viernes, 23 de diciembre de 2011

Volver a empezar

Por estos días las portadas de todos los diarios españoles llevan una foto de Mariano Rajoy, sonriente, con un maletín bordado “Presidente del Gobierno”, entrando a la Moncloa, juramentándose, subiendo las escaleras del parlamento. Tengo que reconocer que, aún cuando el personaje no me resulta simpático (menos aún su Vice-Presidenta, que haría palidecer a las peores pesadillas de cualquier marido de a pie) hay un aire de nuevo amanecer, de borrón y cuenta nueva, y hasta un cierto optimismo que hacía muchísima falta.
Rajoy llega al poder catapultado por la crisis financiera. A la tercera ha caído la vencida. Su tarea no es nada fácil. La diferencia entre el ingreso por habitante español y sus socios europeos viene explicada por una brecha de 27% en la productividad por trabajador. Esto a su vez es una consecuencia de las diferencias en la calidad de la educación (no tanto en los años) y la escasez de capital. España ha sido víctima de una de las fuerzas que fundamentaron su crecimiento tras su entrada a la Unión Europea: El movimiento del capital en búsqueda de salarios bajos. Ahora los grandes beneficiados de esa libre movilidad son los nuevos socios de Europa, lo que ha desplazado la inversión, sobretodo en industrias de alto valor agregado, hacia el Este. España es uno de los países de Europa que menos patentes registra al año, uno de los que menos invierte en investigación. Rajoy recibe un país con 23% de desempleo, en donde uno de cada dos jóvenes no trabaja ni estudia. Tampoco hablan con propiedad un segundo idioma (o tercero, tras su lengua autonómica) que les permita aprovechar la movilidad laboral en la Unión Europea.
¿Qué se puede hacer? Dentro de la camisa de fuerza del euro las opciones son limitadas. No hay política cambiaria. Para la monetaria hay que hacer lobby en Frankfurt y Paris. ¿Qué le queda entonces a Rajoy? El hueso más duro: La reforma laboral. La legislación actual ha es una de las más caras de toda la Unión. ¿Y los derechos adquiridos de los trabajadores? Ya ha anunciado que de no contar con el apoyo de los sindicatos la reforma procederá por decreto. Es aquí en donde se verá a prueba su liderazgo: Persuadir, convencer, en contraposición a decirle a cada quien lo que (se piensa) que cada quien quiere oír.
Es difícil saber si tendrá éxito, ojala que así sea. El punto es que, por su condición de retador, tiene ahora tiene unas posibilidades y se puede permitir generar una esperanza, que ya los socialistas, agotados y agobiados por la crisis, no podían ofrecer. Y esos nuevos comienzos, esas esperanzas, por más infantiles que resulten a veces, le hacen mucha falta a los países. Ese aire de nuevo comienzo, de página en blanco, esa esperanza de cambio, forma parte esencial de la democracia. Las instituciones garantizan que esos cambios operarán dentro de ciertos límites. Ese es el reto de nosotros en Venezuela: generar ese aparato institucional que convierta los vaivenes del poder en eso, cambios de administrador; no mudanzas enteras. Ojala que pronto tengamos la oportunidad de respirar esos nuevos aires, de despertarnos a un nuevo amanecer. Ojala que la voluntad de los venezolanos nos permita a todos volver a empezar en 2012. ¡Feliz Navidad!

