miércoles, 27 de noviembre de 2013

Los próximos malabarismos de la revolución (o cavando para salir del hueco)

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
miércoles 27 de noviembre de 2013  12:00 AM
Vaciados los anaqueles, devastados los inventarios y colgados los letreros "cerrado hasta nuevo aviso", el Gobierno piensa ahora cuál será su próxima movida. Tiene por delante un 2014 sin elecciones y con Habilitante. Aunque la oposición haya ganado la votación de la Asamblea Nacional, virtual empate en la Presidencial, y con alguna probabilidad mayoría en diciembre, el Gobierno seguirá manejando el país como si no existiese. Ese es el reto: ¿Cómo hacer valer nuestra probable condición de mayoría, o en el peor caso de igualdad de fuerzas, sin medios de comunicación, sin dinero, desenchufados de los tres (petróleo, armas, instituciones) circuitos del poder? Y es ahí en donde, a falta de mejor cosa, uno tiende a confiar demasiado en la economía. Por eso es importante evaluar sus opciones y monitorear sus movimientos. De hecho, ya han comenzado en tres frentes, ninguno demasiado ortodoxo. Vienen a dar al traste con los últimos "no vale, yo no creo" que aún siguen en pie.

En primer lugar, el Gobierno ha cerrado un acuerdo con Bank of America para lidiar con sus retrasos en la liquidación de divisas con el sector privado. De acuerdo con los estimados que hicimos durante la campaña electoral de 2012, esa deuda se encontraba entonces alrededor de 7.500 millones de dólares. Ahora bien, en realidad las empresas tienen esos derechos registrados en bolívares a 6,30 por dólar. De manera que ahora se les va a acercar Bank of America y les va a decir: "Vamos a estar claros que a 6,30 es difícil, muy difícil, que Cadivi pueda honrar su compromiso. ¿No estarías dispuesto a aceptar algún descuento (es decir: una tasa más alta), con tal de que te liquiden esas divisas pronto?". Irónicamente, la verdadera fuerza de Bank of America (i.e. el Gobierno) en esta operación es la cotización del dólar en el mercado paralelo. Así, todos ganan. El Gobierno consigue un descuento significativo sobre la deuda acumulada por Cadivi. Bank of America se lleva 1,25% del descuento que consiga obtener (muy probablemente calculado sobre los ahorros obtenidos en bolívares, convertidos, esos sí, a 6,30). Y los empresarios consiguen divisas a una tasa superior a 6,30, pero muy inferior a la tasa de cotización paralela. ¿Cuál es el problema con esta operación?

Según entiendo, el total de esta operación es de 3.000 millones de dólares. No saldrían del BCV, sino que vendrían de un préstamo de Bank of America. Dado que esto representa entre 30% y 40% del total de la deuda Cadivi, va a ser interesante saber a qué empresas se les ofrece participar en el programa y a cuáles no. Pero eso no es lo más importante. El Gobierno podría estar devaluando la tasa oficial en los dos primeros meses del próximo año entre 80% y 100%. Eso quiere decir que, ya de por sí, toda la deuda de Cadivi iba a sufrir una pérdida significativa al convertirla a dólares a la tasa oficial. Visto así, esta operación podría ser apenas una salida anticipada, fácil y rentable, para algunos empresarios escogidos por el Gobierno. Dime si te lo ofrecen y te diré quién eres. De ser así, saldrían beneficiados todos, pero las finanzas del país en su conjunto saldrían nuevamente con las tablas en la cabeza.

En segundo lugar, el Gobierno se le ha acercado a varias bancas de inversión para solicitarles propuestas acerca de qué hacer con el único activo que tenemos en reservas internacionales: el oro. De hecho, en una discusión reciente ya he escuchado a alguno decir que "el monto de reservas en oro de Venezuela es absurdo, es excesivo". Es un argumento curioso. Efectivamente, nuestra composición de reservas es 100% oro, pero porque nos hemos volado en su totalidad las reservas operativas (en efectivo). Mientras esto sea así, y aunque empecemos a vender oro, la composición siempre sería "excesiva". Por otra parte, dado que el BCV decidió desviarse de la norma hace algunos años y ahora registra el oro a valores de mercado, la argumentación que nos preparan viene por el lado de "es el momento ideal" para salir a vender nuestras reservas (antes de que siga cayendo el precio). Hay que apelar siempre a los motivos más nobles.

Por último, Maduro ya ha advertido al BCV que según "sus números" (cualquier cosa que eso signifique) la inflación en noviembre debería ser de -5% (es decir, deflación). Así, nos anuncia su próximo blanco (el departamento de estadísticas del BCV) y su destino (el modelo argentino). Esos son los próximos malabarismos del Gobierno para mantenerse a flote. Compran tiempo, resuelven de cuadro en cuadro, sin rumbo definido. Siguen cavando para salir del hueco.

@miguelsantos12

viernes, 15 de noviembre de 2013

¿Daka somos todos?

