sábado, 26 de mayo de 2012

¿Qué podemos hacer nosotros que ellos no puedan?


El gobierno ha decidido echar el resto en el 2012 y corregir en alguna medida la cadena de desequilibrios que ha ido generando en el camino a través de una macro-devaluación en el año 2013. Piensan que de ganar en octubre tendrán capital político de sobra para hacerlo. Ese no es el caso de la oposición. No sólo porque de ganar en efecto no podrá presumir de capital político, sino porque cuenta además de una amplia gama de opciones de política para sacar a Venezuela adelante que ya no están disponibles para el gobierno.

En primer lugar, puede producir un cambio en el activo más devaluado de la revolución: La credibilidad. Puede iniciar un programa para levantar las restricciones que tienen amarrado y disminuido al sector privado venezolano y garantizar a los productores el acceso a las divisas. Puede lanzar un programa de conversión de deuda en inversión que le permita aprovecharse de los amplios spreads que exhibe la deuda externa venezolana. Dentro de un marco de respeto a la propiedad privada, están dadas las condiciones para que en Venezuela ocurra lo que ya está pasando en el resto de América Latina: Una colosal entrada de capitales. En esa circunstancia acaso nuestro principal problema sería evitar una fuerte apreciación del bolívar. Venezuela es una economía con una enorme capacidad de demanda, que nos tiene haciendo colas, persiguiendo bienes y anotándonos en listas de espera, mientras padecemos la mayor inflación del planeta. Una nueva administración puede acabar con el dilema inflación versus escasez en el que se encerró a sí mismo el gobierno desde hace rato, estimulando una expansión de oferta.

También tiene capacidad para iniciar un diálogo con los productores nacionales y extranjeros que le permita levantar de forma gradual el control de precios sin un impacto significativo en la tasa de inflación actual. La nueva administración puede utilizar la verdadera característica del liderazgo, convencer, persuadir, en contraste con la imposición a ultranza y la amenaza que ha predominado todos estos años. Puede racionalizar el gasto público, y hacer mucho más con lo mismo y eventualmente con menos.

Una nueva administración también podría sacudirle de encima unos cuantos puntos a la prima de riesgo de la República. Eso lo podría conseguir despolitizando el directorio del Banco Central y devolviéndole autonomía plena. También podría generar un plan de endeudamiento y amortización creíble dentro de un marco sostenible, y explicárselo a esos mismos inversionistas que hoy el gobierno toma por sorpresa con su improvisada estrategia de deuda. ¿Será fácil? No. Se heredarán unas reservas mínimas, una PDVSA con una capacidad muy mermada y agobiada por los compromisos de deuda. Para mantener el gasto y tratar de garantizar la gobernabilidad harán falta recursos. Ese es el principal reto de la administración: Levantar recursos suficientes para apuntalar las reservas y hacer posible esa transición, sin necesidad de recortar el gasto de inmediato ni de un ajuste contractivo. Es una apuesta, sí, pero una apuesta con una buena posibilidad de éxito. Es eso, o es el gobierno utilizando la única estrategia que le ha quedado disponible: Una macro-devaluación.

@miguelsantos12

Para El Universa, 25/05/2012

jueves, 24 de mayo de 2012

¿Y qué pasa si Grecia sale del euro? (o ¿Hay vida después del suicidio?)


Aunque surgen muchas preguntas en apariencia más relevantes, no es del todo inútil comenzar por considerar cómo podría salir Grecia del euro. Después de todo, a quienes diseñaron el Tratado de Maastricht no se les ocurrió incorporar un mecanismo específico para expulsar a un país de la moneda única. Viéndolo en retrospectiva, una previsión así en medio e aquella comunión colectiva hubiese sido una suerte de matrimonio con capitulación de bienes, algo que atentaba contra el propósito esencial de aquellos contrayentes: Convencer a los mercados de que la unión era en efecto indisoluble. Siendo así, sólo queda el retiro voluntario.

Esto último es más o menos lo que muchos griegos han escogido en las pasadas elecciones: Darle un apoyo masivo no tanto a quienes se oponen al euro en sí, que sigue siendo un signo de status nacional dentro de una nación bastante venida a menos, sino al paquete de austeridad que Europa exige a Grecia. Por fortuna, todavía no se sabe para quién, ese primer voto se ha diluido y los favorecidos no han sido capaces de conformar mayoría, por lo que habrá que volver a las urnas dentro de un par de semanas.