Para El Universal, 23/12/2011

viernes, 16 de diciembre de 2011

Ojala te pasen cosas interesantes

Alguna vez escuché a Teodoro Petkoff decir que ésta era una antigua maldición china y decidí averiguar. En efecto, forma parte de una tríada de severidad ascendente. Le suceden: “Ojala logres atraer la atención de las autoridades” y “Ojala consigas lo que estás buscando”. Todo esto porque, sin lugar a dudas, el año 2012 traerá cosas muy interesantes. Hay tres frentes en particular donde los eventos confirmarán o darán al traste con ideas que venían predominando desde hace tiempo.
2012 será un año clave para Europa. Al cierre del próximo año podríamos estar en un escenario hasta hace poco impensable, en donde resucitan los dracmas, los escudos, las pesetas y las liras, y se da al traste con la moneda única como proyecto político; o se fortalece la unidad a través (entre otras cosas) de una adquisición de deuda masiva por parte del BCE. Aquí las posturas de Merkel y Sarkozy parecen no ser compatibles con la respuesta que se necesita para mantener a flote al euro, o al menos para mantener a todos en el bote. Los acuerdos de estos días no entrarán sino en vigencia hasta marzo… Algunos de ellos deben ser sometidos a referéndum en países en donde prevalecen condiciones económicas muy difíciles, que bien podrían dar lugar (ya de eso podemos hablar nosotros) a alternativas políticas poco ortodoxas.
También será un año decisivo para los países árabes. Idos los Mubarak, Ben Ali, Gaddafi, y quizás Saleh y Al Asad, retirado Estados Unidos de Irak, en 2012 esos países surgidos de las cenizas empezarán a dar sus primeros pasos. Habrá que ver si se dirigen hacía Irán o hacia Turquía. Aquél debate abstracto de todos estos años acerca de la compatibilidad del Islam con la democracia, tendrá finalmente una buena dosis de realidad que dará al traste con algunos de sus postulados. El mundo que resultaría de una agrupación árabe alrededor de Irán, es completamente diferente al que resultaría de una Liga Árabe más afín a Occidente, dispuesta a asociarse con éste para empezar a superar el enorme déficit social heredado de los sátrapas.
Por último están las elecciones en Venezuela. Cuando pienso en 2012, me veo sentado en un café con mi hijo Constantino, de aquí a diez o veinte años, explicándole que los acontecimientos de ese año sentenciaron nuestro destino. Pero soy incapaz de prever qué dirección podría tomar la historia. Me doy cuenta de que nos aproximamos hacia el fin de algunas ideas, pero no soy capaz de discernir cuáles. Habrá una colisión entre “Chávez es derrotable” y “la oposición no tiene un líder capaz de vencer a Chávez”. Según los resultados, podría haber un enfrentamiento definitivo entre “Chávez no entregará el poder de forma pacífica” y “es un cobarde que no se atreverá a disparar contra el pueblo”. 2012 podría ser el tercer año del éxodo masivo venezolano (ya lo fueron 2004 y 2007), o bien marcar un punto de inflexión que traiga de vuelta a los cientos de miles de compatriotas venezolanos que se despiertan todas las mañanas, lejos del cielo de la patria (una expresión del poeta José Ramón Medina), plenos de seguridad ciudadana y de añoranzas, caminando por unas calles y rodeados de unas gentes que no pueden ser las suyas. Que Dios nos bendiga.

@miguelsantos12

Para El Universal, 16/12/2011

viernes, 9 de diciembre de 2011

Bank of America y la posibilidad de default de Venezuela

La posibilidad de que Venezuela incurra en default es uno de esos temas que generan reacciones inconsistentes. Si Ud. adquiere una cesta de títulos de deuda externa de la deuda venezolana hoy, la mantiene hasta vencimiento y la República paga, tendrá un rendimiento anual en dólares 13% por encima de lo que tendría si adquiriera deuda de Estados Unidos. Ese rendimiento adicional es consistente con una probabilidad de default estimada de 55%. Es decir, si Ud. tiene deuda venezolana y quiere comprar un seguro contra todo riesgo, la prima del seguro hoy en día le saldría en 55% del monto asegurado.

Siendo así, quienes piensan que el riesgo de que Venezuela incurra en default es bajo (es decir, el mercado financiero mundial en pleno lo ha sobreestimado) porque “tenemos unas reservas enormes”, “estamos en plena bonanza petrolera”, “en Bélgica y en Italia están más endeudados” o porque “en el Ministerio de Finanzas están conscientes de las consecuencias que eso traería”, deberían estar montados ya en deuda venezolana. Pero no, la mayoría de nosotros no quiere correr ese riesgo. La mayoría interviene en estas operaciones de títulos bolívar-dólar habiendo cerrado de antemano el precio de venta del bono. Tenemos prejuicios locales (locally biased) cuando se trata de opinar (“aquí sabemos más de aquí que los de allá”), pero cuando se trata de poner nuestro dinero el viejo lado izquierdo del cerebro se impone.

De todos, quizás el argumento más divertido sea el de Bank of America. Según ellos el mercado mundial sobre-estima el riesgo Venezuela, porque “un barril de petróleo a ochenta dólares probablemente sea suficiente para soportar las ineficiencias de la política económica de Hugo Chávez”. Insisten, es que “Venezuela está en medio de la bonanza petrolera más prolongada de su historia”.

