viernes, 30 de marzo de 2012

¿Salir de la crisis = Salir del euro?

El Instituto de Análisis Económico (IAE) ha cumplido esta semana 25 años. Para el cierre de esta ocasión sus dos instituciones asociadas, la Universidad Autónoma de Barcelona (donde se hospeda) y la Universidad Pompeu Fabra, han organizado una mesa redonda para discutir las salidas a la crisis (“más allá de la reforma laboral”). Los participantes: Robert Lucas, Edward Prescott y James Mirlees (los tres Premio Nobel en Economía), además de Orley Ashenfelter (Princeton University) y Jacques Dreze (Universidad de Lovaina).
A la extrema derecha está sentado Orley Ashenfelter. A nivel mundial, la tasa de desempleo juvenil suele ser dos veces la tasa de desempleo general, independientemente de la legislación laboral o de la estructura demográfica. España no es una excepción. Su problema no es el desempleo juvenil (45%), sino la tasa general de desempleo (22%). Las ventajas de una legislación laboral más flexible van mucho más allá de la reducción del déficit (la razón que predomina aquí). Su “legislación laboral ideal”: “Cualquiera puede botar a cualquiera, en cualquier monto, sin ningún tipo de explicación”. Robert Lucas ha conseguido atravesar sus quince minutos de presentación sin decir nada relevante. Apenas me queda alguna referencia general al problema de riesgo moral que traen los seguros al desempleo y las pensiones por discapacidad. Edward Prescott ha resaltado que Europa Occidental es la región del mundo con el menor número de horas trabajadas por persona en edad de trabajar. Dentro de esa región, España está entre los últimos. ¿Por qué los canadienses, americanos, australianos, trabajan 30% más que los españoles? “Por los impuestos y por los estímulos al desempleo”. Prescott ha resaltado una idea estándar en la teoría económica de la que nosotros hemos perdido el rastro en Venezuela: “La clave de la eficiencia está en estimular a los trabajadores a movilizarse desde donde estén hacia donde sean más productivos. La legislación laboral debe hacer esto posible, no imposible”.
De lejos la mejor intervención de todas ha sido la de James Mirlees. Nadie discute la necesidad de reformar la legislación laboral española, es sólo que éste parece el momento menos apropiado: La flexibilidad hará más fácil la contratación y el despido, en un entorno recesivo el número de despidos será muy superior. Los responsables de la política económica siguen insistiendo en que necesitan replicar los efectos de una devaluación a través de una caída de salarios. Esto es una tontería, porque eso redistribuiría el desempleo, no creará nuevos puestos. Para James Mirlees, la solución pasa por algún tipo de política de expansión de demanda, pero acordar un paquete de la magnitud que haría una diferencia no luce posible. ¿Y entonces? Jacques Dreze, el único miembro del panel que pertenece a la Unión Monetaria Europea (UME), presentó una propuesta para compartir riesgos (risk sharing): Todos los países de la UME emiten bonos por un tercio de su PIB y reciben ese mismo valor en PIB de las demás economías de UME (de forma proporcional). Este arreglo procura replicar la integración fiscal tan necesaria y tan poco factible por estos días. “Si no ocurre así, eventualmente la salida de la crisis será equivalente a la salida del euro”.

@miguelsantos12

Para El Universal, 30/03/2012

jueves, 29 de marzo de 2012

Daniel Kahneman: The riddle between experience and memory of experience

This was the source of inspiration for my article "Are we really the happiest people in the world" published two weeks in El Universal. Do not miss this one: Daniel Kahneman talks on what determines happiness, the experience itself, or the memory of our experience. Sometimes those guys have nothing to do with each other!

miércoles, 28 de marzo de 2012

Reading Steve Jobs...

Now that I have a little more time to spare I went on reading Steve Jobs', and bumped into this:


"Here's to the crazy ones. The misfits. The rebels. The troublemakers. The round pegs in the square holes. The ones who see things differently. They are not fond of rules. And they have no respect for the status quo. You can quote them, disagree with them, vilify or glorify them. About the only thing you can't do is ignore them. Because they change things. They push the human race forward. And while some see them as crazy ones, we see genius. Because those who are crazy enough to think they can change the world are the ones who do".


Steve Jobs has a lot of attitudes and traits that were not good or healthy. But the above is not on that list. The above is THE spirit

viernes, 23 de marzo de 2012

A trece años de la pulpería

En febrero pasado se cumplieron trece años de administración Chávez. Trece largos años a través de los cuales el sistema de cuentas nacionales, cuentas fiscales, informes del INE, balances de PDVSA; todo lo que alguna vez hizo las veces de mecanismo de control e indicador de gestión, ha sido trastocado y retorcido hasta volverse irreconocible e inservible. Hemos perdido la capacidad que teníamos de auditar la gestión pública, aún en sus aspectos más elementales: ¿Cuánto ingresa? ¿Cuánto es el gasto público? ¿Cuánto debemos? ¿A cuánto ascienden los activos de la República? Más aún, hemos perdido la capacidad de diferenciar entre los activos de la República y los del gobierno (la deuda no, siempre es de la República).

