domingo, 30 de diciembre de 2012

Ya no hay por qué correr


Ahora que se termina el año, cuando algunos signos apuntan hacia otro evento electoral muy poco auspicioso, se me vino a la mente aquella mañana de domingo en Catia. Nos habían dicho que “lo de Capriles” empezaría a las doce, pero ya avezados con la dinámica del candidato, llegamos al boulevard alrededor de la una. Yo había estado un par de veces antes en Catia, en el Barrio el Observatorio, por cortesía del Padre Armando Jensen, pero aquello era otra cosa. Ahora sé que la magnitud de Catia es suficientemente vasta como para eso, para albergar espacios con rasgos y ritmos muy distintos, que existen “las afueras de Catia” y que el Observatorio es algo que los vecinos del lugar llaman “allá”.

Estacionamos la moto cerca de la estación del metro. Por allí no había rastros de oposición. Era, como decían los documentos oficiales antiguos cuando así correspondía, “un día de mercado”. El boulevard estaba inmerso en esa actividad frenética, todos sus locales abiertos y la sección pedestre ocupada por vendedores de electrodomésticos. Audífonos con micrófono incorporado, ejecutaban shows demostrativos ante nutridas concurrencias. La propaganda oficial tenía copado cada árbol, cada poste de luz, y no pocas de las fachadas de los comercios. Parados en medio de aquella algarabía, aguzamos los oídos. Nada. Decidimos caminar dos o tres cuadras en cada dirección, hacer una suerte de cruz, convencidos de que así daríamos con la concentración. Por allí cada quien estaba en lo suyo, en el abastecerse de la manera más económica posible. Allí se gestaba la chispa que da origen al hecho económico en su expresión más simple, también la más genuina. Al fin, en uno de esos giros, fuimos sorprendidos por una sucesión de gritos “¡allá va!” y empezamos a correr.

Logramos alcanzar al grupo de avanzada. Una vez en el cauce, el entusiasmo de la concentración era innegable, difícil de conciliar con la apatía de las calles circundantes. La gente en los balcones se asomaba curiosa, no había en ellos euforia pero tampoco animadversión, mientras veían pasar al candidato como una exhalación. Corríamos detrás del 7-0, corríamos para poder dejar de correr. Durante el exigente recorrido, levanté la cabeza buscando aire varias veces y dí así con las señales de tránsito, “Propatria” recto, “23 de enero” a la derecha, “Avenida Sucre”, vaya usted a saber. Nombres que hasta entonces sólo había leído en alguna crónica de José Ignacio Cabrujas. Catia nos había dejado entrar. No se podía concluir otra cosa y, pensándolo bien, no se podía tener aquello a menos.

Allí vive, acaso es allí en donde empieza, el otro país. Un país con rasgos diferentes, con otras urgencias, con una manera muy particular – que hasta hoy nos es no sólo desconocida sino también esquiva – de concebir la cotidianidad y el progreso. En alguna medida se logró interpretar algunas de sus preocupaciones, capitalizar su desengaño. Pero no fue suficiente. Sigue habiendo vastas zonas de Venezuela en donde la oposición no existe. Tanto en presidenciales como en regionales, la cantidad de votos opositores cae de manera exponencial en la medida en que el centro de votación se aleja de las grandes ciudades. Mientras sea así será difícil, ya no digamos ganar, sino mantener el poder con un mínimo de paz social. La coyuntura ahora nos favorece, siempre que estemos dispuestos a esperar. Se abre la posibilidad de que sea el gobierno quien recoja lo que ha sembrado, de que sea a ellos a quienes se les vengan abajo los castillos de arenas del consumo sin producción, a quienes se les haga polvo en las manos la promesa de lo imposible. Mientras tanto, a la oposición le viene muy bien el interregnum para desarrollar ese entendimiento que hoy tanta falta nos hace, para sembrar lejos de las grandes ciudades una estructura que sirva de cuerpo y de extensión a la carrera del candidato, para elaborar esa narrativa que atraiga a ese otro país, una en donde se identifique plenamente y que capitalice la enorme decepción. Ya no hay razón para correr. Feliz Año 2013.

