viernes, 27 de julio de 2012

La mano inservible


Hace ya unos años, tras una mala racha de esas comunes en la atención y el servicio de las compañías privadas venezolanas, escribí una crónica que llevaba ese título: La mano inservible. En aquél entonces se oía mucho entre los opinólogos de radio y televisión, y en círculos empresariales y académicos, que era urgente insuflar al Estado con “la lógica privada”. Ese argumento proseguía, y todavía hoy  transcurre por esas líneas, con la necesidad de incorporar gente con experiencia en el sector privado a la provisión de bienes y servicios públicos.

Es una idea que, sin ser del todo incorrecta, merece una reflexión. Ese pésimo servicio, ya característico de la mayoría de las empresas privadas, venía acompañado por otras conductas menos evidentes, pero igual o más perjudiciales para el bienestar común. Hay que precisar que, en los últimos años, el deterioro se ha visto en parte acelerado y en parte excusado por las carencias de nuestra economía, escasez de divisas a tasa oficial, lentitud en los puertos, corrupción, fuga de talentos y hasta la propia inseguridad. Pero decir que se debe exclusivamente a eso sería negar una realidad que ha estado presente desde el mismísimo origen de nuestra decadencia, y de raíces bastante más profundas.

A fin de cuentas, nuestro sector privado nació y creció dentro de un mercado cerrado, hijo del esquema de sustitución de importaciones. Esas condiciones, ya para entonces superadas por otras economías de la región (aquí también llegamos tarde), produjeron una estructura de producción fuertemente monopolizada. Se trataba de ocupar, lejos de la competencia internacional, el mercado nacional, y de crecer moviéndose a través de diferentes sectores no siempre vinculados. Prevaleció el hacer muchas cosas, sobre el hacer una sola cosa bien. Sobre esa estructura cayeron las bonanzas petroleras de los setenta y ochenta. La inversión privada se incrementó, sí, pero se producía cada vez menos. Se trataba simplemente de “estar ahí” para apropiarse de una fracción de la renta petrolera. En lugar de la eficiencia, la productividad y la creatividad, en la generación de beneficios prevaleció la defensa de las prebendas, en un sistema con demanda garantizada, bajos impuestos y tasa de cambio sobrevaluada. Las crisis sucesivas han llovido sobre mojado, obligando a recortar costos y disminuir los ya de por sí bajos niveles de servicio.

La amenaza del socialismo y la estatización ha provocado una especie de ola de arrepentimiento nacional. La creatividad que los empresarios se ahorraron en otra época les ha sido exigida al máximo, esta vez para sobrevivir a la revolución. Ahora se abre una posibilidad, un camino. Se requiere, sí, restablecer el sistema de incentivos, remunerar el esfuerzo productivo, utilizar la competencia como herramienta contra la inflación, dentro de un esquema que garantice la igualdad de oportunidades. Pero más allá de eso, se necesitan empresarios comprometidos, no con el candidato de oposición, sino con la sociedad en su conjunto. Más dispuestos a competir, menos mercantilistas. Más solidarios, y menos propensos al millonario evento de PR que los retrata en la donación a la escuelita. ¿Habremos aprendido algo? Sólo vamos a saber en su momento.

@miguelsantos12

Para El Universal, 27/07/2012

domingo, 15 de julio de 2012

Narciso y Goldmund: Entre vivir y pensar


La disputa sin límites entre la carne y el espíritu, entre las formas más puras de experimentar el arte y el pensamiento o la contemplación religiosa, entre la urgencia de vivir y la necesidad de estabilidad. En última instancia, entre el vagabundo y el sedentario que todos llevamos dentro. Narciso y Goldmund atraviesan todas estas esferas, cada uno en su orilla; la historia de una amistad intensa e incómoda. A fin de cuentas, también entre éstas dos últimas – intensidad versus comodidad – debemos decidir de forma irrevocable. Hacía mucho tiempo que no dejaba tantas notas en las márgenes, tantos subrayados, como en esta novela de Herman Hesse.

