jueves, 25 de agosto de 2011

La fiebre del oro: ¿Qué hay detrás del traslado de 17.000 lingotes de oro?

Alguien preguntaba en estos días: “La idea de esta gente corriendo con un lingote de oro bajo el brazo, en pleno saqueo, es un mito, ¿no?”. Y la verdad es que, en buena medida, lo es. Hay todavía suficiente gente honrada en el BCV como para que algo así ocurra de forma repentina. Pero también es verdad que, cuando se trata de mover recursos hacia lugares imposibles de fiscalizar y con fines inescrutables, se han roto todos los paradigmas. Basta con recordar que tan sólo en 2004 el Presidente solicitó de manera excepcional la entrega de un “millardito”. En algo más de siete años, el BCV le ha entregado más de 50.000 millones de dólares. En éste período han pasado cosas extraordinarias que nos obligan a no descartar ningún escenario. Sí, han sido confiscados los activos de Mubarak, Ben Ali y Gaddafi (precisamente porque no eran de ellos, sino de la República, se resguardaron hasta el establecimiento del nuevo gobierno). Pero también está la imagen de Udday y Qusay Hussein saliendo del Banco Central de Irak en Bagdad con 4.000 millones de dólares en efectivo, cargados en dos furgonetas.
¿Qué implicaciones tiene el traslado de los 17.000 lingotes de oro? Si el gobierno pensaba liquidarlos para disponer de su contrapartida en valor, era mucho más fácil (y más barato) tenerlos cerca de los mercados internacionales. Si pensaba colocarlos como colateral de préstamos bilaterales, también. Bastaba con una llamada telefónica. ¿De qué se trata la traída del oro? A estas alturas ya estamos demasiado curados en salud como para creer que tiene algo que ver con la crisis y la inestabilidad de los mercados financieros. De eso hace ya más de cuatro años. Tampoco es probable que se trate de una reafirmación de nuestra soberanía. ¿Trece años después?
El único diferencial de tener los lingotes de oro en Carmelitas es que aquí no pueden ser confiscados. Acaso el gobierno tenga prevista, con alguna probabilidad, alguna acción en el futuro cercano que podría llevar a la confiscación temporal de sus (nuestros) activos en el exterior (nótese la sucesión de prevista, alguna, podría: Se trata de estar preparados para todo). Quizás eso tenga algo que ver con la propia enfermedad del Presidente: La probabilidad de que estos dos eventos excepcionales hayan concurrido en el tiempo por mera coincidencia es infinitesimal.
Pero más sorprendente aún es el hecho de que, si el precio del oro se hubiese mantenido estable, hubiésemos salido de esta colosal bonanza con apenas 11.000 millones de dólares en reservas. Tenemos ahora algo más de 6.700 millones de dólares en reservas líquidas (efectivo), apenas unos dos meses de importaciones. Según Nelson Merentes, una parte podría ser colocada en yuanes chinos, aunque esta moneda no sea convertible en el mercado internacional. “Tenemos informaciones de que pronto podría ser convertible, y los que se te anticipen saldrán beneficiados”. Ni más ni menos, el Presidente del BCV buscando hacer dinero con nuestras reservas en el mercado capitalista mundial. En esas estamos. Al igual que ellos, tenemos que estar preparados para todo. Y eso incluye un escenario aún peor al que se nos presentó al finalizar Lusinchi. Hacer las reformas de forma gradual cuesta real.

Para El Universal, 26/08/2011

martes, 23 de agosto de 2011

¿Qué se ha ido por el agujero negro de FONDEN?


