viernes, 13 de enero de 2012

¿Cuáles deben ser las prioridades de la política económica en un gobierno de transición?

Muchos han perdido la fe en la economía porque piensan (acertadamente) que, según con qué cristal se mire, siempre hay algo bueno (y malo) que resaltar. Luis Herrera siempre defendió que durante su gobierno la inflación fue baja, cortesía de una enorme salida de capitales privados a tasas de cambio muy privilegiadas. Algo similar hizo Lusinchi, el Presidente venezolano que ha culminado su mandato con mayores índices de aprobación: Baja inflación y altos niveles de consumo, pero entregó el gobierno sin reservas operativas. Chávez ha hecho énfasis en el enorme boom de consumo, a costa de una inflación de dos dígitos, una deuda colosal, y una salida de capitales privados sin precedentes.

Hago estas preguntas porque por estos días se escuchan por ahí muchas propuestas acerca de cuáles deberían ser las prioridades de nuestra política económica. El gobierno tiene las suyas claras: La economía está supeditada a la victoria electoral. Para alcanzar ese objetivo se endeuda a mansalva, ofrece dólares baratos para financiar un boom de consumo y propone un aumento del gasto que deja nuestro déficit fiscal (de lo poco que se sabe) en la vecindad de los países quebrados de Europa.

¿Cuál debería ser la prioridad de un gobierno de oposición? Tengo para mí que la prioridad de Venezuela debe ser el crecimiento. Nuestro ingreso por habitante (en bolívares constantes) se encuentra en el mismo nivel de 1970: Cuatro décadas perdidas. El crecimiento es también la política que tiene mayores posibilidades de transformar un país: Si Etiopía creciese 9% anual, en 65 años alcanzaría el nivel de ingreso actual de Estados Unidos. Si crece sólo 1%, tomará 577 años.

Chávez podría dejar Venezuela en el 2013 en una situación tan precaria que haría posible crecer a tasas muy aceleradas durante algunos años. Pero es imposible atraer la inversión necesaria para el crecimiento sostenido sin gobernabilidad. De allí que la verdadera prioridad de una eventual nueva administración deba ser esa: demostrar que tiene cómo gobernar, cómo mantener la paz. Es en ese sentido que se plantea que el trecho que nos separa del lugar a donde estamos de aquél a donde queremos llegar sea cubierto de forma gradual (y consistente). Se podría unificar el SITME y el mercado paralelo (legalizado), y hacer converger de forma gradual la tasa oficial con esta última, en un esfuerzo por mantener la inflación que Chávez ha represado dentro de ciertos límites, mientras la oferta responde a un programa de estímulos. Ese camino también pasa por la negociación del levantamiento gradual de los controles. Tiene razón Ronald Balza cuando dice que reducir la inflación a un dígito es una tarea que se debe acometer en el mediano plazo. En este sentido la lección del ajuste de 1989 es esencial: Aquél 82% le disparó al gobierno en el ala. Aquella administración no tenía recursos para financiar la gradualidad. ¿Los tendremos ahora? Si se piensa que es posible un escenario de tierra arrasada (yo creo que lo es), a partir de Febrero se deberían empezar a gestionar a nivel internacional los recursos necesarios para la gradualidad en la transición. ¿Candidatos? Los principales beneficiados (que no son pocos, ni pequeños) de una salida de Chávez.

@miguelsantos12

Para El Universal 13/01/2011