sábado, 14 de abril de 2012

La enfermedad venezolana

Siempre recuerdo que Miguel Rodríguez decía que la enfermedad holandesa era el diagnóstico correcto para el país equivocado. Se trataba, según él, de la enfermedad venezolana. En medio de estos aires de posibilidad que predominan por estos días, de qué podemos hacer como sociedad y qué tan alto podemos aspirar sin sentirnos ingenuos, es una idea que vale la pena rescatar.

¿En qué consiste la enfermedad holandesa? La secuencia es sencilla. Imagine Ud. un país con un único recurso natural de exportación que de repente experimenta una enorme bonanza de precios. Sin que haya variado su capacidad de producción, experimenta un fenomenal aumento en su riqueza, que impacta la demanda de bienes y servicios. Esa demanda cae sobre una economía que, a grandes rasgos, tiene dos sectores: Un sector exportador (cuyos precios no pueden cambiar mucho porque compiten en los mercados internacionales) y un sector que no compite con precios internacionales porque no es transable (el sector servicios). Siendo así, el primer impacto de la bonanza es un aumento de precios en el sector servicios que, como sugiere la lógica económica, provoca una movilización de recursos de mano de obra y capital que vienen saliendo del sector comercial en búsqueda de mejores rendimientos. Como resultado, se registra una caída en la producción de bienes exportables, que hace a ese país aún más dependiente de ese único recurso. La inflación interna (en servicios) ha provocado un aumento de salarios que el sector exportador no puede trasladar a precios porque perdería competitividad en los mercados internacionales.

Lo demás ya se conoce. El principal producto exportador termina por convertirse en el único, debido al traslado de los recursos productivos hacia el sector no transable. Hasta aquí se trata de un resultado de esos que los economistas llaman “de eficiencia de equilibrio general”, que favorece a todos. Con el único detalle, que típicamente el precio de ese único producto de exportaciones es muy volátil, y como resultado de la secuencia descrita ese país se ha vuelto mucho más vulnerable a esos vaivenes. ¿Le suena conocido?

¿Qué se puede hacer en estos casos? Las soluciones que han surgido hasta ahora son relativamente elementales. La primera es evitar volcar sobre la economía todo el aumento en el poder adquisitivo que genera la bonanza, desviando los recursos hacia un fondo de ahorro. Otra estrategia sería promover un plan de inversión público (porque en nuestro caso el recurso es propiedad del Estado) con base en importaciones de bienes de capital. Estos bienes generan capacidades productivas a futuro, no provocan la dependencia que sí trae el aumento salvaje de las importaciones de bienes de consumo, y se pueden reducir “sin dolor” en el evento de una desaceleración de precios. Otra política menos convencional sería crear un mercado común, para facilitar la movilidad de trabajadores de otros países hacia el sector transable y evitar la inflación que lleva a la pérdida de competitividad. En resumen: Fondo de ahorros, plan de inversión pública a través de importación de bienes de capital, y mayor integración. La salida nuestra seguro pasa por aquí. La clave está en ser creativos en la ejecución y acertados en la secuencia.

Para El Universal, 13/04/2012

1 comentario:

Anónimo dijo...

El tema es que el Doctor que atiende esa enfermedad es Merentes, Giordani y compañía. ¿Así quién se cura?