Mientras tanto, el país se desliza hacia el caos con una tasa de desempleo superior al 20% y una deuda externa que supera 167% del PIB. ¿Qué ocurriría si Grecia sale del euro? Pensemos primero en la propia Grecia. Antes de evaluar en las alternativas conviene tener claro que ya no hay salida fácil, se trata de cuál será la menos dolorosa. El país sufre una sobrevaluación estimada en más de 50% (los bienes transables y los salarios allí cuestan 50% más que en el resto de Europa). No puede devaluar, y no consigue a nadie alrededor dispuesto a financiarle el déficit en cuenta corriente que esa enorme brecha provoca. En esa circunstancia debe esforzarse por generar un superávit interno (gastar menos de lo poco que gana), lo que obliga a sus autoridades a recortar el gasto en plena recesión.

Si Grecia se sale del euro, lo primero que hará será declarar default sobre su deuda. De momento, dado que de todas formas nadie está dispuesto a prestarle, esta medida podría tener un efecto neto positivo sobre las finanzas públicas. El gobierno se vería obligado a retomar el dracma (o crear el “nuevo dracma”) a una paridad significativamente devaluada. Esta transición podría ser muy caótica, toda vez que Grecia no es Argentina, en donde circulaban pesos y dólares cuando se decidió romper la paridad con el dólar. En este caso habría que ponerse creativo, pero cuesta pensar en una solución que no pase por el cierre temporal de los bancos. Ese momento inicial, dado que a nadie se le ocurrió prever esto, sería de un caos y una confusión difícil de imaginar.

Superada esta etapa, es posible que la devaluación traiga a Grecia a inversionistas internacionales interesados en activos devaluados y a turistas ávidos de aprovechar los precios relativos más favorables. Estos beneficios son previsibles, pero no vendrán sin riesgos. Grecia carece de un aparato exportador (el de ellos es equivalente al venezolano no-petrolero), por lo que la devaluación no traerá de inmediato mayores ventas externas, y sí obligará a consumir importaciones más caras. En esas condiciones la devaluación sería fuertemente contractiva. Habría que ver en cuánto tiempo la inversión en el sector real reacciona a los precios relativos más favorables y qué tanto se contraen las importaciones tras la devaluación. En cualquier caso, con todo y sus riesgos, pareciera tener menos probabilidades de fracaso que la austeridad a ultranza.

¿Y qué ocurriría con el resto de Europa? Si Grecia sólo representa el 3% del PIB europeo: ¿cuál es el riesgo? El riesgo viene dado por lo que yo llamo la pérdida de la virginidad de la Unión Monetaria Europea (UME). La salida de Grecia podría desatar los temores de que España o Italia sigan un camino similar, lo que tendría un efecto inmediato en la prima por riesgo de estos países, ya de por sí en niveles críticos. Grecia podría abrir la caja de Pandora y desatar un dominó financiero que termine de secar las ya de por sí exiguas fuentes de financiamiento a otros países en problemas. Esta secuencia, si no ocurre una respuesta apropiada del Banco Central Europeo (en cuyo caso cabría preguntarse ¿por qué ahora y no cuando Grecia estaba todavía en el euro?) podría dar al traste con el euro en Portugal, España e Italia. Luego están los efectos del default sobre los bancos europeos que cargan bonos griegos (en especial franceses), aunque tras las sucesivas rebajas a la calificación ya han debido ser provisionados apropiadamente (considerados como pérdidas en los estados financieros, pero ya aquí tampoco puede pensarse que no habrá sorpresas).

Evi Pappas, profesor griego de economía en el European University Institute, ha comparado la situación de Grecia con la tragedia de Antígona, en la obra de Sófocles. Antígona fue condenada a ser enterrada viva por Creonte, por violar la prohibición de hacer ritos fúnebres a Polinices, a quien se consideraba traidor a la patria. Cuando el coro de ancianos finalmente convence al gobernador de perdonarle (media también una profecía de Tiresias que aterroriza a Creonte) y acuden a liberarla del sepulcro en donde había sido encerrada, ya Antígona se ha ahorcado. El símil es brillante. La UME ha condenado a Grecia a ser enterrada viva, exigiéndole un paquete de austeridad en plena recesión. Hay cierto coro de ancianos (y no tan ancianos) que han advertido de las injusticias y los riesgos de semejante condena, pero Creonte no reacciona. Insiste en la condena y quiere aprovechar la coyuntura para obligar a Grecia a implementar un conjunto de reformas. Mientras eso ocurre, Grecia medita su suicidio.

viernes, 18 de mayo de 2012

2012: El canto del cisne


Ayer el gobierno anunció con enorme fanfarria el crecimiento de la economía en 5,6% en el primer trimestre. La composición, por decir lo menos, sigue siendo muy curiosa: Crece el comercio, la luz y el agua (ambas públicas), transporte, comunicaciones y actividades en aduanas. El primer trimestre ha repetido el patrón de los últimos cinco años: La economía en su conjunto ha crecido 13,7%, mientras la manufactura privada (el tercer motor que Giordani ya está “a punto de encender”, uno nunca sabe si en sentido literal) ha caído en 3%. Todo lo que sube está ligado a importaciones, el verdadero motor del crecimiento y del consumo. Durante los trece años de Chávez las importaciones por habitante han crecido 120%, bastante más que el consumo (47,8%) y que la producción (10,9%). El primer trimestre no ha sido la excepción: Las importaciones de bienes han crecido 48,5%.

