La próxima semana se
cumplirán treinta años de aquél Viernes 18 de Febrero de 1983. De aquél
campanazo no hemos sabido reponernos, no hemos logrado superar nuestra
sensación de fracaso. Tres décadas después seguimos dando tumbos, deslizándonos
a trompicones hacia un caos y una barbarie sin precedentes, que se supera a sí
misma con el pasar de los días. Nunca llegamos a tocar fondo, nuestros fondos
descienden en la misma medida de nuestra atormentada realidad. Venezuela cierra
esos treinta años como uno de los países de menor crecimiento económico en el
mundo. Entre 1983-2012 nuestra producción por habitante creció 16% (a razón de
0,5% anual), mientras en ese mismo período un chileno promedio se enriqueció 213%,
un peruano 74%, un argentino 73%, un colombiano 64%, un brasilero 45%. El más
próximo, México (31%), creció el doble que nosotros.
Incidentalmente, casi la
mitad de ese período la ocupa la última parte de la IV República (16 años) y la
otra mitad la revolución (14 años). La tasa de crecimiento del ingreso por
habitante promedio en la primera mitad (1983-1998) fue de 0,2% anual, mientras
que en el período más reciente (1998-2012) fue de 0,9%. Algo similar ocurre en
relación con la inflación, donde nuestro récord es pobre (promedio anual de 31%
en treinta años), con la primera mitad (39%) siendo mayor que la segunda (22%).
A lo largo de los treinta años la devaluación medida a tasa oficial (27% anual)
y paralela (34% anual) describen un intervalo en cuyo centro se encuentra la
inflación (31%). Este es un hecho que se mantiene en ambos sub-períodos y que
nos debería llamar a reflexión. Entre 1983-1998 nuestra devaluación anual (38%)
fue idéntica a la inflación (39%). Para la segunda mitad (1998-2012) la
devaluación a tasa oficial (16% anual) y paralela (28% anual) prácticamente
promedian la inflación (22%). Es decir, en relación con la paridad del poder de
compra, nuestro nuevo aprendizaje es que la vieja concepción (se cumple a
rajatabla en plazos largos) era correcta.
Como lo que producimos
sigue siendo en esencia lo mismo, dependemos cada vez más de que se venda a
precios cada vez más altos. Así, nuestro gobierno se ha vuelto cada vez más agresivo
con la especulación (en la OPEP) y nuestra población más obsesiva con la redistribución.
La generación de riqueza es una tema tabú que no forma parte de la agenda
pública (si a ver vamos, ya ningún problema concreto forma parte de ella).
Ahora bien, cuando se
evalúan estos treinta años no se puede ignorar que en promedio cada habitante
dispuso en la primera mitad de 1.060 dólares de exportaciones petroleras,
mientras que en estos catorce años se ha dispuesto de 2.050 dólares en promedio
anual por persona (ambas cifras en dólares de 2012). Más aún, durante la
primera mitad de estos treinta años (debido a la crisis de la deuda y al cese
del financiamiento a América Latina) nuestro endeudamiento no creció, mientras
que en estos últimos catorce años se ha cuadruplicado. Es así, en esta segunda
mitad nos ha salido muchísimo más caro producir unos resultados bastante
similares a los de la primera. Más allá de eso, ninguna diferencia entre la
peor parte de la cuarta y la revolución.
@miguelsantos12
Para El Universal, 08/02/212
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