viernes, 28 de junio de 2013

¿Cuándo acabará el invierno venezolano?

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
miércoles 26 de junio de 2013  12:00 AM
Brasil se suma a Turquía y acrecienta nuestra frustración. Las protestas ocurridas a comienzos de este mes en Sao Paulo, a raíz del incremento en las tarifas del transporte público, se propagaron esta semana al resto del país hasta configurar la mayor manifestación pública de descontento en más de veinte años. Al igual que ocurriera hace días con Turquía, la alienación reina a todo lo largo de nuestra reacción colectiva. "¿Cómo es que éste pueblo no se ha levantado aún?". "Somos unos cobardes, eso es lo que somos, conformistas, nos merecemos lo que tenemos". "Aquí todos tienen bozal de arepa". Un estimado escritor de teatro ha llegado a advertirme que mientras en otros países el tamaño de los testículos está asociado con valentía y arrojo, en Venezuela le da cuerpo a una expresión que se asocia a lentitud, falta de voluntad y sometimiento. Las circunstancias de Turquía y de Brasil no nos hacen, porque no son las nuestras, pero sí revelan quiénes somos. Descubren nuestra extraordinaria capacidad para autoflagelarnos ante la adversidad. Antes de saltar entusiasmados a ese autobús quizás valga la pena pensar en los elementos comunes que subyacen a estos fenómenos sociales.

En primer lugar, el elemento catalizador ha sido un suceso trivial. En Turquía fue un proyecto urbanístico que acabaría con unos espacios verdes en Estambul. En Brasil fue el alza de nueve centavos de dólar en el transporte público de Sao Paulo. Esto nos dice mucho acerca de la dificultad para predecir (o tratar de encender) estas demostraciones: Siguen un proceso de incubación, similar a una pirámide de arena a la que se van agregando granos de forma sucesiva. A eso le dedicó la vida el físico danés Per Bak, los contornos de las preguntas que nos hacemos sobresalen en relieve de su trabajo más conocido (Self-Organized criticality): "Luego de un período inicial de acumulación, en el cual la arena se agrupa y distribuye en forma de pirámide, la estructura se vuelve inestable... entrando en una fase crítica en donde cualquier grano podría causar una avalancha, pero también podría incorporar miles de granos adicionales antes de desintegrarse... Viendo la inestabilidad de las pirámides de arena, uno se maravilla de que no haya nada en toda la ciencia física o matemática que ayude a entender mejor qué viene a continuación". ¿Cuál será nuestro parque Gezi?

En segundo lugar, el uso desproporcionado de la fuerza en contra de ese foco inicial es un elemento esencial en el proceso de propagación a nivel nacional. No es coincidencia que a raíz de las demostraciones públicas de 2002 y 2003 el gobierno venezolano se haya cuidado mucho de reprimir una manifestación con la brutalidad de entonces. Han aprendido la lección y desarrollado un setde mecanismos de control más sútiles, infiltrando el movimiento, promoviendo pequeña guerrillas dentro de la manifestación, o negociando antes de llegar a mayores. En Brasil, tras los errores iniciales se ha dejado proceder a los manifestantes, manteniéndolos dentro de ciertos límites sin abusos policiales. Esto, según reportan desde allí, las ha convertido a ratos en sucesos festivos, que la han despojado de la beligerancia (acaso también de su capacidad de transformación) inicial.

En tercer lugar, el uso de las redes sociales como herramienta de organización y canalización de la protesta, en un principio, y como mecanismo de amplificación una vez que toma cuerpo. En todos los casos la indignación colectiva ha sido atizada por videos y fotografías tomados por improvisados reporteros desde teléfonos móviles, difundidos de manera viral a través deTwitter y Facebook. Este es acaso el único de los tres elementos en donde nos encontramos apertrechados como pocos. Aún así, es una fortaleza en donde también podría residir una debilidad. Y es que eso de "conspirar" enviando y re-enviando tuits viscerales despoja a la indignación de interioridad, la vuelve subjetiva e inhibe la verdadera acción de la que se deriva la transformación.