Al claustro de Mariabrönn llegan una mañana a caballo un hombre entrado en años y su hijo adolescente, Goldmund. Este último ha sido inscrito en el colegio que funciona en el monasterio, y allí conoce a Narciso, uno de los monjes más jóvenes. Desde ese primer momento es evidente que ambos, tanto Narciso entre los frailes como Goldmund entre los alumnos internos, destacan muy por encima de sus pares. Este último se entrega a los deberes del claustro con una devoción que resulta más de la necesidad de pertenencia que de la convicción religiosa: Su madre ha muerto cuando apenas era un niño y jamás se ha sentido a gusto al lado de su padre. Narciso, un aventajado intelectual, reconoce de inmediato esta realidad y el infranqueable abismo de cualidades que lo separan de Goldmund. Cada quien debe estar “en el lugar y la función en donde le resulte más fácil realizarse, según su naturaleza”. Al principio Goldmund se revelará ante estas advertencias de Narciso, considerando que el monje menosprecia sus cualidades para la vida de contemplación religiosa. Esta tensión llevará a un primer choque entre ambos, uno de los momentos cumbres de la novela: “Naturalezas como la tuya, Goldmund, con sentidos agudos, orientados al alma, soñadores y poetas, siempre serán superiores a la nuestra, meras criaturas del pensamiento. Vivirás intensamente, dotado de la habilidad y la fortaleza para amar, la capacidad para sentir. Mientras, otros como yo, criaturas de la razón, no viviremos a plenitud, existiremos en tierras áridas, aunque parezca a ratos que somos nosotros quienes guiamos y gobernamos sobre ustedes. Tuya será la plenitud de la vida, el jardín de la pasión, el magnífico paisaje del arte. Tu lugar será la tierra, el mío el mundo de las ideas. Correrás peligro de ahogarte en el imperio de los sentidos, mientras nosotros nos sofocamos en el vacío. Serás un artista, yo un pensador. Tu dormirás alimentado por la madre tierra, yo despertaré en el desierto”.

A partir de aquí Goldmund abandona el monasterio, y no volverá a ver a Narciso hasta el final, cuando volverán a tener un último encuentro de consecuencias igual de trascendentes. Goldmund hará su vida de vagabundo, dormirá bajo los puentes y en las puertas de las iglesias, ya en cobertizos de paja, al lado de los caballos, o acompañado por hermosas mujeres. Sobrevivirá a la peste negra, trabajará en diversos oficios, las más de las veces haciendo lo mínimo para subsistir y ganar algo de sustento para el viaje. Tendrá compañeros a lo largo del camino, que terminarán por abandonarlo: “No llegarían muy lejos, sus manos eran muy delicadas, regresarán allí a donde la vida es más fácil y cómoda, una cama conyugal cálida y aburrida, algún claustro en donde engordarán en paz, o acaso algún despacho con calefacción”. Goldmund descubrirá la vida “en el rápido y luminoso relámpago del deseo, en su llama menguante, sólo allí encontraría el apogeo de la experiencia humana, de todos los placeres y sufrimientos”. Hay en toda su experiencia un paréntesis en donde Goldmund se encuentra con el arte. Tras descubrir la pureza de la creación en una madona, contactará con el maestro escultor y se convertirá en su aprendiz. Siguen aquí un buen número de años en donde se entregará a la escultura en madera y conseguirá tallar una impresionante imagen de San Juan, personificado en las facciones de Narciso. Recibirá el reconocimiento público y se le abrirán las posibilidades de una vida más afluente, más cómoda, más estable. A esto también renunciará. Admira a su Maestro Niklaus, de quien ha aprendido todo lo que sabe de arte, pero también lo desprecia: “¿A dónde lo ha llevado esta vida? Se ha convertido en un padre temeroso, que nunca superó su condición de viudo, paso su vida asistiendo a las reuniones del gremio, siempre en aquella casa con su hija y su sirviente, lejos de la vida, sin hambre, sin sed, sin bellezas y sin horrores”.

Así se llega al encuentro final. Una serie de circunstancias afortunadas conducen a un Goldmund rico en experiencias y ya pleno de vida de vuelta al claustro de Marienbrönn, donde desde hace años ya Narciso es el superior de la abadía. Juntos evalúan nuevamente su naturaleza y los cursos de sus vidas. Según Goldmund, para seguir el camino del arte “habría sido necesario renunciar a una parte de mi juventud, a mi libertad, a mi vida errante, al placer del cortejo de hermosas mujeres, que es la fuente de donde he bebido… Me habría sentido vacío, mi corazón se habría secado”. ¿Era posible la estabilidad sin sacrificar los propios sentidos? “Quizás… quizás habría gente que, habiéndose asentado, no habían visto vaciarse sus corazones por la ausencia de libertades y de riesgos. Quizás. Pero, en su largo trajinar, el nunca había conocido a ninguno”.

