martes, 21 de agosto de 2012

La chavilosofía aplicada a la vivienda


“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por las influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino por el contrario, son ellos los que están protegidos contra Ud.; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto sacrificio, entonces podrá afirmar sin temor a equivocarse su sociedad está condenada”, así escribía Ayn Rand en 1950 (La Rebelión de Atlas); desgraciadamente éste es hoy, el panorama en el país y en especial es la política de vivienda donde se pueda afirmar sin temor, que es aún peor. 

Con el argumento de un proyecto político se atacó, se calumnió y destruyó la fabricación privada de vivienda, la cual a pesar de las adversidades ya creadas por el régimen era eficiente e innovadora.  Muchos promotores tuvieron que salir del país por ser imposible defenderse porque el dedo presidencial estaba condenándolos a priori. 

Y todo para qué? Para que ese Estado omnipotente, produjese unas viviendas con fines electorales sin tener competencia ni punto de comparación y por supuesto sin cumplir con los requisitos que a los privados se les exigen. A costos astronómicos, pagando comisiones y dándoselas a contratistas extranjeros que cobraran precios dos y tres veces mayores que las viviendas que vendían los privados venezolanos.  Con enfoques irracionales puesto que en su realización no toman en cuenta costos, ni las necesidades del usuario ni las reglamentaciones básicas de leyes y normas.  Ciudad Caribia y Ciudad Belén, para  sólo nombrar a dos, están donde nadie trabaja, el movimiento de tierra y accesos  cuestan el doble que las propias viviendas y los servicios son inexistentes. Los ocupantes no son propietarios y estos usuarios no tienen a quien reclamarle los defectos de construcción porque el constructor y el juez, es la misma persona, el Estado.

En esos proyectos no les exigen ni cumplen con  los permisos de ambiente, ni el municipal, ni cumplen con los requerimientos, exigidos por la Ley de Propiedad Horizontal.

Se hacen gheto sin estudios serios ni vialidad, ni servicios como los que podemos ver en Fuerte Tiuna.  Probablemente serán unidades para dárselas a los uniformados con objeto de tenerlos en casa por cualquier otro cuatro de febrero.

Contra el privado se falsearon los hechos y  con supuestas irregularidades se hicieron denuncias sin sustento; se penalizó el utilizar instrumentos de venta de gran ingeniosidad que fueron diseñados para  favorecer a ambas partes (comprador y constructor) como fue la indexación en el pago,  inventado para proteger y hacer  justicia ante un mal creado por y sólo por el Estado, cual era  la inflación (en Venezuela la mayor del mundo).

Por qué destruir y no complementar lo que hace el privado? Además por que pisotearle las ambiciones al venezolano engañándolos con ilusiones electoreras, con perspectivas a la vivienda que no alcanzarán. Si lo hiciesen serán muy pocos los favorecidos y siempre en condición de“techo  a préstamo” donde el Estado les puede desalojar cuando quiera.  Utilizando la amenaza de perder  la vivienda como bozal de arepas.

Sin documentación de propiedad para crear una lealtad obligada aún sabiendo que el usuario pierde con ello los años productivos de  ahorro que representaría tener su vivienda propia.

Ha pasado a ser la vivienda un instrumento de servilismo y vejamen, del que hacía referencia la ruso-americana, Ayn Rand, en 1950, que sólo se da en los países y en las poblaciones condenadas por regímenes personalistas y totalitarios, sobre todo son aquellos que se caracterizan por ser especialmente malos, muy malos.   Malos en su compartimiento con los que no piensan igual  y sin lugar a duda malos en la capacidad de realizar y administrar.

Son regímenes dominados por la parte vil y resentida del hombre.  Es la marcha hacia el servilismo obligado, engañando con la ilusión de lo no alcanzable. Es utilizar la vivienda como instrumento político de esclavitud y de macro-engaño.

Notas de un ex-constructor privado de viviendas de interés social