Cuando se escriba la historia de estos años, no me cabe ninguna duda de que el FONDEN será considerado la mayor estafa de nuestra breve historia, de las mayores perpetradas por gobierno alguno en América Latina. El mecanismo no podría ser más burdo, pero nunca está de más volver sobre él. PDVSA le vende dólares al BCV, que a su vez le da bolívares a cambio; y luego el BCV se voltea y entrega los dólares a una cuenta que el gobierno posee en el exterior. Desde allí, éste procede a girar sin ningún mecanismo de rendición de cuentas o consulta, a pagarse y darse el vuelto como le venga en gana.
En el proceso, se quedan sin respaldo los bolívares, razón por la cual sufrimos una colosal depreciación en medio de una prolongada bonanza petrolera. Para hacernos una idea, la relación de liquidez a reservas internacionales, un estimador muy útil del valor del dólar paralelo (legal o ilegal), se encuentra ahora alrededor de 11,65. De haber retenido el BCV los más de 41.000 millones de dólares que le ha transferido de forma unilateral a FONDEN, esa relación estaría alrededor de 4,95. Es ahí en donde Giordani debería empezar a buscar las raíces de la inflación “estructural”, en lugar de disimular con el circo de la persecución a los “especuladores”.
Pero FONDEN no sólo se alimenta de las reservas del BCV. Desde hace algunos años también recibe cuantiosas sumas de forma directa de PDVSA. A partir de aquí empezamos a tener una sola ecuación, y bastantes más incógnitas. Hace unos días Miguel Octavio, en su extraordinario blog The Devil’s Excrement, insistía en que existe un hueco de 29.000 millones de dólares en las sucintas cuentas que el gobierno ha presentado de FONDEN. El problema está en que, a estas alturas, ese hueco podría ser cualquier cosa. Financiamiento político en el exterior, robo, armamento, corrupción, seguro habrá algo de eso. Pero hace tiempo he advertido que probablemente una fracción de esas transferencias a FONDEN no sean otra cosa que la manera de corregir en el saldo de reservas internacionales, la sobre-estimación de la exportación petrolera que desde hace años viene registrando el BCV. Me explico: Los volúmenes de producción petrolera implícitos en la balanza de pagos están muy por encima de lo que reportan las fuentes internacionales desde hace ya varios años. Es decir, se registra una entrada de dólares que no existe, una suerte de “dónde están los reales” elevado a la menos uno. Para corregir el hecho de que no aparezcan entre nuestras reservas, a) se sobre-estima el valor de las importaciones o servicios que Venezuela recibe a cambio de petróleo, y b) se registra un “traslado a FONDEN”, igual de fantasma que la propia entrada petrolera. No estoy diciendo que esta sea toda la explicación, sólo que esto forma parte de ella. En fin, toda una madeja de cuentas inauditables para esconder la estafa más grande de nuestra historia. Si hay tantas reservas como el Presidente ha dicho esta semana “incluyendo FONDEN y el “Fondo Pesado”, ¿por qué nuestro endeudamiento se ha triplicado en los últimos cuatro años? Ojo con el último movimiento de reservas, podría ser el principio de la última etapa de la operación "raspar la olla".

Para El Universal, 19/08/2011

viernes, 12 de agosto de 2011

S&P500 still looks overvalued

Looking Cyclically Adjusted Price Earnings (CAPE), using data from Robert Shiller, the S&P500 still looks a bit overvalued.


jueves, 11 de agosto de 2011

El caos y el Estado del bienestar


Muchas de las ollas de presión que están empezando a estallar en diferentes partes del mundo han sido alimentadas con el mismo fuego: La incapacidad de las sociedades para establecer un acuerdo que precise hasta qué punto el Estado debe (y puede) ocuparse del ciudadano, y a partir de cuál el ciudadano pasa a ocuparse de sí mismo. Este es un balance difícil que no tiene por qué alcanzar el mismo equilibrio en todas partes. Hay Estados más o menos ricos, sociedades con culturas más individualistas o igualitarias, y gobiernos con diferentes grados de ética y efectividad. Sea cual sea el caso, estas tres variables (fortaleza del Estado, individualismo-colectivismo, y ética-eficiencia en la gestión del Estado) parecieran ser el núcleo de todas las revueltas de estos días. Las tensiones que resultan de allí han sido amplificadas por la evolución de la tecnología y la naturaleza inmediata, descentralizada y caótica de las comunicaciones: Quienes se sienten en desventaja (“indignados”), quienes piensan que les ha tocado menos de lo que debería, ahora pueden convertirse en amenaza pública con asombrosa facilidad.
Tómese por ejemplo los disturbios de Londres. Uno, acaso ya acostumbrado a ver a los voceros nuestros recular ante cualquier manifestación de descontento popular, no puede menos que sorprenderse ante la reacción de David Cameron: “Una falta total de responsabilidad, de adecuada crianza de los hijos, de educación; falta de ética, falta de moral. Eso es lo que tenemos que cambiar. Se trata de los padres, de la disciplina en las escuelas, de asegurarse que tenemos un sistema de bienestar que no recompensa la inactividad”. ¿Qué respondieron los manifestantes? Dice uno de los que se acercan pescueceando a los micrófonos: “¿Quién es él para hablar de moral? Si el ejemplo que nosotros tenemos es de políticos que cobran sobornos, que se enriquecen, que cobran cuantiosas comisiones”. Es decir, sí, estamos faltos de moral, pero tenemos a quién salir. En España, los indignados protestan por muchas razones legítimas (las fabulosas jubilaciones de los políticos, entre otras), pero incorporan entre sus peticiones el querer jubilarse “con una pensión similar a la de nuestros abuelos” (¿será que están dispuestos a trabajar como sus abuelos), o la extensión de los beneficios del paro, el incremento del salario mínimo necesario para acogerse a la inamovilidad laboral, etc. Quítate tu, para ponerme yo.
En todas partes, todo aquél al que le ponen un micrófono enfrente deja traslucir esta tensión. En Venezuela mucha retórica ciudadana se reduce al “no me han resuelto este problema”, “hacemos un llamado al gobierno nacional”. En muchos de esos casos el llamado es legítimo. En otros, no tanto. Esa es la discusión que tenemos que dar. Hasta ahora, el gobierno lo que ha hecho es generar un estado hipócrita: se compromete a darle al ciudadano seguridad, educación, salud, vivienda y trabajo, no le da ninguna de las cinco, y se abstiene de discutir si realmente está en capacidad de hacerlo. Es decir, una lógica similar a la que prevalecía en Rusia durante la era soviética: “Nosotros hacemos como que les pagamos, y ustedes hagan como si trabajaran”.