Siendo así, sólo nos queda hacer algunas cuentas de pulpero, con base en los balances del BCV. Esas cuentas, en cualquier caso, representan el mejor escenario posible. En estos trece años, la balanza de pagos registra salidas de capital privado por 127.287 millones de dólares. Algunos autores suelen considerar también dentro de “fugas de capital” los errores y omisiones, que totalizan 31.091 millones de dólares. Esto arrojaría un gran total de 158.378 millones de dólares, una cifra que supera las salidas de capital registradas desde Betancourt hasta la desafortunada segunda presidencia de Caldera (1958-1998). Nuestra deuda externa en trece años pasó de 28.455 a 107.428 millones de dólares.

¿Cómo ponemos esas magnitudes en contexto? La forma tradicional, expresarlas como porcentaje del tamaño de nuestra economía, también ha sido trastornada por el sistema de cambio múltiple. Al cierre del 2011 el PIB nominal de Venezuela representaba BSF 1.117.000 millones. Convertidos a 4,30 BSF/dólar (como se suele hacer en presentaciones y medios del gobierno), representan 260.000 millones de dólares; 186.000 millones si se hace a tasa SITME; 131.000 millones si se utiliza la tasa paralela. ¿Cuál es la verdad? En algún punto entre los extremos. Visto así, la deuda pública total estaría entre 55% y 95% del PIB (en contraste con 37% en 1998 o 24% al cierre del 2006).

Son unas cifras colosales, que representan con alguna fidelidad lo que hemos sido y no hemos sido en estos trece años. 55% del total de los ingresos petroleros (370.075 millones de dólares) se utilizaron para importar bienes de consumo. La salida de capital privado (incluyendo errores y omisiones) representa otro 23%. El BCV también registra en estos 13 años 87.004 millones de dólares como “acumulación neta de activos públicos en el exterior”. Esta última cifra representa toda una novedad y encubre una de las mayores estafas a las finanzas públicas de la historia a nivel mundial. Entre esas tres se encuentra el 92% de las entradas por venta de petróleo. Eso fue lo que la administración decidió hacer con la bonanza: Promover el consumo de importaciones baratas (a costa de la producción y el empleo nacional), facilitar una enorme fuga de capital privado y sacar dólares de la vista de los venezolanos y del Banco Central hacia cuentas en el exterior, para financiar cualquier cosa que les viniera en gana sin ningún tipo de rendición de cuentas. Tres usos bastantes particulares para quienes se vendieron a sí mismos como “socialistas”.

@miguelsantos12

Para El Universal, 23/03/2012

martes, 20 de marzo de 2012

¿De verdad somos los más felices?

Venezuela lidera el ranking de felicidad de Nationmaster.com, salimos terceros en felicidad en el World Value Survey de la Universidad de Michigan, y también aparecimos un par de veces en la edición anual de Guiness como el país más feliz. Por decir lo menos, éste es un resultado muy perturbador. Somos uno de los países con mayores índices de delincuencia a nivel mundial. Nuestros asesinatos por cada cien mil habitantes superan a Irak y Afganistán. También tenemos la mayor inflación en el mundo, lo que representa un problema para las familias de menores recursos. Además, toda nuestra cotidianeidad luce bastante atribulada: hay que peregrinar para sortear la escasez, nuestro sistema de transporte público es muy precario y se deteriora a diario, al igual que los servicios de luz y agua. ¿Es posible que seamos uno de los países más felices del mundo? ¿Qué miden y cómo lo hacen esos estudios?
Todos están basados en entrevistas a un número significativo de personas acerca de su grado general de satisfacción o felicidad. Y quizás he aquí en donde está el detalle. Las preguntas toman a las personas de forma aleatoria y no están asociadas a ningún evento en particular. Quizás es eso, quizás seamos buenos (re)haciendo nuestra propia historia. Eso es lo que varios investigadores (Daniel Kahneman y Alan Taylor entre otros) han venido estudiando. En oposición al método “general”, se ha ideado un sistema en el que se llama de forma aleatoria varias veces por día a una muestra representativa de personas, y se les pide que describan qué están haciendo en ese momento y cuál es su grado de satisfacción. Y aquí viene la mejor parte: La felicidad que cada persona revela en el momento de la actividad, a lo largo del día, tiene muy poco que ver con la felicidad que, antes o después del estudio, expresan en relación con su vida en general. Es decir, “la persona que experimenta” tiene muy poco que ver con “la persona que recuerda”. Así, pacientes sometidos a tratamientos dolorosos por más tiempo tienden a recordar su experiencia como menos dolorosa que aquellos que la sufrieron por mucho menos tiempo, pero de forma más intensa y con un final más infeliz. Para “la persona que recuerda” el pico de felicidad o infelicidad y la forma en cómo termina el episodio son mucho más importantes que el total de la felicidad o infelicidad experimentada a lo largo de él. Esto crea una separación crucial entre la experiencia y el recuerdo, que quizás está detrás de esos estudios que nos sitúan entre las sociedades más felices del planeta. Es posible que tengamos una mayor propensión que los demás a poner a nuestros recuerdos unos colores de los que la propia experiencia carecía.
Valdría la pena evaluar nuestra felicidad desde el punto de vista de la experiencia cotidiana. Es un paso que ya muchos países están dando a nivel mundial, reconociendo la importancia de la felicidad como valor, pero asociada específicamente a nuestra experiencia de vida (no a nuestros recuerdos). Tengo para mí la hipótesis de que de una evaluación así emergería una nación más homogénea. Quizás entonces podamos escoger en dónde enfocar nuestros esfuerzos de políticas públicas. Es un área en el que todo está por hacer.

