viernes, 27 de enero de 2012

La economía en el último debate

Aún cuando los debates de los candidatos a las primeras estén ya en su fase de rendimientos marginales decrecientes, me siguen atrayendo por dos razones fundamentales: 1) Son un ejercicio de tolerancia y respeto a las ideas y sobretodo a las normas (Ah, los micrófonos apagados cuando se acaba el tiempo) totalmente ajeno al ultraje al que hemos estado sometidos, y 2) El lenguaje que utilizan los candidatos allí nos revela sus preconcepciones y sus ideas, en particular en relación con nuestra economía.

Por ejemplo, durante este último, Pablo Medina repitió en varias ocasiones que “el problema de Venezuela no es un problema de recursos”, o peor aún, que “PDVSA es suficiente para promover el empleo total” (sic). Al igual que muchos compatriotas, sigue anclado en la vieja y equivocada idea de “somos ricos”. Entre sus ideas para recuperar el empleo propuso una “gran alianza entre los trabajadores y el Estado”, en donde el sector privado no aparecía por ninguna parte.

Cuando se dio inicio a lo que el moderador llamó “la ronda de preguntas de economía”, prácticamente todos centraron su minuto o minuto y medio en el petróleo. Leopoldo López hizo referencia a la necesidad de expandir nuestra capacidad de producción. María Corina Machado propuso abrir una ronda de inversión privada para desarrollar nuestro potencial petrolero, haciendo énfasis en la inversión privada de los venezolanos en el sector. Pablo Pérez esbozó una de las ideas más novedosas de la noche: una especie de vinculación directa entre la seguridad social y la industria petrolera sobre la cual no abundó en detalles. Son todas buenas ideas. Pero sólo Henrique Capriles tuvo a bien intervenir para enfatizar que el petróleo se le había quedado pequeño a Venezuela. Insistió en que estamos produciendo menos que hace cuarenta años y somos ya bastante más del doble de la gente, por lo que lo que más nos urge es trascender el petróleo como fuente esencial de producción. Basta pensar que si en 1975 se nos hubiese ocurrido darle a cada venezolano su cuota parte del petróleo en volumen, cada uno hubiese recibido en el año 92 barriles. Al cierre del año 2010 esa cifra apenas llega a 28. ¡71% menos!

No quiero decir que haya sido una idea exclusiva de Henrique Capriles. Leopoldo López también hizo mucho énfasis en desarrollar nuestra capacidad exportadora no-petrolera, haciendo uso de un cliché que a mí (es un tema personal) no me gusta demasiado: “Hecho en Venezuela”. Ahora: ¿Cómo convertimos a Venezuela en una economía más competitiva? He ahí la cuestión. El país va a quedar es un estado de destrucción de su aparato productivo tal, que un impulso inicial de inversión nos podría ayudar a crecer a tasas muy aceleradas. Para ir más allá, para crecer dos o tres décadas, necesitamos entrarle de frente al tema de nuestra productividad. Para tener una idea, entre 1980-2008, la productividad de nuestra economía fue negativa, nada menos que 0,6% anual en medio de un crecimiento promedio algo menor a 2%. Es decir, que tenemos grandes limitaciones para crecer a punta de inversión y de  trabajo, porque hay algo que no hemos aprendido o algo que necesitamos cambiar que va mucho más allá. Ese es el verdadero reto.

@miguelsantos12

Para El Universal, 27/01/2012

viernes, 20 de enero de 2012

Petróleo en gotas, Venezuela se agota

Instalados en la relativa prosperidad de estos años, todavía muchos se niegan a aceptar que vivimos en una suerte de “ilusión de armonía degradada” (nada como aquella previa al Viernes Negro). Si cuando lee esto Ud. piensa “¿relativa prosperidad?, ¿de qué hablas?”, piense nada más en que en los últimos trece años el consumo privado por habitante ha crecido, según como se haga el ajuste por inflación, entre 50% y 61%. Nos acostumbramos en estos años a que “de alguna forma, algo pasará, terminaremos saliendo”, dándole en cierta forma la razón al Presidente, que vive pregonando (Putin también lo ha hecho esta semana) de sus poderes mágicos para provocar crisis mundiales y mantener alto el precio del petróleo. O peor aún, aquella otra de “esa crisis que advierten los economistas no terminó nunca de llegar”. En fin. Ya lo decía Carlos Salvador Bilardo: En fútbol, en economía y en medicina, todo el mundo es un “experto”.