Para El Universal, 12/08/2011

domingo, 7 de agosto de 2011

La Venezuela sin Chávez de Naím

Moisés Naim se ha convertido en uno de los columnistas más influyentes del planeta. Así lo certifica el Premio Príncipe de Asturias y la reproducción semanal de sus escritos en más de cuarenta periódicos líderes a nivel mundial. Su artículo de la semana pasada se titulaba (en su versión en español) “Venezuela sin Chávez”. Para los pocos lectores informados que aún no hayan tenido la ocasión, se trata de un ejercicio de imaginación cuyo objetivo no era otro que identificar a los actores que tendrían los roles principales en una eventual Venezuela sin Hugo Chávez. Tras un párrafo introductorio que hacía las veces de disclaimer, Moisés pasaba a enunciarlos (presumo que en orden de importancia), con una breve descripción de las fuentes de su poder y las motivaciones que sustentaban su pretendida influencia.
Difícilmente haya alguien para quien su opinión sobre Venezuela sea referencia más obligada que para los venezolanos. Es bueno estar prevenido, sin embargo, que la opinión de Moisés sobre Venezuela suele ser francamente pesimista. Este es un rasgo que comparte con sus compañeros de gabinete en aquella malograda segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez, que a ratos se nos antoja como nuestro último tren a la civilización. Por ejemplo, en una entrevista en ABC News, en agosto de 2009, Eric Campbell le preguntó: “¿Cuánto tiempo puede sobrevivir Chávez sin caer en un estado de inestabilidad política significativa?” Moisés contestó: “Chávez sobrevivirá, ya sea porque tiene cuantiosos ingresos petroleros, o porque no los tiene y utiliza otro tipo de mecanismos para mantener el poder: O dólares o represión”. Uno puede entender que, en su opinión, la permanencia de Chávez no sea una función del ingreso petrolero; pero en cualquier caso haría falta alguna otra acotación, un “no depende tanto de esto sino más bien de…”. Pero no. Sus respuestas lacónicas en ese mismo sentido desesperaron al entrevistador de Al-Jazeera en febrero pasado: “O sea, ¿que según usted no hay ninguna oportunidad?” (de que Venezuela salga de Hugo Chávez). “No, esto es David contra Goliat, pero en este caso la historia no será que David va a vencer a Goliat, porque Goliat está utilizando todos sus recursos”.
Su Venezuela sin Chávez no ha sido la excepción. La lista de los actores de la Venezuela post-Chávez está encabezada por las Fuerzas Armadas, seguida por el crimen organizado, los servicios de inteligencia cubanos, las milicias armadas, la boliburguesía y, sólo entonces, la oposición venezolana. No he podido evitar el recurrir a los números para darle algún sentido objetivo (o al menos la presunción de) a lo que quiero decir: En su versión en español, el rol de la oposición venezolana comparte un párrafo con el de los Estados Unidos, que se reduce a 62 palabras, ocho por ciento del texto. Esto es inclusive más que en la versión en inglés, en donde un largo párrafo acerca de la influencia de Diosdado Cabello la relega a un lugar todavía más intrascendente. Para Moisés, la influencia de la oposición será limitada, no tiene armas, violentos, ni dinero (guns, thugs or money).
No se trata de hacer aquí un ejercicio de candidez. Leyendo “Venezuela sin Chávez” uno no puede sino estar de acuerdo con el reparto y los guiones que ha descrito, y sentir cierta sensación de vértigo ante las enormes dificultades que tenemos por delante. Se trata sólo de que en medio de toda esta adversidad, el rol de la oposición organizada puede llegar a ser bastante más significativo de lo que allí se le reconoce. Nuestra realidad, comoquiera difícil, da para sentirse algo menos desesperanzados.

