lunes, 2 de enero de 2012

Algunos comentarios sobre la deuda pública venezolana y mis perspectivas para el año 2013

A raíz de la serie de artículos que he escrito acerca de la evolución y perspectiva de la deuda venezolana he recibido numerosos comentarios y sostenido discusiones con banqueros de inversión, economistas y algunos lectores que vale la pena compartir con ustedes. Me mueve el debate sobre los problemas fundamentales del país – la deuda pública es sin duda uno de ellos y lo será en los tiempos por venir – desde diferentes puntos de vista, sin que haya el lado “de los buenos” y el “de los malos”, una costumbre esencial en democracia que gracias a la polarización reinante (de la que siempre sacan provecho los menos capaces) se ha extinguido.

Primeros veamos los hechos. Al cierre del tercer trimestre la deuda externa venezolana reportada por el BCV para el sector público consolidado alcanzó 94.669 millones de dólares. Eso representa 233% más que al cierre de 1998 (28.455); 156% en dólares reales. Ese crecimiento se ha registrado de forma exclusiva a partir de 2006, cuando cerró en 26.598 millones de dólares. Es decir, desde entonces ha crecido 256%, 220% en dólares ajustados por inflación. Para saber qué peso tiene la deuda pública (externa e interna) dentro de nuestra economía ya no se puede recurrir a los hechos: Tenemos un sistema en donde conviven tres tasas de cambio distintas (CADIVI, SITME y el paralelo no-oficial) que arrojan resultados muy volátiles, que podrían ir desde 50% (convertidos deuda interna y PIB a tasa oficial) hasta 86% (a tasa paralela). En 1998 la deuda pública total representaba 29% del PIB.

Si seguimos endeudándonos a este ritmo nuestra razón deuda/PIB va a explotar. Aquí es en donde he recibido la mayoría de los comentarios: ¿Por qué el gobierno se verá en la necesidad de seguirse endeudando a este ritmo a partir de 2013? La mayoría se dividen en dos grupos no necesariamente excluyentes: 1) A partir de 2013 – si Chávez gana las elecciones – se vendría una combinación de comunismo con represión que haría innecesario seguirse endeudando para mantener consumo, y 2) En 2013 habrá una fuerte devaluación en términos reales que ayudará a reestablecer el equilibrio fiscal. Esta macro-devaluación (75%) ampliaría el superávit en cuenta corriente (caerían las importaciones) y abriría el espacio fiscal necesario para amortizar deuda en términos netos. Ambos son puntos de vista muy validos.

Sobre estas posibilidades tengo a su vez algunas observaciones. En primer lugar, que esa macro-devaluación llegaría en el momento en que nuestra consumo depende al máximo de las importaciones, lo que provocaría un impacto sobre la inflación mayor de lo que ha tenido en otras ocasiones. Este es uno de esos casos en donde quizás no sea tan conveniente proyectar utilizando el retrovisor. ¿Qué tan viable sería ese ajuste desde el punto de vista social?

En segundo lugar, mi intención está centrada en analizar la sostenibilidad de la deuda venezolana a mediano plazo. Nuestro país se está endeudando a tasas de interés que van desde 13% hasta 18% (en dólares); es decir, entre seis y ocho veces más que la tasa de crecimiento promedio de la economía en los últimos doce años (2,2%). Eso quiere decir que, aún si el presupuesto nacional (sin intereses) está en equilibrio, nuestra relación de deuda a PIB se deterioraría de forma acelerada. Hay tres formas de corregir este problema: 1) Se reduce drásticamente el riesgo soberano de Venezuela, 2) Venezuela empieza a crecer a tasas muy altas, y/o 3) El gobierno genera un superávit fiscal permanente.

En mi opinión, ninguna de esas tres opciones es posible con el gobierno actual. ¿Cómo se las arreglaría para cambiar las expectativas Chávez? ¿Qué tendría de nuevo para prometer tras catorce años? Crecer de forma acelerada, en un país en donde las expropiaciones han arrasado la inversión privada y el sector público tampoco invierte, no es posible. Generar un superávit fiscal sostenido es algo que Venezuela no ha sido capaz de hacer aún en los períodos de bonanza petrolera. ¿Cómo se puede creer que lo hará de aquí en adelante? Si ninguna de estas tres alternativas está disponible: ¿Cuál es el mecanismo a través del cuál Venezuela reducirá su relación de deuda a PIB en el mediano plazo?

También he recibido comentarios que apuntan a nuestras vastas reservas petroleras. Según esta línea de pensamiento, un país con un superávit permanente en cuenta corriente no debe tener problemas para cancelar su deuda. Aquí también tengo algunas consideraciones. Nuestro superávit en cuenta corriente tiene dos contrapartidas: Importaciones de bienes de consumo y una colosal fuga de capitales privados. ¿Cómo se puede contar con ellos a la hora de evaluar la sostenibilidad de la deuda pública venezolana? También hay que decir que existe una diferencia significativa entre lo que Venezuela dice que produce y exporta, y lo que reportan las fuentes internacionales. En total, la factura petrolera podría estar sobre-estimada anualmente alrededor de 15.000 millones de dólares, al menos que se esté dispuesto a creer que Chávez no miente y todas las fuentes internacionales (OPEP incluida) se equivocan. Sobre nuestras enormes reservas de petróleo, para tener capacidad de pago hay que tenerlas fluyendo y en el mercado, no basta con que estén bajo suelo. Es como pensar que Argentina jamás haría default porque tiene muchas vacas (peor aún, porque las vacas tienen vaquitas, que a su vez tienen vaquititas, como el chiste, mientras el petróleo es no renovable).
Algunos amigos en bancos de inversión me dicen que Venezuela está acumulando activos en el exterior: Según ellos ha pasado a tener activos en el exterior entre 45.000 y 66.000 millones de dólares. Y si así: ¿Por qué se endeuda a tasas tan elevadas?

Viéndolo así, la idea de algunos de que el problema es temporal, porque será corregido de forma permanente por una macro-devaluación real en el 2013; a mí me parece lo contrario: El problema es permanente y pudiera ser arreglado un año dado con una macro-devaluación.

¿Qué se podría hacer distinto? Una nueva administración sí tendría capacidad de generar un cambio en las expectativas que redujera la prima de riesgo venezolana. Podría garantizar la propiedad privada y promover la inversión, generando altas tasas de crecimiento durante el período de transición. Podría abrir una ronda de apertura petrolera en condiciones mucho más favorables. Dentro de este esquema, la inversión extranjera complementaría al petróleo como originador de divisas, pero también promovería el crecimiento y el empleo sobre bases más sostenibles. Una nueva administración podría promover un programa de conversión de deuda en inversión, permitiéndole a inversionistas y gobierno aprovechar el descuento que sufre la deuda externa venezolana, e inscribiéndolo dentro de la programación monetaria anual del BCV para hacerlo compatible con la meta de inflación. Puede hacer muchas cosas que ya Chávez no puede hacer. Podría, podría. De eso se trata. Ese sentimiento de posibilidad es lo que en definitiva define la juventud. Y tanto la oposición como la República son jóvenes. El gobierno ya sólo representa la vejez, el fin de las nuevas ideas, la ausencia de futuro. Feliz Año 2012!

Para El Universal