Esa creencia común de que nos terminamos levantando no es del todo cierta, pues está demostrado que cada caída y posterior recuperación nos deja en un punto inferior al comienzo. Tómese por ejemplo el hecho de que en los últimos 35 años la tasa de crecimiento por habitante promedio anual de Venezuela ha sido -0,3%. Compuesta a lo largo de ese período, representa una caída de 10%. Nuestra producción por habitante, el indicador más sólido de la capacidad de progreso, está en los mismos niveles que al final de la década de los sesenta. Es un enorme fracaso en términos de crecimiento y valor agregado, el ejemplo de libro de texto para lo que en la literatura se conoce como growth failure. En el caso del petróleo, nuestro salvavidas de siempre, las cifras son más impresionantes. Así estaremos de mal, que la discusión actual en el país es si estamos produciendo los mismos barriles que hace 35 años (según el gobierno), o si estamos produciendo 40% menos. Aquí las magnitudes también resultan colosales: Si uno considera las exportaciones en bolívares constantes por habitante (lo que equivale a volumen, sin considerar el efecto precio), en los últimos 35 años la caída ha sido de nada menos que 74% (utilizando la base de datos del Banco Mundial, que a su vez se apoya en el BCV). Sabiendo que nuestra población ha crecido en ese período 129%, eso equivale a una caída en la producción de 40%. Venezuela no sólo depende cada vez más de ingreso petrolero, como ha descubierto recientemente el Ministro Giordani. Es peor aún, porque al haber caído los volúmenes en esa magnitud, de lo que depende más bien es de los precios.

Visto así, uno entiende mejor que ese enorme boom de consumo privado registrado en trece años no se podía sostener sólo a punta de petróleo, por más favorables que hayan sido (y continúen siendo) los precios. Por esa razón nuestro endeudamiento público se triplicó desde 2006 hasta la fecha (cinco años). Así llega Venezuela al cierre del segundo o tercer (ya no se sabe) mandato de Chávez. Esto que viene nos cae con el ahí, o le cae encima a una administración de oposición. Ya no se puede hacer nada para cambiar el pasado. Lo que sí se puede hacer es prevenir y prepararse, porque en ningún caso será fácil.

@miguelsantos12

Para El Universal, 20/01/2012

viernes, 13 de enero de 2012

¿Cuáles deben ser las prioridades de la política económica en un gobierno de transición?

Muchos han perdido la fe en la economía porque piensan (acertadamente) que, según con qué cristal se mire, siempre hay algo bueno (y malo) que resaltar. Luis Herrera siempre defendió que durante su gobierno la inflación fue baja, cortesía de una enorme salida de capitales privados a tasas de cambio muy privilegiadas. Algo similar hizo Lusinchi, el Presidente venezolano que ha culminado su mandato con mayores índices de aprobación: Baja inflación y altos niveles de consumo, pero entregó el gobierno sin reservas operativas. Chávez ha hecho énfasis en el enorme boom de consumo, a costa de una inflación de dos dígitos, una deuda colosal, y una salida de capitales privados sin precedentes.

Hago estas preguntas porque por estos días se escuchan por ahí muchas propuestas acerca de cuáles deberían ser las prioridades de nuestra política económica. El gobierno tiene las suyas claras: La economía está supeditada a la victoria electoral. Para alcanzar ese objetivo se endeuda a mansalva, ofrece dólares baratos para financiar un boom de consumo y propone un aumento del gasto que deja nuestro déficit fiscal (de lo poco que se sabe) en la vecindad de los países quebrados de Europa.

