viernes, 25 de enero de 2013

Sin tuahorro.com: Unas notas sobre el control de precios de vehículos en Venezuela


En medio de la noche, el diputado Elvis Amoroso ha sido alcanzado por un rayo de luz. Después de eso le debe haber costado mucho conciliar el sueño. Me lo imagino saliendo de su casa temprano con esa mezcla de exaltación y miedo que precede a lo que creemos son grandes descubrimientos: ¿Por qué no se me había ocurrido esto antes? Tras los marroncitos de ocasión está ya listo para el performance: El verdadero responsable de los exorbitantes precios de los vehículos en Venezuela es…. tucarro.com. Así de simple. Su gran idea es clausurar la versión moderna de Fuenteovejuna (cualquier cosa que sea la que ocurre en esa página virtual es culpa de todos, lo que viene a ser lo mismo que de nadie). Poder señalar a alguien en específico es parte de la esencia acusadora de la que respira la revolución.

Dentro de la lógica retorcida que predomina en sus códigos el control de precios de vehículos puede tener algún sentido. Ese es parte del problema. Desde la implementación del control de cambio hace diez años las ensambladoras e importadoras de vehículos en Venezuela han estado recibiendo dólares a tasa oficial. Tras los meses de apoteosis petrolera de 2007, en donde se llegaron a vender más de cincuenta mil unidades por mes, las asignaciones fueron menguando y se circunscribieron a las ensambladoras. Ahora bien, el precio de la mayoría de los vehículos a tasa oficial supera los cien mil dólares. En ausencia de control de precios, con el gobierno imprimiendo dinero a mansalva para financiar el déficit (ahora mismo tenemos 59% más liquidez que esta misma semana el año pasado) la demanda de vehículos sigue creciendo y la asignación de dólares para importaciones de partes no. Las ensambladores cobran esos precios exorbitantes por una sola razón: Porque pueden (Newt Gingricht dixit). No tienen certeza de que les serán asignadas nuevamente divisas a la tasa oficial y enfrentan una demanda fuerte como consecuencia del crecimiento de la liquidez. Los beneficios del control de cambio en esta sector no llegaron a los consumidores. Si ahora se regula al precio de los vehículos (nuevos), lo que se estará haciendo es trasladar parte de ese superávit enorme a los pocos afortunados a quienes le sean asignados los cada vez menos vehículos que se irán ensamblando aquí. Desde esta óptica podría tener sentido.

Desde una perspectiva más amplia, tienen esos precios porque además de vehículos para rodar, son vehículos para ahorrar. El gobierno ha venido cerrando todas las válvulas que le permitían a los ahorristas poner su dinero a resguardo de la inflación. Con el dólar ilegal, los bancos pagando tasas de interés que apenas alcanzan a un tercio de la inflación, los vehículos y apartamentos se convirtieron en instrumentos de ahorro e inversión. Curiosamente, es ahí a donde ahora se dirigen los esfuerzos del gobierno. Esta otra argumentación es la que está detrás de la implementación del control de precios a vehículos con menos de dos años de antigüedad. La idea es que, ausentes todos los mecanismos de preservar ahorros, la inflación opere como una suerte de impuesto del que será imposible escapar. Así se financia la revolución.

@miguelsantos12

Para El Universal, 25/01/2013

domingo, 20 de enero de 2013

¿Qué tenemos de especial? Una crónica sobre "Kafka en la orilla"


La novela de Haruki Murakami, Kafka en la orilla, 714 páginas de pulso existencial y metafísico

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
domingo 20 de enero de 2013  12:00 AM
Nada como una buena excursión a la ficción para poder hacer sentido de nuestra realidad. Esto se debe, como ya he escrito en otra parte, a que la ficción tiene que ver con la otredad, con esas otras vidas y esos otros que no hemos vivido y no hemos sido, pero representaron y acaso aún representan una posibilidad y, en consecuencia, forman parte intrínseca de nosotros. Como escribe Milan Kundera en referencia a En búsqueda del tiempo perdido (Marcel Proust): "el autor no escribió esta obra para hablar de su propia vida, sino para iluminar en los lectores la propia vida de ellos". O en palabras del propio Proust: "todo lector es, cuando lee, el propio lector de sí mismo... La obra del escritor no es más que una especie de instrumento óptico que ofrece al lector para permitirle discernir aquello que, sin ese libro, él no podría ver por sí mismo". Hay una segunda ventaja de refugiarse en la ficción: es un instrumento único para asistir a una época, a una circunstancia específica, y quizás también para introducirse en una nueva cultura. Todo esto para hacer una larga introducción a la novela de Haruki Murakami, Kafka en la orilla, setecientas catorce páginas de pulso existencial y metafísico que se suceden con vértigo. Me viene como anillo al dedo porque la obra deriva su asombrosa creatividad de una circunstancia relativamente común en Japón, a la vez que nos introduce de forma muy sutil a ciertos elementos de esa cultura, en un contexto humano y, por ende, lleno de experiencias de otros en quienes nos reconocemos. 

