domingo, 15 de diciembre de 2013

José Ignacio Cabrujas: El encofrado (a propósito de Acción Democrática)

Rosita Vilariño, la secretaria de Canache Mata, descendió apresurada las escaleras del CEN en dirección al tercer piso y tras una carrerita urgida, alcanzó la entrada de la sección de Archivos y Correspondencia.

De inmediato la indispuso un súbito olor a naftalina que parecía brotar de los estantes y de los documentos allí depositados. Neptalí Contreras, el responsable de la sección, un viejecillo de aspecto risueño, casi dickeniano a juzgar por las antiparras y los pantalones sostenidos por anchas elásticas, acababa de abrir su viandera hogareña y estaba a punto de comer una repugnante ensalada de atún y zanahorias ralladas que había dispuesto sobre el pesado escritorio, junto a un tazón de pálido café con leche. Rosita identificó los aromas y perdió el apetito al comprobar, más allá de las emanaciones de naftalina y el óxido marino proveniente del atún enchumbado, que Neptalí Contreras olía a tumba irlandesa.
Conteniendo la respiración se atrevió a preguntar:
—Maestro Contreras, ¿no tiene usted a la mano una copia de las bases programáticas del partido?
Neptalí dio un respingo, estornudó zanahorias y con gesto vago digno de bibliotecario jefe del Gran Elector de Sajonia, alzó ambas manos y dijo sorprendido:
—¿Que si tengo las bases programáticas del partido?
—De parte del doctor Canache —susurró la Vilariño, como si necesitara escudar una malcriadez.
—Hija, la última copia que aquí tuvimos de las bases programáticas del partido, la usó el compañero Tabata Guzmán para ventear una parrilla en el patio trasero del edificio hacia 1965, si mi memoria no me falla —repuso el anciano. Y como Rosita no logró disimular una contrariedad, Contreras indagó con curiosidad repentina y vocecilla de abuelito cantarín:
—¿Y cuándo te dio por leer eso, chicuela?
La Vilariño se decidió a respirar, porque ya ni Houdini, y respondió desalentada.
—No. Quien anda solicitando esas bases, ya se lo dije, es al doctor Canache, que anda muy contrariado e informándole a todo el mundo que el partido necesita recuperar sus bases programáticas, y me tiene desde las ocho de la mañana en esa recuperadera.
Tuvo Neptalí Contreras la intuición de una idea y se atrevió a decir:
—Tal vez el doctor Gonzalo Barrios las tenga en su casa. Como él guarda tanta vaina vieja.
Rosita rechazó la sugerencia:
—No, ya lo llamamos y de verdad que las tenía, pero nos dijo el chofer que la mucama del doctor Barrios usó las bases programáticas para ponérselas debajo al flotante del tanque, que se había vencido.
—Bueno, pero se desarrugan y se leen —propuso Contreras, atándose a una esperanza.
—Se intentó, pero como el flotante del tanque se le echó a perder al doctor Barrios en 1959, imagínese usted cómo están esas bases programáticas. Puro limo y verdecitas.
***
Fue un día aciago para Rosita Vilariño, de sección en sección, de oficina en oficina, buscando el anhelado documento.
Y Canache, desde su despacho, tronando malhumorado:
—¡Señorita Vilariño! ¿Ya encontró las bases programáticas de Acción Democrática?
—Estoy en eso, doctor Canache. Estoy en eso —contestaba Rosita antes de emprender nuevas incursiones al salón de Actas, al despacho de Luis Piñerúa, al cafetín de enfrente, al dormitorio del bedel, al depósito de papelería y a la unidad de Servicios de Transporte.
—¡Señorita Vilariño! ¿Qué pasa con esas bases programáticas?
Nada. No se encontraban las bases programáticas por ninguna parte, nadie daba referencia de ellas, nadie las había visto en los últimos años, tan sólo menudas pistas que no desembocaban en nada, imágenes confusas como las del negro Rosario del Carmen, el encargado de la jardinería interior, que aseveraba haberlas visto en el cubículo de Ixora Rojas, sirviendo de sostén a un pote de bromelias o sospechas vaguísimas en el caso de Trino Méndez, el jefe del taller de rústicos dudosos, que había tratado de hacer memoria:
—¿Un librito que era blanquito, Rosita?
—Sí, Trino. El doctor Canache dice que es un librito blanquito.
—¿Como un folletico?
—Como un folletico.
—¿Con letricas negritas?
—Con letricas negritas.
—¿Qué decía detrasito Imprenta El Cojo 1946?
—Que decía detrasito Imprenta El Cojo 1946.
