domingo, 30 de diciembre de 2012

Ya no hay por qué correr


Ahora que se termina el año, cuando algunos signos apuntan hacia otro evento electoral muy poco auspicioso, se me vino a la mente aquella mañana de domingo en Catia. Nos habían dicho que “lo de Capriles” empezaría a las doce, pero ya avezados con la dinámica del candidato, llegamos al boulevard alrededor de la una. Yo había estado un par de veces antes en Catia, en el Barrio el Observatorio, por cortesía del Padre Armando Jensen, pero aquello era otra cosa. Ahora sé que la magnitud de Catia es suficientemente vasta como para eso, para albergar espacios con rasgos y ritmos muy distintos, que existen “las afueras de Catia” y que el Observatorio es algo que los vecinos del lugar llaman “allá”.

Estacionamos la moto cerca de la estación del metro. Por allí no había rastros de oposición. Era, como decían los documentos oficiales antiguos cuando así correspondía, “un día de mercado”. El boulevard estaba inmerso en esa actividad frenética, todos sus locales abiertos y la sección pedestre ocupada por vendedores de electrodomésticos. Audífonos con micrófono incorporado, ejecutaban shows demostrativos ante nutridas concurrencias. La propaganda oficial tenía copado cada árbol, cada poste de luz, y no pocas de las fachadas de los comercios. Parados en medio de aquella algarabía, aguzamos los oídos. Nada. Decidimos caminar dos o tres cuadras en cada dirección, hacer una suerte de cruz, convencidos de que así daríamos con la concentración. Por allí cada quien estaba en lo suyo, en el abastecerse de la manera más económica posible. Allí se gestaba la chispa que da origen al hecho económico en su expresión más simple, también la más genuina. Al fin, en uno de esos giros, fuimos sorprendidos por una sucesión de gritos “¡allá va!” y empezamos a correr.

Logramos alcanzar al grupo de avanzada. Una vez en el cauce, el entusiasmo de la concentración era innegable, difícil de conciliar con la apatía de las calles circundantes. La gente en los balcones se asomaba curiosa, no había en ellos euforia pero tampoco animadversión, mientras veían pasar al candidato como una exhalación. Corríamos detrás del 7-0, corríamos para poder dejar de correr. Durante el exigente recorrido, levanté la cabeza buscando aire varias veces y dí así con las señales de tránsito, “Propatria” recto, “23 de enero” a la derecha, “Avenida Sucre”, vaya usted a saber. Nombres que hasta entonces sólo había leído en alguna crónica de José Ignacio Cabrujas. Catia nos había dejado entrar. No se podía concluir otra cosa y, pensándolo bien, no se podía tener aquello a menos.

Allí vive, acaso es allí en donde empieza, el otro país. Un país con rasgos diferentes, con otras urgencias, con una manera muy particular – que hasta hoy nos es no sólo desconocida sino también esquiva – de concebir la cotidianidad y el progreso. En alguna medida se logró interpretar algunas de sus preocupaciones, capitalizar su desengaño. Pero no fue suficiente. Sigue habiendo vastas zonas de Venezuela en donde la oposición no existe. Tanto en presidenciales como en regionales, la cantidad de votos opositores cae de manera exponencial en la medida en que el centro de votación se aleja de las grandes ciudades. Mientras sea así será difícil, ya no digamos ganar, sino mantener el poder con un mínimo de paz social. La coyuntura ahora nos favorece, siempre que estemos dispuestos a esperar. Se abre la posibilidad de que sea el gobierno quien recoja lo que ha sembrado, de que sea a ellos a quienes se les vengan abajo los castillos de arenas del consumo sin producción, a quienes se les haga polvo en las manos la promesa de lo imposible. Mientras tanto, a la oposición le viene muy bien el interregnum para desarrollar ese entendimiento que hoy tanta falta nos hace, para sembrar lejos de las grandes ciudades una estructura que sirva de cuerpo y de extensión a la carrera del candidato, para elaborar esa narrativa que atraiga a ese otro país, una en donde se identifique plenamente y que capitalice la enorme decepción. Ya no hay razón para correr. Feliz Año 2013.

@ miguelsantos12

Para El Universal, 30/12/2012

miércoles, 26 de diciembre de 2012

La vida de Pi (sobre la novela de Yann Martel y la película de Ang Lee)



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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
miércoles 26 de diciembre de 2012  12:00 AM
Hay ciertas imágenes muy realistas, y otras en donde uno tiene dudas sobre si lo que está ocurriendo puede realmente ser posible. Hay cientos de colores en paisajes tridimensionales, secuencias en donde la superación de una amenaza absorbe todos nuestros recursos y otras que transcurren en ciertos parajes que se prestan más a la reflexión e invitan a buscarle sentido al conjunto. Hay, por encima de todo, un compromiso irrenunciable con el presente, que coexiste con la renuncia y la entrega allí en donde se encuentra el límite de la voluntad humana. El arquetipo ancestral del hombre en la lucha por la supervivencia, enfrentado a numerosos peligros y obligado por encima de todo a entenderse consigo mismo. Así es La vida de Pi, del escritor franco-canadiense Yann Martel, y así mismo la ha dispuesto en imágenes el director Ang Lee (Sentido y sensibilidadBrokeback MountainEl Tigre y el Dragón), en la película del mismo nombre. 

Tanto el libro como la película están divididos a grandes rasgos en tres secciones, que por las diferencias de ritmo entre un género y otro no necesariamente ocupan las mismas proporciones. Piscine Molitor Patel es un niño criado en Pondichery, en el sur-este de India, "uno de los lugares más bellos del mundo". Uno de sus tíos ha visitado poco antes de su nacimiento una hermosa piscina pública de aguas transparentes en París, de allí deriva en esencia su nombre. Para sacudirse el estigma de la crueldad clásica de la infancia el niño se hará llamar Pi. Esto es algo que consigue gracias a su espectacular habilidad para memorizar los decimales de esa constante, que describe la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro, un número infinito. 

En esos años Pi se expone a las diferentes religiones que florecen en Pondichery y va armando su propia estructura de creencias, compatible con todas ellas. Una idea que no termina de agradar del todo a su padre, un hombre de negocios que aprovecha la época de prosperidad para abrir un zoológico. "Prefiero que creas en algo completamente diferente de lo que yo creo, y no que creas un poco de todo, porque eso equivale a no creer en nada". En este lugar mágico se desarrollan los primeros años de Pi, hasta que las dificultades económicas llevan a su padre a cerrar el zoológico y embarcarse con los animales en un trasatlántico japonés con destino a Canadá. En el camino una tormenta provocará el naufragio que se llevará consigo a toda su familia y dejará a Pi a la deriva en un bote de rescate con un tigre de Bengala (incidentalmente llamado Richard Parker), una hiena, un chimpancé y una cebra. La escena del barco viniéndose a pique, primero, y ya luego descansando en la profundidad del océano pone fin a esta primera etapa, y acaso también a la infancia de Pi

La segunda parte corresponde a los 227 días que pasará Pi en alta mar. En los primeros compases de esta situación morirán la cebra, el chimpancé y la hiena (los dos primeros devorados por esta última, luego ella devorada por el tigre). Una vez que esto ocurre está ya puesta la escena para el corazón del argumento, que es la lucha de Pi por su supervivencia, a ratos contra el tigre y a ratos con el tigre contra todo lo demás. Es una circunstancia intensa, toda vez que tanto la novela como la película se resisten a romantizar al tigre. Por el contrario, como ya le había quedado claro en un incidente de su infancia, los animales salvajes son eso, salvajes, suelen imponer su ley y sus prioridades por encima de cualquier otra cosa. 