@ miguelsantos12

Para El Universal, 30/12/2012

miércoles, 26 de diciembre de 2012

La vida de Pi (sobre la novela de Yann Martel y la película de Ang Lee)



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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
miércoles 26 de diciembre de 2012  12:00 AM
Hay ciertas imágenes muy realistas, y otras en donde uno tiene dudas sobre si lo que está ocurriendo puede realmente ser posible. Hay cientos de colores en paisajes tridimensionales, secuencias en donde la superación de una amenaza absorbe todos nuestros recursos y otras que transcurren en ciertos parajes que se prestan más a la reflexión e invitan a buscarle sentido al conjunto. Hay, por encima de todo, un compromiso irrenunciable con el presente, que coexiste con la renuncia y la entrega allí en donde se encuentra el límite de la voluntad humana. El arquetipo ancestral del hombre en la lucha por la supervivencia, enfrentado a numerosos peligros y obligado por encima de todo a entenderse consigo mismo. Así es La vida de Pi, del escritor franco-canadiense Yann Martel, y así mismo la ha dispuesto en imágenes el director Ang Lee (Sentido y sensibilidadBrokeback MountainEl Tigre y el Dragón), en la película del mismo nombre. 

Tanto el libro como la película están divididos a grandes rasgos en tres secciones, que por las diferencias de ritmo entre un género y otro no necesariamente ocupan las mismas proporciones. Piscine Molitor Patel es un niño criado en Pondichery, en el sur-este de India, "uno de los lugares más bellos del mundo". Uno de sus tíos ha visitado poco antes de su nacimiento una hermosa piscina pública de aguas transparentes en París, de allí deriva en esencia su nombre. Para sacudirse el estigma de la crueldad clásica de la infancia el niño se hará llamar Pi. Esto es algo que consigue gracias a su espectacular habilidad para memorizar los decimales de esa constante, que describe la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro, un número infinito. 

En esos años Pi se expone a las diferentes religiones que florecen en Pondichery y va armando su propia estructura de creencias, compatible con todas ellas. Una idea que no termina de agradar del todo a su padre, un hombre de negocios que aprovecha la época de prosperidad para abrir un zoológico. "Prefiero que creas en algo completamente diferente de lo que yo creo, y no que creas un poco de todo, porque eso equivale a no creer en nada". En este lugar mágico se desarrollan los primeros años de Pi, hasta que las dificultades económicas llevan a su padre a cerrar el zoológico y embarcarse con los animales en un trasatlántico japonés con destino a Canadá. En el camino una tormenta provocará el naufragio que se llevará consigo a toda su familia y dejará a Pi a la deriva en un bote de rescate con un tigre de Bengala (incidentalmente llamado Richard Parker), una hiena, un chimpancé y una cebra. La escena del barco viniéndose a pique, primero, y ya luego descansando en la profundidad del océano pone fin a esta primera etapa, y acaso también a la infancia de Pi

La segunda parte corresponde a los 227 días que pasará Pi en alta mar. En los primeros compases de esta situación morirán la cebra, el chimpancé y la hiena (los dos primeros devorados por esta última, luego ella devorada por el tigre). Una vez que esto ocurre está ya puesta la escena para el corazón del argumento, que es la lucha de Pi por su supervivencia, a ratos contra el tigre y a ratos con el tigre contra todo lo demás. Es una circunstancia intensa, toda vez que tanto la novela como la película se resisten a romantizar al tigre. Por el contrario, como ya le había quedado claro en un incidente de su infancia, los animales salvajes son eso, salvajes, suelen imponer su ley y sus prioridades por encima de cualquier otra cosa. 

Así, desde el principio, y haciendo uso de la provisión de maderas, chalecos, alimentos y bebidas que traía el bote salvavidas, Pi se verá obligado para poder sobrevivir a establecerse en un espacio distinto, una precaria balsa que también irá evolucionando. Desde allí, en oleadas sucesivas, irá acercándose y alejándose, en esa lucha diaria por el escaso espacio que comparte con Richard Parker. Esta será una pelea de dimensiones épicas que progresará lentamente, a través de numerosos escenarios. Es aquí en donde la tecnología acude en auxilio (no en sustitución) de la historia y se las arregla para darle al espectador una sensación de inmersión que lo envuelve a través de imágenes y sonidos, que durante largos pasajes produce una suerte de sensación onírica, de confusión entre lo real y lo imaginario, en exactamente la misma forma en que lo está experimentando el protagonista. Aquí está lo mejor de la fotografía, y también el mejor del arte del director: Se hace evidente el cambio de rasgos y de color de piel, así como también la pérdida de peso gradual de ambos caracteres. 