Visto así, no deberíamos ser tan duros con nosotros mismos. Después de todo, la única forma de producir un cambio profundo en una sociedad no es a través de las manifestaciones de calle, y de hecho, muy pocas de éstas terminaron en aquello. Son acaso condiciones necesarias, no suficientes, de las que a su vez podrían (o no) derivar cambios. Pero no son las únicas. De manera que en lugar de invertir tiempo en autoflagelarnos e implorar por qué no ocurre lo que por naturaleza es imposible de predecir, deberíamos organizarnos para la acción política y prepararnos para la ocurrencia de esa avalancha. Después de todo, es casi tan seguro que todo esto se vendrá abajo como imposible de predecir cuándo.

@miguelsantos12

jueves, 20 de junio de 2013

Turquía: ¿Qué pasa allá que no pase aquí? Testimonios desde Istambul

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
miércoles 19 de junio de 2013  12:00 AM
La calle Istiklal (Independencia) es un corredor pedestre en la zona alta de Estambul, comienza en la plaza del Túnel y termina en la de Taksim. Es un paseo de kilómetro y medio, dividido a partes iguales por la AcademiaGalatasaray, lleno de tiendas, restaurantes, alguna que otra mezquita, un centro sufí de Derviches danzantes, flanqueado por edificios de corte europeo de lado y lado. Es la herencia de los mercaderes venecianos que se establecieron aquí (Beyoglu) en el siglo XVI, todo un símbolo de la diversidad cultural de la ciudad. Taksim es una suerte de enorme redoma en donde parecieran confluir todos los caminos de Estambul. En su lado noreste se encuentra el parque Gezi, uno de los pocos espacios verdes que quedan en esta parte de la ciudad.

Es aquí en donde se ha librado una verdadera batalla campal entre los manifestantes y el gobierno del primer ministro Recep Tayyip Erdogan.Erdogan se encuentra en su tercer período, tras ganar las elecciones en 2003 (34%), 2007 (47%) y 2011 (50%). Ha denominado a este ultimo "la maestría". Para entender mejor qué está sucediendo hice algunas llamadas a amigos de Estambul. "Tras todos estos años, ahora sí se las ha arreglado para ser el maestro de todos los poderes públicos... La reacción popular no es por Gezi , es por todo, en especial por el lenguaje que utiliza el gobierno en contra de los protestantes, cada vez más agresivo, cada vez más vulgar". También es en contra de un paquete de leyes que ha circulado el Primer Ministro que regulan, entre otras cosas, el consumo de alcohol. Esto último es visto por muchos como un esfuerzo de Erdogan por promover una agenda política más alineada con el Islam, que se separa del secularismo que ha prevalecido hasta ahora. ¿Y los militares encargados de preservar el Estado secular? Erdogan los ha ido infiltrando de a poco, mientras les resta fuerza y la traslada a la policía estatal, que sí controla por completo.

En paralelo, el Primer Ministro también ha ido consolidando su hegemonía sobre los medios de comunicación. Comenzó por establecer un fondo de inversión pública (TMSF) que intercambió por propiedad la deuda de sus antiguos dueños con bancos del Estado. Los demás medios privados son controlados de forma indirecta, con el gobierno participando en la designación de ejecutivos y líneas editoriales. Así, aunque la represión brutal ha trasladado la protesta a otros espacios, las cámaras de las televisoras del Estado y los medios privados controlados por el gobierno siguen mostrando la imagen deTaksim "ya completamente en calma... ha vuelto la normalidad".