¿Qué tenía debajito el escudito?
¿Qué tenía debajito el escudito y más allaíta el letrerito Por una Venezuela Libre y de los Venezolanos.
Y lograba Trino rememorar el destino de aquellas bases programáticas:
—Esas se usaron para secar unas bielas y para quitarle el grasero a varios carburadores. ¡Como era papel sequito de puro viejo que estaba, quedaban esos carburadores limpiecitos!
Rosita había reaccionado con una actitud de ortodoxia ofendida.
¿Pero cómo has podido Trino, usar las bases programáticas del partido para secar unas cochinas bielas? ¡También es mucha dejadez!
—¿Y qué vaina son. las bases programáticas del partido? —preguntó Méndez como si la Vilariño le hubiese hablado de la Edición Príncipe de las Cantigas de Santa María.
—Yo no sé —contestó Rosita— pero según dice el doctor Canache, si no encontramos ese librito, vamos a perder nuestra identidad histórica y el partido lo que va a ser es pura robadera.
—¡Carajo! —se dijo Méndez, cuando Rosita se había marchado. ¡Y tan prácticos que eran esos libritos!
***
Se entenderá el júbilo de Rosita Vilariño, cuando a las seis y media de la tarde, después de aquella jornada de escalera, oficinas, depósitos y pipotes de basura, después de cincuenta advocaciones y once jaculatorias dirigidas a San Antonio de Padua, patrono de todo lo extraviado, logró, al fin, conseguir las bases programáticas del partido. Estaban, nada menos que debajo de una pata, en la silla del doctor Lepage, sirviendo de cuñita niveladora, porque, según él mismo había confesado, la silla cojeaba y Ramos Allup le había sugerido como solución provisional, doblar las bases programáticas en cuatro, mientras llamaban al carpintero.
El desborde del doctor Canache fue tan intenso, que allí mismo acordó darle una semana de vacaciones a Rosita Vilariño en Araya con cargo a la Unidad Recreacional de Ensal.
—¡Por fin!, —gritaba el hombre emocionado. ¡Por fin, el documento que va a sacar al partido del muermo y la confusión! ¡Por fin, nuestras bases programáticas del 451 ¡El origen histórico! ¡La clarinada luminosa capaz de devolvemos la identidad perdida! ¡Por fin un adeco, va a saber qué vaina es ser adeco! ¡Qué nos proponíamos! ¡A dónde íbamos! ¡Dónde estaba la raíz del compromiso pactado con el pueblo en el glorioso evento del 41! ¡Aquí está la bitácora! ¡La brújula capaz de guiarnos en el piélago de las calamidades! ¡Nada menos que las bases programáticas elaboradas por el fundador! ¡Por fin podemos taparle la boca al jetón de Piñerúa, que se jacta de ser el único adeco viviente! ¡El adeco smithsoniano! ¡Vilariño, usted es grande! ¡Usted es museística! ¡Usted es gloriosa!
Y como al desdoblar el librillo, Canache encontró en la primera página nada menos que el autógrafo de Rómulo Betancourt, quiso ver en esto una premonición mágica, un mensaje del más allá, que logró sacudirlo en lo más profundo de su ser.
De haber sido un monje benedictino del siglo XVhabría entonado un laudamus.
Pero como era Canache, no entonó nada.
Volaba Rosita Vilariño hacia la pintoresca isla de Araya, cuando el doctor Canache Mata, entraba en el salón de reuniones del CEN, dispuesto a ejecutar el orden del día, consistente en:
  1. Informe del secretario general.
  2. Reconvención al compañero Celli que en un almuerzo en el Hostal de La Castellana, pidió kilo y medio de angulas bilbaínas a costa de las finanzas del partido.
  3. Denuncias habituales del compañero Piñerúa.
  4. Voto de censura al compañero Lepage por haber utilizado las bases programáticas del partido, para colmo autografiadas por don Rómulo, como cuñita de sillón.
  5. Segunda parte de las denuncias habituales del compañero Piñerúa.
  6. Amonestación al compañero Fermín por haber despachado un punto de cuenta de la Alcaldía de Caracas, en la seccional del partido en Guasdualito, comprometiéndose además a reparar tres huecos y a cerrar un botiquín de la calle Comercio de dicha población.
  7. Chequeo filosófico a cargo del doctor Canache Mata en torno a las bases programáticas del partido, redescubiertas en el día de ayer por la compañera Vilariño.