La clave está, precisamente, en que todo eso que uno ha venido pensando que no es posible y considerando como inverosímil, es contado de una forma muy creíble por Ang Lee. De hecho, el propio Yann Martel también ha contribuido significativamente con su verosimilitud, pues tanto la novela como la película hacen alarde de una profunda investigación en materia de técnicas de supervivencia en el mar y ciertas condiciones de especies biológicas que pueden ser aprovechadas por un náufrago a la deriva. 

En la tercera y última parte el barco atraca en las costas de México (nada que ver con arruinarle la película al lector, esta es una realidad que se conoce desde el comienzo). Y es que el director ha decidido abrir y cerrar esta secuencia de tres partes con la visita de un escritor canadiense a un Piscine Molitor ya adulto, casado y con dos hijas (después de todo, la historia tiene un final feliz). Esta característica le viene muy bien a la pe- lícula, introduce la perspectiva del que observa a quien cuenta lo ocurrido, una capa adicional al libro, que está narrado en primera persona. 

En esta última parte, unos investigadores japoneses, de la compañía de seguros responsable por el barco naufragado, acuden a visitar a Pi al hospital y escuchan de primera mano su relato. No creen la historia de los animales. "Por favor, cuéntenos algo que resulte más verosímil, algo que tanto nosotros como nuestros superiores podamos creer". Y es entonces cuando Pi decide contar una historia bastante diferente. Mucho más verosímil, partiendo del hecho notable de su supervivencia, mucho más creíble. No ha naufragado con ningún animal, sino con personas, que han ido desapareciendo, aniquilándose, sucesivamente. Es una segunda historia que surge del protagonista con la misma intensidad que la otra, la paralela, que nos ha venido contando. "¿Cuál de las dos historias prefieren ustedes?", pregunta Pi a los investigadores en el libro, y al escritor canadiense en la película. "La versión con los animales". "Esa es también la versión que Dios ha escogido". 

Y aquí cabe preguntarse: ¿Esto es real? ¿Es creíble toda esta historia? Llegados a este punto: ¿Es importante si es real? Sin menosprecio de la historia como ciencia: ¿Qué diferencia existe hoy en día entre lo real, lo que sí ocurrió, y aquellos que sólo recordamos? ¿Por qué vamos a optar por la más común, si ya pasados los hechos, hace tan poca diferencia? ¿Por qué nos íbamos a quedar con una historia más convencional, si los dioses nos han dado la opción de otra mucho más fantástica e intensa? 

@miguelsantos12

domingo, 23 de diciembre de 2012

Gerard Depardieu y la integración europea


Se han escrito muchos modelos matemáticos para tratar de ilustrar las dificultades de contar con una moneda común, sin tener integración fiscal ni libre movilidad laboral. Pero no hay nada como un ejemplo sencillo y aterrizado para transmitir una idea. Hace un par de semanas el actor francés Gerard Depardieu adquirió una casa y fijó su residencia en el pequeño municipio belga de Néchin (2.053 habitantes), a menos de un kilómetro de la frontera con Francia. ¿Por qué? La respuesta es fácil: Depardieu viene huyendo de la retórica “que paguen los ricos” del régimen socialista de Francois Hollande. Bélgica no es precisamente un paraíso fiscal: Sus tasas de impuesto sobre la renta van desde 25% a 50% con un recargo municipal que puede situar el tope en la vecindad de 60%. Pero cualquier cosa es más favorable que el impuesto extraordinario de 75% que Hollande ha introducido para ingresos superiores al millón de euros anuales. “Nuestro verdadero adversario no tiene rostro, no hace campaña, nunca presentará su candidatura y, sin embargo, nos gobierna. Es el mundo de las finanzas". Depardieu no esconde sus motivos. “Francia ha tomado sus decisiones y quiere que otros carguen con las consecuencias”.

