Tras pasar los últimos meses
pensando en cómo corregir los desequilibrios de la economía sin impactar el
consumo de las familias de menores ingresos, estamos en buena posición para
analizar lo que se nos viene en 2013. El gobierno ha conseguido cabalgar las
elecciones con el gasto público más elevado de nuestra historia. En términos
del tamaño de la economía el gasto público (gobierno central, PDVSA, FONDEN,
Fondo Chino e hijos de estos últimos) superó el 50%, cuando América Latina
promedia 30%. El aumento fue equivalente a 33% más de gasto por persona en sólo
un año.
Dado que nuestros ingresos no
aumentaron de forma significativa, incurrimos en un déficit de 19% del PIB: Por
cada cuatro que nos ingresan gastamos cinco. ¿Qué tan grave es eso? Llevar la
gasolina de un céntimo a setenta y cinco bolívares el litro recaudaría 1,6% del
PIB. Cada 1% de IVA levanta 0,5% del PIB. ¡De ahí a 19%! España hoy se ahoga en
un déficit de 8% del PIB y riesgo país de 4%, nosotros con un déficit de más
del doble tenemos una prima de riesgo que ronda 10%. ¿Cómo fue posible
financiar en 2012 ese hueco colosal?
El gobierno utilizó tres mecanismos.
En primer lugar, el BCV cubrió con emisiones de dinero el déficit de PDVSA (que
paga regalías por barriles que no cobra y lleva una pesada carga del gasto
social). ¿Cómo funciona esto? PDVSA firma pagarés al Banco Central a cambio de
circulante. En 2012 este mecanismo financió 6,4% del PIB (o un tercio del
déficit). Ahora bien, una vez que PDVSA paga a proveedores y empleados, el
dinero sale a la calle e ingresa en el sistema financiero. Como la demanda de
crédito productivo está estacionada, los bancos utilizaron esos depósitos para
comprar títulos de deuda pública. Así se financiaron otros 12% del PIB (60% del
déficit). Por último, una parte pequeña (1,6% del PIB) se financió emitiendo
deuda externa.
¿Cuáles son los riesgos de esta
estrategia? Esta secuencia de políticas provocó un crecimiento fenomenal de la
liquidez, que en las semanas previas a la elección llegó a 60%-65% (vs. misma
semana del 2011). Una expansión así, cuando el crecimiento es de 5%, es
consistente con una inflación mucho mayor. No ha sido así, pero es un riesgo
latente. En lugar de inflación, lo que hemos observado es una caída en la
velocidad de circulación del dinero: Es como si los bolívares se hubiesen
estacionado y hubiesen dejado de perseguir bienes. Entre 2006 y 2012 el número
de vueltas que un bolívar de liquidez da al año bajó de seis a tres (ver imagen abajo). Difícil
que caiga más. Si seguimos imprimiendo dinero a este ritmo el riesgo de caer en
una espiral inflacionaria más acelerada será cada vez mayor. Algo de esto
habrá. El gobierno también recortará el gasto en 2013 y ejecutará una
devaluación heterodoxa que combine mayores tasas de cambio a nivel de CADIVI,
SITME y el dólar negro. Todas estas medidas tendrán impactos negativos sobre el
crecimiento, o al menos lo han tenido en nuestra historia. Dado que los
pronósticos de precios del petróleo son estables, a uno le cuesta pensar de dónde
saldrán los 2% o 3% de crecimiento que muchos analistas, bancos e instituciones
multilaterales tienen previsto para Venezuela. ¡Todo un paquetazo!
@miguelsantos12
Para El Universal, 26/10/2012
