viernes, 26 de octubre de 2012

Perspectivas 2013: ¿Viene el lobo?


Tras pasar los últimos meses pensando en cómo corregir los desequilibrios de la economía sin impactar el consumo de las familias de menores ingresos, estamos en buena posición para analizar lo que se nos viene en 2013. El gobierno ha conseguido cabalgar las elecciones con el gasto público más elevado de nuestra historia. En términos del tamaño de la economía el gasto público (gobierno central, PDVSA, FONDEN, Fondo Chino e hijos de estos últimos) superó el 50%, cuando América Latina promedia 30%. El aumento fue equivalente a 33% más de gasto por persona en sólo un año.

Dado que nuestros ingresos no aumentaron de forma significativa, incurrimos en un déficit de 19% del PIB: Por cada cuatro que nos ingresan gastamos cinco. ¿Qué tan grave es eso? Llevar la gasolina de un céntimo a setenta y cinco bolívares el litro recaudaría 1,6% del PIB. Cada 1% de IVA levanta 0,5% del PIB. ¡De ahí a 19%! España hoy se ahoga en un déficit de 8% del PIB y riesgo país de 4%, nosotros con un déficit de más del doble tenemos una prima de riesgo que ronda 10%. ¿Cómo fue posible financiar en 2012 ese hueco colosal?

El gobierno utilizó tres mecanismos. En primer lugar, el BCV cubrió con emisiones de dinero el déficit de PDVSA (que paga regalías por barriles que no cobra y lleva una pesada carga del gasto social). ¿Cómo funciona esto? PDVSA firma pagarés al Banco Central a cambio de circulante. En 2012 este mecanismo financió 6,4% del PIB (o un tercio del déficit). Ahora bien, una vez que PDVSA paga a proveedores y empleados, el dinero sale a la calle e ingresa en el sistema financiero. Como la demanda de crédito productivo está estacionada, los bancos utilizaron esos depósitos para comprar títulos de deuda pública. Así se financiaron otros 12% del PIB (60% del déficit). Por último, una parte pequeña (1,6% del PIB) se financió emitiendo deuda externa.

¿Cuáles son los riesgos de esta estrategia? Esta secuencia de políticas provocó un crecimiento fenomenal de la liquidez, que en las semanas previas a la elección llegó a 60%-65% (vs. misma semana del 2011). Una expansión así, cuando el crecimiento es de 5%, es consistente con una inflación mucho mayor. No ha sido así, pero es un riesgo latente. En lugar de inflación, lo que hemos observado es una caída en la velocidad de circulación del dinero: Es como si los bolívares se hubiesen estacionado y hubiesen dejado de perseguir bienes. Entre 2006 y 2012 el número de vueltas que un bolívar de liquidez da al año bajó de seis a tres (ver imagen abajo). Difícil que caiga más. Si seguimos imprimiendo dinero a este ritmo el riesgo de caer en una espiral inflacionaria más acelerada será cada vez mayor. Algo de esto habrá. El gobierno también recortará el gasto en 2013 y ejecutará una devaluación heterodoxa que combine mayores tasas de cambio a nivel de CADIVI, SITME y el dólar negro. Todas estas medidas tendrán impactos negativos sobre el crecimiento, o al menos lo han tenido en nuestra historia. Dado que los pronósticos de precios del petróleo son estables, a uno le cuesta pensar de dónde saldrán los 2% o 3% de crecimiento que muchos analistas, bancos e instituciones multilaterales tienen previsto para Venezuela. ¡Todo un paquetazo!



@miguelsantos12

Para El Universal, 26/10/2012

viernes, 19 de octubre de 2012

7-0: ¿Cuánta necesidad y cuánta convicción?


No había tenido oportunidad de escribir aquí tras las elecciones del 7-O. Rómulo Gallegos solía decir que tanto a los hechos como a las letras hay que dejarlos ahí, reposando, para evitar los errores propios de la escritura repentina y del entusiasmo del hecho reciente. Ha habido tiempo ya de que aparezca una amplísima gama de opiniones y matices. Nos hace mucha falta, pues hemos asimilado con asombrosa efectividad la costumbre de recurrir a la miseria personal y al insulto para descalificar a quienes piensan diferente. En esto también ha sido pionero Rómulo Betancourt: "Uno suele considerar inteligentes a quienes piensan como uno". Y viceversa, agregaría yo.

En esas estaba, repasando cuáles de mis ideas no habían sido ya expresadas por otros y qué formas podrían contribuir a presentarlas de manera diferente, cuando dí con el post “OtrasVoces” de Juan Nagel (www.caracaschronicles.com). Su punto central es que jamás seremos capaces de vencer a Chávez a menos que ocurra un “fenómeno natural imprevisible” (la enfermedad del Presidente resultando en un desenlace prematuro o una caída en los precios del petróleo). Siendo así, como no depende de nosotros, la oposición debería sentarse a esperar ese colapso y, mientras tanto, dejar de alabar las misiones, ser claro en relación con la insostenibilidad del subsidio a la gasolina, tomar una postura clara en contra de las nacionalizaciones y defender abiertamente la privatización.

Algo de cálculo político hubo, qué duda cabe, natural en todo proceso electoral (si alguno tiene dudas no tiene más que observar a Mitt Romney). Pero de ninguna manera alcanza para explicar la oferta electoral de Henrique Capriles. Buena parte de las promesas de campaña se derivaron de las convicciones del candidato y de los miembros de su equipo de trabajo. Entre nosotros no estaban las Misiones como la solución última a nuestra problemática social, pero sí formaban parte de un esquema de transición, mientras (he aquí el elemento diferenciador) la administración se las arreglaba para restaurar la red de asistencia social. Nadie tenía en mente pasar seis años sin ajustar el precio de la gasolina, pero sí se tenía claridad acerca de la necesidad de mantenerlo mientras no existiera un sistema efectivo de subsidio al transporte público que colocara el peso del aumento sobre los hombros de los más afluentes. Creíamos en la regulación y en la negociación porque, en un sistema que ha dejado en pie dos o tres jugadores por industria, la libre competencia no sería muy efectiva en el combate contra la inflación. Más que ejemplos puntuales, se trata de una concepción distinta de la política social, acaso también de algún sobre-aprendizaje del ajuste de 1989.