Muchos piensan que este boom es simplemente consecuencia de una concepción acerca del uso de la renta petrolera. Va mucho más allá. Durante los últimos cinco años, en plena apoteosis de los precios del petróleo, la deuda pública externa se cuadruplicó, pasando de 26.598 a 96.420 millones de dólares. El crecimiento del primer trimestre y los que vendrán también será cortesía de más deuda externa, que se proyecta al cierre del año en más de 120.000 millones de dólares (casi seis veces más que en 2006). Pero tampoco es suficiente con el petróleo y la deuda externa.

A sabiendas de que la economía llegará boqueando a diciembre de 2012 y que será inevitable devaluar en 2013, el gobierno ha empezado a empujar una enorme cantidad de deuda interna. Aprovecha que los depósitos están atrapados a tasas negativas y que el crédito está paralizado y abarrota a los bancos nacionales de papeles de deuda. Para hacernos una idea, la deuda interna totalizó 154.110 millones de bolívares al cierre de 2011, pero durante los primeros cuatro meses del año ya se habían emitido más de 40.000 millones. El plan consiste en sustituir las emisiones de deuda externa por interna en la medida de todo lo posible, para luego licuarla a través de una maxi-devaluación. De esta estrategia se suele jactar el gobierno en sus reuniones con banqueros de inversión, celebrando que la deuda interna se emite a tasas reales negativas, lo que quiere decir que todo el costo recae sobre los ahorristas en términos de pérdidas en el valor real de sus depósitos. El gobierno piensa, y en esto está en lo cierto, que de ganar tendrá capital político de sobra para devaluar; pero de perder ese no sería el caso de la oposición. Por fortuna la oposición también cuenta con muchas opciones de política a las que el gobierno se ha negado o ya se le han cerrado desde hace tiempo.

También la manipulación de las cuentas nacionales será llevada al límite en 2012. “La gente no sabe de eso, la gente de lo que sabe es de consumo, esas son elucubraciones de los economistas”. Así suelen repetir los bufones que reinan en esa pequeña vitrina de la civilización de espectáculo en la que nos hemos convertido en estos años (Vargas Llosa dixit). Me parece un desprecio peligroso a la capacidad del venezolano. En cualquier caso, pronto lo sabrán.

@miguelsantos12

sábado, 12 de mayo de 2012

Réquiem para una economía socialista


No se trata tanto de que Giordani se haya horrorizado de repente por los intereses que le exigen a la deuda venezolana en los mercados internacionales. Después de todo, ya llevamos seis años emitiendo deuda a esas tasas, seis años de bonanza petrolera en los que la deuda externa se cuadruplicó (pasó de 26.598 en 2006 a 96.420 millones de dólares en 2011). Tiene que ver más bien con el hecho de que el gobierno llega al año 2012 en el límite de las posibilidades de la economía que ellos siguen tratando de acuñar como socialista. En realidad, lo sabemos ya desde hace tiempo, tiene que ver más con la versión más aberrante del capitalismo rentístico de Estado descrita en los libritos de Bernard Mömmer y Asdrúbal Baptista.

Desde 1998 la producción por habitante ha crecido 11% (0,8% anual). Es el desempeño más pobre de toda América Latina, en trece años en los cuáles todos los países han aprovechado el boom de precios en sus commodities para crecer aceleradamente. De 2006 para acá hubo algo de crecimiento, pero se registró en sectores asociados a importaciones (comercio, transporte, aduanas). La manufactura privada producía al cierre de 2011 3% menos que en 2006. En contraste, el consumo por persona ha crecido 48%, a razón de 3% anual. Sí, hay que denunciar el consumismo, ser rico es malo y consumir también, pero nadie gana elecciones sin consumo. Por esa razón han invertido la renta petrolera en pleno para promover un boom de importaciones que guarda muy pocas semejanzas con el socialismo.

Pero el modelo no daba para tanto. Venezuela tiene ya casi cuarenta años con la misma producción petrolera, la caída en el número de barriles por habitante supera ya el 70%. No da para consumir en esa magnitud, mucho menos para financiar la petro-diplomacia chavecista. La deuda externa se aproxima a 100% del PIB y por ninguna parte surge una nueva fuente de ingresos para hacerle frente. Es natural, nos endeudaron para consumir, no para invertir. El petróleo, esos mismos barriles exprimidos a la potencia ene, la vela puesta a los mercados internacionales y al capitalismo, ya no son suficientes.