Así, desde el principio, y haciendo uso de la provisión de maderas, chalecos, alimentos y bebidas que traía el bote salvavidas, Pi se verá obligado para poder sobrevivir a establecerse en un espacio distinto, una precaria balsa que también irá evolucionando. Desde allí, en oleadas sucesivas, irá acercándose y alejándose, en esa lucha diaria por el escaso espacio que comparte con Richard Parker. Esta será una pelea de dimensiones épicas que progresará lentamente, a través de numerosos escenarios. Es aquí en donde la tecnología acude en auxilio (no en sustitución) de la historia y se las arregla para darle al espectador una sensación de inmersión que lo envuelve a través de imágenes y sonidos, que durante largos pasajes produce una suerte de sensación onírica, de confusión entre lo real y lo imaginario, en exactamente la misma forma en que lo está experimentando el protagonista. Aquí está lo mejor de la fotografía, y también el mejor del arte del director: Se hace evidente el cambio de rasgos y de color de piel, así como también la pérdida de peso gradual de ambos caracteres. 

La clave está, precisamente, en que todo eso que uno ha venido pensando que no es posible y considerando como inverosímil, es contado de una forma muy creíble por Ang Lee. De hecho, el propio Yann Martel también ha contribuido significativamente con su verosimilitud, pues tanto la novela como la película hacen alarde de una profunda investigación en materia de técnicas de supervivencia en el mar y ciertas condiciones de especies biológicas que pueden ser aprovechadas por un náufrago a la deriva. 

En la tercera y última parte el barco atraca en las costas de México (nada que ver con arruinarle la película al lector, esta es una realidad que se conoce desde el comienzo). Y es que el director ha decidido abrir y cerrar esta secuencia de tres partes con la visita de un escritor canadiense a un Piscine Molitor ya adulto, casado y con dos hijas (después de todo, la historia tiene un final feliz). Esta característica le viene muy bien a la pe- lícula, introduce la perspectiva del que observa a quien cuenta lo ocurrido, una capa adicional al libro, que está narrado en primera persona. 

En esta última parte, unos investigadores japoneses, de la compañía de seguros responsable por el barco naufragado, acuden a visitar a Pi al hospital y escuchan de primera mano su relato. No creen la historia de los animales. "Por favor, cuéntenos algo que resulte más verosímil, algo que tanto nosotros como nuestros superiores podamos creer". Y es entonces cuando Pi decide contar una historia bastante diferente. Mucho más verosímil, partiendo del hecho notable de su supervivencia, mucho más creíble. No ha naufragado con ningún animal, sino con personas, que han ido desapareciendo, aniquilándose, sucesivamente. Es una segunda historia que surge del protagonista con la misma intensidad que la otra, la paralela, que nos ha venido contando. "¿Cuál de las dos historias prefieren ustedes?", pregunta Pi a los investigadores en el libro, y al escritor canadiense en la película. "La versión con los animales". "Esa es también la versión que Dios ha escogido". 

Y aquí cabe preguntarse: ¿Esto es real? ¿Es creíble toda esta historia? Llegados a este punto: ¿Es importante si es real? Sin menosprecio de la historia como ciencia: ¿Qué diferencia existe hoy en día entre lo real, lo que sí ocurrió, y aquellos que sólo recordamos? ¿Por qué vamos a optar por la más común, si ya pasados los hechos, hace tan poca diferencia? ¿Por qué nos íbamos a quedar con una historia más convencional, si los dioses nos han dado la opción de otra mucho más fantástica e intensa? 

@miguelsantos12

domingo, 23 de diciembre de 2012

Gerard Depardieu y la integración europea


Se han escrito muchos modelos matemáticos para tratar de ilustrar las dificultades de contar con una moneda común, sin tener integración fiscal ni libre movilidad laboral. Pero no hay nada como un ejemplo sencillo y aterrizado para transmitir una idea. Hace un par de semanas el actor francés Gerard Depardieu adquirió una casa y fijó su residencia en el pequeño municipio belga de Néchin (2.053 habitantes), a menos de un kilómetro de la frontera con Francia. ¿Por qué? La respuesta es fácil: Depardieu viene huyendo de la retórica “que paguen los ricos” del régimen socialista de Francois Hollande. Bélgica no es precisamente un paraíso fiscal: Sus tasas de impuesto sobre la renta van desde 25% a 50% con un recargo municipal que puede situar el tope en la vecindad de 60%. Pero cualquier cosa es más favorable que el impuesto extraordinario de 75% que Hollande ha introducido para ingresos superiores al millón de euros anuales. “Nuestro verdadero adversario no tiene rostro, no hace campaña, nunca presentará su candidatura y, sin embargo, nos gobierna. Es el mundo de las finanzas". Depardieu no esconde sus motivos. “Francia ha tomado sus decisiones y quiere que otros carguen con las consecuencias”.

La discusión toca aristas mucho más amplias que la competencia tributaria entre ambos países. Dirían los más liberales (en el sentido europeo de la palabra) que la integración obligará poco a poco a los países a ir uniformando sus impuestos, que precisamente es la libre movilidad de capitales la garante de que el equilibrio fiscal se produzca de manera automática, como consecuencia del mecanismo natural del mercado. La teoría en este sentido es impecable, y culmina con un hermoso y frágil equilibrio (ya lo decía Anatole France: el equilibrio de todas las cosas hermosas es muy frágil). Pero en la práctica no funciona así. Veamos por qué.

Cada uno de los ciudadanos de Europa posee una dotación de capital y una capacidad de trabajo. En la medida en que se es más pobre, el patrimonio se concentra en la capacidad de trabajo; en la medida que se es más rico, en el capital. Ahora bien: ¿Cuántos ciudadanos europeos tienen el capital para comprar una casita a un kilómetro de la frontera y establecer su residencia allí, para aprovecharse así de los regímenes fiscales más favorables? Muy pocos. Vayamos al trabajo. Aunque dentro de la Comunidad Económica Europea está garantizada la libre movilidad laboral (presumiblemente se moverán a donde sus conocimientos y capacidades sean mejor valoradas), está bien documentado el hecho práctico de que la movilidad es muy baja, depende de forma directa del nivel de instrucción. Esto quiere decir que trabajadores menos calificados se movilizan mucho menos, en parte porque la movilización en sí misma tiene un costo inicial alto, en parte porque dentro del sector de mano de obra no calificada las ofertas de trabajo se desconocen, no hay cómo hacer el match a distancia. Y luego está el idioma. Por eso las tasas de desempleo entre los países de Europa son tan diferentes, aún cuando los trabajadores son libres de ir de un lugar a otro. Este fenómeno también es cierto dentro de los países: En España coexisten el desempleo de Andalucía (35%) con el del País Vasco (14%). ¡Los trabajadores menos calificados no se mudan ni aún dentro del propio país!

Por todas estas razones, va a hacer falta mucho más que el mecanismo de mercado para equilibrar tasas impositivas y salarios a través de Europa, y mientras prevalezca la crisis, lo más probable es que las diferencias deterioren la distribución del ingreso. Y es que ésta es otra de esas áreas en donde la teoría se parece mucho a la práctica nada más en teoría. En la práctica no se parece.

