miércoles, 7 de agosto de 2013

¿Qué podemos aprender de las elecciones en Zimbabue?

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
miércoles 7 de agosto de 2013  12:00 AM
Hace cinco años Morgan Tsvangirai consiguió una sorprendente victoria en las primarias presidenciales de Zimbabue. Contra todo pronóstico el líder del Movimiento para el Cambio Democrático (MDC) superó a Roger Mugabe, caudillo de 84 años que había estado al frente de esa nación desde su independencia en abril de 1980. En una elección plagada de irregularidades, Tsvangirai obtuvo el 48% de los votos, muy por encima del 43% de Mugabe, pero aún por debajo de la mayoría absoluta. Entre numerosas denuncias de fraude electoral se procedió a convocar una segunda vuelta. Tsvangirai decidió no participar, alegando violencia sistemática del gobierno en contra de sus simpatizantes. Esta renuncia no detuvo la elección, que se realizaría con un único candidato y tras la cual se proclamaría a Mugabe como presidente. El pasado miércoles 31 de julio volvieron a enfrentarse. Para muchos la proyección de Tsvangirai a partir de su base electoral de 2008 sería suficiente para liberar a Zimbabue del yugo de Mugabe. Todo era cuestión de tiempo. Una semana antes, The Economist consideraba a Tsvangirai como seguro ganador en caso de que las elecciones fuesen limpias. El sábado pasado el CNE de allá proclamó a Mugabe presidente con 61% de los votos. Tsvangirai apenas obtuvo 34%. Nunca antes los resultados electorales de una nación extranjera me habían causado tanta desazón. Es esa suerte de incomodidad ansiosa persistente, que nos hace oscilar entre el pesimismo extremo y los efectos analgésicos de algunos pensamientos urgentes que acuden en rescate y no aguantan un solo análisis lógico (Ernesto Sábato dixit). ¿Qué podemos aprender de Zimbabue? ¿Cómo evitar que nuestra base electoral de abril 2013 se nos escurra entre los dedos?

Aunque la elección ha estado lejos de ser limpia, 27% parece estar por encima del margen de fraude del proceso. ¿Qué causó el deslave de Tsvangirai? Hace cuatro años, el candidato opositor apostó a que su retiro de la segunda vuelta llevaría al país a una crisis política que obligaría a renunciar a Mugabe. Su amplia mayoría en las primarias y el apoyo de organismos internacionales parecían avalarle. Estados Unidos, la Unión Europea, y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas amenazaron a Mugabe con sanciones. Nada de esto provocó su renuncia. Se proclamó ganador en la segunda vuelta y siguió adelante, en medio de la crisis política. Convencida por la fuerza de los hechos y viendo su posición política deslizarse día a día, la oposición aceptó la mediación del presidente de Suráfrica, Thabo Mbeki.

En julio de 2008 se anunció un acuerdo para formar un gobierno "de coalición", con Tsvangirai al frente del Consejo de Ministros y Roger Mugabe como cabeza del Consejo de Seguridad. Con esta movida maestra el líder consiguió sacudirse a los organismos internacionales, sin llegar jamás a compartir el poder. Muchos, incluyendo a la oposición, lo vieron como una primera etapa en la transición política de Zimbabue. Nada más lejos. Las partes pasaron los últimos cinco años discutiendo y el acuerdo jamás ha sido implementado. Lo que sí ha conseguido el acuerdo es que la gente perciba a Tsvangirai como parte del gobierno. Esto puso al líder opositor en el peor de los mundos: le hace difícil posicionarse como oposición siendo parte del gobierno y no tiene margen de maniobra para introducir cambios. Así, Mugabe lo fue fundiendo poco a poco y cuando lo tenía ya atado convocó a unas elecciones relámpago en donde ha resultado amplio ganador. La oposición, que hace cinco años lo tuvo contra las cuerdas, obligando a la autoridad electoral oficialista a reconocer más de treinta días después de las elecciones la victoria opositora por un margen de 5%, a tiro de la mayoría absoluta, quedó reducida ahora a un tercio del electorado.

Hay tres lecciones que podemos derivar de Zimbabue. No participar en las elecciones no conduce a nada. El apoyo de los organismos internacionales, que en el caso de Zimbabue fue total (sólo China y Rusia se mantuvieron fieles a Mugabe en la Naciones Unidas), por sí solo no tumba a nadie. Ambas ya las hemos aprendido en carne propia, pero no está de más recordarlas. La tercera lección es que aceptar participar en el gobierno nacional sin ningún poder real para introducir cambios puede ser una estrategia del régimen para fundir a la oposición. Hay otra lección, que subyace a las anteriores, a estas notas, a la experiencia nuestra y de Zimbabue, y que no siempre uno está dispuesto a reconocer. Aún el hacer bien las cosas, evitando caer en los errores de otros, podría no ser suficiente. Si ya nosotros estamos ahí o no, es algo que sólo vamos a saber si seguimos dando la pelea.

@miguelsantos12