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
miércoles 13 de noviembre de 2013  12:00 AM
Me ocurre lo mismo que a muchos cuando repaso las imágenes de los saqueos. Se me vienen a la mente y al corazón, respectivamente, una rápida sucesión de ideas y sentimientos inconsistentes entre sí. Es como si nos hubiesen puesto al borde del abismo, asomados a un pozo en donde se encuentra depositado lo peor de nosotros. He dejado pasar unos días para ver si todo aquello decantaba en algo, si las briznas que oscurecen ese líquido denso y a ratos pestilente en el que venimos nadando desde algún tiempo se refugiaban en el fondo y me permitían sacar algo en claro. A falta de mejor cosa, quisiera compartir con ustedes algunas de las impresiones menos frágiles que me ha dejado el fin de semana.

Se han roto entre nosotros las reglas más básicas de convivencia. Y es bueno reconocer que no ha ocurrido de repente. Muchos ejemplos cotidianos nos asisten. La falta de inversión en infraestructura tiene a nuestras autopistas y carreteras hechas pedazos. De un tiempo para acá, cada vez que se voltea un camión, los residentes de la zona se apresuran a saquear cualquiera que sea la carga, cemento, madera, frutas, láminas de hierro, o harina. Si el piloto yacía herido o muerto ha importado muy poco. Es como si de repente hubiésemos revertido hacia un estado primitivo que teníamos oculto en algún rincón de nosotros, y alguna circunstancia externa lo hubiese liberado de forma todopoderosa. Y eso nos da miedo.

La responsabilidad moral se ha relativizado de una forma peligrosa. Los medios, oficiales y de oposición por igual, han hecho un despliegue importante para exponer a los dueños de los negocios saqueados. Algo así como aquello de ladrón que roba a ladrón. El enorme diferencial entre el dólar oficial y el paralelo hace del cabildeo en Cadivi el negocio más rentable (también es el que requiere menor esfuerzo, y el que menos le aporta a nuestra sociedad). Desde hace tiempo el Gobierno escogió a sus millonarios y diseñó mecanismos para distribuir(se) la enorme torta. Como resultado de ese proceso, se han creado un conjunto de fortunas repentinas. No tengo idea de si los dueños de estos locales recibían dólares oficiales o no, pero sí quisiera enfatizar que ese hecho no influye sobre la moralidad o legitimidad de los saqueos. No los podemos relativizar, porque de hacerlo, quedaríamos todos a la deriva de lapresunción colectiva acerca de si nuestros activos son bien habidos o no. La barbarie. Ese es un problema con el que deberíamos lidiar a otro nivel, y también uno que el Gobierno sigue evadiendo de forma consistente. De allí se deriva mi tercera reflexión.

El Gobierno ha escurrido la responsabilidad que ha tenido en la promoción del caos y ha definido a los sucesos como un "percance". Me gusta pensar que, dentro de su limitado vocabulario, las expresiones que eligen revelan sus verdaderos motivos. La Real Academia define "percance" como daño o perjuicio imprevisto, pero también como beneficio o provecho eventual. En cualquier caso, poner a unos muchachos a calcular "márgenes de ganancias justos" en cada una de las miles de actividades económicas que sobreviven en nuestra economía y meter la policía en los almacenes no va a reducir en un ápice la inflación o la escasez. Es un remedio que a nadie le ha resultado. Todo lo contrario: Terminarán por debilitar nuestros ya de por sí frágiles signos vitales.

Por último, por casualidad o causalidad me sorprendieron estos sucesos leyendo el mensaje de fin de año de Vaclav Havel tras la caída del comunismo en Checoslovaquia (1990). Hay allí muchas cosas que nos podrían ayudar a procesar nuestra realidad, pero quería focalizarme en una sola. Veo a muchos en una postura acusadora hacia gobierno, empresarios y saqueadores, que nos evita una reflexión más profunda acerca del rol que cada uno ha tenido, no de forma directa, pero sí en el marco en el que se inscribe la sociedad que los ha hecho posibles. Y aquí es en donde recurro a Havel: "Nuestro enemigo está en nuestras costumbres: Indiferencia hacia el bien común, vanidad, ambición personal, egoísmo. La lucha más grande la debemos dar en ese terreno. Somos todos responsables por la operación de la maquinaria totalitaria, somos todos sus co-creadores. No nos engañemos. No veamos el legado de estos últimos cuarenta años como algo ajeno, como si lo hubiésemos heredado de un pariente distante. Por el contrario, aceptémoslo como un crimen que hemos cometido contra nosotros mismos. Sólo así, en la aceptación y el entendimiento de nuestra responsabilidad, podemos entender que nos corresponde a nosotros, sólo a nosotros, el luchar para salir de aquí". En este sentido Daka sí somos todos.