La crisis de Turquía está atravesada por varias aristas: militar-civil, derecha-izquierda, secularismo-Islam, Occidente-Oriente. Sus orígenes vienen de mucho más atrás, desde la época de su fundación (1922) y la abolición del califato (1924). Mustafa Kemal Atatürk se propuso modernizar la nación, darle un rumbo diferente al del resto de las regiones del desmembrado imperio otomano. La educación fue modelada a la manera de Occidente, el estado secular y todo el alfabeto reformado. Este enorme esfuerzo de transculturización tuvo sus resultados: Turquía es hoy un aliado clave para Occidente, una economía floreciente y un Estado candidato a formar parte de la Unión Europea. Atatürk depositó en los militares la garantía del curso modernizador, una suerte de mecanismo para proteger a la República contra los caprichos que pudieran surgir de sí misma. Este es otro tema que divide a la nación. "Ahora la gente se molesta porque le están lanzando gas, pero esa misma gente está contenta con la intervención militar en otras áreas de nuestra vida cotidiana. ¿Y entonces? Hasta que no entendamos que mientras los militares hagan lo que les dé la gana no vamos a tener democracia... ".

Para tratar de romper el sesgo de clase media llamé a Erkan Tukfeci, un vendedor de alfombras con el que me unen más de diez años de amistad y un centenar de partidas de backgammon. "Erdogan gobierna para el 50% que votó por él en Anatolia... Esa mayoría no se preocupa si él está reprimiendo salvajemente gente en las grandes ciudades, Estambul, Ankara, Esmirna. Ahora tenemos una oposición unida, pero seguimos teniendo un país dividido... Lo único que nos queda es hacerle frente, protestar en millones si es necesario, para decirle que estamos aquí, y que no puede hacer lo que le dé la gana... Mientras tanto, el AKP se ha olvidado de su oferta de gobierno moderada y ahora es ampliamente pro-Islam... ¿Qué podemos hacer? Si no surge pronto un líder carismático que le haga frente, volverá a ganar las elecciones con mayoría absoluta... ". Todos tambores que hemos escuchado en otros desfiles.

@miguelsantos12

miércoles, 12 de junio de 2013

Los audios, la política y la generación boba

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
miércoles 12 de junio de 2013  12:00 AM
Por estos días todos los audios, videos, filtraciones y saltos de talanquera con que nos han obsequiado copiosamente el gobierno y la oposición me han hecho pensar mucho en aquella idea de la "generación boba". La entonación, las voces firmes, las cantidades de dinero manoseadas de forma vulgar y traídas a colación sin ningún pudor, vienen a confirmar algo que ya sospechábamos desde hace tiempo. Aquella forma de hacer política de AD-Copei que a muchos de nosotros nos taladró el entusiasmo y nos mantuvo alejados de los partidos, ha sido sustituida por otra cosa mucho peor. Nuestra reacción de entonces, que consistía en un vago "esperar nuestra oportunidad", como si estuviésemos frente a un proceso aleatorio que en algún momento alumbraría "las condiciones apropiadas", ha terminado por engendrar algo muchísimo peor. Esta realidad ha traído un conflicto existencial a los miembros de aquella generación boba. Todo ha sucedido según la vieja máxima de Horacio: "Nuestros padres, peores que nuestros abuelos, nos engendraron a nosotros aún más depravados y nosotros daremos una progenie todavía más incapaz". Va mucho más allá de la idea de García Márquez de las realidades circulares. De cierta forma es como si esos círculos fuesen unos espirales descendientes. ¿Y ahora qué hacer?

La generación boba fue una suerte de frase-cliché acuñada por Edmundo Chirinos en 1984, cuando Edmundo Chirinos todavía era Edmundo Chirinos, no el delincuente bajo régimen de casa-por-cárcel (si a ver vamos, la inmensa mayoría de los venezolanos pasa buena parte de sus días bajo ese régimen). Dado que hablaba desde su posición de rector de la UCV y hacía referencia a los estudiantes de entonces, cabe suponer que los exponentes de aquella generación vendrían a tener ahora entre 37 y 43 años. Esa cohorte fue sacudida en la asombrada hora de su adultez por El Viernes Negro de 1983, la rebelión del Caracazo en 1989, los golpes militares del 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992) y la crisis bancaria propiciada por la administración Caldera (me adelanto a los que pudieran tener a bien escribirme para manifestar su opinión: considero este último hecho de igual o mayor gravedad que cualquiera de los anteriores).