¿Cuál debería ser la prioridad de un gobierno de oposición? Tengo para mí que la prioridad de Venezuela debe ser el crecimiento. Nuestro ingreso por habitante (en bolívares constantes) se encuentra en el mismo nivel de 1970: Cuatro décadas perdidas. El crecimiento es también la política que tiene mayores posibilidades de transformar un país: Si Etiopía creciese 9% anual, en 65 años alcanzaría el nivel de ingreso actual de Estados Unidos. Si crece sólo 1%, tomará 577 años.

Chávez podría dejar Venezuela en el 2013 en una situación tan precaria que haría posible crecer a tasas muy aceleradas durante algunos años. Pero es imposible atraer la inversión necesaria para el crecimiento sostenido sin gobernabilidad. De allí que la verdadera prioridad de una eventual nueva administración deba ser esa: demostrar que tiene cómo gobernar, cómo mantener la paz. Es en ese sentido que se plantea que el trecho que nos separa del lugar a donde estamos de aquél a donde queremos llegar sea cubierto de forma gradual (y consistente). Se podría unificar el SITME y el mercado paralelo (legalizado), y hacer converger de forma gradual la tasa oficial con esta última, en un esfuerzo por mantener la inflación que Chávez ha represado dentro de ciertos límites, mientras la oferta responde a un programa de estímulos. Ese camino también pasa por la negociación del levantamiento gradual de los controles. Tiene razón Ronald Balza cuando dice que reducir la inflación a un dígito es una tarea que se debe acometer en el mediano plazo. En este sentido la lección del ajuste de 1989 es esencial: Aquél 82% le disparó al gobierno en el ala. Aquella administración no tenía recursos para financiar la gradualidad. ¿Los tendremos ahora? Si se piensa que es posible un escenario de tierra arrasada (yo creo que lo es), a partir de Febrero se deberían empezar a gestionar a nivel internacional los recursos necesarios para la gradualidad en la transición. ¿Candidatos? Los principales beneficiados (que no son pocos, ni pequeños) de una salida de Chávez.

@miguelsantos12

Para El Universal 13/01/2011

viernes, 6 de enero de 2012

¿Por qué nuestros muertos no son noticia?

Felipe Calderón entra en su último año: El juicio electoral se aproxima. Han pasado cinco años desde que decidiera enviar el ejército a Michoacán a combatir al narcotráfico. Cinco años y 45.000-50.000 asesinatos. Esta semana la prensa internacional, en particular Der Spiegel y El País, le han dedicado sendos reportajes. La imagen de decenas de cadáveres abandonados en pipotes de basura, o en un camión a cuadras de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, ha generado una enorme impresión colectiva que ha puesto el tema en la agenda de la prensa mundial. Calderón también enfrenta un juicio con escasas probabilidades de éxito en la Corte Penal Internacional. Como ha señalado Human Rights Watch: “Nadie lo acusa de haber ordenado estos abusos, pero sí de tolerarlos gracias a una serie de políticas equivocadas”. En esos mismos cinco años las estadísticas oficiales venezolanas registran 80.618 homicidios.

Algo similar ocurre con la guerra en Irak. El “genocidio de Estados Unidos en Irak” no sólo es uno de los temas favoritos de Venezolana de Televisión, sino además de toda la prensa de izquierda a nivel global. De acuerdo con los estimados más pesimistas (www.iraqibodycount.org), entre 2003 y 2011 murieron 114.235 civiles de forma violenta en Irak. En ese mismo período fueron asesinadas en Venezuela 123.910 personas.

