Ha sido una semana como cualquier
otra, de unos años para acá. El viernes en la mañana una comitiva judicial
subió las escaleras del piso de Amaya Egaña en Barakaldo, uno más de los trescientos
mil desahucios que han caído desde la crisis. La ex-concejal de 53 años no
quiso quedarse para presenciarlo, se lanzó al vacío desde el piso seis, a dos
tramos de escaleras por piso. Esa misma tarde Iberia anunció el despido de 22%
de sus trabajadores, más de 4.500 puestos que han desaparecido cuando más (o
menos, según se vea) falta hacían. El sábado 129 periodistas de El País
recibieron un correo electrónico de la dirección del periódico en donde se les
comunicaba que estaban despedidos desde el viernes anterior. En un click,
pasaron a formar parte de esa masa amorfa de 25% de desempleados (ya lo decía
Stalin: Un muerto es una tragedia, mil muertos son una estadística”). Los
desahucios son un excelente ejemplo de la falta de eficiencia de la política
económica. La economía, rezan los libros de texto, es la ciencia (sólo una
pretensión) que estudia la forma en que las sociedades usan sus recursos
escasos para satisfacer necesidades ilimitadas. ¿Cómo puede ser óptimo tener
cientos de miles de pisos vacíos, mientras sus antiguos inquilinos vagan por
las calles, se apresuran a ocupar el último cajero automático disponible?
España continúa metida en la
camisa de fuerza de Europa. Su superávit fiscal durante los años previos a la
crisis no ha sido suficiente, porque se vino abajo su ingreso – que dependía de
la construcción – de forma estrepitosa. Ahora se ha metido en esa espiral
menguante de subir impuestos y recortar el gasto público en plena recesión, lo
que a su vez provoca menor actividad económica y deteriora la recaudación. El
sueldo promedio, a pesar del desempleo, sigue 20% por encima de Alemania, una
diferencia que sin entradas de capital y bajo tipo de cambio fijo sólo puede
corregirse a través de una deflación de salarios. Pero aquí el ajuste se sigue
dando vía cantidades (puestos) y no precios (sueldos). Mientras, Alemania y
Francia observan, con las manos cruzadas por detrás de la espalda. Convencidos
de que lo que no mata fortalece, aprovechan la crisis para tratar de obligar a
España a adoptar algunas de las reformas que no hizo en épocas de bonanza. A
nadie conviene menos que todo el esquema del euro se venga abajo que a ellos,
exportadores netos al resto de Europa. Es un equilibrio frágil y peligroso a la
vez. Están en el aire el euro, la democracia y la baja inflación. Puestos a
escoger, ésta última es el menor de los tres males.
@ miguelsantos12
Para El Universal, 15/11/2012
4 comentarios:
"El sueldo promedio, a pesar del desempleo, sigue 20% por encima de Alemania."
Esto es falso: Salario promedio anual en 2011
Alemania: 21.549 euros
España: 14.251 euros
fuente: Eurostat
http://appsso.eurostat.ec.europa.eu/nui/setupModifyTableLayout.do
Tienes razón: Me refería a salarios ajustados por productividad, pero pensé que sería demasiado complicado para un artículo de difusión. Volveré sobre este tema utilizando las cifras, y tus datos. Gracias por tomarte la molestia de escribirme!
Gracias por la corrección. La comparación de las series entre 2001 y 2011 muestra un aumento relativo de los salarios españoles, pero nada catastrófico, que una devaluación moderada año a año hubiera corregido fácilmente.
Alemania se ha aprovechado mucho del euro y juega el juego de China a escala europea. Como dice Emmanuel Todd, con aliados así no se necesitan enemigos.
Totalmente de acuerdo contigo, nada que una devaluación moderada no hubiese podido corregir fácilmente. El problema es que con esta camisa de fuerza, a lo que toca jugar es a deflación de salarios. Y ese es un proceso muy largo, doloroso, y que generalmente tiene fuertes impactos (negativos) sobre la distribución del ingreso. Gracias por tus comentarios!
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