El gobierno ha decidido echar el resto en
el 2012 y corregir en alguna medida la cadena de desequilibrios que ha ido
generando en el camino a través de una macro-devaluación en el año 2013.
Piensan que de ganar en octubre tendrán capital político de sobra para hacerlo.
Ese no es el caso de la oposición. No sólo porque de ganar en efecto no podrá
presumir de capital político, sino porque cuenta además de una amplia gama de
opciones de política para sacar a Venezuela adelante que ya no están
disponibles para el gobierno.
En primer lugar, puede producir un cambio
en el activo más devaluado de la revolución: La credibilidad. Puede iniciar un
programa para levantar las restricciones que tienen amarrado y disminuido al sector
privado venezolano y garantizar a los productores el acceso a las divisas.
Puede lanzar un programa de conversión de deuda en inversión que le permita
aprovecharse de los amplios spreads que exhibe la deuda externa venezolana.
Dentro de un marco de respeto a la propiedad privada, están dadas las
condiciones para que en Venezuela ocurra lo que ya está pasando en el resto de
América Latina: Una colosal entrada de capitales. En esa circunstancia acaso
nuestro principal problema sería evitar una fuerte apreciación del bolívar.
Venezuela es una economía con una enorme capacidad de demanda, que nos tiene
haciendo colas, persiguiendo bienes y anotándonos en listas de espera, mientras
padecemos la mayor inflación del planeta. Una nueva administración puede acabar
con el dilema inflación versus escasez en el que se encerró a sí mismo el
gobierno desde hace rato, estimulando una expansión de oferta.
También tiene capacidad para iniciar un
diálogo con los productores nacionales y extranjeros que le permita levantar de
forma gradual el control de precios sin un impacto significativo en la tasa de
inflación actual. La nueva administración puede utilizar la verdadera
característica del liderazgo, convencer, persuadir, en contraste con la
imposición a ultranza y la amenaza que ha predominado todos estos años. Puede
racionalizar el gasto público, y hacer mucho más con lo mismo y eventualmente
con menos.
Una nueva administración también podría
sacudirle de encima unos cuantos puntos a la prima de riesgo de la República.
Eso lo podría conseguir despolitizando el directorio del Banco Central y
devolviéndole autonomía plena. También podría generar un plan de endeudamiento
y amortización creíble dentro de un marco sostenible, y explicárselo a esos
mismos inversionistas que hoy el gobierno toma por sorpresa con su improvisada
estrategia de deuda. ¿Será fácil? No. Se heredarán unas reservas mínimas, una
PDVSA con una capacidad muy mermada y agobiada por los compromisos de deuda.
Para mantener el gasto y tratar de garantizar la gobernabilidad harán falta
recursos. Ese es el principal reto de la administración: Levantar recursos
suficientes para apuntalar las reservas y hacer posible esa transición, sin
necesidad de recortar el gasto de inmediato ni de un ajuste contractivo. Es una
apuesta, sí, pero una apuesta con una buena posibilidad de éxito. Es eso, o es
el gobierno utilizando la única estrategia que le ha quedado disponible: Una
macro-devaluación.
@miguelsantos12
Para El Universa, 25/05/2012