Desde mi punto de vista, el mensaje asistencial en algún momento extravió la narrativa del progreso. Sí, te vamos a apoyar, porque el fracaso de la política social por más de treinta años te ha dejado sin oportunidades de enchufarte por tí mismo en el progreso. Pero vamos a hacer todo lo posible para que tus hijos jamás tengan que venir aquí a pedir nada, para que no se vean obligados a volver aquí en ese estado de vulnerabilidad y dependencia. Esta última parte me hizo falta. Pero yo no soy un experto en estos temas de comunicación, ni puedo garantizar que de haber tenido un mensaje más redondo el resultado electoral habría sido diferente. Muy probablemente no, muy probablemente 45% es una de las cotas más altas que se pueda alcanzar cuando se enfrenta a alguien que cuenta con todos los recursos y las instituciones del Estado al servicio de su candidatura, y en un momento en que el barril de petróleo venezolano pasa de cien dólares. El punto es que el mensaje se puede, y se debe, discutir. La campaña y su mensaje son claramente perfectibles. Sólo quiero resaltar aquí que detrás de la oferta electoral y de la necesidad de desmarcarse del “paquetazo oculto” (que Juan parece dar por sentado), había mucha más convicción que cálculo político.

@miguelsantos12

Para El Universal, 19/10/2012

viernes, 5 de octubre de 2012

Vota: Súbete a los hombros de gigantes

"Si he logrado ver más lejos que otros,
ha sido sólo porque he subido a hombros de gigantes".
Isaac Newton

Empezamos a trabajar hace ya unos cuantos meses, cuando lo que está ya a sólo tres días parecía un evento lejano. Venezuela es así, hablar de algo que va a ocurrir más allá de seis meses es hablar del largo plazo. Teníamos algunos lineamientos claros de partida. Queríamos proteger el consumo de las familias de menores ingresos. Buscábamos una fórmula para hacerlo sin llevar hasta el límite la capacidad de endeudamiento, para darle fundamentos a esos niveles de consumo, inscrito dentro de un programa de verdadera movilidad social. Para eso, se hacía necesario deslastrar al sector privado y restablecer su capacidad de funcionamiento dándole un mínimo de garantías. Después de todo, todavía ocho de cada diez personas que declaran tener un empleo vienen de allí, incluyendo a los informales, acaso los más privados de todos. Debíamos trazar con filigrana la trayectoria entre el aquí y el ahora y esa Venezuela posible que todos teníamos en la cabeza y en el corazón. Y dentro de esto, garantizar que cada etapa en ese camino representaba una mejora continua con respecto al estadio anterior. Debíamos ser transparentes y predecibles, no darle malas sorpresas y nadie y administrar con prudencia las buenas noticias.

A diferencia de la mayoría de los demás equipos, nuestro trabajo ha tenido una naturaleza muy particular: No tenemos un vínculo expreso con el proceso de ganar,  menos aún con el aquellos encargados de proteger nuestros votos. La mayoría de lo nuestro, el cómo, la secuencia, obstáculos legales, opciones y caminos que podrían surgir una vez en marcha, sólo entrarían en juego si otros hacían su trabajo. Es así como suelen funcionar las grandes empresas, es así como los países enfrentan los grandes retos. En medio de esa tarea hubo muchas noches en que a todos nos surgía la duda, en que por esos pasillos de la conciencia se colaron las inquietudes naturales, en que alguien decía “ya en noviembre deberíamos estar en…” y todos pensábamos de forma tácita y colectiva si llegaría ese día en que podríamos compartir nuestro trabajo con los responsables de la ejecución y decirles aquí está, este es el punto de partida, hay una gran parte de la tarea ya hecha. Esas vacilaciones eran barridas por la mera probabilidad de que así fuera, también por la talla ciclópea de la tarea. La primera vez que le oí a Arturo Uslar Pietri esa expresión debí recurrir a aquellos gruesos diccionarios Larousse que formaban parte de todas las listas de útiles escolares de antaño: Gigantesca, relativa a los cíclopes, gigantes de la mitología griega dotados de un solo ojo. Un símil que hoy se me antoja que podría ser útil: Ulises, en su largo trajinar de diez años desde Troya hasta Ítaca, habrá de superar a un cíclope tras haber éste devorado a dos de sus compañeros. Para hacerlo Ulises se valdrá de la estratagema de emborracharlo con los toneles de vino que le había obsequiado el sacerdote de Apolo para el camino, y una vez ebrio, le clava al cíclope una estaca en el corazón.

El tamaño, por un lado, y la presión colectiva, por el otro. Mucha gente trabajando a todo tren, desde arriba hasta abajo, muchos jóvenes poniéndole el alma y lo más valioso que tienen, a fin de cuentas muchas horas de sus días y su tiempo, consagrados a la tarea de proteger nuestros votos. No dejes que el trabajo de tanta gente, cuyo único objetivo es garantizar tu derecho, se pierda. Sal a votar, exprésate, y démosle gracias a Dios por esos voluntarios y esas enormes posibilidades que nos abre el sencillo acto de votar.

@miguelsantos12

Para El Universal, 05/10/2012