Ahora, ¿qué ha hecho Venezuela durante esa bonanza? Esa bonanza, en términos reales per cápita, no comienza sino hasta 2006. Para esa fecha nuestra deuda externa (26.600 millones de dólares) era inclusive menor a la registrada en 1998 (28.455). Desde entonces, desde el inicio de la bonanza, la deuda pública externa saltó a 94.670 millones de dólares. Es decir, ha crecido 355% en cinco años, lo que equivale a una tasa de crecimiento anual de 35%. Como la economía no ha crecido precisamente a esa tasa, nuestra razón de endeudamiento (externo e interno) pasó de 25% del tamaño de nuestra economía a 69% (si se calcula el PIB en dólares a 6 BSF por dólar, aun algo optimista).

Ese mismo Bank of America piensa que Chávez ganará cómodamente las elecciones. Si eso ocurre, no hay razón que haga pensar que la deuda no seguirá creciendo a la misma tasa: No vendrán más inversiones, no tomará responsabilidad fiscal repentina el gobierno, no dejará de hacer diplomacia con petróleo. ¿Y entonces? Si la economía y la deuda siguen creciendo a las mismas tasas que lo vienen haciendo, entre 2015-2016 Venezuela alcanzará una razón de deuda a PIB de 180-200% (algo pasará antes). En ese caso, ¿cómo están tan seguros de que no habrá default en el mediano plazo?

Para El Universal, 09/12/2011

jueves, 1 de diciembre de 2011

El reloj biológico de la deuda venezolana

En estos últimos días, desde fuentes tan disímiles como la oficina de mi amigo Juan Misle en el Johnson Space Center en Houston o el hacker que se robó la cuenta de twitter de José Guerra, he recibido el “reloj de la deuda pública mundial” publicado por The Economist. Es un mapamundi con colores que indican los niveles de deuda pública de los países, desde verde oscuro (sin problemas de deuda) hasta rojo intenso (con el agua hasta el cuello). Uno supone que Venezuela, aunque esta vez por razones diferentes, se encontraría más cerca de ésta última escala. No es así. De acuerdo con The Economist, Venezuela tendría una situación de deuda pública bastante holgada: 22,8% del PIB o US$53.374 millones. ¿Y entonces?

Vamos por partes. De acuerdo con el Ministerio de Finanzas, en junio la deuda externa del gobierno central era de US$36.437 millones y la interna de BSF 138.522 millones. Convertida ésta última a dólares a tasa oficial, y dividida la suma de ambas entre el PIB Nominal en dólares (también a tasa oficial, el mejor escenario posible) la deuda resulta en 29,2% del PIB. Pero hay más. En un país sin ninguna división de poderes no tiene sentido establecer diferencias entre la deuda del gobierno central y la que se encuentra en cabeza de las empresas públicas. Es decir, en Venezuela, donde todo el dinero público va a un solo bolsillo, la deuda pública debe incluir también a las empresas del Estado. De acuerdo con el BCV, la deuda pública externa del sector público consolidado cerró septiembre en US$94.669 millones. Si a eso uno le suma la deuda interna convertida a dólares a tasa oficial, y la divide entre el PIB en dólares también a tasa oficial, el porcentaje de deuda/PIB es de 53,9%. Casi tres veces mayor al reporte de The Economist. Todo esto con base en cifras oficiales.

No termina allí. Los dos cálculos anteriores convierten el PIB de BSF a dólares usando la tasa oficial (4,30). Eso arroja un PIB de US$235.300 dólares. Supongamos que la economía venezolana se mueve a una tasa de cambio promedio de 6,00 BSF por dólar (bastante optimista). En ese caso, el PIB estaría alrededor de US$170.000 millones y la razón de deuda pública a PIB sería de 69,8%.
Visto así, el margen de maniobra de la deuda venezolana se empieza a mostrar más acorde con la prima de riesgo que le exigen los mercados (de las mayores del mundo, por encima de 10%). Sobretodo cuando uno toma en cuenta que la mayoría de los episodios de default de las economías en desarrollo se producen a niveles de deuda/PIB muy inferiores a los de las economías desarrolladas (intolerancia a la deuda, Kenneth Rogoff dixit). Y nótese que aquí solamente he incluido la deuda financiera documentada. No hay Fondo Chino, ni pasivos laborales, ni regalías por pagar a socios petroleros, de pasivos contingentes por demandas en las corte de arbitraje internacional, ni deuda por estatizaciones con antiguos propietarios privados. Esto ilustra lo difícil, acaso también lo peligroso, de hacer copy-paste de las páginas oficiales sin mayor conocimiento de la realidad local. Es eso, o el fondo de pensiones de los trabajadores de The Economist está invertido en deuda venezolana.

Para El Universal, 02/12/2011