La discusión toca aristas mucho más amplias que la competencia tributaria entre ambos países. Dirían los más liberales (en el sentido europeo de la palabra) que la integración obligará poco a poco a los países a ir uniformando sus impuestos, que precisamente es la libre movilidad de capitales la garante de que el equilibrio fiscal se produzca de manera automática, como consecuencia del mecanismo natural del mercado. La teoría en este sentido es impecable, y culmina con un hermoso y frágil equilibrio (ya lo decía Anatole France: el equilibrio de todas las cosas hermosas es muy frágil). Pero en la práctica no funciona así. Veamos por qué.

Cada uno de los ciudadanos de Europa posee una dotación de capital y una capacidad de trabajo. En la medida en que se es más pobre, el patrimonio se concentra en la capacidad de trabajo; en la medida que se es más rico, en el capital. Ahora bien: ¿Cuántos ciudadanos europeos tienen el capital para comprar una casita a un kilómetro de la frontera y establecer su residencia allí, para aprovecharse así de los regímenes fiscales más favorables? Muy pocos. Vayamos al trabajo. Aunque dentro de la Comunidad Económica Europea está garantizada la libre movilidad laboral (presumiblemente se moverán a donde sus conocimientos y capacidades sean mejor valoradas), está bien documentado el hecho práctico de que la movilidad es muy baja, depende de forma directa del nivel de instrucción. Esto quiere decir que trabajadores menos calificados se movilizan mucho menos, en parte porque la movilización en sí misma tiene un costo inicial alto, en parte porque dentro del sector de mano de obra no calificada las ofertas de trabajo se desconocen, no hay cómo hacer el match a distancia. Y luego está el idioma. Por eso las tasas de desempleo entre los países de Europa son tan diferentes, aún cuando los trabajadores son libres de ir de un lugar a otro. Este fenómeno también es cierto dentro de los países: En España coexisten el desempleo de Andalucía (35%) con el del País Vasco (14%). ¡Los trabajadores menos calificados no se mudan ni aún dentro del propio país!

Por todas estas razones, va a hacer falta mucho más que el mecanismo de mercado para equilibrar tasas impositivas y salarios a través de Europa, y mientras prevalezca la crisis, lo más probable es que las diferencias deterioren la distribución del ingreso. Y es que ésta es otra de esas áreas en donde la teoría se parece mucho a la práctica nada más en teoría. En la práctica no se parece.

@ miguelsantos12

Para El Universal, 23/12/2012

viernes, 14 de diciembre de 2012

La enfermedad y la economía


La rueda de prensa de hace seis días ha engendrado un nuevo tornado de opiniones, mezcla de medicina, política y economía, que tiene ese extraño efecto, produce esa sensación de saber menos después de escuchar o leer de lo que sabía antes. Para tratar de sacar algo en claro de ahí me voy a centrar en las consecuencias económicas que trae el recrudecimiento de la enfermedad. Mucho se ha dicho en estos días que ahora el gobierno “va a retrasar la devaluación y el recorte del gasto”. Esta afirmación, puesta en esos términos, da la impresión de que esas políticas eran apenas opciones, o peor aún, que el gobierno tiene margen de maniobra y había decidido ejecutarlas por pura convicción. Y esa es una idea profundamente equivocada. Retrasarlos no supone dejar todo igual hasta que el panorama se aclare, algo que en cualquier caso tardará bastante más de lo que se prevé, sino recurrir a otras medidas iguales o más duras que esas.

El gobierno cerrará el 2012 con un déficit fiscal (consolidando el gobierno central, PDVSA, FONDEN y el Fondo Chino) de 18% del PIB. Para hacernos una referencia de pares: Grecia hoy en día sufre un déficit de 10% y España de 8% del PIB, y se consideran países con altísimos riesgos de quiebra. Ahora bien, no hacer nada deteriora ese escenario. Dado que PDVSA vende dólares al BCV, mientras no se devalúe PDVSA sigue obteniendo los mismos bolívares a cambio de los mismos dólares (no aumentará la producción ni tampoco los precios). Con la inflación en la vecindad de 20%, eso quiere decir que no devaluar deteriora la contribución fiscal del petróleo en términos reales en 3% del PIB. Visto así, no hacer nada equivale a tener un déficit fiscal, como punto de partida, de 21%.

