viernes, 1 de junio de 2012

El cuero seco de la revolución


Elías Eljuri ha dicho esta semana que “en dos años habrá más oferta que demanda de trabajo”. Es una afirmación curiosísima, que no viene acompañada de ninguna argumentación lógica, ni tan siquiera una mínima construcción intelectual. El Presidente del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) ya ni siquiera siente la necesidad de sustentarla, le basta con repetir consignas, una detrás de otra, como si fuesen un mantra. La revolución sigue empeñada en convencernos (catorce años después) de que todo lo bueno está a punto de pasar.

¿Y eso será porque caerá la demanda o porque subirá la oferta? La demanda de trabajo, por ejemplo, está estrechamente ligada a la demografía. Cada año se incorporan al mercado laboral unos 400.000 venezolanos. ¿Cómo se va a reducir esta cifra? De repente nos tratan de convencer, como hace algunos años, de que el ingreso ha crecido tanto que millones de mujeres saldrán de la fuerza laboral para estudiar o quedarse en casa (pasar de desempleadas a inactivas). Y es que el Excel aguanta todo.

¿Y de dónde vendrá la oferta de empleo? El gobierno podría seguir nacionalizando industrias, cosa que no crearía nuevos puestos de trabajo, sólo los transferiría de una cuenta a otra. El déficit fiscal de caja estimado al cierre del 2012 ronda 14% del producto interno bruto (PIB), lo que deja muy poco espacio para un programa masivo de empleo público. ¿Y el sector privado? Menos aún. Esta es una puerta que el gobierno cerró  hace rato. Venezuela es uno de los países de mayor inestabilidad económica. Los empresarios, además de los numerosos riesgos de inseguridad jurídica y expropiación, no tienen ninguna posibilidad de ajustarse cuando ocurren esos vaivenes. Por un lado, nuestra legislación de bancarrota es de las más costosas del planeta. Es decir, siempre es mejor seguir funcionando con los hierros viejos que tratar de declararse en quiebra y vender activos. Por otro lado, la legislación laboral también es una de las más restrictivas, prohibiendo despedir trabajadores por debajo de ciertos niveles de salario, haciendo muy costoso el despido cuando es posible, y extendiendo el salario mínimo a un número cada vez mayor de trabajadores. Siendo así, el sector privado no contrata en épocas de bonanza, porque sabe que en el mejor de los casos le será muy caro despedir en tiempos de escasez. ¿Y qué se ajusta entonces? El salario real. Venezuela es uno de los países de América Latina en donde el salario real se encuentra más estrechamente correlacionado con la (volátil) producción. Esta no es una buena noticia. Junto con las numerosas restricciones de liquidez (la baja bancarización en los sectores D y E), la volatilidad del salario genera una volatilidad en el consumo privado que también está entre las mayores de la región. En concreto, Venezuela es el único país en donde la volatilidad del consumo es mayor a la del PIB (pobre Friedman). ¿Cuáles son los fundamentos del “aumento en la oferta de trabajo” que pregona Eljuri? ¿Aumentará la seguridad jurídica? ¿Respetará la propiedad privada? ¿Flexibilizará la legislación laboral? ¿Reformará la legislación de bancarrota? ¿Armará un diálogo para reestablecer la confianza en el sector privado? ¿Cuál es la estrategia?

@miguelsantos12

Para El Universal 06/01/2012