@miguelsantos12

jueves, 7 de noviembre de 2013

El paquete de Maduro

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
miércoles 6 de noviembre de 2013  12:00 AM
Escribe Felipe Pérez en Aporrea, Max Weisbrot en su blog, y muchos otros por ahí, que con unos cuantos ajustes ya esto cobra otra cara. Es decir, es cuestión de eliminar el control de cambio, dejar flotar la tasa entre dos bandas, y salir a ofertar dólares. No estamos tan mal, se trata de apretar un par de tuercas, soltar un poco la cadena de la bicicleta y ya está. A rodar. Detrás de estos repentinos arranques de optimismo puede haber varias razones: ignorancia pura, ingenuidad económica, o el mero aprovecharse de la falta de comprensión que existe alrededor de estos procesos para emitir una opinión política sin sustento. En este sentido la economía se le parece un poco a la medicina, tiene esa suerte de manto nebuloso de causas y azares que excusa casi cualquier cosa y permite encubrir cualquier error de diagnóstico o prescripción. No puedo hacer nada por las dos primeras (el analfabetismo económico y el optimismo ingenuo), pero sí creo poder aportar algo en relación con esto último. Estoy convencido que podemos explicar la dinámica retorcida que prevalece en el laberinto en que nos mantienen encerrados (una metáfora en más de un sentido), exponer la ineficacia de las soluciones oficiales y las virtudes (y complejidades) de las nuestras.

El control de cambio no se puede levantar, sin levantar el control de tasas de interés. Así de simple. Con la inflación en los últimos doce meses entre 50% (general) y 70% (alimentos), nadie va a optar libremente por mantener bolívares depositados en los bancos ganando 14,5%. Esto equivale a perder entre 24% y 33% al año en poder adquisitivo. Si los mismos que nos han expropiado nuestros ahorros por diez años levantan el control, habrá una estampida hacia el dólar que provocará una devaluación colosal del bolívar. Muchos dirán que esa devaluación vendrá a alcanzar a la depreciación que ya se produjo en el mercado negro, pero no pierdan de vista que aún hoy Cadivi todavía liquida más de la mitad de nuestras importaciones a 6,30. El impacto inflacionario sería muy significativo. Más aún, si suben las tasas surgen a su vez varios problemas. En primer lugar, el Gobierno pierde una fuente de financiamiento esencial. Después de todo, esas tasas que pagan los bancos y las consecuentes pérdidas forzadas en el valor de nuestros bolívares vienen a operar como una suerte de impuesto al ahorro que hoy en día financia la mitad del déficit fiscal. Al liberar las tasas de interés se eliminaría esta fuente de financiamiento, lo que abriría una brecha presupuestaria enorme. En segundo lugar, liberar las tasas de interés traería un problema crediticio a la banca, pues durante todos estos años el Gobierno la ha forzado a prestar más de la mitad de su cartera a tasas artificialmente bajas. ¿Cómo quedan los deudores hipotecarios si la tasa que pagan suben seis o siete veces? ¿Y las carteras morosas? ¿Tienen los bancos suficiente capital como para absorber esas pérdidas?

Luego están las expectativas. Este proceso de devaluación podría inducir una aceleración de la inflación, lo que obligaría a su vez a sucesivas devaluaciones (contrariamente a lo que muchos libertarios piensan este ciclo no es infinito, cada dinámica sucesiva de ajuste ocurre por una fracción menor a la anterior, para muestra véase nuestra historia desde 1977). La otra mitad del déficit presupuestario se cubre hoy en día imprimiendo dinero, lo que se haría imposible con tipo de cambio abierto porque nos quedaríamos sin reservas antes de que la máquina de manufacturar billetes complete un ciclo. Sin la posibilidad de financiarse con las pérdidas en los ahorros de los demás, sin imprimir dinero, y con el mayor riesgo del planeta, el Gobierno se vería forzado a un recorte en el gasto. En una economía cuyo único motor es el gasto público, eso provocaría una recesión y un desempleo colosal. Sin reacción del sector privado, no hay manera de contrarrestar el impacto recesivo de esta secuencia.

Estas son apenas algunas de las interconexiones entre los desequilibrios de esta enorme tela de araña que ha ido tejiendo el chavismo y paralizado a nuestra economía. Es bueno pensar siempre desde una perspectiva de sistema, en lugar de escuchar cantos de sirena en relación con cada uno de los desequilibrios por separado. El Gobierno no tiene cómo romper el ciclo, por lo que todos los padecimientos (inflación, devaluación, escasez, caída de salario real) no son consecuencias puntuales de un ajuste para cambiar de rumbo, sino parte de la cotidianidad socialista. De aquí se puede salir, y muchos otros lo han hecho, pero no con los mismos que nos trajeron aquí. Volveré sobre esto más adelante. 

@miguelsantos12

domingo, 3 de noviembre de 2013

Socialismo Pop

El gobierno socialista de Venezuela ahogó la producción nacional, promoviendo un boom de consumo exclusivamente basado en importaciones. Entre 2006-2012, las importaciones representaron 51% del consumo final de hogares; mientras que en los 25 años anteriores a Chávez apenas representaban el 26%. Ahora los productores quebraron, o se largaron a aumentar la producción y el empleo en Colombia, Sur de los Estados Unidos, Canadá, Emiratos Árabes. Las transnacionales pasaron de producir en Venezuela para exportar y tener sus casas matrices allí, a largarse a Colombia, Panamá y Costa Rica y venderle desde allí a Venezuela. Esa fue "la revolución bonita".