El libro está organizado de forma rigurosa. Los capítulos impares relatan en primera persona la historia de Kafka Temura, un chico de quince años que decide huir de la casa en donde vive con su padre, el famoso escultor Koichi Temura. Su madre y su hermana escaparon de allí hace mucho tiempo, cuando Kafka apenas tenía cuatro años. En su interior habita además una suerte de alter-ego, cuyo nombre deriva a su vez de la traducción checa de "Kafka": Cuervo. El joven llamado Cuervo surge de forma caprichosa en Kafka, cuando éste reflexiona acerca del curso de acción a seguir o se encuentra en situaciones embarazosas. "A veces el destino es como una pequeña tormenta de arena capaz de cambiar de dirección. Tú cambias el rumbo, y la tormenta te persigue. Vuelves a girar, y la tormenta se ajusta... ¿Por qué? Porque la tormenta eres tú". Y luego, cuando Kafka insista en evadirse: "me da la impresión de que a veces confías demasiado en la distancia".

Los capítulos pares narran, partiendo de una miríada de documentos oficiales, la vida de Satoru Nakata, un inofensivo hombre de sesenta años con alguna deficiencia mental. Nakata fue uno de los catorce niños que muchos años atrás (1944) cayeron fulminados por una suerte de descarga eléctrica mientras recogían setas en la montaña durante una excursión escolar. A diferencia de los demás, él fue el único que no recuperó la conciencia, sano y salvo, unas horas después. Nakata tardaría unas semanas más y al hacerlo presentaría una secuela de rasgos ya clásicos en la literatura de Murakami: habrá perdido la memoria ("su cabeza se había vaciado por completo, había vuelto al mundo como una hoja en blanco"), la mitad de su sombra (la sombra de la imperfección) y habrá ganado la extraña cualidad de conversar con los gatos. Este último rasgo le sirve para complementar la pequeña pensión por discapacidad que ha obtenido del gobierno local, con pequeñas propinas que obtiene por encontrar gatos perdidos. Desde temprano un evento causal enlaza a estos personajes: una búsqueda de gato lleva a Nakata a una casa -la de Koichi Temura- donde es obligado a apuñalar a una aparición diabólica que posee al escultor. A raíz de este suceso, Nakata huye haciendo autostop hacia la pequeña isla de Shikoku, a donde Kafka Temura acaba de llegar en autobús.

Ambos están conectados por un vínculo oscuro. De hecho, en la misma noche en que Nakata ha asesinado al padre de Kafka, éste último despertará en el jardín de un antiguo templo Shinto cubierto de sangre. Descifrar ese vínculo corre por cuenta exclusiva del lector, una tarea que se extenderá mucho más allá del fin de la novela. En cualquier versión que usted se haga de lo que ha sucedido aquí tendrá un rol clave la señora Saeki, dueña y curadora de la biblioteca Komura. Allí donde Kafka obtiene un empleo parcial y se aloja en una pequeña habitación. En ella empezará a ser visitado de forma alternativa por la señora Saeki, y por visiones del espíritu de ésta cuando tenía quince años. A esa edad la señora Saeki había perdido a su gran amor, uno de los herederos de la familia Komura, durante unos disturbios estudiantiles. "Es difícil advertir la diferencia entre el mar y el cielo, entre el viajero y el mar, o entre la realidad y las artificios del corazón". 

