lunes, 29 de abril de 2013

Real Business Cycle in Resource Rich Countries: A contrast between the United States and Venezuela

En este seminario destinado a toda la comunidad del IESA, presentaré un avance de uno de los papers que estoy escribiendo en el doctorado en la Universidad de Barcelona. Salón Montejo - de 12:30 a 2:00 pm. - Miércoles 8 de mayo de 2013 Reserva tu cupo: comunicacionesiesa@iesa.edu.ve

viernes, 19 de abril de 2013

Henrique Capriles: Un voto de confianza

viernes 19 de abril de 2013  12:00 AM
Me ha costado mucho organizar mis ideas en torno a los resultados electorales del 14A y los eventos subsecuentes. He empezado un sinnúmero de veces a escribir y la mayoría (todas, en realidad, menos una) he caído de vuelta frente a la página en blanco. Acosado por los tiempos y por mi propia urgencia de ser honesto he decidido hacer lo que la mayoría de nosotros en tiempos de desasosiego: juntar mis certezas.

La hegemonía electoral chavista ha llegado a su fin con la desaparición física del líder. Henrique Capriles ha conseguido arrebatarles más de setecientos mil votos y muy probablemente alcanzar la mayoría. Lo digo sin necesidad de conocer al detalle los resultados. La oposición no cuenta con los recursos ni los mecanismos de movilización del gobierno, ni con la venia de las cabezas de las instituciones involucradas, ni puede ni cree en el amedrentar y perseguir empleados públicos hasta las propias urnas. En esas condiciones, con un REP adulterado y toda suerte de irregularidades, el CNE y los militares (ya vienen a ser una sola cosa) han declarado tablas. Sin duda, en unas elecciones libres no estaríamos hablando de dos mitades, sino de una mitad un poco más mitad que la otra.

Se resquebraja un mito, se refuerza otro. Ha quedado en evidencia que en estos términos hará falta reunir una mayoría más significativa de la que pudimos obtener el 14A. Mientras eso no ocurra tenemos pocas opciones para hacernos valer. Una de ellas es hacerle frente al malandraje natural y espontáneo típico en quienes sienten que se les ha movido el piso: marchar al CNE. Este escenario con alguna probabilidad hubiese provocado unos cuantos muertos. El líder opositor ha escogido una mucho más responsable y, acaso por eso mismo, menos probable. Ahora toca moverse en ese incómodo espacio que hay entre esa baja posibilidad de éxito y el encontrar una estrategia de salida que no desmotive ni desmovilice a esos cientos de miles que esta vez corrieron el riesgo de votar por nosotros.

Un poco más allá, el gobierno que se inaugura hoy está sustentado en una base frágil, no tiene liderazgo, tendrá que negociar y controlar sus diferentes facciones, y realizar el ajuste que la economía requiere tras el colosal desbalance del 2012. Debe resolver no sólo la inflación, los bajos salarios y el desabastecimiento de alimentos y medicinas, sino también la inseguridad y el deterioro de los servicios públicos. Lo tiene que hacer porque ya no cuenta con el liderazgo épico, el llamado a salvar la patria (cualquier cosa que eso signifique) por encima del propio bienestar ya no es posible. Un escenario bastante alentador para una oposición fortalecida, siempre que consiga salir bien de esta instancia inicial. Eso requiere mantener el sentimiento de que sí se puede ganar y resolver las dudas que estos días generarán en relación con nuestra capacidad de hacer efectiva esa victoria. Es difícil, pero no imposible. De hecho bastante menos difícil que asumir una elección que muchos considerábamos perdida y dejar el pellejo para ponernos ahí en donde estamos hoy. Démosle a ese liderazgo que ya ha sido capaz de hacer que suceda lo impensable algo más que el beneficio de la duda. Démosle un voto de confianza.

@miguelsantos12

viernes, 12 de abril de 2013

Somos todos exiliados de un país imaginario

viernes 12 de abril de 2013  12:00 AM
Me ha costado algún esfuerzo encontrar la motivación y las palabras para esta nota, sin ser deshonesto. Ya se acumulan en la bandeja de entrada los correos con las advertencias acerca de las palabras que no se pueden usar o las menciones que no se pueden hacer, las imágenes que no se deben invocar, en virtud de la absurda normativa que rige nuestro arreglo electoral. Abarcan, palabras más, palabras menos, la totalidad del espectro que me ilusiona y en el que deposito mis esperanzas por estos días. Me ponen en el límite de la honestidad, entendida en el sentido de Vargas Llosa, el de escribir sobre aquello que nos urge escribir.

En esas estaba, tratando de rescatar entre las ideas sobrevivientes alguna que otra cosa que sí quiera y piense que vale la pena decir, cuando recibí un texto inédito de León Febres Cordero, una pequeña farsa patética titulada "Antígona en Vuelvezuela". Su lectura me ha inspirado algunas ideas que ya compartimos hace tiempo, sin que necesariamente se haya hecho explícito. Me apresuro a hacerlo sin la autorización del autor, no vaya a ser que alguna inseguridad de última hora me vuelva a dejar sólo frente a la página en blanco. 