Hesse tiene el coraje y la honestidad suficientes como para no tomar partido. Aún así, y quizás debido al enorme valor que nos inculcan por la estabilidad, dedicará sus páginas finales a describir la conmoción que este último encuentro causa en la vida de Narciso. Desde arriba, “tratando de ponerse en los ojos de Dios”, reflexiona sobre su trayectoria vital. “¿Es ésta vida ejemplar de orden y disciplina, de renuncia a los placeres de los sentidos, de distancia en relación con el barro y la sangre, acaso mejor que la de Goldmund? ¿No había sido mucho más valiente Goldmund, abandonándose a sí mismo, sumergiéndose en el raudal de la realidad, del caos, capaz de equivocarse, pecar, y aceptar sus amargas consecuencias, en lugar de aquél lavarse las manos, de aquél retiro a los jardines artificiales y armoniosos del pensamiento? ¿No era más noble y exigía más coraje el vagar por los bosques, con los zapatos rotos, el andar bajo el sol y la lluvia, el jugar el juego de los sentidos y estar dispuesto a pagar por él?”. ¡Qué pobre se siente su vida, qué vano su conocimiento, su disciplina, su dialéctica!

Al final, toda la capacidad para las ideas, el análisis y el pensamiento abstracto que ha desarrollado Narciso no será suficiente para darle la respuesta. Ni siquiera cuando, tras un último esfuerzo por volver a los placeres de antaño, Goldmund caiga enfermo y muera de forma prematura. Aún en ese momento, Narciso se da cuenta de que un hombre predispuesto por sus dones a grandes cosas, no se vuelve común y fútil por el hecho de vivir en ese compromiso diario con el presente, en ese esfuerzo por mantener siempre encendida la chispa divina en el altar de su alma.

@miguelsantos12

Para El Universal, 15/07/2012

sábado, 14 de julio de 2012

Lágrimas de cocodrilo...


A propósito de esta foto, y tras verse a sí misma en los videos gritando, riendo y aplaudiendo eufórico el paquete de Mariano Rajoy, la VP Soraya Sánchez ha organizado una rueda de prensa ayer en donde ha aparecido "muy compungida", "muy afectada por las consecuencias que estas medidas tendrán entre los parados y los más necesitados..." ... "Se trata de salvar al país" ...

http://economia.elpais.com/economia/2012/07/13/actualidad/1342216640_324202.html






viernes, 13 de julio de 2012

La importancia de la actitud y las formas...

Esta foto, ilustra perfectamente lo que quise decir esta mañana en mi artículo "La popularidad del Partido Popular", en relación con la importancia de los líderes y de las formas que rodean un proceso de ajuste económico



La popularidad del partido popular


Ya se veía venir cuando caminaba hacia el estrado, buscando en las miradas de su bancada un punto de apoyo, acaso gestos de asentimiento que lo reafirmaran. Leyó de cabo a rabo, sin convicción, el tono monocorde y desapasionado. Si alguien en ese momento resintió su carencia absoluta para inspirar al sacrificio, tendría que haber esperado a la interpelación. Allí, ya sin guión, Mariano Rajoy lucía totalmente perdido, aún más desganado. Sería interesante poder medir cuánto del desasosiego en las calles, qué fracción de la densa sensación de desorientación que predomina viene del paquete de medidas en sí, y cuánto ha sido engendrado por el propio Rajoy.

Como el programa de ajustes es ya conocido, sólo me voy a referir a él brevemente. Algunas medidas, en esencia relativas al mercado laboral y reorganizaciones del sector público, son muy necesarias. Sobre las otras, como el aumento del IVA general de 18% a 21% y del reducido (alimentos) de 8% a 10%, y el recorte de gasto across the board, soy bastante menos optimista. Y es que no hay muchas experiencias exitosas de países que hayan conseguido salir de una recesión así con política fiscal restrictiva (y menos aún anclados a una moneda única).

Pero, con todo y la magnitud colosal de este ajuste, quisiera llamar la atención sobre la actitud y las formas. Hace dos años, Rajoy arengaba al gobierno de Zapatero por promover un recorte de 15.000 millones de euros en el gasto. El programa anunciado hace dos días implica recortes de 65.000 millones de euros. Rajoy primero prometió no subir impuestos, haciendo particular énfasis en el IVA. Poco después dijo que subiría el impuesto sobre la renta para poder cumplir su promesa de no subir el IVA. Ahora ha terminado por subir los dos, todo en poco más de ocho semanas. Peores aún han sido sus alardes de soberbia frente a Europa (me hizo recordar a Caldera): “España no se someterá a las condiciones de nadie”. Hace dos días ha reconocido que ya no tiene margen de maniobra ni libertad, y que éste camino de “sangre, sudor y lágrimas” (sic) es el único posible.