La existencia dual de este personaje, en presencia y en espíritu, hace referencia al "Cuento de Genji" de Murasaki, un clásico de literatura japonesa del siglo XI cuya protagonista se ha convertido en un espíritu viviente sin llegar a darse cuenta. En su pesar, la señora Saeki ha dado con una puerta, a través de la cual pudo acceder al amante perdido. Esa puerta se ha abierto alrededor del día en que Nakata ha recibido la descarga eléctrica, de manera que éste último se ha vuelto una especie de conducto entre ambas realidades. Kafka Temura podría ser el hijo de la señora Saeki, también una reencarnación del primogénito de la familia Komura. Por esa razón, se siente atraído fuertemente hacia ella. "'No somos metáforas'. Lo sé -le digo- pero las metáforas pueden eliminar la distancia que nos separa". "Me recuerdas a alguien del pasado". "Los recuerdos proveen calor desde adentro, pero también nos desgarran en pedazos". El complejo de Edipo se cierne sobre el propio Kafka, acaso como un obstáculo que le impide crecer. La aparición de Nakata permite de nuevo "poner orden" y cerrar las puertas, y devolver a cada quien a donde corresponde.

Unos días después de terminar de leer Kafka en la orilla mi hijo me pidió que lo llevara al club de video a alquilar una película. Para mi sorpresa, resultó ser un Anime japonés, una historia sobre un chico (Novita) y su gato (Doraemon). Por la calidad de los gráficos, debía ser bastante vieja. Pero el Doraemon no es un gato común: Posee una puerta que da acceso a una realidad paralela, una en donde los juguetes cobran vida y se arma una enorme batalla campal entre juguetes buenos y malos. Y he aquí que, en medio de la batalla, un mono de cuerda huye de esta realidad paralela y se devuelve a la primera, presumiblemente a la nuestra, y comienza a darle vida a los juguetes de "este lado", que a su vez empiezan a dar guerra a los humanos. A diferencia de Constantino, de apenas cinco años, a mí me costó bastante encontrarle el sentido y hacerle seguimiento. Y entonces lo vi. Vi la puerta, la realidad paralela, los sueños que encuentran canales inconscientes a través de los cuales se abren paso hacia la realidad, y viceversa. No había tanta creatividad en Murakami. Él, al igual que Pedro Almodóvar, ha explotado esa realidad en donde ha nacido y crecido y que a nosotros a ratos se nos antoja a ratos tan extraña y a ratos tan próxima. Esa es la fuente de la que han bebido. Así también, en nosotros, en nuestra propia circunstancia, debe haber algo de único y especial. Es cuestión de dar con ello.

@miguelsantos12

viernes, 18 de enero de 2013

¿Para qué sirve un economista?


Es una pregunta legítima. Tanto para quienes están pensando, están ahora o alguna vez estudiaron economía (¿qué se puede hacer con todos esos conocimientos?) como para quienes consumen lo que producen los economistas (¿en qué se puede creer?). Inclusive para los amateurs, para quienes se acercaron más tarde, atraídos por la omnipresencia del hecho económico. ¿Para qué sirve un economista?

En Venezuela la economía está asociada de manera inseparable a predecir el futuro, en el mejor estilo de Adriana Azzi. A esa concepción han contribuido mucho los “analistas” que andan por ahí, siempre prestos a jugar a Casandra para ganar algo de espacio. La idea de que la profesión es inútil si no es capaz de predecir lo que vendrá no puede ser más errada: Los médicos no viven de predecir quién sanará y quién no, y cuándo, sino de prescribir remedios y corregir desequilibrios. De allí que lo que deba preocupar de la economía como ciencia sea su incapacidad para resolver nuestras dificultades (i.e. la crisis financiera), más allá del hecho de no haber sido capaz de predecirlas.

Se trata, al menos en su acepción más agregada (macroeconomía) de administrar de la mejor forma nuestras recursos escasos para satisfacer nuestras necesidades ilimitadas. A ese nivel los resultados dependen de las decisiones de millones de personas, lo que introduce un grado de complejidad que a su vez limita la precisión que la ciencia es capaz de alcanzar. Para tratar de analizar las más frecuentes de esas situaciones, los economistas recurrieron al uso de representaciones “simples” de la realidad (modelos), la mayoría de las veces amparados en un grado significativo de abstracción matemática.