@ miguelsantos12

Para El Universal, 23/12/2012

viernes, 14 de diciembre de 2012

La enfermedad y la economía


La rueda de prensa de hace seis días ha engendrado un nuevo tornado de opiniones, mezcla de medicina, política y economía, que tiene ese extraño efecto, produce esa sensación de saber menos después de escuchar o leer de lo que sabía antes. Para tratar de sacar algo en claro de ahí me voy a centrar en las consecuencias económicas que trae el recrudecimiento de la enfermedad. Mucho se ha dicho en estos días que ahora el gobierno “va a retrasar la devaluación y el recorte del gasto”. Esta afirmación, puesta en esos términos, da la impresión de que esas políticas eran apenas opciones, o peor aún, que el gobierno tiene margen de maniobra y había decidido ejecutarlas por pura convicción. Y esa es una idea profundamente equivocada. Retrasarlos no supone dejar todo igual hasta que el panorama se aclare, algo que en cualquier caso tardará bastante más de lo que se prevé, sino recurrir a otras medidas iguales o más duras que esas.

El gobierno cerrará el 2012 con un déficit fiscal (consolidando el gobierno central, PDVSA, FONDEN y el Fondo Chino) de 18% del PIB. Para hacernos una referencia de pares: Grecia hoy en día sufre un déficit de 10% y España de 8% del PIB, y se consideran países con altísimos riesgos de quiebra. Ahora bien, no hacer nada deteriora ese escenario. Dado que PDVSA vende dólares al BCV, mientras no se devalúe PDVSA sigue obteniendo los mismos bolívares a cambio de los mismos dólares (no aumentará la producción ni tampoco los precios). Con la inflación en la vecindad de 20%, eso quiere decir que no devaluar deteriora la contribución fiscal del petróleo en términos reales en 3% del PIB. Visto así, no hacer nada equivale a tener un déficit fiscal, como punto de partida, de 21%.

En el año que transcurre el gobierno financió esos 18% del PIB de déficit imprimiendo dinero. Eso significó que la liquidez se incrementó en las semanas que rodearon a la elección en 51%. Por qué este fenomenal incremento de la liquidez no produjo una inflación mucho mayor es algo que aún no entendemos del todo, pero en cualquier caso es una condición con la que no se puede contar en el futuro. Devaluar la tasa promedio a la que funciona la economía en 37% (de 5,5 a 7,5) generaría unos 6% del PIB netos para cubrir el déficit (parte de eso ya se consigue devaluando el paralelo en 100%). En buena parte, ya esa depreciación ocurrió. Aún se tendría que corregir vía recortes del gasto o aumentos de impuestos o gasolina otros 15% del PIB.

Si no se devalúa (lo que implicaría revaluar el paralelo a partir de aquí) y no se recorta el gasto, se hace necesario imprimir una cantidad de dinero colosal para cubrir el déficit. En ese escenario, la liquidez debería crecer alrededor de 70% lo que, en una economía de muy bajo crecimiento, podría generar una inflación del doble de la que tenemos hoy en día. Si no se quiere esa inflación se podrían arreciar con los controles de precio, lo que a su vez provocaría una escasez mayor. Es en ese contexto en el que se deben considerar las consecuencias de la enfermedad: Sí existen formas alternativas de corregir el enorme desequilibrio en el que se incurrió en el año electoral, pero no necesariamente serán menos dañinas en términos de bienestar.

@ miguelsantos12

Para El Universal, 14/12/2012

viernes, 7 de diciembre de 2012

¿Qué hicimos con los reales?


Había pensado en un título que hiciese referencia a aquella parábola de los talentos, que según Jesús un señor entregó a sus tres sirvientes para que los invirtieran durante su ausencia. A fin de cuentas, la reflexión acerca de qué hemos hecho con lo que se nos ha entregado, en qué hemos invertido nuestros recursos, incluyendo el más valioso de todos ellos, nuestro tiempo; y qué hemos sido capaces de conseguir, es de naturaleza mucho más amplia que la mera administración de la extracción petrolera.

En trece años y tres trimestres hemos recibido 674.987 millones de dólares. Es una cifra colosal, que ajustada por la inflación en dólares y por habitante supera en 102% a los catorce años anteriores. ¿Qué hicimos con todo esto? Cerca de dos tercios (61% o 410.596 millones) se fueron en importaciones. Es decir, al bolívar que perdía poder adquisitivo en Venezuela se le mantuvo su poder de compra en el exterior, una política que nos inundó de importaciones y ahogó a los productores nacionales. En esos catorce años la manufactura privada por habitante cayó 9%, disminuyendo su peso en la producción del país de 17% a 13%. En ese período las importaciones por persona crecieron 173%, alimentando un boom de consumo de 53%, en muy buena parte responsable por la popularidad del Presidente (esa es, en mi opinión, una fracción importante de lo que algunos llaman la “conexión emocional”).

¿Y el resto? Nada menos que 25% de la exportación petrolera se ha ido en fugas de capital privado (169.950 millones de dólares). ¿Por qué el gobierno ha permitido esto? No lo ha permitido, lo ha fomentado. En medio del clima negativo para la inversión, si a la aceleración de liquidez que resulta de financiar el déficit imprimiendo real no se le responde ofertando dólares, la inflación hubiese sido mucho mayor. De allí la política de emisiones de deuda bolívar-dólar y las numerosas filtraciones en CADIVI. Si a las importaciones (61%) y a la fuga de capital privado (25%) agregamos el saldo en servicios (viajes, transporte y seguros sobre mercancías: 12%) llegamos a 98%.

Uno llega aquí y, a pesar de la enorme decepción, siente algún alivio derivado del poder contabilizar, así se hayan despilfarrado, los recursos de los que dispusimos. Es sólo una ilusión. El gobierno no sólo ha gozado de una extraordinaria bonanza petrolera, sino que además ha aumentado nuestra deuda externa neta en 73.902 millones de dólares. Y eso sólo contabilizando la deuda financiera que reporta el BCV. Si se incluye la deuda de PDVSA con contratistas, socios y proveedores, y algunas estatizaciones por pagar, pasaríamos de 150,000 millones de dólares. Lo que vuelve a abrir el hueco en nuestras cuentas, muchas de las cuales se han ido por el desaguadero de FONDEN, que hasta ahora ha recibido entre PDVSA y BCV nada menos que 95.554 millones de dólares. ¿Qué hicimos con todo esto? Más aún, ¿qué hicimos con todos nuestros talentos, como país, en estos catorce años? Es un período más largo que la propia guerra de Troya: ¿Qué dejamos? Es una pregunta que agobia, sobretodo a los que hemos tenido la fortuna de recibir más (oportunidades), porque fue así como repartió y juzgó el señor de la parábola: A cada uno según sus capacidades.

@ miguelsantos12

Para El Universal, 07/12/2012

lunes, 3 de diciembre de 2012

¿Quién o qué ganó en Catalunya?


Las elecciones al parlamento de Catalunya me han traído a la memoria algunas de las nuestras de asamblea, gobernadores y alcaldes: Uno los oye a todos decir que han ganado y, según como se vea, puede que así sea.

¿De dónde venimos? Hace dos años Artur Mas, líder de Convergencia y Unión (CiU), ganó la Presidencia de la Generalitat de Catalunya con una mayoría relativa de 46% (62 diputados en un parlamento de 135). En su campaña nunca fue explícito acerca sobre la cuestión independentista. Esa es una carta más reciente, según alega, sacada tras sus diferencias con Madrid en relación con lo que Catalunya contribuye al y recibe del gobierno central. Los sondeos, hasta este año, nunca habían dado más de un tercio a los independentistas, pero la depresión económica revolvió esas aguas y condujo a una manifestación de millón y medio de personas el pasado 11 de septiembre (día nacional de Catalunya). A raíz de ella, Mas decidió adelantar dos años las elecciones al parlamento, buscando una mayoría absoluta que lo empoderara para convocar el referéndum por la independencia.