  8. Puntos varios y análisis de la repotenciación de los jeeps de Ciliberto.
Se procedió a la discusión del temario y Celli aclaró el enojoso incidente de las angulas bilbaínas, alegando que no se trataba de angulas sino de simples boquerones cumaneses. Hizo don Luis Piñerúa sus denuncias habituales, mientras el resto del CEN se entretenía confeccionando unas pajaritas de papel al estilo japonés, propuestas por la diputada Gamus. Se reconvino al alcalde Fermín, acusado de ubicuo y faramallero y en general fue aprobado el informe del secretario general, un tanto amoscado por la calumnia de las angulas. Se rechazó el voto de censura a Lepage, quien alegó haber olvidado el día de la cuñita sus anteojos de leer y mientras estas cosas sucedían como en un miércoles cualquiera, Canache Mata, reprimía a duras penas su intensa emoción y acariciaba un cofrecillo de nogal que había colocado en la mesa a manera de tabernáculo mormón.
Cuando le llegó el turno, se alzó solemne, como un tenor heroico en el trance de interpretarParsifal y dijo:
—Compañeros. Propongo que todos nos pongamos de pie y reflexionemos durante un minuto, sobre nuestros orígenes, sobre nuestra trayectoria a lo largo de cincuenta años de luchas y sacrificios, en una palabra, sobre nuestra identidad de partido redentor de los humildes y creador, para decirlo con palabras del gran poeta ruso Pushkin, del alma nacional venezolana.
Iba a protestar Ramos Allup, por lo del minuto de reflexión, alegando que él jamás había podido pasar de treinta segundos a la hora de reflexionar cualquier vaina, cuando la mirada de Canache, lo hizo callarse y aceptar el intenso esfuerzo.
Transcurridos los sesenta segundos propuestos, Canache, sacó de su bolsillo una llavecilla de oro y abrió el cofre donde reposaba, un tanto arrugado, el opúsculo de la Imprenta El Cojo.
Hubo un murmullo armonioso, un ¡oh!, prolongado que Paulina resumió con voz de asombro:
—¡Las bases programáticas del partido! ¡No es posible!
Canache reprimió una humedad ocular a duras penas, aclaró su garganta afligida y colgándose del comentario de la diputada inició así sus palabras.
—El génesis, damas y caballeros. El Génesis y El Exodo y el Levítico y Los Números y El Deuteronomio. El libro de Josué y Samuel y Tobías y Los Reyes. El Legado de Esther y Los Macabeos. Los Salmos y Las Confesiones de Job. Nuestro Antiguo Testamento, señores. La palabra de quienes crearon el instrumento de dignidad y sacrificio, que hoy en día representamos en este salón. Aquí está Acción Democrática, señoras y señores, compañeras y compañeros.
Y como Celli intentara meter la manota en el cofrecillo, Canache estuvo a punto de darle un tatequieto ritual. Pero bastó su voz para detener la osadía.
—Quiero tener el privilegio, compañeros, de abrir, de soltar y propagar al viento, la luz que aquí se alberga. He aquí, señores, lo que este partido se propuso a la hora señera de ser fundado, la auténtica y propia síntesis del pensamiento betancuriano, la moderación sosegada del doctor Leoni, la ponderación del gran Francisco Olivo, la inquietud del querido Vargas, el genio de Rodríguez, la audacia díscola del maestro Prieto y si se quiere, la presencia imponderable de don Rómulo Gallegos, el creador de Cantaclaro entre tantos delirios. El partido, compañeros todos, tiene dos símbolos: nuestro glorioso escudo diseñado por Manuel Martínez, alias Manuel, y nuestro himno, con letra del inmortal Andrés Eloy Blanco y música de profesor Inocente Carreño. Tiene un color: el blanco de quien no conoce mácula ni bochorno y una consigna que se remonta a la época del PDN: Por una Venezuela libre y de los Venezolanos, y tiene además este folletico humildemente editado, como ha sido dicho, en la Imprenta El Cojo, antes de que se inventara el papel bond. Compañeros: bajo semejante advocación, y a tono con este momento donde no nos encontramos, donde no cogemos rumbo y nos agredimos los unos a los otros y las otras a las unas, quiero permitirme leerles a ustedes, nada menos que las bases programáticas de Acción Democrática, es decir, aquellas ideas, proyectos, aspiraciones que en estos cincuenta años hemos debido cumplir, para gloria y honra de todos los venezolanos. Si hemos sido capaces de cumplir con la palabra de nuestros fundadores, si hemos puesto en práctica el contenido de estas páginas, estoy seguro de que nuestra conciencia nos indicará el camino a seguir en lo futuro.
Dicho lo cual, todos tomaron asiento para escuchar la lectura ritual de las bases programáticas.