Al principio, se procuró reducir toda nuestra compleja realidad a unas pocas ecuaciones. Apenas un código de representación, de alguna forma cobró vida propia y empezó a caminar por ahí, al estilo de los naipes del náufrago en la novela de Jostein Gaarder. Su decodificación de vuelta al mundo real quedó suspendida. Los modelos de “equilibrio general” que de allí derivaron, en palabras de Ricardo Caballero (MIT), “se dejaron hipnotizar por su propia lógica de una forma tal que empezaron a confundir su capacidad para predecir las circunstancias de ese mundo abstracto en el que surgieron con su capacidad para predecir la realidad”. La futilidad de estos métodos llevó a otros a estudiar fenómenos específicos de manera más precisa, sin pretender “explicarlo todo”. De este segundo grupo (ridiculizados como “modelos mascota” por los más generalistas) se derivan conclusiones más precisas pero también más simplistas: Su relación con el todo no siempre queda clara. La economía de los datos, esa que parte de y vuelve a los resultados concretos del hecho económico, ha pasado a un segundo plano.
A partir de aquí, la ciencia necesita con urgencia a gente dispuesta a levantarse y denunciar que el emperador lleva rato desnudo. Es hora de hacer algo distinto, de intentar algo nuevo. Es eso o quedar a merced de los opinadores de oficio.Como bien apunta Caballero, esos, aunque parezca imposible, sufren del síndrome de pretender-saber de una forma todavía más aguda que los economistas de academia.

@miguelsantos12

Para El Universal, 18/01/2013

miércoles, 16 de enero de 2013

Must read: Macroeconomics after the Crisis: Time to Deal with the Pretense-of-Knowledge Syndrome, by Ricardo Caballero (MIT, 2010)

El permisado y los sobrevenidos


Es difícil hacerse una idea clara de qué es lo que ha estado ocurriendo estas semanas en la Asamblea Nacional. Ya en días anteriores a la “toma de posesión simbólica” representantes de otros países y alguno que otro Presidente habían empezado a desfilar por Caracas, acaso más preocupados por las demoras administrativas en los aportes de la revolución. Por cosas del destino, ese día se cumpliría un mes desde la última vez que vimos por aquí al Presidente de la República. De ahí ha sucedido de todo, desde sus propios herederos políticos desoyendo todas y cada una de sus directrices, hasta líderes de la oposición exigiendo que se cumpla “lo que dijo Chávez”. El pandemónium alcanzó la apoteosis en un acto de juramentación del Presidente ausente, con base en una decisión del TSJ que considera que esa ausencia no es ni temporal, ni permanente.

¿Qué fue lo que dijo el Presidente hace un mes? Con un grado de precisión bastante raro en él y en un gesto que dice todo lo que necesitaríamos saber acerca de su salud, el Presidente advirtió que había un riesgo de que inclusive no pudiese culminar el período que cerró el 10E. En ese caso le correspondería hacerlo a Nicolás Maduro. A partir de allí, se deberían convocar a elecciones presidenciales, para las cuales designó, de manera irrevocable y clara “como la luna” (¿?) al Vicepresidente como candidato. Nada de eso ha sucedido. Ninguno de sus dos delfines, el que él designó y el que no, ha querido quemar su chance presidencial en un período breve y transicional. Es un equilibrio peligroso e inestable, en donde ninguno quiere aparecer muy ansioso por tomar la Presidencia, pero en esa demora e indecisión corren el riesgo de no llegar jamás. Éste juego simultáneo de información imperfecta se ha saldado con ninguno de los dos dando un paso al frente, el Estado acéfalo, la Junta de Gobierno de facto. Ya a partir de aquí, como vaya viniendo vamos viendo.

La oposición, tras unos días de tormentoso silencio, se ha puesto en marcha. Un grupo ataca por el lado de las formalidades legales. Las formas, como ha resaltado José Ignacio Hernández, tienen una razón de ser, allí se arropa y resguarda la institucionalidad. Otros abordaron la escena internacional, advirtiendo a la OEA y al cuerpo de embajadores sobre los riesgos de éste enorme vacío y su carencia de sustento legal. Una condición, ya lo sabemos nosotros, necesaria pero no suficiente. Hay un tercer grupo que se ha esforzado en recordar que aquí lo importante, más allá de la diatriba y la crisis acaecida por la sucesión, son los problemas de la gente, que hay un país que votó por un candidato con base en unas promesas de gobierno que siguen pendientes, para que las cumpla sea él o cualquier otro. Es esta última vertiente de la que podemos derivar más frutos. La crisis económica, ya anunciada por la devaluación del bolívar en más de 130% en el mercado paralelo y la inflación de diciembre (3%), se vendrá como un vendaval sobre unos, esos sí, sobrevenidos, que ya no tendrán al líder que todo lo maquilla y todo lo vende. Por primera vez en muchos años el tiempo juega en favor de la oposición.