Es interesante preguntarse por qué una cantidad de asesinatos tan colosal no es considerada noticia a nivel internacional. Ni siquiera la campaña emprendida hace unos años por www.aporrea.org, cuando la cifra de muertos durante la administración Chávez “apenas” iba por 88.910 (hoy en día totalizan 155.483 asesinatos en trece años), consiguió llamar la atención. Se me ocurre una hipótesis, extraída de la economía, para aproximar una explicación. Está bastante documentado el fenómeno en las grandes corridas bancarias o contra las monedas  (o ambas): Siempre los locales empezaron a correr primero (es lógico, están más próximos a la información). La comunidad financiera internacional suele seguir esa estampida inicial. Quizás la pregunta sea entonces por qué este tema no llega a ser noticia para nosotros mismos. ¿Se trata acaso de alguna extraña variante del survivorship bias? ¿Acaso una señal de impotencia? Cualquiera que sea el caso, no es fenómeno exclusivamente venezolano. Ya Nassim Taleb, en El Cisne Negro, había advertido esa coincidencia entre la intensidad de la guerra civil en el Líbano y las ostentosas fiestas organizadas en Beirut. Algo similar ocurrió en la Alemania de Hitler en los meses previos a la caída. Mientras mayor la amenaza y más inminente el final, mayor el festival de frivolidad, ostentación y despilfarro.

Me parece muy interesante tratar de entender por qué los venezolanos somos capaces de convertir en Twitter-trend mundial al payaso Popy, Honorio Torrealba, Lila Morillo, o al hash-tag #cambiotitulodecancionporfruta, y no nos animamos a denunciar esa masacre de la que hemos sido víctimas en estos diez años. Dilucidar esa paradoja nos ayudará a entendernos mejor como sociedad, y quizás entonces podamos comprender también por qué el mundo nos ha prestado tan poca atención.

@miguelsantos12

Para El Universal, 06/01/2012

lunes, 2 de enero de 2012

Algunos comentarios sobre la deuda pública venezolana y mis perspectivas para el año 2013

A raíz de la serie de artículos que he escrito acerca de la evolución y perspectiva de la deuda venezolana he recibido numerosos comentarios y sostenido discusiones con banqueros de inversión, economistas y algunos lectores que vale la pena compartir con ustedes. Me mueve el debate sobre los problemas fundamentales del país – la deuda pública es sin duda uno de ellos y lo será en los tiempos por venir – desde diferentes puntos de vista, sin que haya el lado “de los buenos” y el “de los malos”, una costumbre esencial en democracia que gracias a la polarización reinante (de la que siempre sacan provecho los menos capaces) se ha extinguido.

Primeros veamos los hechos. Al cierre del tercer trimestre la deuda externa venezolana reportada por el BCV para el sector público consolidado alcanzó 94.669 millones de dólares. Eso representa 233% más que al cierre de 1998 (28.455); 156% en dólares reales. Ese crecimiento se ha registrado de forma exclusiva a partir de 2006, cuando cerró en 26.598 millones de dólares. Es decir, desde entonces ha crecido 256%, 220% en dólares ajustados por inflación. Para saber qué peso tiene la deuda pública (externa e interna) dentro de nuestra economía ya no se puede recurrir a los hechos: Tenemos un sistema en donde conviven tres tasas de cambio distintas (CADIVI, SITME y el paralelo no-oficial) que arrojan resultados muy volátiles, que podrían ir desde 50% (convertidos deuda interna y PIB a tasa oficial) hasta 86% (a tasa paralela). En 1998 la deuda pública total representaba 29% del PIB.

Si seguimos endeudándonos a este ritmo nuestra razón deuda/PIB va a explotar. Aquí es en donde he recibido la mayoría de los comentarios: ¿Por qué el gobierno se verá en la necesidad de seguirse endeudando a este ritmo a partir de 2013? La mayoría se dividen en dos grupos no necesariamente excluyentes: 1) A partir de 2013 – si Chávez gana las elecciones – se vendría una combinación de comunismo con represión que haría innecesario seguirse endeudando para mantener consumo, y 2) En 2013 habrá una fuerte devaluación en términos reales que ayudará a reestablecer el equilibrio fiscal. Esta macro-devaluación (75%) ampliaría el superávit en cuenta corriente (caerían las importaciones) y abriría el espacio fiscal necesario para amortizar deuda en términos netos. Ambos son puntos de vista muy validos.

