"Si he logrado ver más lejos que otros,
ha sido sólo porque he subido a hombros de gigantes".
ha sido sólo porque he subido a hombros de gigantes".
Isaac Newton
Empezamos a trabajar hace ya unos cuantos meses, cuando lo que está ya a sólo tres días parecía un evento lejano. Venezuela es así, hablar de algo que va a ocurrir más allá de seis meses es hablar del largo plazo. Teníamos algunos lineamientos claros de partida. Queríamos proteger el consumo de las familias de menores ingresos. Buscábamos una fórmula para hacerlo sin llevar hasta el límite la capacidad de endeudamiento, para darle fundamentos a esos niveles de consumo, inscrito dentro de un programa de verdadera movilidad social. Para eso, se hacía necesario deslastrar al sector privado y restablecer su capacidad de funcionamiento dándole un mínimo de garantías. Después de todo, todavía ocho de cada diez personas que declaran tener un empleo vienen de allí, incluyendo a los informales, acaso los más privados de todos. Debíamos trazar con filigrana la trayectoria entre el aquí y el ahora y esa Venezuela posible que todos teníamos en la cabeza y en el corazón. Y dentro de esto, garantizar que cada etapa en ese camino representaba una mejora continua con respecto al estadio anterior. Debíamos ser transparentes y predecibles, no darle malas sorpresas y nadie y administrar con prudencia las buenas noticias.
A diferencia de la mayoría de los demás equipos,
nuestro trabajo ha tenido una naturaleza muy particular: No tenemos un vínculo
expreso con el proceso de ganar, menos aún
con el aquellos encargados de proteger nuestros votos. La mayoría de lo
nuestro, el cómo, la secuencia, obstáculos legales, opciones y caminos que podrían
surgir una vez en marcha, sólo entrarían en juego si otros hacían su trabajo. Es
así como suelen funcionar las grandes empresas, es así como los países
enfrentan los grandes retos. En medio de esa tarea hubo muchas noches en que a
todos nos surgía la duda, en que por esos pasillos de la conciencia se colaron
las inquietudes naturales, en que alguien decía “ya en noviembre deberíamos
estar en…” y todos pensábamos de forma tácita y colectiva si llegaría ese día
en que podríamos compartir nuestro trabajo con los responsables de la ejecución
y decirles aquí está, este es el punto de partida, hay una gran parte de la
tarea ya hecha. Esas vacilaciones eran barridas por la mera probabilidad de que
así fuera, también por la talla ciclópea de la tarea. La primera vez que le oí
a Arturo Uslar Pietri esa expresión debí recurrir a aquellos gruesos
diccionarios Larousse que formaban parte de todas las listas de útiles
escolares de antaño: Gigantesca, relativa a los cíclopes, gigantes de la
mitología griega dotados de un solo ojo. Un símil que hoy se me antoja que
podría ser útil: Ulises, en su largo trajinar de diez años desde Troya hasta
Ítaca, habrá de superar a un cíclope tras haber éste devorado a dos de sus
compañeros. Para hacerlo Ulises se valdrá de la estratagema de emborracharlo con los toneles de vino que le había obsequiado el sacerdote de Apolo para el camino, y una vez ebrio, le clava al cíclope una estaca en el corazón.
El tamaño, por un lado, y la presión colectiva, por
el otro. Mucha gente trabajando a todo tren, desde arriba hasta abajo, muchos
jóvenes poniéndole el alma y lo más valioso que tienen, a fin de cuentas muchas
horas de sus días y su tiempo, consagrados a la tarea de proteger nuestros votos. No dejes que el trabajo de tanta gente, cuyo único
objetivo es garantizar tu derecho, se pierda. Sal a votar, exprésate, y
démosle gracias a Dios por esos voluntarios y esas enormes posibilidades que
nos abre el sencillo acto de votar.
@miguelsantos12
Para El Universal, 05/10/2012
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