sábado, 12 de mayo de 2012

Réquiem para una economía socialista


No se trata tanto de que Giordani se haya horrorizado de repente por los intereses que le exigen a la deuda venezolana en los mercados internacionales. Después de todo, ya llevamos seis años emitiendo deuda a esas tasas, seis años de bonanza petrolera en los que la deuda externa se cuadruplicó (pasó de 26.598 en 2006 a 96.420 millones de dólares en 2011). Tiene que ver más bien con el hecho de que el gobierno llega al año 2012 en el límite de las posibilidades de la economía que ellos siguen tratando de acuñar como socialista. En realidad, lo sabemos ya desde hace tiempo, tiene que ver más con la versión más aberrante del capitalismo rentístico de Estado descrita en los libritos de Bernard Mömmer y Asdrúbal Baptista.

Desde 1998 la producción por habitante ha crecido 11% (0,8% anual). Es el desempeño más pobre de toda América Latina, en trece años en los cuáles todos los países han aprovechado el boom de precios en sus commodities para crecer aceleradamente. De 2006 para acá hubo algo de crecimiento, pero se registró en sectores asociados a importaciones (comercio, transporte, aduanas). La manufactura privada producía al cierre de 2011 3% menos que en 2006. En contraste, el consumo por persona ha crecido 48%, a razón de 3% anual. Sí, hay que denunciar el consumismo, ser rico es malo y consumir también, pero nadie gana elecciones sin consumo. Por esa razón han invertido la renta petrolera en pleno para promover un boom de importaciones que guarda muy pocas semejanzas con el socialismo.

Pero el modelo no daba para tanto. Venezuela tiene ya casi cuarenta años con la misma producción petrolera, la caída en el número de barriles por habitante supera ya el 70%. No da para consumir en esa magnitud, mucho menos para financiar la petro-diplomacia chavecista. La deuda externa se aproxima a 100% del PIB y por ninguna parte surge una nueva fuente de ingresos para hacerle frente. Es natural, nos endeudaron para consumir, no para invertir. El petróleo, esos mismos barriles exprimidos a la potencia ene, la vela puesta a los mercados internacionales y al capitalismo, ya no son suficientes.

Así, desde finales de año pasado se empezó a aceptar (no digo plantear, porque no tienen opción) lo único que le queda ya al gobierno: una macro-devaluación. En preparación, se ordenó sustituir la deuda externa en la tronera fiscal de la revolución por deuda interna. Hay que agotar las posibilidades de financiamiento interno, porque en cualquier caso esa deuda quedará licuada por la devaluación y la inflación post-electoral. Ese es el plan del monje, así de simple, así de gruesas son sus costuras. No se trata tanto de ahorrarse la prima de riesgo soberano, como de trasladarle la pérdida, una suerte de default doméstico generado vía devaluación, a los tenedores de bonos. Ese es el juego: Arrastrar el modelo hasta las elecciones y llevarlo a sus últimas consecuencias. Mientras tanto, se preparan para dilapidar el capital político que resultaría de una hipotética victoria en un macro-ajuste cambiario en 2013. Y si no hay victoria, denunciar cualquier sospecha de devaluación en una eventual administración de oposición. A diferencia del gobierno, este parece ser un lujo que la oposición no puede darse.

Para El Universal, 11/05/2012