Sobre estas posibilidades tengo a su vez algunas observaciones. En primer lugar, que esa macro-devaluación llegaría en el momento en que nuestra consumo depende al máximo de las importaciones, lo que provocaría un impacto sobre la inflación mayor de lo que ha tenido en otras ocasiones. Este es uno de esos casos en donde quizás no sea tan conveniente proyectar utilizando el retrovisor. ¿Qué tan viable sería ese ajuste desde el punto de vista social?

En segundo lugar, mi intención está centrada en analizar la sostenibilidad de la deuda venezolana a mediano plazo. Nuestro país se está endeudando a tasas de interés que van desde 13% hasta 18% (en dólares); es decir, entre seis y ocho veces más que la tasa de crecimiento promedio de la economía en los últimos doce años (2,2%). Eso quiere decir que, aún si el presupuesto nacional (sin intereses) está en equilibrio, nuestra relación de deuda a PIB se deterioraría de forma acelerada. Hay tres formas de corregir este problema: 1) Se reduce drásticamente el riesgo soberano de Venezuela, 2) Venezuela empieza a crecer a tasas muy altas, y/o 3) El gobierno genera un superávit fiscal permanente.

En mi opinión, ninguna de esas tres opciones es posible con el gobierno actual. ¿Cómo se las arreglaría para cambiar las expectativas Chávez? ¿Qué tendría de nuevo para prometer tras catorce años? Crecer de forma acelerada, en un país en donde las expropiaciones han arrasado la inversión privada y el sector público tampoco invierte, no es posible. Generar un superávit fiscal sostenido es algo que Venezuela no ha sido capaz de hacer aún en los períodos de bonanza petrolera. ¿Cómo se puede creer que lo hará de aquí en adelante? Si ninguna de estas tres alternativas está disponible: ¿Cuál es el mecanismo a través del cuál Venezuela reducirá su relación de deuda a PIB en el mediano plazo?

También he recibido comentarios que apuntan a nuestras vastas reservas petroleras. Según esta línea de pensamiento, un país con un superávit permanente en cuenta corriente no debe tener problemas para cancelar su deuda. Aquí también tengo algunas consideraciones. Nuestro superávit en cuenta corriente tiene dos contrapartidas: Importaciones de bienes de consumo y una colosal fuga de capitales privados. ¿Cómo se puede contar con ellos a la hora de evaluar la sostenibilidad de la deuda pública venezolana? También hay que decir que existe una diferencia significativa entre lo que Venezuela dice que produce y exporta, y lo que reportan las fuentes internacionales. En total, la factura petrolera podría estar sobre-estimada anualmente alrededor de 15.000 millones de dólares, al menos que se esté dispuesto a creer que Chávez no miente y todas las fuentes internacionales (OPEP incluida) se equivocan. Sobre nuestras enormes reservas de petróleo, para tener capacidad de pago hay que tenerlas fluyendo y en el mercado, no basta con que estén bajo suelo. Es como pensar que Argentina jamás haría default porque tiene muchas vacas (peor aún, porque las vacas tienen vaquitas, que a su vez tienen vaquititas, como el chiste, mientras el petróleo es no renovable).
Algunos amigos en bancos de inversión me dicen que Venezuela está acumulando activos en el exterior: Según ellos ha pasado a tener activos en el exterior entre 45.000 y 66.000 millones de dólares. Y si así: ¿Por qué se endeuda a tasas tan elevadas?

Viéndolo así, la idea de algunos de que el problema es temporal, porque será corregido de forma permanente por una macro-devaluación real en el 2013; a mí me parece lo contrario: El problema es permanente y pudiera ser arreglado un año dado con una macro-devaluación.

