Venezuela está en sus mínimos de
reservas internacionales de los últimos cinco años. Habría que remontarse a la
caída de los precios del petróleo tras la crisis financiera de 2007 para dar
con un nivel menor. Sin considerar ese hito específico, estas son nuestras
reservas más bajas de los últimos siete años. Los 25.581 millones de dólares
registrados por el BCV esta semana apenas alcanzan para algo menos de siete
meses de importaciones. Más de 70% está en oro, y aunque los volúmenes están
allí, el valor ya es otra cosa. Por ejemplo, la semana pasada el BCV cambió el
precio al que valora el oro, de promedio de los últimos dos meses a promedio de
los últimos seis meses. Con este cambio se evitó presentar una caída de 2,7% en
las reservas como consecuencia del reciente debilitamiento del precio del oro
en el mercado internacional. Otro 16% está en derechos especiales de giro a los
que tenemos acceso por nuestra membresía en el Fondo Monetario Internacional.
Estos dos rubros (oro y FMI) se consideran reservas no operativas, y representan
más de 86% del total. Visto así, la parte líquida (14% del total) apenas
alcanza para 28 días de importaciones.
Varios disparates legales, entre ellos
la introducción de la idea de “reservas excedentarias” y la eliminación de la
obligación de PDVSA de liquidar todas las divisas que obtiene por venta de
petróleo en el BCV, han ido drenando cada año miles de millones de dólares
hacia fondos sin ningún tipo de mecanismos institucionales de rendición de
cuentas. La introducción de las reservas excedentarias obliga al BCV a
transferir a FONDEN todo el “exceso” por encima de cierto límite, sin que en el
proceso se recoja la contrapartida en bolívares que esos dólares generaron
cuando ingresaron al BCV. Esta locura ha causado que la relación de liquidez a
reservas supere ahora mismo los 21 bolívares fuertes por dólar, cinco veces el
cambio oficial, cuatro veces el SITME, más de dos veces la cotización del dólar
paralelo.
Así, los bolívares se han quedado
flotando en el aire, lo que entre otras cosas ha contribuido a que hayamos
cumplido una década entre las inflaciones más altas del planeta. Esto, a su
vez, ha corroído el poder adquisitivo de los sueldos y salarios,
particularmente en el sector privado. Según el BCV, el poder adquisitivo de los
trabajadores privados (80% del total, pues este agregado combina privados
formales e informales, que son acaso más privados que ningún otro) está ahora 27%
por debajo de 1998.
Esta situación nos lleva a una profunda
asimetría: De ganar Chávez las elecciones del próximo 7-O se vería obligado a
ejecutar una macro-devaluación, sí, pero tendría disponibles algunos de los
recursos de los fondos. Estas disponibilidades varían – según con quien se
hable, según si se consideren comprometidos o no – de unos pocos miles de
millones de dólares a decenas de ellos, así de transparentes son las cuentas.
Por el contrario, existe un consenso unánime: de ganar la oposición será muy
difícil contar con las disponibilidades de esos fondos paralelos, serían
saqueados sin margen de duda entre octubre y diciembre (lo poco que podamos
hacer nosotros para evitarlo ya se está haciendo). Así es la revolución bonita.
@miguelsantos12
Para El Universal, 25/08/2012