más difícil de demostrar debido a la relación de causalidad mutua entre una y otra. ¿No tienes ganas de leerte el paper? Una breve descripción de sus implicaciones en el video de abajo.

domingo, 19 de junio de 2011

¿Qué acuerdos hacen falta para poner a producir nuestra economía?

Hace algunos años, Ricardo Villasmil y yo escribimos varios capítulos sobre la economía venezolana para el libro "Venezuela: Un Acuerdo para Alcanzar el Desarrollo" (Fundación para Estudios de la Pobreza - UCAB). Aunque ha pasado algún tiempo, los lineamientos para una propuesta económica que ponga a nuestro país a crecer, generar empleo y volver a la senda del desarrollo siguen siendo válidos. Anexo uno de los tres capítulos correspondientes al área económico dentro de aquél libro (el file está disponible para ser downloaded).


jueves, 16 de junio de 2011

Memorías de días más simples

Le ha tomado cuatro años a los libros electrónicos superar en ventas a sus ancestros de quinientos cincuenta años. Ya quizás sólo sea cuestión de tiempo antes de que se venda junto con el libro electrónico un spray con aroma a pulpa de papel en dos versiones, páginas nuevas y viejas. Las ventajas del Kindle, según pregonan, se centran sólo en lo que ya no será necesario hacer: No más viajes a la librería, no más peregrinajes en búsqueda de títulos, no más problemas de espacio. Es evidente que quienes idearon éste guión no son asiduos lectores (ni mucho menos), pues prometen ahorrarnos en cosas que uno hace por puro placer. Eso me ha traído a la memoria a mi abuelo, Ángel Navarrete Funes, un músico que se ganó la vida afinando pianos y órganos de oído. Desde siempre, o al menos ocurre así en todas las memorias en donde guardo el registro de su compañía, desempeñó ésta tarea. Fue el afinador del órgano de la Catedral de Valencia, de un buen número de academias musicales y de hogares, así como también de varios restaurantes. Algunos de esos lugares han desaparecido del mapa y sus meros nombres evocan memorias de otra época en Valencia (El Manchego, Taproom, El Regio, Pin5), otros todavía existen, ya sea porque han prevalecido o porque han vuelto, después de un largo período (El Toro Rojo). Independientemente de qué tan buenos hayan sido, siempre decía lo mismo: “Si la gente viera como se cocina allí no volverían más nunca”.

Hacia finales de los ochenta empezó a perder clientes, a raíz del surgimiento del “afinador automático”: Un aparato prodigioso que indicaba cuándo una nota se encontraba en su punto. El valor agregado de mi abuelo, su conocimiento del registro preciso que debía tener cada tecla, cada nota dentro de cada escala, se redujo en la medida en que el oficio se convertía en un mero tensar cuerdas y balancear fuelles de forma sucesiva, hasta que “la lucecita verde se prendiera”. Se negó a trabajar con aquella tecnología, y durante algún tiempo se mantuvo gracias a algunas fidelidades, alimentadas por las visitas periódicas a los mismos lugares, durante tanto tiempo.

Unos años después las cosas volvieron a cambiar. Desde Caracas y Mérida empezaron a llamarlo para afinar el órgano de la Catedral, y poco a poco fue recuperando todos sus clientes y más. El afinador automático “no era lo mismo”. Eso ocurrió en una época en que se encontraba ya muy avanzado de edad y no podía trasladarse con facilidad. No se daba abasto. Eso sí, había perdido la noción del dinero. Cuando veían la factura, sus condescendientes clientes con frecuencia lo invitaban a quedarse a comer o le pedían que les dejara darle algo más. “¡Señor! ¡Que yo no soy un ladrón!”.

Lo recuerdo sentado en la banqueta del órgano de la Iglesia El Trigal, en la nave de la derecha al fondo, de perfil a la feligresía y de frente al sacerdote, rodeado por la tenue luz de las velas (las de verdad, no las bombillas disimuladas de hoy), mientras esperaba la señal de Monseñor Álvarez (¡Ángel!) para empezar a tocar. Porque hacia finales de su vida, como suele suceder, empezó a perder el oído, primero para los ruidos y la gente, y sólo después para la propia música. Todavía le dio chance de lidiar una última batalla contra la tecnología. Pensando en hacerle más fácil aquellos últimos años, hicimos una colecta entre varios nietos para comprarle uno de esos audífonos de amplificación. Los utilizó un par de días. Ya se había acostumbrado a vivir con un volumen mucho más bajo y no podía tolerar “todo ese escándalo alrededor”.

La supremacía del Kindle me ha traído todas esas memorias de vuelta en rápida sucesión. Esta claro que gracias a la tecnología ahora tenemos enormes posibilidades que antes ni soñábamos, y que en cualquier caso no será posible volver atrás. Pero vale la pena conservar algún lugar en donde la vida aún transcurra con la asombrada simpleza de aquellos días. Así sea en la memoria.