Esta rápida secuencia produjo diferentes tipos de reacciones, la mayoría de las veces dominadas por la apatía, la pérdida de fe en las propias posibilidades. Tengo para mí que es aquí, en nuestra forma de reaccionar a lo que ocurrió, en donde residió la verdadera "bobería". No estaba en las excesivas horas frente al televisor ("la droga que se enchufa"), a las que se refería el psicólogo-filósofo hoy devenido en convicto (toda una metáfora). Estuvo, está, en la desesperanza.

El nuevo régimen se apresuró a institucionalizar lo que antes ocurría bajo la mesa y a traerlo, relativamente, a la vista de todos. La eliminación del financiamiento público de los partidos políticos y los numerosos procesos legales a organizaciones de la sociedad civil por recibir dinero del exterior ("traición a la patria") dejan muy pocas opciones. El gobierno, sin ninguna vergüenza, utiliza para su campaña los fondos públicos, los días de sueldo que deduce bajo amenaza a sus empleados, los diezmos y comisiones que cobra en sus numerosas dependencias. La oposición, mientras tanto, se financia con una mezcla de fondos que desvía de sus escasas alcaldías y gobernaciones, y con aportes del sector privado (o lo que va quedando de él). Esto último, aunque todos sabemos que ocurre, sigue siendo perseguido y denunciado en el aparato de propaganda del Estado. Es decir, ocurre como en aquella fábula rusa en donde un preso mugriento y maloliente que huye de la justicia, se desvía significativamente de su curso porque no tolera la visión de un cisne blanco en una laguna, se acerca para ensuciarlo de barro ("ahora no se puede decir que estés más limpio que yo, ni yo más sucio que tu"). Estamos todos en medio del lodo, todos hemos hecho algo; perdida completamente las nociones del bien y el mal, impuesta la figura del mal necesario.

En estas circunstancias, la muerte del líder ha venido a quebrar el ánfora de Pandora. Tengo la impresión de que, al igual que ocurriera en Perú con los videos de Vladimiro Montesinos, lo que hemos visto es apenas el comienzo. En algún momento este proceso decantará, en algún próximo giro este largo corredor devendrá en alguna estancia. No tiene sentido perder la esperanza. Ese es el objetivo de quienes sueltan a esos cuervos: mantenernos lejos. Como en el cuento de Dickens, algunos miembros de la generación boba despiertan ahora del sueño y se dan cuenta de que todavía puede ser Navidad. No nos podemos volver a dejar vencer por lo convencional.

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lunes, 10 de junio de 2013

De Bruselas para España (y para nosotros también!)

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
miércoles 5 de junio de 2013  12:00 AM
La Comunidad Europea (CE) aceptó ser menos estricta con España, a cambio de un conjunto de "sugerencias" de política que ésta deberá implementar. Me parece una discusión urgente para nosotros, porque al igual que en el caso España, los nuestros no son males que se vayan a corregir ajustando aquí y soldando allá, nada que se pueda reparar con Soldimix o Resistol. Además, el caso español nos obliga a pensar en la discusión de verdaderas reformas y nos saca -así sea por un instante- de la caimanera mental de las subastas del Sitme y Sicad, empresas fantasmas de Cadivi, expropiaciones, actuaciones del Seniat y SADA.

En principio, se le ha permitido a España cerrar 2012 con déficit de 6,5% (en lugar de 6,3%) y 2013 con 5,8% (en vez de 5,5%). Para empezar: ¿por qué la CE puede opinar y sugerir políticas a España? Porque en 2012 España acudió allí para solicitar asistencia financiera. El "préstamo favorable" (Rajoy dixit) o rescate (oposición) estaba sujeto a medidas "fiscales, macroeconómicas y estructurales" y aunque al principio ambas partes se hayan hecho los locos, las "sugerencias" (lo que España debe hacer) al fin han llegado. Las metas más laxas podrían significar ajuste fiscal menor y una recesión menos difícil (no más fácil) a cambio de más reformas hoy y mayor deuda para mañana.

