jueves, 28 de febrero de 2013

La economía y el hábito de ser útil

viernes 1 de marzo de 2013  12:00 AM
La viabilidad política es un elemento clave dentro del proceso de reforma profunda de la economía que requiere Venezuela. Esa viabilidad suele ser función de cómo se produce el desenlace en el período inmediatamente anterior. Las grandes reformas de economías institucionalmente caóticas se produjeron luego de sendos episodios de escasez e hiperinflación. Ese rasgo, la catástrofe, abre la vía para la reforma a través de dos canales: deposita la mayor parte del costo político de la reforma en el régimen anterior y estimula a un cambio en los hábitos de las personas. Según esta línea de ideas, octubre era uno de los peores momentos para ganar una elección. 

Veamos el primer canal. Sólo han hecho falta cinco meses para ver las consecuencias de los desmanes políticos en que incurrió el Gobierno para garantizar su victoria electoral. En esos cinco meses el valor del bolívar en el mercado paralelo se depreció 61%, 32% en el mercado oficial. La inflación anualizada de los últimos dos meses es de 49%. La escasez saltó de 13% a 21% (y todo antes de la eliminación del Sitme). Aún así, el déficit de 18% del PIB con el que cerró el año pasado está lejos de ser cubierto, por lo que serán necesarios aumentos del IVA, un impuesto a las transacciones financieras, e inclusive un posible aumento en el precio de la gasolina. Todas estas medidas generarán una suerte de efecto Nixon en China y harán parecer a cualquier cosa que ensaye una nueva administración no sólo comparativamente menos costosa, sino también necesaria. 

El segundo canal, los hábitos, preocupa bastante más. Ya lo decía Alfred Marshall: "el problema de los economistas es que atribuyen a las fuerzas de oferta y demanda una mecánica regular que va mucho más allá de la que en realidad tiene: No se dan cuenta de que ambas dependen de los hábitos de las instituciones e industrias". Y nuestros hábitos tras este largo período de estancamiento (que comienza en 1977 y se ha acentuado desde 1998) son terribles. La rentabilidad no ha sido una consecuencia de la productividad, sino de la capacidad de capturar rentas a través de cupos Recadi, OTAC o Cadivi, de aprovechar las barreras de entrada y los períodos de apreciación para importar barato y vender caro. Los salarios vienen protegidos por ley, una especie de derecho adquirido que ha provocado un ausentismo laboral sin precedentes. Más general aún, se ha instalado en el consciente colectivo el rol del Estado que todo lo puede y todo lo provee, con algún efecto nada despreciable sobre la moral, autoestima y aspiración de independencia de nuestra fuerza laboral. Esos hábitos, sin duda, son consecuencia de un conjunto de incentivos. Y esos incentivos pueden cambiar. Hace falta un nuevo contrato social. Pero ha pasado mucho tiempo, no será fácil. Para volver a Marshall: "No hay nada con mayor capacidad para formar el destino de un hombre que los pensamientos, sentimientos y acciones que resultan de su ocupación diaria". Nosotros llevamos ya demasiado tiempo ocupándonos de cosas muy poco productivas. Esa es parte del éxito político de la revolución: ponernos a hacer de forma eficiente cosas que no necesitarían ser hechas del todo. Y parte esencial de lo que tenemos que cambiar. 

@miguelsantos12

domingo, 24 de febrero de 2013

Oscars 2013: La Academia vuelve a casa


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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
domingo 24 de febrero de 2013  12:00 AM
Tengo por costumbre buscar un patrón común entre las películas nominadas al Oscar, una suerte de tema subyacente que haya atraído de manera consciente o inconsciente la atención de los miembros de la Academia. Como es sabido, las películas nominadas en cada categoría y los ganadores son elegidos por sus 5.800 miembros. Con semejante muestra, resulta estimulante el ejercicio intelectual de buscar factores comunes tras las preferencias, e identificar a partir de allí tendencias, problemas contemporáneos y distintas concepciones y soluciones que se van tejiendo en el imaginario colectivo.

En esta ocasión la tarea se me ha hecho algo más evidente. A pesar de los esfuerzos institucionales por disimular el rasgo pro americano de los premios en los últimos años, esta vez los miembros de la Academia han decidido traerla de vuelta a casa. En un vuelo rasante se aprecia un aire de inocencia y heroísmo, lucha del bien contra el mal que en todos los casos termina con un final optimista, que resalta la virtud y refuerza los valores más rancios del "viejo estilo americano". El simple hecho de que a una película que gira alrededor de un desorden mental severo se le haya titulado El lado bueno de las cosas es apenas un indicio fácil de esa tendencia (tómese por contraste Los Miserables).

Pensemos en Argo, una de las grandes favoritas de esta noche. Un equipo de agentes norteamericanos procura rescatar a seis miembros del cuerpo diplomático que han conseguido escapar del secuestro de su embajada en Teherán. El hilo de la estrategia desafía cualquier rastro de sentido común: entrarán en Irán fingiendo ser una productora canadiense de cine que evalúa escenarios para una película de ciencia ficción. Es decir, a partir de un episodio que resultó en una verdadera vergüenza nacional e internacional, se construye una narrativa heroica, fundada en los valores de la ingenuidad, el arrojo y, por encima de todo, la fe.