Para El Universal, 17/06/2011

lunes, 13 de junio de 2011

22/06/2011: Reunión con estudiantes y egresados venezolanos del Instituto Empresa de Madrid (IE Venezuela Club)

El próximo Miércoles 22 los estudiantes y egresados venezolanos del Instituto Empresa - IE Venezuela Club - organizaron una reunión para discutir sobre la situación económica y social de Venezuela de cara a las próximas elecciones presidenciales en 2012. Yo había preparado algunas ideas sobre la situación, el contexto político, y qué margen de maniobra para la reforma tendría una eventual administración de transición, y ahora voy a tener la oportunidad de discutirla con ellos. La entrada es libre, se pueden acercar todos los que, por diferentes razones, estén interesados en el tema venezolano.

La idea es que pasemos más tiempo discutiendo que en la presentación, y que todos los asistentes tengan la oportunidad de participar y aportar ideas. En este sentido la presentación es apenas un framework que sirva de base a la discusión.

Aquí abajo el Flyer que los muchachos de IE Venezuela Club han diseñado para esta ocasión. Nos vemos el próximo Miércoles 22!


jueves, 9 de junio de 2011

¿La bancarrota o la vida?

“No existe razón jurídica que esté por encima del ser humano: antes que la norma está la vida”. Una frase curiosa, por decir lo menos, viniendo del Presidente de un país en donde, según el INE, en 2010 hubo 19.133 asesinatos y en doce años la violencia se ha llevado más de 170.000 vidas. Para hacernos una idea, eso es 12 veces más que los muertos registrados en 53 años de conflicto árabe-israelí (14.500) y nueve veces la cantidad de muertos en toda la guerra de Afganistán (19.630). En cualquier caso, tomémosle la palabra.

En doce años nuestra deuda externa, la formal, la que ha sido documentada, pasó de 28.455 a 77.170 millones de dólares. Si uno le agrega las modalidades más creativas y menos transparentes que desde hace algún tiempo el Ejecutivo utiliza para endeudarse, la deuda total en moneda extranjera suma 88.210 millones de dólares. Ha crecido 210% en doce años, 130% si se corrige por inflación (en dólares constantes). Cada venezolano pasó de deber 1.290 dólares al cierre de 1998 a deber 3.270 en 2010. En términos del tamaño de nuestra economía, la deuda pública ha pasado de 29% a una magnitud ubicada en el rango de 50%-60% (según la tasa de cambio que se use). Más curioso aún es el hecho de que todo ese endeudamiento ha sido contraído de 2006 para acá. Es decir, desde hace cuatro años, no hay precio del petróleo que le alcance a la revolución.

Para justificar una deuda de esa magnitud, en medio de la bonanza petrolera más larga de nuestra historia, el Presidente y sus voceros han recurrido a una serie de argumentos muy desafortunados. El diputado Jesús Faría, nuevo fenómeno económico, ha declarado que como ahora tenemos dinero y capacidad de pago, es el momento más apropiado para endeudarse. Adiós a toda aquella lógica según la cual la deuda debe servir para estabilizar el consumo, pedir prestado en épocas de escasez y repagar en abundancia. Los alegatos que el Presidente ha utilizado en su comunicación a la Asamblea son aún más retorcidos. “Nada puede estar por encima del vivir viviendo”. “¿Qué otra cosa queremos con esta solicitud que no sea el bienestar de nuestro pueblo?”. “Debemos estar tres pasos por delante del caos, el caos que es hijo de la lógica capitalista y su destructividad, y dolorosa expresión de los infinitos problemas que han generado las excepcionales condiciones ambientales durante los últimos meses”. Es decir, el caos, por un lado, es el resultado del capitalismo, ese mismo al que se recurre para buscar fondos en los mercados internacionales de deuda. Por el otro, es culpa del clima. Uno no puede dejar de pensar que toda esta argumentación es idéntica a la que cabría esperar en el evento de un cese de pagos. Después de todo, si “la vida está primero que la norma”, con más razón vendrá por delante de la deuda.

Muy a pesar de su intención, han utilizado una forma de decir las cosas que delata. En primer lugar, han reconocido que, tras doce años, Venezuela se encuentra en el caos. En segundo, han pedido excusas antes de la ocasión: “Mezquino sería considerar esta Ley como síntoma de desórdenes en la administración del Estado”. Y pedir excusas antes de la ocasión, como se suele decir por aquí, es confesarse.

Para El Universal, 10/06/2011

domingo, 5 de junio de 2011

Paul Krugman on LSE: What are economist are for?

La crisis financiera 2007-2008 ha dejado la reputación de muchos economistas e inevitablemente la de la profesión en general muy golpeada. La gente se pregunta ahora: "Si no fueron capaces de predecir una crisis de esa magnitud, ¿para qué puede servir un economista?" Es una pregunta válida. La enseñanza y la práctica de la economía también ha sido muy movida en sus cimientos: Esta pregunta ya no sólo se la hacen en la calle sino que además atormenta a los profesores y practicantes (cualquier cosa que esto último signifique) y ha iniciado una suerte de soul-searching process que seguramente tendrá importantes consecuencias en la forma en cómo concebimos la economía en el mediano plazo.