¿Cuáles fueron los resultados? CiU no sólo no alcanzó la mayoría absoluta, sino que además perdió 12 escaños, una caída de 20% que lo deja ahora con tan sólo 37%. El segundo lugar lo ha tomado Izquierda Republicana (ERC), independentista radical, con una agenda que se ubica en el espectro político opuesto a CiU. Se oponen a los recortes y a las reformas, lo que desde ya permite anticipar que habrá muchos roces, pues el de 2013 será el presupuesto más austero de la historia. ERC ha recogido 11 de los 12 diputados perdidos por CiU, pasando de 10 (7%) a 21 (16%). Luego vienen las dos mayores fuerzas anti-independentistas: el Partido Socialista (PSC) y el Partido Popular (PP), con 20 (15%) y 19 (14%) diputados. El partido verde (ICV) – que favorece la consulta pero no se pronuncia sobre la independencia – saltó a 13 diputados (10%). Y luego hay dos pequeños partidos con posturas radicales, uno anti-separatista (C’s: 9%) y otro independentista (CUP: 2%).

El gobierno central ha utilizado todo su aparato comunicacional, ese mismo poder con el que puso a circular un informe sobre el enriquecimiento ilícito de los líderes de CiU días antes de las elecciones (por el que ahora nadie se hace responsable) para celebrar la caída de Mas como victoria suya y varapalo al proyecto independentista. Estos últimos reconocen que CiU cayó, pero alegan que la cantidad de diputados que favorecen una consulta (CiU + EC + ICV + CUP) suma 65% y los que están abiertamente a favor de la independencia 55% (CiU + EC + CUP).

¿Qué va a pasar ahora? La obligada negociación con ERC hará el proceso mucho más lento, pero no lo detendrá. ¿Se puede asumir que todos los votos de CiU son independentistas? Es difícil de saber. Un ala de Ciu (la que puso la U, Unión Democrática Catalana) favorece un arreglo con Madrid y aborrece a ERC. Rajoy puede ahora esperar, y si la convocatoria progresa podría tantear los sondeos y en caso de emergencia declarar el referéndum inconstitucional. Por ahora, lo único que ha quedado claro, es que el proceso será mucho más largo y también más agrio de lo que Mas previó cuando decidió adelantar las elecciones.

@ miguelsantos12

viernes, 30 de noviembre de 2012

El soplo de León Febres-Cordero


Hay mañanas en que me acuerdo mucho de León Febres-Cordero. Suele suceder cuando se evoca a alguien de forma espontánea, que una imagen específica nos viene en rápida sucesión, pone así la cuña y deja la puerta abierta a los demás recuerdos. En mi caso, ese dibujo inicial tiene que ver siempre con los barcos griegos prestos a dejar sus playas en dirección a Troya, varados en la arena por la falta de viento. La guerra a punto de empezar, los soldados llevan años preparándose para la batalla, pero las velas yacen mustias a lo largo de los mástiles, los rostros desanimados no dejan de contemplar el mar en calma.

La primera vez que lo vi fue en el estacionamiento del Teatro Teresa Carreño. Salíamos del Ateneo de Caracas y, al bajar las escaleras que conectaban ambos espacios (me imagino que aún existen, pero ya hace mucho tiempo que no voy por allí), dimos con un hombre en jeans y zapatos de goma poniendo volantes de "El último minotauro" en los parabrisas de los carros. En la parte de atrás, como es costumbre, venía una foto del autor: El mismo que ya se perdía en la oscuridad del estacionamiento con el fajo de volantes. De lo más amateur (el que ama lo que hace). Ahora sé que eso lo hacía día tras día, y que en aquél momento tendría unos 46 años. Así pude entrar en contacto con él y terminé pasando varias tardes en los amplios jardines de una quinta en Colinas de Tamanaco. Allí había organizado unas sesiones en donde decodificaba las tragedias griegas y nos hacía su contenido y esencia asequible. "La tragedia era algo que los griegos llevaban por dentro, algo que les ponía la vida patas arriba hasta un punto tal que ya no la reconocían. Ya no eran lo que hasta entonces habían sido: eran otros. ¡Qué gran alivio poder pasar a ser otro, sin haber perdido el juicio!". Mis notas de aquellos días guardan un parecido extraordinario con las ideas que recogen sus entrevistas y ensayos de hoy. Hace dos años la editorial Verbum publicó dos volúmenes, uno con su obra completa y un compendio de entrevistas y ensayos (En torno a la tragedia y otros ensayos). No son muy conocidos en Venezuela, porque aunque no se puede decir que nadie es profeta en nuestra tierra, la verdad es que hay pocos. "Lo de Shakespeare no son tragedias. Sus personajes no aprenden nada, no son capaces de asimilar, de convertirse en otros, sus padecimientos no los llevan a transformarse, como sí lo hacen Agamenón o Ifigenia". Es la esencia de la tragedia recogida por Aristóteles en su Poética: "Aquellos que estén sufriendo los misterios no tienen nada que aprender, sólo deben ser afectados, experimentar el sentimiento con miras a un cambio en el estado mental".

En el episodio que evoca esa imagen recurrente, el viento ha sido suspendido por la diosa Artemisia, porque Agamenón ha incumplido su promesa de sacrificar a Ifigenia. Agamenón se había ido haciendo el loco para evitar esa tragedia, pero el adivino Calcas revela a los soldados la razón tras la calma chicha, y éstos lo vienen a presionar. Así, empuña el puñal y se dispone a ejecutar a Ifigenia, pero en el último momento Artemisia la sustituye por un ciervo y se lleva a la joven a Táuride, donde se convertirá en sacerdotisa. Una nueva realidad que Agamenón, sin estar al tanto, había venido reprimiendo con su renuencia a aceptar la tragedia.

@ miguelsantos12

Para El Universal, 30/11/2012

martes, 27 de noviembre de 2012

La obsesión por redistribuir


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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
martes 27 de noviembre de 2012  12:00 AM
La semana pasada asistí a una discusión sobre crecimiento de largo plazo en América Latina en la Universidad de Barcelona. Aquí, la pieza de información que más ha llamado la atención de los participantes ha sido el hecho de que la producción por habitante de Venezuela cerrará el 2011 en un nivel similar al que tenía hace treinta y cinco o cuarenta años. Si se ajustan las tasas de crecimiento económico que reporta el Banco Central por las de crecimiento poblacional, cerramos 2011 en el mismo nivel de 1974. Ajustando nuestra capacidad de producción por su poder de compra, estaríamos al nivel de 1969. En cualquier caso, son treinta y cinco o cuarenta años perdidos, estacionados allí, en el mismo lugar en donde nos dejaran Raúl Leoni o Rafael Caldera (I).

Alguien apuntó por ahí que semejante fracaso no tenía precedentes en países que no hubieren sufrido guerras. Se me antojó una observación interesante y me di a la tarea de revisar los datos. El único país con un desempeño en crecimiento por habitante inferior a Venezuela entre 1970-2010 (-6,4% o -0,2% anual) es Nicaragua (-38,3% o -1,2% anual), que en efecto sufrió una larga y cruenta guerra civil. Es decir, es cierto que todos los que están peor que Venezuela (uno, en realidad) han pasado por una guerra, pero no al revés. Hay países en América Latina que han sufrido guerras civiles y conflictos armados internos y aún así exhiben un desempeño muy superior al nuestro. Es el caso de Haití (cuya producción por habitante creció 11,8% o 0,3% anual entre 1970-2010), El Salvador (48,3%; 1,0%), Perú (49,0%; 1,0%), Guatemala (49,5%; 1,0%), Honduras (51,0%; 1,0%), y ya no digamos Colombia (110,3%; 1,9%).