Para El Universal, 07/08/2011

viernes, 5 de agosto de 2011

Bonos de destrucción masiva

La adjudicación de los 4.200 millones de dólares en bonos de deuda de la República me trajo a la mente aquél conocido juego de palabras entre los “criterios de escasez” con que Carlos Andrés Pérez prometió administrar la bonanza de los años setenta, y la “escasez de criterios” con la que efectivamente lo hizo. Y es que de eso se trata. Ya lo había advertido Friedrich Hajek en su trabajo seminal acerca del mejor uso del conocimiento en sociedad: Nadie posee la capacidad de procesar información y asignar recursos con mayor eficiencia que los propios precios que resultan de esa eterna gama de interacciones que conforma el tejido de la economía.

Sin que me haya yo de repente tele-transportado del neo-keynesianismo a la lógica libertaria radical (y mucho menos estos días, en los que la derecha extrema del “tí parti” mantiene secuestrado al gobierno de los Estados Unidos y amenaza con dar al traste con la economía mundial), hay que reconocerle cierto mérito a esa construcción. Ahora bien, hay que pensar que Hajek partía siempre de la premisa de que, aún con las mejores intenciones, nadie tendría la capacidad de asignación de recursos del mercado. Pero es que el caso nuestro va más allá: Los criterios de asignación de esta emisión siguen una lógica destructiva con una convicción que deja muy poco lugar a dudas.

Todos los niveles de adjudicación poseen una suerte de precipicio, a partir del cual los solicitantes son enviados al vacío. ¿Eres empresa tipo 1? Si pediste entre 3.000 y 4,95 millones de dólares (nótese el detalle decimal) te damos el 100%, pero si pediste más te corresponde cero. ¿Eres empresa tipo 2 (de segunda categoría) o persona natural? Si pediste más de 6.000 dólares no te tocará nada. Uno se puede imaginar con cierto margen de acierto a Giordani, sentado en la mesa, socarrón, frotándose las manos: “¡Dejamos a los especuladores con las manos vacías!”. Curiosamente, esa lógica retorcida no ha privado a la hora de asignar bonos a la banca pública (¿o es que acaso cree que la banca pública no especula?), que recibe el 100% de sus solicitudes y se queda con no menos del 50% de la emisión. De lo restante, se ha favorecido a quienes ya venían siendo atendidos por CADIVI (salud y alimentos), en detrimento de los demás sectores industriales, que seguirán sujetos a los caprichos del SITME (ninguno de los cuales creo que haya solicitado menos de 6.000 dólares). Ahora bien, estos últimos eran los que mantenían la demanda en el dólar paralelo (ahora también negro), de manera que no cabe esperar que la presión disminuya. Por el contrario: Ahora que tienen bastante claro que no aparecen en el radar de asignación del gobierno empezarán a buscar “mecanismos alternativos” con mayor celeridad.

En resumen: El gobierno se endeuda en dólares a una de las tasas más altas del mundo, le reparte la mitad de los recursos a los bancos públicos, acentúa el desequilibrio entre los sectores industriales, y no reduce la presión sobre el mercado paralelo. Al menos ya se ha ido disipando la duda, esa nube en la que permanecimos muchos años mientras observábamos la sucesión de disparates: ¿Será una política o habrá sido un accidente? Ya hace rato que sabemos.

Para El Universal, 05/08/2011