Así, desde finales de año pasado se empezó a aceptar (no digo plantear, porque no tienen opción) lo único que le queda ya al gobierno: una macro-devaluación. En preparación, se ordenó sustituir la deuda externa en la tronera fiscal de la revolución por deuda interna. Hay que agotar las posibilidades de financiamiento interno, porque en cualquier caso esa deuda quedará licuada por la devaluación y la inflación post-electoral. Ese es el plan del monje, así de simple, así de gruesas son sus costuras. No se trata tanto de ahorrarse la prima de riesgo soberano, como de trasladarle la pérdida, una suerte de default doméstico generado vía devaluación, a los tenedores de bonos. Ese es el juego: Arrastrar el modelo hasta las elecciones y llevarlo a sus últimas consecuencias. Mientras tanto, se preparan para dilapidar el capital político que resultaría de una hipotética victoria en un macro-ajuste cambiario en 2013. Y si no hay victoria, denunciar cualquier sospecha de devaluación en una eventual administración de oposición. A diferencia del gobierno, este parece ser un lujo que la oposición no puede darse.

Para El Universal, 11/05/2012

viernes, 4 de mayo de 2012

La operación expoliación y el gran "si"


Todo el aparato de las finanzas públicas ha sido puesto al servicio de la madre de todas las elecciones. No necesariamente porque vaya a haber elecciones, sino porque podría haber elecciones. Expoliar a los entes formales e ir purgando recursos hacia fondos sin ningún mecanismo institucional de rendición de cuentas, es una estrategia que podría rendir frutos en el escenario electoral, sí, pero también en cualquier otro. Ya desde hace rato el gobierno viene trasvasando hacia el FONDEN (y otros) las reservas internacionales, reduciéndolas en la práctica a la mera disponibilidad de oro. El país, en el sentido más amplio de la palabra, ya se puede dar por satisfecho si al final da con los lingotes en alguna bóveda fría (previa verificación de que no estén rellenos de caucho o algún otro material, vaya usted a saber, ya hace rato que nuestra realidad dejó atrás a la ficción).

Algo similar ha ocurrido con PDVSA. La caja de la compañía presenta un déficit colosal, consecuencia de una peligrosa combinación entre no cobrar la mitad de los barriles que produce, pagar regalías sobre el total, y cargar con una fracción nada despreciable del gasto público. Así, en medio del boom petrolero se ha visto obligada a endeudarse a tasas que en ocasiones superaron 20% implícito (en dólares). Sólo así puede seguir alimentando la devoradora chavecista y la pesada estructura de su petro-diplomacia.

Mientras, el gobierno también ha ido utilizando las empresas públicas como una herramienta política, en detrimento de cualquier lógica económica y sin ninguna consideración por la producción. Esta viene a ser otra arista de la operación expoliación. En SIDOR, por ejemplo, el número de empleados pasó de 5.482 en 2007 a 9.942 al cierre de 2011. En ese mismo período la producción cayó 49%. Es decir, en términos de toneladas métricas por trabajador la productividad bajó 72%. En FERROMINERA la nómina pasó de 5.608 a 6.673 en esos cuatro años, mientras la producción caía 21%. En ALCASA la nómina creció 19% y la producción cayó 60%, resultando en una caída en toneladas por trabajador de 66%. CARBONORCA presenta cifras similares. En su conjunto, el complejo de Guayana ha pasado de 22.264 trabajadores en 2007 a nada menos que 31.108 en 2011, con el volumen de producción cayendo entre 21% y 60% según el caso. El déficit de caja que presenta al cierre del año pasado es de 6.500 millones de bolívares (de los viejos), nada menos que 0.5% del PIB. Y esta es apenas una pequeña fracción de del aparato productivo público. ¿Cuántos policías y equipos para la seguridad pública se hubiesen podido comprar con esa cantidad? ¿Cuántos hospitales? ¿Cuántas escuelas? 

Todo esto para resaltar que a la administración civil que herede esta situación (porque elecciones habrá, más tarde o más temprano, y transición civil también) deberá ponerse muy creativa, deberá ser capaz de proponer el diálogo, de buscar un punto de encuentro, de persuadir, de convencer. Eso es, en definitiva, de lo que se trata el liderazgo. Si se supera esa primera etapa, si esa administración consigue el beneficio de la duda, ya sólo nos quedará por delante la recuperación y el progreso. A Venezuela le sobra con qué. Pero ese es un gran “si”.

@miguelsantos12

Para El Universal, 04/05/2012