Una primera área de "sugerencias" es el sistema impositivo. Es curioso que se repita mucho por ahí que España tiene los impuestos más altos de Europa. Eso es algo que técnicamente no es cierto: España sí tiene unas de las tasas más altas de Europa, pero no es el país en donde se pagan más impuestos. ¿Y cómo es eso posible? Por el altísimo grado de evasión fiscal, de las tasas más altas resulta una de las recaudaciones más bajas (34% del PIB, muy por debajo de la media de Europa de 40%). Quizás sea por eso que la CE haya decidido centrarse en el aumento del IVA, un impuesto que puede resultar regresivo (pagan más quienes tienen menos) pero con una eficiencia de recaudación mayor. En concreto, se ha solicitado que se reduzca la gama de productos sujeto a 10% de IVA (posibles candidatos el sector sanitario, hoteles, restaurantes y transporte de viajeros) y se pasen a la tasa de 21%. Otras medidas fiscales sugeridas son la introducción de impuestos ambientales orientados a reducir el consumo de gasolina y la reducción de los incentivos de las empresas a endeudarse (se hace limitando el monto de intereses que pueden deducir de ISLR). El documento no hace suficiente énfasis en la ampliación de la base imponible (los montos a partir de los cuales se pagan impuestos), quizás porque la CE (y España) tiene sus urgencias y en épocas de crisis los tamaños de la base (como quiera que se defina) se reducen drásticamente.

La CE también ha sugerido cambios en la eficiencia del gasto público. Este es otra cifra alrededor de la cual se ha tejido un mito: "España tiene un gasto público muy alto". La verdad es que el gasto público en España es 44% del PIB, el número 18 entre las 27 economías de la Unión Europea (y por debajo de la media de 49%). Entre las sugerencias concretas dentro de esta categoría hay muchas que nos tocan muy de cerca, como evitar la indexación automática de salarios de funcionarios públicos, suspensión de las obras de infraestructura sin rentabilidad social, o eliminación del subsidio eléctrico.

Europa también se ha centrado en la reforma de la seguridad social para hacerla "sostenible". Es decir, que las contribuciones que un trabajador medio hace a lo largo de su vida sean suficientes para pagar por su jubilación. Esta es un área que representa un verdadero reto, puesto que: a) la esperanza de vida aumenta; b ) las pensiones tienden a ajustarse por inflación, y c) está cayendo la tasa de natalidad.

Por último, la Comunidad Europea sugiere a España reformas en dos áreas fundamentales para aumentar la productividad y el dinamismo del sector productivo. Por un lado, insta a continuar la reforma del mercado laboral, haciendo más barata la contratación y el despido, e implementando planes de cooperación entre el sector público y el privado para recuperar el empleo en el corto plazo. Por el otro, ha vuelto a insistir en el tema de la educación como herramienta para mejorar la productividad, única fuente de crecimiento de largo plazo.

En nuestro caso, y aunque yo no sea un abogado de la austeridad, varias de estas reformas son muy urgentes. La mayoría son temas tabú o quizás peor, son temas de los que nadie quiere hablar. Cuando uno hace referencia a estas cosas recibe invariablemente las mismas miradas que recibió el que se apareció con la cuenta en La Última Cena. Si queremos cambiar, eso es algo que en algún momento tendrá que cambiar.

@miguelsantos12

jueves, 6 de junio de 2013

Lo nuestro, del poeta venezolano Eugenio Montejo


Tuyo es el tiempo cuando tu cuerpo pasa
con el temblor del mundo,
el tiempo, no tu cuerpo.
Tu cuerpo estaba aquí, tendido al sol, soñando;
se despertó contigo una mañana
cuando quiso la tierra.

Tuyo es el tacto de las manos, no las manos;
la luz llenándote los ojos, no los ojos;
acaso un árbol, un pájaro que mires, 
lo demás es ajeno.
Cuanto la tierra presta aquí se queda,
es de la tierra.

