viernes, 22 de marzo de 2013

Sobre el legado económico de Chávez (en respuesta a Andrés Izarra)

viernes 22 de marzo de 2013  12:00 AM
Por estos días Andrés Izarra ha hecho algunos comentarios sobre la herencia económica de estos 14 años que vale la pena analizar. Ha dicho, citando al FMI, que en este período nuestra economía creció más que Brasil y México. Esa fuente indica que entre 1998 y 2012 Chile creció 72%, Bolivia 66%, Argentina 64%, Brasil 55%, Venezuela 46%, México 41%. Sí crecimos más que México, pero como nuestra población crece a un ritmo más rápido, en términos de PIB por persona (como debe ser) también estamos por debajo. Y es que crecer 46%, cuando la población crece 27%, equivale a crecer apenas 15% por habitante en 14 años, alrededor de 1% anual. En esto, según las fuentes internacionales (Cepal, Penn World Tables), solo superamos a Haití. Tras la bonanza petrolera más prolongada de la historia, habiendo cuadruplicado la deuda externa y multiplicado por cien la interna, no me parece nada que debamos celebrar. "Ese crecimiento fue con inclusión, algo nunca visto". ¿Con inclusión de quién? Porque según el BCV, el salario real promedio de un trabajador venezolano hoy en día es 15% menor que en 1998. Es decir, que el beneficio del crecimiento, repartido como está entre trabajo y capital, recayó sobre este último.

A propósito de que el bolívar se encuentre entre las monedas más devaluadas del mundo dice Andrés "devaluar no significa nada: dile a los chinos que han fracasado porque han devaluado su moneda". Es decir, como si nosotros hubiésemos devaluado para fortalecer nuestras exportaciones. Basta con notar que en 1998 las exportaciones no petroleras de Venezuela totalizaron 5.580 millones de dólares (31% del total) y al cierre del año pasado 3.770 millones (3% del total). Es decir, en términos absolutos han caído 32% en 14 años. ¿Qué vamos a exportar? Si cuando se ejecutó la expropiación de las cementeras, una de las "justificaciones" del Gobierno fue que exportaban. Aquí se penalizó la exportación: todos los que exportaban ya quebraron.

Dice también Andrés que toda "la paja esa de la deuda" es irrelevante porque lo que importa es la relación deuda/PIB. A 6,30, la deuda/PIB ahora es de 51% (en 1998 era de 28%). Pero nadie cree que 6,30 sea nuestra tasa de equilibrio (vamos a ver qué resulta del Sicad). A 10, por ejemplo, por citar una tasa cualquiera, la deuda llegaría a 75% del PIB. Y así sucesivamente. La devaluación sí importa. "Esos niveles son manejables, comparado con Francia". Pero es que nosotros no somos Francia. Nosotros pagamos una tasa de interés cuatro o cinco veces más alta. Los defaults en América Latina se han dado a una relación deuda/PIB muy inferior a la de países desarrollados.

En fin, la economía no parece un buen lugar para meterse si se quiere resaltar positivamente el legado de Hugo Chávez. Usar la renta petrolera y endeudarnos hasta el cuello para importar comida es insostenible. No se trata de socialismo o capitalismo, se trata de lo que funciona. Ahí están Brasil, Chile, o Perú, con gobiernos fuertes en términos de provisión social pero creciendo sin inflación, y reduciendo pobreza a un ritmo mucho más rápido y sostenible que nosotros. Y todo eso, sin controles de precios, ni de cambio; sin Fonden, sin expropiaciones, y sin los cientos de miles de muertos. 

@miguelsantos12
 

viernes, 15 de marzo de 2013

Los herederos

viernes 15 de marzo de 2013  12:00 AM
Los herederos políticos del presidente Chávez forman parte integral de su legado. Son una especie diversa, resultado de un proceso de selección adversa. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que han sido seleccionados con base en unos criterios que les dan muy pocas posibilidades de sacar el país adelante, cualquier cosa que se entienda por eso. Son catorce años purgando disidencias, extirpando a todo aquel que tuviese el temple de dudar, de cuestionar; catorce años saliendo de las piezas que expresaron algún criterio diferente, depurando a la revolución de todo aquel que tuviese la suficiente presencia como para hacerle frente a él. Son catorce años en los que Hugo Chávez se las arregló para convencer al país de que lo aquí no funcionaba ya no era cosa de él, sino consecuencia de esta selecta cohorte de colaboradores. Son esos, los sobrevivientes de ese vejamen consistente, esos mismos a los que él fustigó de forma inclemente durante años en sus copiosas alocuciones, quienes ahora se presentan como los redentores. 