Ese también es el caso de La noche más oscura, aunque por la naturaleza de la tarea en cuestión la trama resulte menos directa, más contingente en pequeñas pistas que con frecuencia conducen a sucesivas catástrofes. Todas, en realidad, menos una. Una agente de inteligencia descubre un rastro bastante vago e improbable, sobre un posible correo de Bin Laden, y decide seguirlo durante años hasta que finalmente le conduce al complejo del Sheikhen Abbotabad. El énfasis aquí está en la fe y la perseverancia puesta en una pista fortuita, una aguja en un pajar, un rastro intermitente reforzado por una información no muy fiable llegada de Marruecos. Y, muy por encima de todo, en la ingenuidad ("Si la confianza que ella demuestra tener en su propia idea es lo único que nos separa de que nos violen en una prisión en Pakistán... estamos hechos").

Esos mismos rasgos están presentes en el Lincoln de Daniel Day Lewis, que tiene en el bolsillo el Premio a Mejor Actor aunque su rol le exija mucho menos que los de Christy Brown (Mi pie izquierdo), Paul Dano (Petróleo sangriento), o Gerry Conlon (En el nombre del padre). La película abarca desde la reelección de Lincoln hasta su asesinato, menos de treinta meses que incluyen la enmienda para abolir la esclavitud, Gettysburg y el fin de la Guerra Civil. Aquí, una vez más, se resalta la figura del self-made man, con apenas un año de instrucción formal y una extraordinaria inteligencia, derivada de largas horas devorando libros por cuenta propia. Sin mucha habilidad social, ni dotes para el discurso (su frase más recordada: "sin malicia para nadie, con caridad para todos", está lejos de ser un punch-line), Lincoln se abre camino gracias a su perseverancia, paciencia, y una habilidad colosal para el juego político práctico (algo que, dicho sea de paso, algún cortocircuito causará en el espectador venezolano).

En esa misma línea, aunque dentro de una perspectiva más romántica y en un contexto onírico, se inscribe La vida de Pi. Se trata de esa dualidad del hombre en la lucha por su supervivencia: A ratos contra todo lo demás, a ratos contra sí mismo. La crítica le ha recibido con una mezcla de socarronería y admiración, por lo que muy probablemente termine llevándose algunos premios más anodinos (fotografía, adaptación al guión, canción). En cualquier caso, resultará interesante medir el grado de penetración de eso que muchos llaman bubble-gum philosophy a través de su performance en la ceremonia de esta noche.

El problema está en que los mecanismos que están detrás de cada una de estas grandes empresas son igualmente de perceptibles y desvelan también una base subyacente común. Los buenos tienen que vencer a los malos. Para que esto sea así hace falta algo más que ingenuidad, fe, perseverancia y heroísmo. De hecho, hacen falta muchas cosas que vienen a representar todo lo contrario. Así, la estrategia de la operación de rescate en Argo está basada en una premisa: Si se logra posicionar la idea de una película absurda filmada en Irán en los medios norteamericanos, se crearía una realidad que ya luego sería fácil de vender a los iraníes. Aquí el rol de los medios en la materialización de una realidad ficticia tiene un papel secundario, pero dentro de una audiencia como la nuestra produce cierta resonancia imposible de ignorar. Luego están las torturas despiadadas, los procedimientos bastante controversiales de sacar información a los detenidos (ahogamiento simulado) de La noche más oscura. Aquí también, una vez que Maya (Jessica Chastain) identifica el lugar donde se presume (60%) que vive Bin Laden, su única obsesión es "soltar una bomba en el complejo y acabar con él de una buena vez". Esto, claro está, después del minuto inicial en blanco y negro que muestra en rápida sucesión escenas de las víctimas del 11/09 se hace mucho más digerible, necesario, acaso también justo. Algo similar ocurre con Django desencadenado, una película cuya moraleja esencial es que mientras más se disfrute la violencia, en esa medida se es más efectivo en el uso de la violencia como herramienta de justicia.

Quizás en ningún lugar sorprenda más este otro set de rasgos del antihéroe que en Lincoln, porque es allí en donde uno menos esperaba encontrarlos. Lincoln considera la esclavitud inmoral, pero también es un elemento esencial para asfixiar la economía de los confederados, conformada por plantaciones dependientes del trabajo de esclavos. El Presidente exhibe esa misma paciencia y parsimonia que le caracterizan cuando se trata de dejar caer 170 bombas por minuto en un puerto del Sur, fortaleza de la resistencia. La película lo presenta sin romanticismo, utilizando y abusando de sus poderes especiales y comprando votos con estrategias muy cuestionables, que ejecuta a través de un equipo de villanos que mantiene clandestino y a los que realizará una sorpresiva visita unas noches antes de la votación de la enmienda.