Los últimos catorce años, a pesar de la enorme bonanza petrolera de la segunda mitad, no han cambiado el panorama. Entre 1998-2010 el crecimiento de la producción por persona de Venezuela (ajustada por el poder de compra) cayó 1,7% en total (-0,1% anual). Ese es el segundo peor de toda la región, sólo por detrás de Jamaica (-2,1%; -0,2%). Curiosamente, una de las tasas de crecimiento per cápita más altas del período la registra Cuba, que cabalgando sobre las ayudas de Venezuela logró crecer 76,8% en esos doce años, equivalente a 4,9% anual. A otros países que reciben nuestra ayuda también les ha ido bastante mejor que a nosotros, como Nicaragua y Bolivia (ambos 18,5% o 1,4% anual). Nos han dejado atrás Perú (56,7% o 3,8% anual), Argentina (31,7%; 2,3%), Colombia (24,5%; 1,8%) y Brasil (24,1%; 1,85%). Para México ha sido un período duro, contagiado por la fuerte crisis de Estados Unidos, pero aún así su producción por habitante creció 13,2% (1,0% anual) en estos doce años. Es decir, por dondequiera que se le mire, el fracaso económico de Venezuela en términos de producción de bienes y servicios ha sido colosal. Alguien podría apuntar que faltan los últimos dos años, en donde crecimos alrededor de 5,0% en cada uno. Si, es cierto, he utilizado las cifras hasta 2010 para poder hacer comparaciones regionales en términos de poder de compra, pero no es menos cierto que ese crecimiento empujado a punta de deuda y gasto público será severamente reversado en los años por venir. En el largo plazo no tiene sentido seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes. Esa, según me contó un apreciado psicólogo judío, es la definición de locura.

Es natural que una sociedad en donde la producción de bienes y servicios no crece se obsesione con la redistribución. En nuestro país el discurso que hace énfasis en el crecimiento se ha vuelto tabú, banalizado por las cadenas presidenciales en donde se divide el producto interno bruto de Venezuela en bolívares entre 4,30, y luego se insiste en que hemos crecido alrededor de 300% por ciento "en dólares" (como dijo el presidente Chávez, "si algo se duplica es que creció 200%, si se triplica es que creció 300%, y así sucesivamente... "). Inclusive, la expresión "productividad" ha llegado a ser prohibitiva, "suena a neoliberal", mera trampa de la jerga capitalista para promover la explotación del hombre por el hombre. Hemos sido necios según la acepción de Boecio, pues para no caer en esa trampa, hemos caído en otra peor. Si se trata de promover el desarrollo y reducir la pobreza de manera sostenible, en algún momento alguien tendrá que atreverse a levantar la bandera del crecimiento económico y de la productividad, alguien deberá aceptar el reto de persuadir y convencer, de ir mucho más allá del repetir lo que los focus groups (apoteosis de la desconexión política) nos indican que la gente quiere oír. 

@ miguelsantos12

jueves, 15 de noviembre de 2012

Catalunya: La trinidad imposible


Se aproxima el referéndum para la independencia de Catalunya y arrecia la campaña. El gobierno local ha hecho un esfuerzo colosal por presentar las complejas cuentas de la autonomía con el gobierno central de una forma asequible al votante promedio. Como suele suceder, ha caído en excesivas simplificaciones y recurrido a algunas sumas gruesas que escapan a la atención de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Pero he aquí que ese esfuerzo numérico describe por sí mismo el flanco más débil de los independentistas. De haber sido mayoría convencida quienes llevan dentro de sí el sentimiento separatista no sería necesario recurrir a tanta cuenta.

La balanza de las autonomías con el gobierno español se puede hacer de dos formas: El método de carga-beneficio y el flujo monetario. El método de carga beneficio toma en cuenta el saldo fiscal (diferencia entre ingresos y gastos imputados) de cada territorio con el gobierno central. Si el saldo es negativo (para la región), se dice que el territorio es contribuyente neto, y la suma se considera “aporte a la solidaridad inter-territorial”. Según este método, el saldo de Catalunya entre 1996-2009 (14 años) fue negativo (5,1% del PIB). El enfoque monetario imputa al territorio donde se genera el hecho imponible (ingresos) y los gastos al territorio en que se producen los servicios. Con un detalle: El gasto más importante del gobierno central no atribuible a las regiones es el gasto en embajadas. ¿A quién se imputa ese gasto en éste método? A nadie, porque los gastos en servicios ocurren fuera del territorio nacional. Según este método, el saldo negativo de Catalunya 1996-2009 es de 7,6% del PIB. Estas cifras representan acumulados en 14 años, lo que significa que pertenecer a España le cuesta a Catalunya cada año 0,4-0,5% de su PIB.

Pero es precisamente allí, tras la necesidad de hacer tanta filigrana con los números, donde se descubre la debilidad de la propuesta independentista. Quienes promueven el referéndum desean tres cosas: Un Estado democrático, independiente, y que abarque los territorios que ocupa hoy la autonomía. Y todo parece indicar que de esas tres sólo podrían tener dos (la trinidad imposible, acuñada por Thomas Friedman para el Estado de Israel). Según los sondeos, de realizarse elecciones abiertas a todos los residentes hoy en día, la independencia alcanzaría sus mayores cotas en la historia, pero aún así quedaría lejos de ser mayoría. Así, no tendrían un Estado catalán, pero habría democracia, y Catalunya (como autonomía) seguiría asentada en los mismos territorios. La opción independentista podría triunfar en unas elecciones en Lleida, acaso también en algún otro enclave, en cuyo caso tendrían un Estado catalán, con democracia, en una fracción del territorio. Por último, podrían convocar a elecciones sólo a las Montse, Marc o Jordi, o a quienes se apelliden Mercader, Pujol, Argelich y Bellot, lo que garantizaría la victoria, el Estado catalán, en el territorio de la autonomía, sí, pero no sería democrático. He ahí la necesidad de sacar tanta cuenta, de invocar el regreso a la tierra prometida aprovechando la incompetencia de Rajoy para manejar la crisis y la camisa de fuerza que Europa le ha puesto a España. Quién sabe.

@ miguelsantos12

Para El Universal, 16/11/2012

España: Cavando para salir del hueco


Ha sido una semana como cualquier otra, de unos años para acá. El viernes en la mañana una comitiva judicial subió las escaleras del piso de Amaya Egaña en Barakaldo, uno más de los trescientos mil desahucios que han caído desde la crisis. La ex-concejal de 53 años no quiso quedarse para presenciarlo, se lanzó al vacío desde el piso seis, a dos tramos de escaleras por piso. Esa misma tarde Iberia anunció el despido de 22% de sus trabajadores, más de 4.500 puestos que han desaparecido cuando más (o menos, según se vea) falta hacían. El sábado 129 periodistas de El País recibieron un correo electrónico de la dirección del periódico en donde se les comunicaba que estaban despedidos desde el viernes anterior. En un click, pasaron a formar parte de esa masa amorfa de 25% de desempleados (ya lo decía Stalin: Un muerto es una tragedia, mil muertos son una estadística”). Los desahucios son un excelente ejemplo de la falta de eficiencia de la política económica. La economía, rezan los libros de texto, es la ciencia (sólo una pretensión) que estudia la forma en que las sociedades usan sus recursos escasos para satisfacer necesidades ilimitadas. ¿Cómo puede ser óptimo tener cientos de miles de pisos vacíos, mientras sus antiguos inquilinos vagan por las calles, se apresuran a ocupar el último cajero automático disponible?