Sólo trajimos el tiempo de estar vivos
entre el relámpago y el viento;
el tiempo en que tu cuerpo gira con el mundo,
el hoy, el grito delante del milagro;
la llama que arde con la vela, no la vela,
la nada de donde todo se suspende
–eso es lo nuestro.

domingo, 2 de junio de 2013

The Great Gatsby y el deseo de ser otro

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
domingo 2 de junio de 2013  12:00 AM
En mis años de juventud, los más vulnerables, mi padre me dio un consejo que ha estado rondando mi mente desde entonces: "Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien, recuerda que hay gente en el mundo que no ha tenido las ventajas que tú has tenido". Es una de esas frases simples pero perdurables, de esas que se adhieren y luego se nos presentan con frecuencia sin explicación evidente. Tengo para mí que eso ocurre cuando la construcción ha dado con un arquetipo humano, una suerte de patrón o materia común a partir del cual todos, en mayor o menor medida, estamos hechos. De ésas está lleno El Gran Gatsby, la novela de F. Scott Fitzgerald (1925) que este año cuenta su sexta adaptación al cine (Baz Luhrman).

Las palabras que abren esta nota, también el libro y la película, vienen de Nick Carraway (Tobey Maguire), un joven de Minnesota recién llegado a Long Island para incorporarse al floreciente negocio de la compraventa de bonos. Nick tiene el carácter ideal para convertirse en el narrador de Fitzgerald y para muchos críticos viene a representar su propia voz: Tolerante, reflexivo, abierto y, sobre todo, posee ese raro don de saber escuchar. "Siempre me he inclinado por reservar mis juicios, un hábito que me ha abierto las puertas de naturalezas y temperamentos muy curiosos... La mente anormal, el que piensa diferente, detecta de forma rápida esta cualidad y se conecta a ella de inmediato". Así se convierte en el confidente de su extravagante vecino, Jay Gatsby (Leonardo di Caprio), un millonario sorpresivamente joven alrededor del cual se tejen toda suerte de mitos. "Reservarse las opiniones propias y los juicios tiene un potencial infinito... Pero he llegado a aceptar que también tiene sus límites". La relación de Nick con Gatsby efectivamente llevará esta virtud hasta esa última demarcación.

En Nueva York, su prima Daisy y su flamante esposo Tom Buchanan introducen a Nick al ambiente de despilfarro y decadencia moral que predomina en la clase alta de la ciudad. En una época de prosperidad sin precedentes, Fitzgerald escoge éste, el lado oscuro del sueño americano, para contextualizar su novela. Lo hace de una forma a ratos explícita (las grandes fiestas organizadas en la mansión de Gatsby, o de los propios Buchanan), a ratos sutil (discretas referencias al crimen organizado, del cual Gatsby deriva su enorme fortuna). El bautizo de Nick tendrá lugar en un bacanal en donde los Buchanan le presentan a Jordan Baker, una atractiva golfista con quien establecerá una relación de pareja, muy superficial (la época no da para otra cosa). "Me gustan más las grandes fiestas, tan personales. En las fiestas pequeñas no hay intimidad".

En un principio no está claro por qué Gatsby se acerca al joven Nick Carraway, por qué lo invita a las grandes fiestas en su mansión o lo convierte casi de inmediato en su confidente. Hay una breve referencia a la posibilidad de que ambos hayan formado parte de la misma división durante la guerra, pero la verdadera razón se sabrá más adelante. Aquí Fitzgerald hace uso de un recurso que se hace más difícil en la película, por razones de tiempo y acaso también la propia ansiedad del director por presentar una historia más lineal: La revelación gradual de los caracteres y los motivos de los personajes. Así, por ejemplo, más adelante llegaremos a saber que Gatsby había conocido a Daisy Buchanan y se había enamorado de ella ya en 1917, antes de la guerra. Tras una relación breve pero muy intensa Daisy juró esperarle, pero contrajo matrimonio con Tom Buchanan apenas dos años después. De manera que toda la fortuna de Gatsby, su extravagante despliegue de riqueza, su apariencia confiada y de suficiencia, es apenas una representación, un medio para traer a Daisy de vuelta.