En Venezuela el desprestigio de la economía como profesión no puede ser más grande. Durante más de una década nuestras finanzas han estado manejadas por militares, matemáticos, albañiles y en ocasiones por ex-choferes del Metro. Nada que denigrar de ésta última profesión, es simplemente que requiere de unas habilidades completamente distintas a las que presuntamente se necesitan para ser un buen economista. Para empeorar las cosas, los pocos economistas que han pasado en estos años por el Ministerio de Finanzas han incurrido en operaciones financieras vergonzosas, sacando una enorme tajada a partir de esa posición, que incluye la compra-venta de edificios y el front-trading en las operaciones de recompra de deuda.

En cualquier caso, y como suele rezar un principio básico de la economía, en pocas partes podría tener un efecto tan grande un economista como allí en donde actualmente no hay ninguno. Ese es el efecto marginal. ¿Qué podría hacer un economista? Resolver problemas. O en otras palabras, ir a las raíces básicas de la ciencia y recordar, que la economía debe ayudar a las sociedades a satisfacer sus demandas y deseos ilimitados haciendo el mejor uso de un conjunto de limitado de recursos. De eso se trata.

En cualquier caso, para quiénes se preguntan para qué pueden servir los economistas o están interesados en el rol de un economista en la sociedad tras la crisis financieras, nada mejor que la tercera de las clases que Paul Krugman ha dictado en LSE en Junio, 2009. Aquí se las dejo. Food-for-thought.

viernes, 3 de junio de 2011

¿Qué hacer con el control de cambio?

Ahora que el cinismo le ha empezado a ceder algo de terreno a la esperanza, vale la pena retomar algunos de los ejercicios intelectuales de esos en los que tantas veces hemos participado a lo largo de todos estos años. ¿Qué podría hacer una administración de transición? Más particularmente, ¿cómo salimos de esa calle ciega que ha sido el control de cambio?


He tenido esta conversación recientemente con algunos amigos y creo que vale la pena compartir las posibilidades y examinar las bondades de cada una. Existe cierto consenso alrededor de algunas ideas fundamentales. Por un lado, el control de cambio no puede ser levantado de forma inmediata (a la CAP II). En una administración en donde la gobernabilidad y la fragilidad política serán la orden del día, debe prevalecer la orientación gradual (haciendo la salvedad, claro está, de que el gradualismo cuesta real, y partimos de la base de que algo tendremos). Por el otro, la meta final es un sistema de cambio libre, sin controles, con una tasa de cambio flexible administrada por el BCV con base en una meta anual de inflación.

La diferencia está en la transición entre un estado y otro. El sistema de cambio dual adoptado por el gobierno abre diferentes caminos para esa transición. Aunque las posiciones tienen muchos matices, voy a tratar de reducirlas a dos. Una posibilidad sería mantener el esquema dual, con una tasa más baja de acceso restringido, y una tasa de mercado completamente des-regulada (pero administrada por el BCV). Dentro de esa concepción, la primera tasa no tendría por fuerza que ser fija. Por el contrario, ese 4,30 de hoy podría irse ajustando gradualmente hasta converger con la tasa libre de mercado, y con eso decretarse el fin del control de cambio (mediano plazo). Dentro de este esquema, es esencial que la tasa de interés sea liberada y positiva, para frenar el estímulo a la salida de capital. De igual forma, los dólares subastados por estos días a través del SITME serían eliminados y la oferta de divisas que hoy en día circula por esta vía pasaría a consolidarse con la que ofrezca el BCV para administrar la tasa libre.

La segunda posibilidad es más lenta, equivale a hacer poco en el corto plazo para darle prioridad a la gobernabilidad, y se limita a enviar señales al mercado de que la situación está en camino de corregirse. Bajo este esquema, se mantiene el 4,30 fijo y se crea una segunda tasa única también de acceso restringido. En consecuencia, seguiría existiendo una tercera tasa “negra”, con la que la nueva administración tendría que lidiar. En este esquema no sería necesario liberar las tasas de interés, que podrían seguir estando por debajo de la inflación por un tiempo más.

En mi opinión, esta segunda alternativa dejaría muchos vacíos y no enviaría suficientes señales de cambio, además de mantener un conjunto de ineficiencias que podrían resultar muy caras a una administración que podría no tener tantos recursos como se piensa. Por otro lado, entiendo la posición de los que piensan que ya estamos un poco acostumbrados a esta situación, y que en las primeras de cambio no hay que hacer grandes cambios, sino enfocarse en asegurar la gobernabilidad. Está abierto ese debate.

Para El Universal, 03/06/2011