viernes, 24 de mayo de 2013

Mariogate y la escasez de divisas

MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
viernes 24 de mayo de 2013  12:00 AM
La grabación de la que fue objeto Mario Silva tiene mucha relevancia política, acaso en la misma medida en que carece de significado económico. Aún así, a nosotros, acostumbrados tras estos años a la anécdota, a la explicación fácil, a la identificación artificial de un único factor cuya extracción quirúrgica resolvería nuestros males, la idea de que se ha devaluado el bolívar y nos quedamos sin divisas porque alguien se las ha venido llevando en una maleta nos resulta muy atractiva.

Por desgracia, el problema es bastante más complejo. Nuestro flujo de divisas está comprometido por varias razones. Entre las estructurales se encuentra el hecho de que el petróleo se ha convertido en nuestra única fuente de dólares. Las demás, las de las economías normales que no cuentan con la facilidad exportadora de un recurso natural, son las exportaciones de manufacturas e inversión extranjera. Ahora bien, mientras la mayoría de América Latina atrae una cantidad colosal de inversión como consecuencia de la caída en las tasas de interés internacionales y la crisis de las economías desarrolladas, Venezuela sigue registrando desinversión directa. Es decir, aquí es más lo que sale o lo que venden para irse de aquí que lo que entra. Por otra parte, nuestras exportaciones no petroleras (en esencia otros recursos naturales) han caído 31% en catorce años, hasta alcanzar en 2012 un mínimo de 3.770 millones de dólares (4% del total). 

Las razones más coyunturales son políticas y de malas políticas. Tienen que ver con la forma en que se administra nuestra única fuente. La principal herencia del presidente Chávez es un flujo de dólares fragmentado entre diferentes unidades sin control ni mecanismos de rendición de cuentas. A Fonden han fluido 102.500 millones de dólares, sin que se sepa cuánto queda y en qué se ha invertido. Lo mismo sucede con el Fondo Chino, una cuenta administrada por Bandes adonde van a parar nuestras exportaciones a ese país y de la que tenemos muy poca noticia.

Así, entre la dependencia de importaciones para promover el boom de consumo, la ausencia de otras fuentes de divisas, la fragmentación y posterior malversación de nuestra factura petrolera, se ha ido tejiendo la escasez y la megadevaluación de nuestra moneda. Las importaciones públicas han alcanzado una cifra récord. Un estudio ordenado por Jorge Giordani en Cordiplan (2012) dictaminó que 30%-40% de la importación pública es artificial (entre 10.000 y 13.500 millones de dólares). A nivel de Cadivi muchas empresas privadas, en particular ligadas al Gobierno, incurren en sobreprecios y franca importación ficticia. Así, el BCV se ha quedado sin dólares para ofertar fuera de Cadivi. Se suspendió el Sitme (que se alimentaba de deuda) sin que hasta la fecha se conozca su sustituto. Una única subasta del Sicad, cuyos dólares aún no han sido adjudicados, ha dejado la sensación de que tienen muy poca idea o capacidad para resolver el problema. Merentes promete los dólares que no tiene. Esa es la verdadera situación. Es muy compleja. Yo sé que es más cómodo, que da cierta sensación de posibilidad, pensar que estamos así porque alguien se llevó los reales. Pero ese breve aliento no aguanta un solo análisis lógico.

@miguelsantos12