El surrealismo que nos rodea durante las últimas
semanas ha empujado a muchos a refugiarse en la ficción. La prueba más evidente
son las veces que usted ha escuchado en ese período “es que esto me recuerda a
la película aquella de…”, o “esto parece una novela de…”. Es exactamente eso,
no hay manera de contrastar esa realidad tan esquiva, de reconstruir sus
fragmentos, como no sea recurriendo a esos otros que pudimos haber sido, o que
aún podríamos llegar a ser. Todos, de una u otra forma, nos hemos visto
obligados a introducir en nuestras películas, en la rápida sucesión de imágenes
que a fin de cuentas constituye nuestra realidad, algunas escenas que nos
resultan completamente ajenas, con actores que nos eran totalmente desconocidos.
El resultado “no se parece a nosotros”, otra expresión que he escuchado mucho
aquí y allá, en diferentes contextos. Aunque yo también venga ya de vuelta de
mi propia excursión a la ficción, quería poner en perspectiva algunas cosas que
nos rodean y que en mi opinión, pase lo que pase, ya no van a cambiar. Agrupar
nuestras pocas certezas no es poca cosa, acaso sirvan de asidero a la hora de
pensar en lo que está por venir.
Independientemente del desenlace de La Habana, es
muy probable que Hugo Chávez no vuelva a ocupar la Presidencia. Basta con haber
pasado 14 años con él, con haber sido testigo del nacimiento y rápido
desarrollo de su ego, del crecimiento progresivo de los tamaños de las
gigantografías (las más grandes están por venir) para saber que una alocución
como la que hizo el día que nos entregó su testamento político y designó al
heredero sólo podía acaecer por causa de fuerza mayor. En ese contexto, sea
cual sea el desenlace, es muy difícil que ocurra un cambio en el resultado
electoral (en relación con los dos procesos recientes) si se convocan a
elecciones en un período relativamente breve. La propia fuerza de Hugo Chávez,
en el estado en que esté, o la iconografía del líder que se inmoló en la cruz
del 7-O para defender tus derechos, tus misiones, tus beneficios, vendrían a
sumarse a las otras ventajas que ya conocemos de sobra. Y pensándolo bien, no
está del todo mal que así sea.
El ajuste económico al que obligan los desmanes de
la campaña electoral presidencial es impostergable. ¿Por qué? Porque no hacer
nada, ya sería hacer bastante. El déficit colosal, sin devaluación, lo que hace
es crecer debido a la pérdida de valor real de la contribución petrolera.
Recortar el gasto provocaría una fuerte recesión y haría caer el consumo, imprimir
dinero para evitarlo podría provocar una aceleración muy significativa de la
inflación. Al ritmo de diciembre (3%), cerraríamos 2013 en 43%. Alguna
combinación tendrán que escoger entre imprimir dinero, recortar gasto y
devaluar, porque bajo la incertidumbre actual los mercados internacionales de
deuda serán todavía más exigentes con Venezuela.
Venezuela cambió para siempre. Han cambiado muchas
cosas, pero la más esencial es la concepción de lo que la mayoría de los
ciudadanos espera del Estado. Ese contrato que toda sociedad debe hacer, en
donde el Estado provee ciertos bienes y servicios y a partir de ahí el
ciudadano utiliza esa dotación para abrirse camino, cambió de manera radical.
Las dificultades económicas del 2013 sin duda causarán una decepción, un
resquebrajamiento en esa concepción, no sé si suficiente como para derribar la
promesa de lo imposible. Si yo fuese oposición, me sentiría mucho más cómodo
ahí, en la oposición, que haciéndole frente a esa enorme decepción y
asumiéndola como propia. Me sentiría más cómodo trabajando para capitalizar el
desengaño y construyendo ese porcentaje asequible que hoy nos separa de la
mayoría.
@miguelsantos12
Para El Universal, 06/01/13
1 comentario:
Lo más paradógico de la situación post Chavez, la Venezuela que verá al Chavez mítico estilo Eva Perón, es que quedará la creencia de que el lo hizo bién, que sus sucesores no supieron continuar su visión de país y que luego de el no quedó nada. La realidad es que él fue el que creó y comenzó a empujar esa gran bola de nieve que nos va a barrer a todos!
Publicar un comentario en la entrada