Sólo pasada la mitad del libro llegamos a conocer el verdadero origen de Gatsby, nacido de una familia pobre en los campos de Dakota del Norte y expulsado del colegio de St. Olaf a las dos semanas por negarse a limpiar los baños (actividad con la que pagaba su matrícula). Esta revelación demorada es apenas un matiz en la película, conseguido a través de pequeñas escenas en tonos ocre que hacen referencia vaga a su pasado, insertadas entre segmentos del presente. Aquí Fitzgerald introduce otro de los arquetipos humanos clásicos: El deseo, el esfuerzo consciente, por convertirse en otro. La desesperación por dejar atrás nuestro origen, nuestra circunstancia actual y aparecer un día en una página nueva, como parte de otra historia. Jay Gatsby ha creado su propio personaje, llegando incluso a cambiar su nombre (James Gatz). "Mi vida, mi vida siempre tiene que seguir así, Nick. Tiene que seguir creciendo, subiendo". Es aquí en donde se encuentra el origen de la relación entre Nick y Gatsby: Este último lo busca con la intención de que le propicie un encuentro con Daisy Buchanan. La estrategia funciona y Gatsby y Daisy inician un affair, cuya intensidad no escapará de los ojos de Tom Buchanan y llevará la historia hacia su trágico desenlace final.

Daisy Buchanan es, en sí misma, otro de esos grandes arquetipos. Para muchos la semblanza de este personaje con Zelda, la esposa de Fitzgerald, es más que evidente. Encantadora, rica y sofisticada, cualidades que atrajeron al escritor y a Gatsby. Materialista, obsesionada con la riqueza, posiblemente infiel. Gatsby, acaso también Fitzgerald, se dejaron llevar por esa atracción sin engañarse a sí mismos: "Sólo se casó contigo porque yo era pobre, y porque se cansó de esperar". Aún así, a pesar de que Daisy se confiesa enamorada de Gatsby, ya en el proceso de convertirse en otro éste le ha dejado ver demasiadas de sus debilidades, por lo que decide mantenerse al lado de su esposo.

Como suele suceder con los clásicos, con el paso de los años muchos críticos han leído El Gran Gatsby de distintas maneras. Para algunos trata de la decadencia, del lado oscuro del sueño americano. Para otros viene a denunciar la resistencia al cambio, la enorme brecha y el quiebre de clases ya desde entonces evidente en la sociedad norteamericana. Para mí se trata de esa perenne aspiración humana por volver a empezar. Justo por estos días me cayó en las manos un pequeño cuento de Nathaniel Hawthorne. El protagonista que le da nombre a la historia, Wakefield, decide un día abandonar su casa con el pretexto de un corto viaje. Lo impulsa el deseo de cambiar, la posibilidad de ser otro, también la necesidad de ser testigo de sí mismo. Siendo así, decide mudarse a un pequeño apartamento en la calle de atrás y permanecer allí veinte años. Durante ese tiempo es presa de numerosas crisis: "'¡Pero si es en la calle de al lado! ¡Puedes volver cuando quieras!' Se increpa a sí mismo. 'Imbécil', se responde, 'esa no es la calle de al lado, ese ya es otro mundo'". Es difícil saber qué está detrás de ese deseo, de Wakefield, de Gatsby, o de cualquiera de nosotros, por ser otros. Para Hawthorne "hay una influencia externa, va más allá de nuestro control, que deja sentir su mano en cada cosa que hacemos, y que teje sus consecuencias bajo el tejido de hierro de la necesidad". Algo de eso debe haber. Lo que sí es verdad es que apenas iniciada la acción ya se pasa a ser otro, aunque ese otro casi nunca termina siendo el que teníamos en mente antes de cambiar.

@miguelsantos12