Es así como llegamos a este suerte de antinomia: vienen ahora a resolver nuestros problemas concretos (delincuencia, deterioro de la red de salud pública, deserción escolar, inflación, escasez) un conjunto de políticos que han sobrevivido a fuerza de reconocer su propia incompetencia. Son, por naturaleza, débiles. Siempre propensos a caer presa de las tentaciones del miedo, lo que hace estos primeros meses particularmente peligrosos. Por esa razón es que necesitan hacer despliegues cada vez mayores "de fuerza", poner a declarar militares, amenazar a líderes políticos de oposición con persecuciones legales contra sus familiares, o elevar el tono de voz de forma patética, signos todos de una voluntad de querer ser que va mucho más allá de su verdadera fuerza. La fortaleza política de Chávez le alcanzaba para gobernar con Globovisión, un rector de oposición en el CNE, alguna presunción de imparcialidad y alguno que otro medio impreso de oposición. Éstos no pueden. 

Esa falta de fortaleza se extiende de una forma curiosa al terreno económico. La primera consecuencia ha sido la manipulación grotesca de las cifras de inflación. La variación mensual de precios venía subiendo a ritmos de 3,5% en diciembre y 3,3% enero, que equivalen a tasas superiores a 45% anual. De acuerdo con el Banco Central en febrero la inflación se desaceleró a 1,6%, y la escasez ha disminuido. Sin embargo, según el Billion Price Project de MIT (www.bpp.mit.edu), que monitorea la evolución diaria de precios en cientos de vendedores al detal a nivel mundial, la inflación de febrero sería de 2,5% y en marzo la proyección indica que superará el 3%. 

Esta avenida, la de la manipulación de cifras a-la Argentina, parece indicar que los herederos han equivocado ruta. No tienen cómo lidiar con el descontento sin el gigante político. La percepción de la propia debilidad ha debido causar más bien que se inclinaran más hacia el lado práctico, dándole aire al mercado cambiario (quizás algo de eso viene), resolviendo algunas trabas para el funcionamiento de lo que queda de aparato productivo privado, y aceptando una mayor inflación a cambio de mayor abastecimiento. Hasta ahora no han optado por aquí. 

@miguelsantos12

viernes, 8 de marzo de 2013

Hugo Chávez

viernes 8 de marzo de 2013  12:00 AM
Alguna vez escuché que no duele tanto que las cosas se acaben como que se hayan ido acabando de a poco. Esta es una sensación que predomina en especial en las relaciones con ese conjunto de afectos que conforman la familia escogida, aquellos en donde voluntariamente depositamos nuestros afectos y esperanzas. Pero ese extinguirse de a poco acaso sea un rasgo evolutivo que nos lo hace todo posible, menos difícil de superar que el accidente y la desaparición repentina, menos agobiante que la amenaza del hilo que se rompe y la presencia que se interrumpe de una vez y para siempre. La muerte suele ser una de esas pocas instancias en las que existe un antes y un después, un día a partir del cual se detiene un reloj y se congelan la edad y las facciones en las fotos y videos: los muertos ya no envejecen. Pero he aquí que, a través de una extraña suerte de juego de espejos difícil de imaginar y concebir en otras circunstancias, la partida del presidente Hugo Chávez me deja la inequívoca sensación de haber ido ocurriendo de a poco, hasta el punto de participar en ese sentir colectivo de que el pasado martes nos han venido a decir de manera "oficial" algo que todos ya sabíamos. 

También había escuchado decir que en la vecindad inmediata de la muerte surge la propia vida como una película que nos atraviesa la conciencia en rápida sucesión. Eso es precisamente lo que me ha ocurrido el martes: una rápida sucesión de imágenes de estos catorce años que bien podrían ser organizadas alrededor de ciertos temas comunes: amenaza, temor, vulnerabilidad, cotidianeidad perdida, desalojo, indignación, impotencia, mudanza. Y he aquí que, sin embargo, estoy perfectamente al tanto de que muchos de mis compatriotas han venido a desarrollar un set de memorias muy distinto, también agrupados alrededor de ciertos temas comunes: reivindicación, protección, esperanza, solidaridad, la posibilidad de una vida dotada de significado, acceso, consumo, venganza. Y es ahí, en ese eje que atraviesa el país, en donde encuentro la principal herencia de Chávez, su verdadero y único legado. Para ponerlo en palabras de Amartya Sen: nadie está dispuesto a defender un sistema del que no deriva ningún beneficio. 

Tengo para mí que esa gradualidad que nos hace posible la superación de la tragedia se impone más adelante también, pero del lado bueno: una vez dobladas las banderas, retiradas las cornetas y las cintas, empezará la recuperación. Alguien me decía hace poco en un café de Berlín que en ese proceso se tiende a subestimar la importancia de las pequeñas mejoras, o como decía Einstein, el poder del interés compuesto. Ese muy probablemente será el signo en nuestro caso. Qué tan tolerable resulte ese nuevo comienzo depende en buena medida de los herederos políticos del presidente: ya para estas alturas debería ser evidente que la imposición de esa agenda política y social sin su liderazgo colosal es prácticamente un imposible. Nuestra paz y su propia existencia política dentro de la Venezuela postChávez dependen de qué tan rápido consigan asimilar esa idea. Que descanse en paz Hugo Chávez, él que tan poca paz y tan poco descanso trajo a unos y a otros mientras estuvo entre nosotros. 

@miguelsantos12