@miguelsantos12


domingo, 6 de enero de 2013

Las cuatro certezas


El surrealismo que nos rodea durante las últimas semanas ha empujado a muchos a refugiarse en la ficción. La prueba más evidente son las veces que usted ha escuchado en ese período “es que esto me recuerda a la película aquella de…”, o “esto parece una novela de…”. Es exactamente eso, no hay manera de contrastar esa realidad tan esquiva, de reconstruir sus fragmentos, como no sea recurriendo a esos otros que pudimos haber sido, o que aún podríamos llegar a ser. Todos, de una u otra forma, nos hemos visto obligados a introducir en nuestras películas, en la rápida sucesión de imágenes que a fin de cuentas constituye nuestra realidad, algunas escenas que nos resultan completamente ajenas, con actores que nos eran totalmente desconocidos. El resultado “no se parece a nosotros”, otra expresión que he escuchado mucho aquí y allá, en diferentes contextos. Aunque yo también venga ya de vuelta de mi propia excursión a la ficción, quería poner en perspectiva algunas cosas que nos rodean y que en mi opinión, pase lo que pase, ya no van a cambiar. Agrupar nuestras pocas certezas no es poca cosa, acaso sirvan de asidero a la hora de pensar en lo que está por venir.

Independientemente del desenlace de La Habana, es muy probable que Hugo Chávez no vuelva a ocupar la Presidencia. Basta con haber pasado 14 años con él, con haber sido testigo del nacimiento y rápido desarrollo de su ego, del crecimiento progresivo de los tamaños de las gigantografías (las más grandes están por venir) para saber que una alocución como la que hizo el día que nos entregó su testamento político y designó al heredero sólo podía acaecer por causa de fuerza mayor. En ese contexto, sea cual sea el desenlace, es muy difícil que ocurra un cambio en el resultado electoral (en relación con los dos procesos recientes) si se convocan a elecciones en un período relativamente breve. La propia fuerza de Hugo Chávez, en el estado en que esté, o la iconografía del líder que se inmoló en la cruz del 7-O para defender tus derechos, tus misiones, tus beneficios, vendrían a sumarse a las otras ventajas que ya conocemos de sobra. Y pensándolo bien, no está del todo mal que así sea.

El ajuste económico al que obligan los desmanes de la campaña electoral presidencial es impostergable. ¿Por qué? Porque no hacer nada, ya sería hacer bastante. El déficit colosal, sin devaluación, lo que hace es crecer debido a la pérdida de valor real de la contribución petrolera. Recortar el gasto provocaría una fuerte recesión y haría caer el consumo, imprimir dinero para evitarlo podría provocar una aceleración muy significativa de la inflación. Al ritmo de diciembre (3%), cerraríamos 2013 en 43%. Alguna combinación tendrán que escoger entre imprimir dinero, recortar gasto y devaluar, porque bajo la incertidumbre actual los mercados internacionales de deuda serán todavía más exigentes con Venezuela.

Venezuela cambió para siempre. Han cambiado muchas cosas, pero la más esencial es la concepción de lo que la mayoría de los ciudadanos espera del Estado. Ese contrato que toda sociedad debe hacer, en donde el Estado provee ciertos bienes y servicios y a partir de ahí el ciudadano utiliza esa dotación para abrirse camino, cambió de manera radical. Las dificultades económicas del 2013 sin duda causarán una decepción, un resquebrajamiento en esa concepción, no sé si suficiente como para derribar la promesa de lo imposible. Si yo fuese oposición, me sentiría mucho más cómodo ahí, en la oposición, que haciéndole frente a esa enorme decepción y asumiéndola como propia. Me sentiría más cómodo trabajando para capitalizar el desengaño y construyendo ese porcentaje asequible que hoy nos separa de la mayoría.

@miguelsantos12

Para El Universal, 06/01/13