Y así leyó Canache Mata:
"Somos un partido policlasista, de izquierda revolucionaria, deslastrado de demagogia eruptiva, llamado a cumplir la revolución democrática, antiimperialista con el concurso de todas las fuerzas políticas, económicas y sociales interesadas en la transformación del país".
—¿Eso de izquierda revolucionaria no será un error de imprenta? —preguntó asombrado Ramos Allup.
—No, señor —repuso Canache—. Aquí dice izquierda revolucionaria y no hay fe de errata por ninguna parte.
Cinco minutos más tarde y concluidos los prolegómenos identificativos, el CEN arribó a la lectura de las ansiadas bases programáticas.
—El partido Acción Democrática, caballeros, se plantea históricamente lo siguiente:
1) Establecer un régimen de gobierno auténticamente democrático, expresión de la voluntad de las mayorías nacionales.
—¡Lo hicimos! —interrumpió Celli— ¡Y la prueba es que hasta Herrera Campíns fue presidente!
Canache prosiguió:
2) Derecho de sufragio directo y secreto para los venezolanos mayores de 18 años, alfabetos y analfabetos.
—¡Lo tengo! —comentó Ramos Allup, como si se tratara de una partida de monopolio.
Y continuó Canache.
3) Derecho soberano del Estado a revisar todo tratado, convenio o acuerdo lesivo a los intereses nacionales.
—¡Bingo!, exclamó Lepage. ¡Yo recuerdo que el doctor Caldera denunció el tratado con Estados Unidos!
4) Respeto absoluto para todas las creencias religiosas y libertad de culto.
—¡Lo tengo!, comenzó a vocear a coro, el CEN en pleno.
5) Regulación por parte del Estado de la explotación de los recursos minerales.
—¡Lo tengo! ¡Bingo!
6) Creación de empresas del Estado para la explotación y transformación de los recursos naturales.
—¡PDVSA, Lagoven, Maraven, CVG! ¡Bingo, sigo y voy pegado!
7) Favorecimiento a las inversiones extranjeras que contribuyan al desarrollo económico de la nación.
—¡Bingo y dale!
8) Medidas efectivas dirigidas a transformar la economía del país para que en lugar de importar produzca y consuma sus propios bienes.
—¡Más o miércoles. Pero... Bingo!
9) Participación de Venezuela en el desarrollo regional latinoamericano.
—¡Está hecho! ¡Acuerdo de Cartagena! ¡Lo tengo y bingo!
10) Protección al consumidor y estímulo a las cooperativas de consumo.
—¡Están protegidas y están estimuladas! ¡Bingo y sigo!
11) Autonomía municipal y descentralización administrativa.
—¡Lo tengo! ¡Y bastante vaina que echan con la descentralizadera!
12) Austeridad y honradez en el manejo de los fondos públicos.
Hubo un largo silencio, hasta que Lepage interrumpió animoso:
—¡Muchachos, no nos pongamos pesimistas porque de doce llevamos once bases! Yo propongo que también cantemos bingo, porque la intención es lo que cuenta!
Y así prosiguió Canache la lectura de las bases programáticas. El partido había creado una Contraloría General, había conciliado los intereses de la actividad privada con los fines del Estado, le había otorgado autonomía al Poder Judicial, creado los Seguros Sociales, protegido a los marinos mercantes, reformado la legislación del trabajo, establecido los servicios de maternidad, disminuida la jornada de trabajo, decretado la inembargabilidad del salario, elevada las condiciones de vida de la población campesina y obligado a los egresados de la Facultad de Medicina a trabajar en las medicaturas rurales, organizado el Cuerpo Diplomático e inaugurado las escuelas nocturnas.
Cuando Canache llegó al último párrafo de las bases programáticas, aquel que decía: "Establecimiento de una jurisdicción latinoamericana a la que tengan acceso los ciudadanos particulares para reclamar contra las violaciones de derecho que fijan los principios básicos de la democracia", se limitó a murmurar:
—Bueno. Esto era un poquitín utópico, pero en todo caso caballeros, de setenta y seis bases programáticas, hemos cumplido setenta y cuatro, lo cual no es malucón del todo.
Hubo un largo y sobrecogido silencio presagio de un inmenso vacío, tras el cual, preguntó con voz tímida la diputada Gamus:
—¿Y entonces qué hacemos?
El silencio se extendió largos segundos. Y Canache entendió en un instante, que el partido había agotado su doctrina y hasta medio cumplido sus arcanas promesas.
Entonces dijo:
—Señores. Yo propongo que disolvamos esta vaina.

Y hasta ahí llegó la historia de Acción Democrática.