En el año que transcurre el gobierno financió esos 18% del PIB de déficit imprimiendo dinero. Eso significó que la liquidez se incrementó en las semanas que rodearon a la elección en 51%. Por qué este fenomenal incremento de la liquidez no produjo una inflación mucho mayor es algo que aún no entendemos del todo, pero en cualquier caso es una condición con la que no se puede contar en el futuro. Devaluar la tasa promedio a la que funciona la economía en 37% (de 5,5 a 7,5) generaría unos 6% del PIB netos para cubrir el déficit (parte de eso ya se consigue devaluando el paralelo en 100%). En buena parte, ya esa depreciación ocurrió. Aún se tendría que corregir vía recortes del gasto o aumentos de impuestos o gasolina otros 15% del PIB.

Si no se devalúa (lo que implicaría revaluar el paralelo a partir de aquí) y no se recorta el gasto, se hace necesario imprimir una cantidad de dinero colosal para cubrir el déficit. En ese escenario, la liquidez debería crecer alrededor de 70% lo que, en una economía de muy bajo crecimiento, podría generar una inflación del doble de la que tenemos hoy en día. Si no se quiere esa inflación se podrían arreciar con los controles de precio, lo que a su vez provocaría una escasez mayor. Es en ese contexto en el que se deben considerar las consecuencias de la enfermedad: Sí existen formas alternativas de corregir el enorme desequilibrio en el que se incurrió en el año electoral, pero no necesariamente serán menos dañinas en términos de bienestar.

@ miguelsantos12

Para El Universal, 14/12/2012

viernes, 7 de diciembre de 2012

¿Qué hicimos con los reales?


Había pensado en un título que hiciese referencia a aquella parábola de los talentos, que según Jesús un señor entregó a sus tres sirvientes para que los invirtieran durante su ausencia. A fin de cuentas, la reflexión acerca de qué hemos hecho con lo que se nos ha entregado, en qué hemos invertido nuestros recursos, incluyendo el más valioso de todos ellos, nuestro tiempo; y qué hemos sido capaces de conseguir, es de naturaleza mucho más amplia que la mera administración de la extracción petrolera.

En trece años y tres trimestres hemos recibido 674.987 millones de dólares. Es una cifra colosal, que ajustada por la inflación en dólares y por habitante supera en 102% a los catorce años anteriores. ¿Qué hicimos con todo esto? Cerca de dos tercios (61% o 410.596 millones) se fueron en importaciones. Es decir, al bolívar que perdía poder adquisitivo en Venezuela se le mantuvo su poder de compra en el exterior, una política que nos inundó de importaciones y ahogó a los productores nacionales. En esos catorce años la manufactura privada por habitante cayó 9%, disminuyendo su peso en la producción del país de 17% a 13%. En ese período las importaciones por persona crecieron 173%, alimentando un boom de consumo de 53%, en muy buena parte responsable por la popularidad del Presidente (esa es, en mi opinión, una fracción importante de lo que algunos llaman la “conexión emocional”).

¿Y el resto? Nada menos que 25% de la exportación petrolera se ha ido en fugas de capital privado (169.950 millones de dólares). ¿Por qué el gobierno ha permitido esto? No lo ha permitido, lo ha fomentado. En medio del clima negativo para la inversión, si a la aceleración de liquidez que resulta de financiar el déficit imprimiendo real no se le responde ofertando dólares, la inflación hubiese sido mucho mayor. De allí la política de emisiones de deuda bolívar-dólar y las numerosas filtraciones en CADIVI. Si a las importaciones (61%) y a la fuga de capital privado (25%) agregamos el saldo en servicios (viajes, transporte y seguros sobre mercancías: 12%) llegamos a 98%.