España continúa metida en la camisa de fuerza de Europa. Su superávit fiscal durante los años previos a la crisis no ha sido suficiente, porque se vino abajo su ingreso – que dependía de la construcción – de forma estrepitosa. Ahora se ha metido en esa espiral menguante de subir impuestos y recortar el gasto público en plena recesión, lo que a su vez provoca menor actividad económica y deteriora la recaudación. El sueldo promedio, a pesar del desempleo, sigue 20% por encima de Alemania, una diferencia que sin entradas de capital y bajo tipo de cambio fijo sólo puede corregirse a través de una deflación de salarios. Pero aquí el ajuste se sigue dando vía cantidades (puestos) y no precios (sueldos). Mientras, Alemania y Francia observan, con las manos cruzadas por detrás de la espalda. Convencidos de que lo que no mata fortalece, aprovechan la crisis para tratar de obligar a España a adoptar algunas de las reformas que no hizo en épocas de bonanza. A nadie conviene menos que todo el esquema del euro se venga abajo que a ellos, exportadores netos al resto de Europa. Es un equilibrio frágil y peligroso a la vez. Están en el aire el euro, la democracia y la baja inflación. Puestos a escoger, ésta última es el menor de los tres males.

@ miguelsantos12

Para El Universal, 15/11/2012

domingo, 11 de noviembre de 2012

El 7-O Y la caza del carnero salvaje



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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
domingo 11 de noviembre de 2012  12:00 AM
El siete de octubre ha puesto a cada quien en la senda de una búsqueda muy personal. Se trata de encontrar explicaciones (fue el líder, la mesa, el mensaje, la estrategia, la narrativa, la historia, son las leyes, es el dinero, son los pobres, es la falta de educación, es el CNE, el control total, la captahuellas), nuevas formas de vida (nos vamos, nos quedamos, nos vamos yendo de a poco, ponemos un pie allá, nos adaptamos y seguimos aquí, ya no nos vamos a ir, sacamos las cosas de Navidad de una vez) y también de pareja (él se quiso ir, ella se quiere ir, qué voy a hacer yo allá, qué vamos a hacer los dos allá, que se vaya ella, que se quede él). A pesar de esta enorme diversidad, tengo para mí que existe un elemento común detrás de todos estos tanteos: Aunque en la superficie predomine el hecho positivo, lo que más nos ocupa el pensamiento, el mayor determinante de nuestras frustraciones, es esa otra realidad que por ahora ya no es posible. Acaso esa sea la razón por la que, de manera natural, debemos recaer en la literatura como fuente de restauración. Después de todo se trata de eso, de la otredad, de reconocer que la fracción que existe es apenas una ínfima parte de nosotros, que a fin de cuentas también estamos hechos de esos futuros perdidos, de esas otras vidas que se derivaron a raíz de opciones que no escogimos (individual o colectivamente), ya sea porque no podíamos o porque no sabíamos más. No se trata de evadir la realidad, una expresión común en el vocabulario de nuestros días, sino de todo lo contrario. Como escribe Javier Marías "cada trayectoria de vida se compone también de nuestras omisiones y de nuestros deseos incumplidos, de lo que una vez dejamos de lado o no elegimos o no alcanzamos, de las numerosas posibilidades que en su mayoría no llegaron a realizarse, todas menos una, a la postre". Son esas otras realidades y esos otros con quienes nos reconciliamos en la ficción. 

Pero Marías no hubiese alcanzado para superar (desde un punto de vista literario, se entiende) este trance. Debía ser algo bastante menos estructurado y recurrente, algo así como Haruki Murakami. Si Ud. no lo ha intentado antes quizás este sea el momento. Murakami también ha elaborado su propia versión de la otredad en Kafka en la orilla: "Oportunidades perdidas, posibilidades perdidas, sentimientos que ya no podremos traer de vuelta. Eso es parte de lo que significa estar vivo. En nuestras cabezas hay muy poco espacio para eso. Ocuparían una enorme habitación en un arreglo similar a las estanterías de una biblioteca. Pero para entender el funcionamiento del mecanismo interno de nuestro corazón debemos recurrir a esas referencias. Debemos desempolvarlas de vez en cuando, airearlas, rellenar de nuevo los floreros vacíos de esas flores muertas". He ahí el rol de la ficción.

Las novelas de Murakami tienen un conjunto de códigos y elementos comunes. Sus protagonistas están atravesando una crisis personal muy severa, y un suceso trivial los suele lanzar hacia una profunda transformación. Empiezan a ser rodeados por sujetos extraños, de nombres inverosímiles y ocupaciones improbables. El pasado se confunde con el presente y el mundo de los sueños se sobrepone gradualmente sobre la realidad. Y he aquí que, en medio de esa crisis y con todas estas limitaciones, los protagonistas deben esforzarse por tantear la salida y en el proceso resolver, o tan sólo dejar atrás, ese conflicto de origen que los ha perseguido a lo largo de su vida. "La verdad no siempre es real, y la realidad no siempre es verdadera". 

En lo personal, debo confesar que un buen número de veces durante la campaña electoral se me vino a la mente de forma espontánea "La caza del carnero salvaje". Tras saber los resultados, me apresuré a volver sobre sus páginas y repasar mis notas en los márgenes, en búsqueda de significado. El narrador, un joven treintañero sin nombre, comparte con su mejor amigo una pequeña agencia de publicidad y viene saliendo de un divorcio difícil. Tratando de superar dicha separación, se enamora de una modelo de orejas (literalmente), una mujer fascinante, prostituta ocasional, que posee sobre él una suerte de atracción magnética. Su vida cambiará para siempre cuando su socio decida utilizar en una de sus campañas una imagen idílica e inofensiva: unas ovejas pastando en una pradera y, a un lado, un carnero. La fotografía lo pondrá en la mira de un poderosísimo grupo industrial, un verdadero emporio económico y político que, por razones que no comprende del todo, coincide con la desaparición repentina de su socio. A partir de entonces, se verá envuelto en una ardua investigación digna de las mejores novelas policíacas norteamericanas. Debe encontrar el lugar de la fotografía y al animal en menos de un mes, pues el grupo tras el carnero tiene la fuerza suficiente para aniquilarlo física y emocionalmente, convirtiéndolo en un paria en su propia sociedad.

¿Qué encierra el carnero? ¿Por qué despierta tanto interés? El animal, una suerte de santo grial que contiene el secreto del poder, sólo se deja ver por aquellos a quienes él escoge. Una vez que la mirada del mítico carnero ha poseído al observador, éste adquiere una fuerza implacable, que se manifiesta a través de la convicción, de la desaparición de toda duda. Según la leyenda, el carnero estuvo detrás de muchas encarnaciones del poder absoluto, entre ellas el mismísimo Gengis Khan. Antes de que cada sucesiva encarnación del carnero muera, el poder regresa a su fuente original, hasta que el animal decida poseer a un nuevo observador. Y así sucesivamente. Sin el carnero, quienes ostentan el poder se descubren carentes de toda fuerza, pierden esa condición que les hace posible someter a sus contemporáneos. Visto así, ¿quién no quisiera tener esa convicción, ese poder de convencimiento, acaso también esa capacidad de someter a los demás? ¿Cuántas veces hemos deseado tener un líder que se encuentre poseído por la influencia del carnero? ¿Cuántas veces hemos suspirado en estos años por aquellos que ya no están, porque suponemos que estuvieron en su día poseídos por el carnero?

