viernes, 24 de agosto de 2012

Las reservas de la revolución bonita


Venezuela está en sus mínimos de reservas internacionales de los últimos cinco años. Habría que remontarse a la caída de los precios del petróleo tras la crisis financiera de 2007 para dar con un nivel menor. Sin considerar ese hito específico, estas son nuestras reservas más bajas de los últimos siete años. Los 25.581 millones de dólares registrados por el BCV esta semana apenas alcanzan para algo menos de siete meses de importaciones. Más de 70% está en oro, y aunque los volúmenes están allí, el valor ya es otra cosa. Por ejemplo, la semana pasada el BCV cambió el precio al que valora el oro, de promedio de los últimos dos meses a promedio de los últimos seis meses. Con este cambio se evitó presentar una caída de 2,7% en las reservas como consecuencia del reciente debilitamiento del precio del oro en el mercado internacional. Otro 16% está en derechos especiales de giro a los que tenemos acceso por nuestra membresía en el Fondo Monetario Internacional. Estos dos rubros (oro y FMI) se consideran reservas no operativas, y representan más de 86% del total. Visto así, la parte líquida (14% del total) apenas alcanza para 28 días de importaciones.

Varios disparates legales, entre ellos la introducción de la idea de “reservas excedentarias” y la eliminación de la obligación de PDVSA de liquidar todas las divisas que obtiene por venta de petróleo en el BCV, han ido drenando cada año miles de millones de dólares hacia fondos sin ningún tipo de mecanismos institucionales de rendición de cuentas. La introducción de las reservas excedentarias obliga al BCV a transferir a FONDEN todo el “exceso” por encima de cierto límite, sin que en el proceso se recoja la contrapartida en bolívares que esos dólares generaron cuando ingresaron al BCV. Esta locura ha causado que la relación de liquidez a reservas supere ahora mismo los 21 bolívares fuertes por dólar, cinco veces el cambio oficial, cuatro veces el SITME, más de dos veces la cotización del dólar paralelo.

Así, los bolívares se han quedado flotando en el aire, lo que entre otras cosas ha contribuido a que hayamos cumplido una década entre las inflaciones más altas del planeta. Esto, a su vez, ha corroído el poder adquisitivo de los sueldos y salarios, particularmente en el sector privado. Según el BCV, el poder adquisitivo de los trabajadores privados (80% del total, pues este agregado combina privados formales e informales, que son acaso más privados que ningún otro) está ahora 27% por debajo de 1998.

Esta situación nos lleva a una profunda asimetría: De ganar Chávez las elecciones del próximo 7-O se vería obligado a ejecutar una macro-devaluación, sí, pero tendría disponibles algunos de los recursos de los fondos. Estas disponibilidades varían – según con quien se hable, según si se consideren comprometidos o no – de unos pocos miles de millones de dólares a decenas de ellos, así de transparentes son las cuentas. Por el contrario, existe un consenso unánime: de ganar la oposición será muy difícil contar con las disponibilidades de esos fondos paralelos, serían saqueados sin margen de duda entre octubre y diciembre (lo poco que podamos hacer nosotros para evitarlo ya se está haciendo). Así es la revolución bonita.

@miguelsantos12

Para El Universal, 25/08/2012