Uno llega aquí y, a pesar de la enorme decepción, siente algún alivio derivado del poder contabilizar, así se hayan despilfarrado, los recursos de los que dispusimos. Es sólo una ilusión. El gobierno no sólo ha gozado de una extraordinaria bonanza petrolera, sino que además ha aumentado nuestra deuda externa neta en 73.902 millones de dólares. Y eso sólo contabilizando la deuda financiera que reporta el BCV. Si se incluye la deuda de PDVSA con contratistas, socios y proveedores, y algunas estatizaciones por pagar, pasaríamos de 150,000 millones de dólares. Lo que vuelve a abrir el hueco en nuestras cuentas, muchas de las cuales se han ido por el desaguadero de FONDEN, que hasta ahora ha recibido entre PDVSA y BCV nada menos que 95.554 millones de dólares. ¿Qué hicimos con todo esto? Más aún, ¿qué hicimos con todos nuestros talentos, como país, en estos catorce años? Es un período más largo que la propia guerra de Troya: ¿Qué dejamos? Es una pregunta que agobia, sobretodo a los que hemos tenido la fortuna de recibir más (oportunidades), porque fue así como repartió y juzgó el señor de la parábola: A cada uno según sus capacidades.

@ miguelsantos12

Para El Universal, 07/12/2012

lunes, 3 de diciembre de 2012

¿Quién o qué ganó en Catalunya?


Las elecciones al parlamento de Catalunya me han traído a la memoria algunas de las nuestras de asamblea, gobernadores y alcaldes: Uno los oye a todos decir que han ganado y, según como se vea, puede que así sea.

¿De dónde venimos? Hace dos años Artur Mas, líder de Convergencia y Unión (CiU), ganó la Presidencia de la Generalitat de Catalunya con una mayoría relativa de 46% (62 diputados en un parlamento de 135). En su campaña nunca fue explícito acerca sobre la cuestión independentista. Esa es una carta más reciente, según alega, sacada tras sus diferencias con Madrid en relación con lo que Catalunya contribuye al y recibe del gobierno central. Los sondeos, hasta este año, nunca habían dado más de un tercio a los independentistas, pero la depresión económica revolvió esas aguas y condujo a una manifestación de millón y medio de personas el pasado 11 de septiembre (día nacional de Catalunya). A raíz de ella, Mas decidió adelantar dos años las elecciones al parlamento, buscando una mayoría absoluta que lo empoderara para convocar el referéndum por la independencia.

¿Cuáles fueron los resultados? CiU no sólo no alcanzó la mayoría absoluta, sino que además perdió 12 escaños, una caída de 20% que lo deja ahora con tan sólo 37%. El segundo lugar lo ha tomado Izquierda Republicana (ERC), independentista radical, con una agenda que se ubica en el espectro político opuesto a CiU. Se oponen a los recortes y a las reformas, lo que desde ya permite anticipar que habrá muchos roces, pues el de 2013 será el presupuesto más austero de la historia. ERC ha recogido 11 de los 12 diputados perdidos por CiU, pasando de 10 (7%) a 21 (16%). Luego vienen las dos mayores fuerzas anti-independentistas: el Partido Socialista (PSC) y el Partido Popular (PP), con 20 (15%) y 19 (14%) diputados. El partido verde (ICV) – que favorece la consulta pero no se pronuncia sobre la independencia – saltó a 13 diputados (10%). Y luego hay dos pequeños partidos con posturas radicales, uno anti-separatista (C’s: 9%) y otro independentista (CUP: 2%).

El gobierno central ha utilizado todo su aparato comunicacional, ese mismo poder con el que puso a circular un informe sobre el enriquecimiento ilícito de los líderes de CiU días antes de las elecciones (por el que ahora nadie se hace responsable) para celebrar la caída de Mas como victoria suya y varapalo al proyecto independentista. Estos últimos reconocen que CiU cayó, pero alegan que la cantidad de diputados que favorecen una consulta (CiU + EC + ICV + CUP) suma 65% y los que están abiertamente a favor de la independencia 55% (CiU + EC + CUP).

¿Qué va a pasar ahora? La obligada negociación con ERC hará el proceso mucho más lento, pero no lo detendrá. ¿Se puede asumir que todos los votos de CiU son independentistas? Es difícil de saber. Un ala de Ciu (la que puso la U, Unión Democrática Catalana) favorece un arreglo con Madrid y aborrece a ERC. Rajoy puede ahora esperar, y si la convocatoria progresa podría tantear los sondeos y en caso de emergencia declarar el referéndum inconstitucional. Por ahora, lo único que ha quedado claro, es que el proceso será mucho más largo y también más agrio de lo que Mas previó cuando decidió adelantar las elecciones.

@ miguelsantos12