Ya uno no sabe cuál es peor: Si pensar que no sabía en dónde estaba parado (si todo esto es tan necesario: ¿por qué no lo hizo antes?) o si más bien no tenía idea de lo grave de la situación. En cualquier caso, me da la impresión de que es muy difícil que una transformación como la que propone pueda tener éxito sin mediar una fuerte crisis política o catástrofe económica (caso Argentina). Y menos aún sin liderazgo. Mientras Rajoy hablaba, la mayoría del partido popular aplaudía y varias veces llegué a escuchar gritos a coro: “¡A trabajar vagos!” y uno mucho más intrigante: “¡A Cuba!”. Más allá de mis carencias como extranjero para comprender estos códigos, no luce como una posición muy conciliadora. A la salida lo protegieron doce carros blindados de policía y otros tantos agentes a caballo. Unas cuadras más allá, la policía reprimía brutalmente a la marcha minera. Zapatero se derrumbó a los seis años de gobierno, a falta de dos. Rajoy se viene abajo apenas a los seis meses. Se ha creado un enorme y peligroso vacío político, la popularidad del partido popular se ha venido en picada y el partido socialista no sube. Son tambores que ya hemos escuchado en otros desfiles.

@miguelsantos12

Para El Universal, 13/07/2012

viernes, 6 de julio de 2012

Crecer con empleo y sin empleo


A raíz de la crisis financiera han ocurrido varios hechos difíciles de explicar, de esos que estimulan el pensamiento y ayudan a empujar las barreras del conocimiento. La crisis ha dado al traste con algunos paradigmas, propuesto nuevas preguntas y desvelado matices que hasta entonces nos eran desconocidos. Uno de estos tiene que ver con el hecho de que la mayoría de los países desarrollados han recuperado ya la mayor parte de la actividad económica perdida durante la crisis, pero este crecimiento no ha traído consigo nuevos empleos. Estados Unidos, por ejemplo, ha recuperado en tres años los quince puntos porcentuales del PIB que perdió con la crisis, mientras el desempleo se mantiene en algo más de 9%. La Unión Europea recuperó dos tercios del PIB perdido entre diciembre 2007 y abril 2009, pero la tasa de desempleo alcanzó al cierre 2011 su punto más alto (10%). ¿Cómo se conjuga la recuperación sin empleo?

Un equipo de trabajo encabezado por Guillermo Calvo ha propuesto una explicación novedosa y bastante sugestiva. Me aventuro a compartirla con ustedes sólo por el hecho de que supera con creces el test de la abuela (término acuñado por Tyler Cowen: si tu abuela no es capaz de entenderlo, es demasiado complejo como para ser verdad). El argumento parte de la caída en el valor de los activos libres de riesgo que trajo consigo la crisis: Pasaron de 41% del PIB mundial en 2007 a 26% en 2011. Y he aquí detalle: La caída en el valor de los colaterales no afecta a todos los proyectos por igual. “Los proyectos que tienen un mayor contenido de mano de obra son relativamente más difíciles de financiar a través del crédito”. ¿Por qué? Porque los de capital intensivo utilizan como colateral la planta y los equipos (“ya vienen con su propio colateral”), mientras que no se deriva ningún colateral de proyectos de mano de obra intensiva. Por esta razón, la recuperación ha sido espoleada por sectores intensivos en capital. Mientras los activos libres de riesgo que sirven de colateral a los préstamos sigan siendo relativamente escasos, habrá tendencia a favorecer proyectos que traigan consigo su propio colateral.

Guillermo Calvo también ha dado con otros hechos interesantes que no forman parte de esta investigación (aún no publicada) y cuyos mecanismos aún no han sido del todo esclarecidos. Aquellos países con inflación muy baja han recuperado su actividad económica sin nuevos empleos (y con mayores salarios), mientras que en aquellos con inflación moderada el crecimiento ha traído consigo nuevos puestos de trabajo (con menores salarios). Nuestro caso es el peor de los escenarios, porque a pesar de que la inflación hace flexibles los salarios reales (que por ley son inflexibles hacia abajo), la legislación laboral es de las más restrictivas del mundo, lo que inhibe la contratación. Por esa razón los salarios reales exhiben una volatilidad idéntica a la del PIB (recae sobre ellos todo el peso del ajuste). Esto no tiene nada bueno (junto con otras causas, hace al consumo más volátil que la producción), nos obliga a pensar sobre las implicaciones de nuestras leyes laborales en la creación de nuevos empleos. Aquí, y en las restricciones al crédito, se encuentran dos de los factores que nos tienen las alas amarradas. Pero sobre esto volveré más adelante.

@miguelsantos12

Para El Universal, 06/07/2012