En Antígona en Vuelvezuela, dos personajes han encontrado el elixir para resolver la insatisfacción y el desasosiego que predomina en nuestra sociedad: la creación de un país imaginario (Vuelvezuela). Una tierra "con su propio mito fundacional, su himno, su escudo, su bandera, su constitución, su panteón de héroes y su Asamblea". Aquí, "entre samanes, cocoteros y turpiales" podrán vivir los desencantados, los que se han sentido condenados durante muchos años a un rencoroso aislamiento, los hombres rotos de nuestro tiempo. En resumen, podrán acudir allí los exiliados de un país imaginario (Rufino Blanco Fombona dixit) que jamás ha existido. Los ideólogos de esta construcción se dan cuenta de que muchos de nosotros, muchos de los que vamos a acudir a votar el próximo domingo, queremos recuperar un país en el que muy probablemente nunca llegamos a vivir. Nos inspiran (y aquí ya no me refiero a la obra) algunas reminiscencias del pasado (a unos), o los maravillosos paraísos asoleados recreados por la propaganda (a otros). Una alucinación colectiva tan poderosa que a ratos parece hacer referencia a dos lugares totalmente diferentes.

Un sobrino deberá encargarse de los detalles del funcionamiento, de idear "una maquinaria mental que sustituya a la presente". Y aunque se encuentra, él también, sumido en la angustia del paraíso perdido ("lo de nosotros, aquí en este valle, ha sido un genocidio anímico, espiritual"), no deja de darse cuenta con apesadumbrada iluminación de que "lo que nos está pasando no es asunto de cómo nos gobiernan, sino de cómo somos, de nuestra naturaleza". Eso es lo esencial: El país que nos vamos a encontrar el lunes, pase lo que pase, va a seguir teniendo los mismos problemas. Para superar nuestra circunstancia debemos empezar por renunciar a la ilusión del paraíso perdido. "Para que algo pase de verdad, hace falta que nos entreguemos a lo que está pasando mientras pasa, sin pensar que es algo transitorio, sin ansiar que pase otra cosa diferente de la que está pasando". 

@miguelsantos12

viernes, 5 de abril de 2013

¿Nos alcanza con el petróleo a cien?

viernes 5 de abril de 2013  12:00 AM
En estos días escuché a alguien decir que nuestra economía es "perfectamente manejable" (cualquier cosa que eso signifique) con el barril de petróleo por encima de cien dólares, siempre y cuando se administren "de forma transparente" y "bajo la tutela del BCV". Yo no quisiera argumentar aquí a favor o en contra, sino más bien presentar las consideraciones que deben hacerse antes de asegurar algo así. Y es que hay ya demasiadas incógnitas y muy pocas ecuaciones en las cuentas de la economía venezolana como para tener alguna certeza. 

Según el BCV, en 2012 las exportaciones públicas alcanzaron 96.780 millones de dólares. Supongamos que ese es el presupuesto del que dispone el gobierno para hacerle frente a la demanda de divisas de la nación. De acuerdo con nuestra balanza de pagos, las importaciones del propio gobierno se llevaron nada menos que 34.298 millones (35%). Uno suele concentrarse en las importaciones públicas de bienes (que alcanzaron en 2012 la cifra récord de 23.172 millones de dólares) y no en las de servicios. Pero desde hace ya algunos años estas últimas vienen creciendo de forma acelerada, hasta alcanzar en 2012 los 11.126 millones de dólares. 

Las asignaciones a Cadivi se llevaron en 2012, 32% de ese presupuesto (31.145 millones de dólares). Al menos en teoría, esas asignaciones deben haber ido a pagar por 72% de la cifra récord de 43.205 millones de dólares en importaciones privadas. De manera que, llegados aquí, hemos dispuesto del 67% del presupuesto público de divisas. El servicio de deuda pública se ha llevado un 8% adicional, lo que nos dejaría con 25% del total de presupuesto disponible, nada menos que 24.195 millones de dólares. Aun restando los 19.500 millones enviados a Fonden, el gobierno debería tener todavía unos 4.070 millones de dólares que podrían haber aumentado nuestras reservas. Siendo así, ¿por qué estamos sometidos a este racionamiento draconiano de divisas? 

La respuesta tiene diferentes aristas. Después de todo, las cuentas no son tan nítidas como se han presentado aquí. Sabemos que una cifra entre doscientos cincuenta y trescientos mil barriles diarios no se cobran. Otros más de seiscientos mil barriles están amparados bajo el paraguas del acuerdo con China, y aunque sí se cobran, son administrado extra presupuestariamente por Bandes. ¿Qué se está pagando con eso? Más aún, ¿qué se está pagando desde Fonden? Son más de 102.500 millones de dólares de Fonden y otros 37.500 millones de China acumulados en estos años de cuyo destino sabemos bastante poco. ¿Son gastos extraordinarios o recurrentes? ¿Qué compromisos hemos adquirido? No lo sabemos. Por último, sabemos que es más que probable que la exportación petrolera se encuentre muy por debajo de los 2,45 millones de barriles al día implícitos en nuestra balanza de pagos. Siendo así, con todas estas incógnitas, se hace muy difícil precisar si los cien dólares por barril serán suficientes. Lo que si está claro es que sin alterar las condiciones que provocan la demanda de divisas, el pánico, la expropiación, la falta de protección a la inversión y el vandalismo contra la empresa privada, no creo que nos alcance ni con el barril a cien ni tampoco a doscientos. 

@miguelsantos12