El protagonista de Murakami descubre poco a poco las claves ocultas tras el carnero, y la frenética sucesión de acontecimientos que se derivan de su descubrimiento en aquella fotografía por parte de los desesperados inquilinos del poder. Hay, sin embargo, maneras diferentes de reaccionar una vez que se conoce la existencia del carnero. Hacia los compases finales de la novela, la búsqueda del carnero se funde y se hace una sola con la del amigo extraviado. Este último, responsable de la propia fotografía y en consecuencia único conocedor del verdadero paradero del carnero, se ha figurado todo mucho más rápido que el protagonista y ha decidido liquidar al animal. La sola idea de su existencia es demasiado peligrosa para el conjunto de la especie. Aunque su propia desaparición física forma parte del proceso de eliminación del carnero, está dispuesto a hacerlo para darle así sentido a su melancólica vida. Todavía hay oportunidad para una última conversación entre amigos. "Morí con el carnero dentro de mí, no le di chance a salir. Esperé a que se hubiera dormido como un tronco, até una soga a la viga de la cocina y me colgué. No tuvo tiempo de escapar. De haberme retrasado un poco, me habría dominado por completo". 

@miguelsantos12

viernes, 9 de noviembre de 2012

One of those rare authentic campaign moments: President Obama starts crying as he thanks volunteers


Las dos preguntas clave 2013


Las mejores preguntas en economía siempre surgen de la gente con una formación de base distinta, o más aún, ninguna formación del todo. Vienen cargadas de esa intuición básica que quienes estamos adentro ya hemos perdido hace rato. En ese sentido, algunos economistas necesitamos una escuela para desaprender (Facundo Cabral dixit). La historia de lo que ha ocurrido en 2012 ya está escrita. El gobierno se ha lanzado un aumento del gasto público que en términos reales (sin inflación) por persona lo coloca como el mayor de nuestra historia. Nuestros ingresos, por otro lado, permanecieron estables. Peor aún, como el precio del petróleo se mantuvo y nuestra producción también, la contribución de PDVSA es idéntica a 2011, pero en bolívares perdió poder adquisitivo por la inflación. Esta caída de los ingresos y aceleración del gasto produjo un déficit fiscal descomunal.

¿Cómo ha sido financiado ese déficit? Un tercio se financió imprimiendo dinero. Para la semana previa a las elecciones, la cantidad de monedas y billetes había crecido 51% con respecto al año anterior. Ahora bien, una vez que estas monedas y billetes salen a la calle, dan lugar a una cantidad de depósitos en los bancos. En ese mismo lapso, la liquidez (monedas y billetes en circulación, más los depósitos en ahorro y a plazos) ha crecido 59%. Y como la demanda de crédito privado está paralizada, el gobierno aprovecha y le empuja títulos de deuda a los bancos a tasas muy bajas, que terminan pagando los ahorristas (a quienes los bancos les paga tasas aún menores). Así se financiaron los dos tercios restantes del déficit.

Esta explicación es francamente. Aquí surge la primera pregunta: ¿Es posible financiar déficit imprimiendo dinero? ¿Y eso no genera inflación? La respuesta es que sí, que esa es parte de la explicación de por qué seguimos teniendo la inflación más alta del mundo. Pero la verdad es que imprimir 51% más de dinero y tener una liquidez 59% mayor, en un país que en teoría debe crecer 5% en el año, debería provocar una inflación mucho mayor (45%-50%). No ha sido así. La respuesta se nos escapa todavía: la teoría se parece a la práctica sólo en teoría. Milton Friedman escribió un papel de trabajo en 1957 en donde establecía un período de dos años para que el crecimiento de la liquidez se transmitiera a la inflación. Aunque esos plazos aplican para los Estados Unidos, nosotros no deberíamos esperar imprimir dinero ad infinitum sin que reviente la inflación. Eso representa un problema, porque es el principal mecanismo de financiamiento.

La otra pregunta esencial, visto que ya tenemos tiempo gastando y consumiendo bastante más de los que producimos (incluyendo petróleo como “producción”) es: ¿Hasta cuándo puede endeudarse un país? Venezuela en 1998 tenía una deuda externa de 25.600 millones de dólares, ahora tiene una de 95.500 millones. Incluyendo estatizaciones y proveedores de PDVSA por pagar, nuestra deuda llegaría hasta 150.000 millones de dólares. ¿Hasta cuándo? ¿Cuál es el límite de la capacidad? Son preguntas muy intuitivas, muy válidas en esencia, para las cuales no existe una respuesta precisa. Pero si le agregas arena gradualmente a una pirámide, aunque no puedas predecir en qué momento se vendrá abajo, sí puedes decir con certeza que en algún momento lo hará.

@ miguelsantos12

Para El Universal, 09/11/2012

viernes, 2 de noviembre de 2012

El fraude económico


El 7-O ha arrastrado a la oposición hacia una nueva crisis existencial. Venía como anillo al dedo la expresión en inglés soul-searching (algo así como “en la búsqueda de su alma”), pero ésta se suele traducir más bien por “examen de conciencia”, un proceso que evoca cierta serenidad de espíritu y disposición objetiva a reconocer nuestras fallas que aquí no aparece por ninguna parte. Predomina en su lugar la descalificación, el énfasis en el argumento ya conocido de antemano vociferado a-la Rodrigo de Triana, la crítica destructiva que paraliza y te deja sin ninguna idea, ya no digamos de qué hacer diferente, sino de qué hacer del todo a partir de ahora. Ya lo hemos intentado todo: ensayamos las marchas pacíficas y la salida militar, probamos la amarga copa de la abstención, amparada en aquella triste construcción del “parlamentarismo de calle”. Tras esa enorme hipérbole regresamos al voto. Antes de que esa desesperanza nos convenza de regresar a los estadios anteriores, vale la pena evaluar, de todas las que no nos han dado los resultados deseados, cuál ha sido la que nos ha dejado más cerca.

El 7-O coloca a la oposición a 5% de la mayoría absoluta. Con una participación superior al 80% no cabe esperar que el crecimiento necesario pueda venir de otra parte. Siendo así, se trata “sólo” de convencer a 5% de los 55%, o menos de uno de cada diez. No será fácil, y menos aún con la muy confusa percepción y el nulo conocimiento que tenemos del otro y sus motivaciones. Aún así, no es un resultado despreciable. Se ha dicho mucho acerca de la naturaleza fraudulenta del proceso electoral, de la necesidad de negociar mejores condiciones. Ese debate parece decantar en una obviedad que nos ha costado mucho: Fraude nos es sólo pulsar “A” y que el voto se cuente como “B”, sino más bien el conjunto que rodea al acto electoral. Menos se ha dicho del fraude económico, que no es menos significativo.

En la rampa a las elecciones de octubre, el gasto público por persona ha llegado a ser 34% más grande de lo que fue en 2011. Esto equivale a decir que cada venezolano recibió en promedio 34% más de bolívares de gasto, una cifra colosal que no tiene precedentes. El del 2012 será el gasto público más alto de nuestra historia en términos reales por habitante. Este año el Estado venezolano gastará 51% del PIB, cuando el resto de América Latina promedia 27%. Como quiera que nuestros ingresos han permanecidos estables, esa expansión ha provocado un déficit de 19% del PIB. La Grecia arruinada de hoy se encuentra alrededor de 10%; la España del 25% de desempleo está ahora mismo alrededor de 8%. Para financiarlo el gobierno ha recurrido a la impresión de monedas y billetes a mansalva, que crecieron 51% entre la primera semana de octubre 2011 y la de las elecciones.

Bajo esas condiciones, la oposición ha conseguido el 45% de los votos. Visto así, una vez que pase la marea del día después, lucirá como toda una hazaña. A diferencia del conjunto del fraude electoral, en el que habrá que buscar formas de reclamar desde nuestra fortaleza, el fraude económico se reversará y desvelará a sí mismo. Es importante que esa revelación nos consiga con la fuerza que sólo se deriva de la unidad. Cualquier otra cosa, es un nuevo salto al vacío.