¿Qué se podría hacer distinto? Una nueva administración sí tendría capacidad de generar un cambio en las expectativas que redujera la prima de riesgo venezolana. Podría garantizar la propiedad privada y promover la inversión, generando altas tasas de crecimiento durante el período de transición. Podría abrir una ronda de apertura petrolera en condiciones mucho más favorables. Dentro de este esquema, la inversión extranjera complementaría al petróleo como originador de divisas, pero también promovería el crecimiento y el empleo sobre bases más sostenibles. Una nueva administración podría promover un programa de conversión de deuda en inversión, permitiéndole a inversionistas y gobierno aprovechar el descuento que sufre la deuda externa venezolana, e inscribiéndolo dentro de la programación monetaria anual del BCV para hacerlo compatible con la meta de inflación. Puede hacer muchas cosas que ya Chávez no puede hacer. Podría, podría. De eso se trata. Ese sentimiento de posibilidad es lo que en definitiva define la juventud. Y tanto la oposición como la República son jóvenes. El gobierno ya sólo representa la vejez, el fin de las nuevas ideas, la ausencia de futuro. Feliz Año 2012!

Para El Universal

¿Cuándo morirá el Amado Líder?


En estos días de asueto la imagen de las colas de norcoreanos convulsionando de dolor y dándose golpes de pecho mientras esperan durante horas para despedir a su amado líder ha sido una suerte de alucinación. En una cultura muy poco propensa a exteriorizar sentimientos, el funeral de Kim Jong-Il se ha convertido en un verdadero torneo de desgarramientos. Esa era mi impresión, apenas un observador lejano cuya única fuente de información sobre Corea del Norte – al igual que la de la enorme mayoría – la constituye los titulares de la prensa. Pero he aquí que, por coincidencia, he tenido la oportunidad de leer algo que me ha ayudado a comprender mejor este fenómeno: Un encarte con un adelanto del libro de Wenguang Huang, La pequeña guardia roja: Una memoria familiar.

El autor se encuentra en la escuela primaria china a la muerte de Mao. “La profesora entró y lo anunció. Luego se sentó a llorar. Lo mismo hicieron las niñas del salón. Los varones no sabíamos qué hacer, pero, para que nadie fuese a pensar que no amábamos a Mao lo suficiente, todos tratamos de llorar. Era muy difícil porque, en realidad, ninguno de nosotros lo conocía. Empecé a pensar en mi abuela, que estaba enferma por aquellos días. Así conseguí no sólo sacarme algunas lágrimas, sino llevarme a un estado de llanto y conmoción tal que me produjo un desmayo. Cuando desperté estaba bajo los cuidados de una enfermera, mientras los profesores me rodeaban impresionados, mezcla de orgullo y envidia ante la magnitud de mi afecto. Nuestra maestra se acercó, me tomó la cara entre sus manos, y mirándome a los ojos me dijo: ¿Qué será de nosotros?”.

Por estos días no he dejado de pensar en la persistencia de esos líderes que se satisfacen en dejar al país a la deriva, no se preocupan por dejar legado alguno, preparar sucesión, o darle cierta capacidad institucional mínima para seguir funcionando tras su desaparición. Todo lo contrario. La vida del país se fusiona con la de ellos y se crea una especie de pánico ante su ausencia que tiene dos consecuencias inmediatas: La destrucción institucional y la posibilidad de aferrarse al poder por más tiempo (la vieja consigna de Saddam: Soy yo o es el caos). Ese desamparo político es por un lado real, y por otro una reacción natural ante la posibilidad de que los herederos del poder sean aún más radicales que el desaparecido. “Las demostraciones públicas de dolor eran también una necesidad política. Mientras más desconsolados y desesperados los gestos, golpes de pecho, patadas en el suelo y desplomarse ante el sarcófago, mayor respeto se ganaba o acaso mayor protección”.

Tras la muerte del amado líder, tomó las riendas del poder el sucesor designado, Hua Guofeng, quien se alió con la esposa de Mao - Jiang Qing - para tratar de prolongar el régimen. Pero muy pronto se hizo evidente que nadie estaba preparado para gobernar en los términos en que Mao lo había hecho. El ala más moderada del Partido Comunista se impuso, China se abrió al mundo exterior e inició un período de fenomenal crecimiento que ha coincidido con el cuidadoso traslado de la memoria del amado líder a la trastienda. Este no tiene por qué ser el resultado de Corea del Norte, pero bien podría serlo. Seamos optimistas.

Para El Universal, 30/12/2011