@miguelsantos12

Para El Universal, 16/03/2012

jueves, 15 de marzo de 2012

Cristina y la voracidad por las reservas, un pecado con la marca bolivariana

Abajo una nota de Laura Alfonsina García, editora del diario de economía y finanzas El Cronista, de Buenos Aires. Explica en detalle cómo Chávez ha ido pasando el manual de la "franquicia" acerca de cómo extraer reservas al banco central, socavar su autonomía, y moverlas a cuentas desde las que se financie cualquier actividad político/partidista que contribuya a mantenerlo en el poder.


Cristina y la voracidad por las reservas, un pecado con la marca bolivariana


viernes, 9 de marzo de 2012

¿Cómo derrochar US$500.000 millones en seis años?

Durante los seis años que van entre 2006 y 2011 Venezuela ha experimentado una prolongada bonanza petrolera. En ese período también se cuadruplicó nuestra deuda externa. ¿Qué hemos hecho con todo ese dinero? Aunque las cuentas tienen sus detalles y no todo lo que ocurre en términos de moneda extranjera pasa por el BCV, un análisis simple de la balanza de pagos nos ayuda a hacernos una idea bastante clara.

En estos seis años las exportaciones petroleras totalizaron 446.500 millones de dólares, a lo que habría que agregar unos 40.000 millones de dólares de aumento de deuda externa pública registrada en el BCV (en éste período, la deuda pública externa consolidada pasó de 26.500 a 114.000 millones, es decir aumentó en 87.500 o 330%, pero no toda ella pasa por el BCV). Visto así, son 489.000 millones de dólares de los que se han dispuesto. ¿Qué hemos hecho con todo ese dinero?

De acuerdo con el BCV, más de la mitad (52% o 255.914 millones de dólares) se utilizaron para importaciones, en su enorme mayoría de bienes de consumo. Esta es una cifra colosal, que supera en 154% a lo importado en los seis años anteriores y que en términos por habitante es superior a cualquier otra cifra registrada desde Luis Herrera Campíns hasta aquí. Un total de 104.615 millones de dólares (22% del total ingresado) salieron del país vía fuga de capitales privados. Al igual que Herrera y Lusinchi, el gobierno se ha visto obligado a propiciar una enorme salida de capitales privados. ¿Por qué? Porque si se quieren gastar todos los recursos que se reciben de la venta de petróleo y más, mientras se ahoga, persigue y destruye al aparato productivo, hay que abrir esa válvula para contener la inflación. Así que la estrategia anti-inflacionaria más importante de la revolución socialista no han sido los controles de precio, no, sino más bien la importación y la estimulación de la salida de capitales privados (ambas a tasas de cambio bastante convenientes). ¿Qué otra cosa son las emisiones bolívar-dólar, que una invitación en masa (a los más ricos) a entregar bolívares a cambio de dólares depositados en el exterior?

Pero la verdadera innovación financiera viene a continuación. 20% de las divisas ingresadas al BCV en estos años han salido por la vía de “acumulación neta de activos públicos en el exterior”. Esta sí no tiene precedentes: Además de la salida de capitales privados, el BCV registra aquí la fuga de dólares hacia cuentas paralelas del gobierno en el exterior, por el orden de 71.466 millones de dólares. A esto habría que agregarle las transferencias que esos fondos reciben de forma directa desde PDVSA (y que muchas veces no provienen del petróleo, que ya no les alcanza, sino de emisiones de deuda).

Nuestra balanza de pagos no tiene ningún tipo de inversión, en seis años las inversiones en cartera privadas son ínfimas (1.450 millones de dólares), y se cancelan con la cifra negativa que registra en ese período la inversión directa (1.318 millones). Con esas cuentas, hemos realizado la proeza de cerrar el 2011 con un nivel de reservas 13.857 millones de dólares inferior al que teníamos hace seis años. En ese mismo período, la cantidad de bolívares en circulación creció 540%. Todo un récipe para el despilfarro.

@miguelsantos12

Para El Universal 09/06/2012