Para El Universal, 02/11/2012

@miguelsantos12 

viernes, 26 de octubre de 2012

Perspectivas 2013: ¿Viene el lobo?


Tras pasar los últimos meses pensando en cómo corregir los desequilibrios de la economía sin impactar el consumo de las familias de menores ingresos, estamos en buena posición para analizar lo que se nos viene en 2013. El gobierno ha conseguido cabalgar las elecciones con el gasto público más elevado de nuestra historia. En términos del tamaño de la economía el gasto público (gobierno central, PDVSA, FONDEN, Fondo Chino e hijos de estos últimos) superó el 50%, cuando América Latina promedia 30%. El aumento fue equivalente a 33% más de gasto por persona en sólo un año.

Dado que nuestros ingresos no aumentaron de forma significativa, incurrimos en un déficit de 19% del PIB: Por cada cuatro que nos ingresan gastamos cinco. ¿Qué tan grave es eso? Llevar la gasolina de un céntimo a setenta y cinco bolívares el litro recaudaría 1,6% del PIB. Cada 1% de IVA levanta 0,5% del PIB. ¡De ahí a 19%! España hoy se ahoga en un déficit de 8% del PIB y riesgo país de 4%, nosotros con un déficit de más del doble tenemos una prima de riesgo que ronda 10%. ¿Cómo fue posible financiar en 2012 ese hueco colosal?

El gobierno utilizó tres mecanismos. En primer lugar, el BCV cubrió con emisiones de dinero el déficit de PDVSA (que paga regalías por barriles que no cobra y lleva una pesada carga del gasto social). ¿Cómo funciona esto? PDVSA firma pagarés al Banco Central a cambio de circulante. En 2012 este mecanismo financió 6,4% del PIB (o un tercio del déficit). Ahora bien, una vez que PDVSA paga a proveedores y empleados, el dinero sale a la calle e ingresa en el sistema financiero. Como la demanda de crédito productivo está estacionada, los bancos utilizaron esos depósitos para comprar títulos de deuda pública. Así se financiaron otros 12% del PIB (60% del déficit). Por último, una parte pequeña (1,6% del PIB) se financió emitiendo deuda externa.

¿Cuáles son los riesgos de esta estrategia? Esta secuencia de políticas provocó un crecimiento fenomenal de la liquidez, que en las semanas previas a la elección llegó a 60%-65% (vs. misma semana del 2011). Una expansión así, cuando el crecimiento es de 5%, es consistente con una inflación mucho mayor. No ha sido así, pero es un riesgo latente. En lugar de inflación, lo que hemos observado es una caída en la velocidad de circulación del dinero: Es como si los bolívares se hubiesen estacionado y hubiesen dejado de perseguir bienes. Entre 2006 y 2012 el número de vueltas que un bolívar de liquidez da al año bajó de seis a tres (ver imagen abajo). Difícil que caiga más. Si seguimos imprimiendo dinero a este ritmo el riesgo de caer en una espiral inflacionaria más acelerada será cada vez mayor. Algo de esto habrá. El gobierno también recortará el gasto en 2013 y ejecutará una devaluación heterodoxa que combine mayores tasas de cambio a nivel de CADIVI, SITME y el dólar negro. Todas estas medidas tendrán impactos negativos sobre el crecimiento, o al menos lo han tenido en nuestra historia. Dado que los pronósticos de precios del petróleo son estables, a uno le cuesta pensar de dónde saldrán los 2% o 3% de crecimiento que muchos analistas, bancos e instituciones multilaterales tienen previsto para Venezuela. ¡Todo un paquetazo!



@miguelsantos12

Para El Universal, 26/10/2012

viernes, 19 de octubre de 2012

7-0: ¿Cuánta necesidad y cuánta convicción?


No había tenido oportunidad de escribir aquí tras las elecciones del 7-O. Rómulo Gallegos solía decir que tanto a los hechos como a las letras hay que dejarlos ahí, reposando, para evitar los errores propios de la escritura repentina y del entusiasmo del hecho reciente. Ha habido tiempo ya de que aparezca una amplísima gama de opiniones y matices. Nos hace mucha falta, pues hemos asimilado con asombrosa efectividad la costumbre de recurrir a la miseria personal y al insulto para descalificar a quienes piensan diferente. En esto también ha sido pionero Rómulo Betancourt: "Uno suele considerar inteligentes a quienes piensan como uno". Y viceversa, agregaría yo.

En esas estaba, repasando cuáles de mis ideas no habían sido ya expresadas por otros y qué formas podrían contribuir a presentarlas de manera diferente, cuando dí con el post “OtrasVoces” de Juan Nagel (www.caracaschronicles.com). Su punto central es que jamás seremos capaces de vencer a Chávez a menos que ocurra un “fenómeno natural imprevisible” (la enfermedad del Presidente resultando en un desenlace prematuro o una caída en los precios del petróleo). Siendo así, como no depende de nosotros, la oposición debería sentarse a esperar ese colapso y, mientras tanto, dejar de alabar las misiones, ser claro en relación con la insostenibilidad del subsidio a la gasolina, tomar una postura clara en contra de las nacionalizaciones y defender abiertamente la privatización.

Algo de cálculo político hubo, qué duda cabe, natural en todo proceso electoral (si alguno tiene dudas no tiene más que observar a Mitt Romney). Pero de ninguna manera alcanza para explicar la oferta electoral de Henrique Capriles. Buena parte de las promesas de campaña se derivaron de las convicciones del candidato y de los miembros de su equipo de trabajo. Entre nosotros no estaban las Misiones como la solución última a nuestra problemática social, pero sí formaban parte de un esquema de transición, mientras (he aquí el elemento diferenciador) la administración se las arreglaba para restaurar la red de asistencia social. Nadie tenía en mente pasar seis años sin ajustar el precio de la gasolina, pero sí se tenía claridad acerca de la necesidad de mantenerlo mientras no existiera un sistema efectivo de subsidio al transporte público que colocara el peso del aumento sobre los hombros de los más afluentes. Creíamos en la regulación y en la negociación porque, en un sistema que ha dejado en pie dos o tres jugadores por industria, la libre competencia no sería muy efectiva en el combate contra la inflación. Más que ejemplos puntuales, se trata de una concepción distinta de la política social, acaso también de algún sobre-aprendizaje del ajuste de 1989.

Desde mi punto de vista, el mensaje asistencial en algún momento extravió la narrativa del progreso. Sí, te vamos a apoyar, porque el fracaso de la política social por más de treinta años te ha dejado sin oportunidades de enchufarte por tí mismo en el progreso. Pero vamos a hacer todo lo posible para que tus hijos jamás tengan que venir aquí a pedir nada, para que no se vean obligados a volver aquí en ese estado de vulnerabilidad y dependencia. Esta última parte me hizo falta. Pero yo no soy un experto en estos temas de comunicación, ni puedo garantizar que de haber tenido un mensaje más redondo el resultado electoral habría sido diferente. Muy probablemente no, muy probablemente 45% es una de las cotas más altas que se pueda alcanzar cuando se enfrenta a alguien que cuenta con todos los recursos y las instituciones del Estado al servicio de su candidatura, y en un momento en que el barril de petróleo venezolano pasa de cien dólares. El punto es que el mensaje se puede, y se debe, discutir. La campaña y su mensaje son claramente perfectibles. Sólo quiero resaltar aquí que detrás de la oferta electoral y de la necesidad de desmarcarse del “paquetazo oculto” (que Juan parece dar por sentado), había mucha más convicción que cálculo político.

@miguelsantos12

Para El Universal, 19/10/2012