En cierta forma uno agradece que el cine norteamericano se haya salido un poco del optimismo ingenuo del que nos ha provisto a manos llenas y haya decidido presentar sin romanticismos esa otra perspectiva. Para imponer el bien y la virtud, a veces hace falta mucho más que ingenuidad, fe, perseverancia y valentía. Hace falta ejecutar acciones que comprometen algunos de los valores más altos que fundamentan esas virtudes. Y qué difícil es encontrar ese equilibrio. 

@miguelsantos12

viernes, 22 de febrero de 2013

Gobernar sin Hugo Chávez


MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
viernes 22 de febrero de 2013  12:00 AM
Si hay algo que no se puede disimular es el paso del tiempo. Ese viene a ser el pensamiento más recurrente en estos días, cuando uno revisa la prensa venezolana. El comandante habló ("no así con la voz de él de siempre, pero si uno pone atención, él se hace entender"), el comandante mandó a reorientar el satélite, el comandante salió a caminar, el comandante planificó su regreso y decidió anunciarlo por Twitter ("él mismo, para acabar con los rumores"). Todos de pie: anoche arribó el Presidente en funciones. Y así. El tiempo va pasando. Los visitantes extranjeros son cada vez más esporádicos. La mayoría ya había decidido salir de dudas temprano, y se apresuraron a La Habana en las primeras de cambio. Un enterarse y un acaso: no dejar escapar la posibilidad de presentarle un último gesto, respeto y agradecimiento por los favores concedidos. Algunos tuvieron más suerte que otros. A su salida todos fueron crípticos. "Hasta siempre Hugo" (Cristina Kirchner). 

Hubo que hacer el ajuste económico. Hubiese sido bueno tener al lado a Chávez, que todo lo maquilla y todo lo vende. Chávez, el que en última instancia siempre puede llamar al sacrificio y a la renuncia del propio bienestar por el bien de la revolución. "Con hambre y sin empleo, con Chávez me resteo". Chávez, a quien todo se le acepta y todo lo puede. Sin la posibilidad de contar con él y con las cuentas presionando se vieron obligados a devaluar. Como lo hacen por necesidad y no por convicción, mientras más se demoraran, menos recogían. Pronto vendrán otras medidas. "Si no podemos contar con él, al menos tengámoslo aquí, digamos que esto lo definió y lo aprobó él". El comandante diseñó el paquete económico. Una suerte de última vuelta del Cid Campeador. Y es que la marioneta de a poco va perdiendo forma, se le han ido algunas costuras y toda la obra amenaza con venirse abajo. Se extravió la unidad monolítica, unos dicen que el dólar estaba barato, otros que así se protegen los dólares del pueblo, y otros señalan a la oligarquía especuladora. Ricardo Sanguino declara que ha sido para promover exportaciones, se suma así a la filosofía del switching expenditure, de aquí al FMI (no sería el primero). Todas ellas excusas difíciles: las esgrimen quienes administran el 95% de los dólares que ingresan al país. 

Mientras tanto, en las calles, en las empresas públicas y en los portales web, buscan contener a sus propios partidarios. La inflación de los tres primeros meses del año equivale a niveles de entre 43% y 49% anual. La escasez reportada en enero superó el 20%. ¿Cómo lidiar con esto sin él? Por razones que me imagino tienen que ver con su propia dinámica interna, siguen sin llamar a elecciones, viéndose obligados a recoger parte de lo que han sembrado. Vienen rodando por inercia, sin la gasolina del líder, sin ideas ni propuestas, su agenda electoral se restringe a aniquilar los pocos espacios de los que dispone la oposición. A falta de carisma, hace falta aún más desigualdad en el proceso electoral para garantizar la victoria. Aún así, si no es más acá, será más allá. El tiempo sigue avanzando. Y como decía Antoine de Saint Exupery, caminando recto, siempre hacia delante, no se puede llegar muy lejos

@miguelsantos12

viernes, 15 de febrero de 2013

El Gran Inquisidor


MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
viernes 15 de febrero de 2013  12:00 AM
El Gran Inquisidor se sienta frente al reportero de la Agencia Venezolana de Noticias (AVN). Hace tiempo que ha decidido no dar la cara ante los medios de oposición. Con los años no sólo se le han ido agotando las ideas sino también la paciencia, la tolerancia con quien piensa diferente. "El sector privado produce 3.000 millones de dólares al año y demanda 30.000 millones". Si esa es la demanda: ¿por qué fue necesario devaluar? Según el BCV, nuestras exportaciones petroleras totalizaron en 2012 92.233 millones de dólares. ¿Cuál es el problema de asignar un tercio a importaciones privadas? El Gran Inquisidor sabe cuál es el problema, pero el reportero de AVN no le va a preguntar sobre eso.

"Dicen que estamos desangrando a Pdvsa porque destinamos una gran porción de los ingresos a lo social". Pero en realidad, a Pdvsa la está desangrando, por un lado, que la obliguen a pagar regalías por más de un millón de barriles al día que produce y no cobra (los que van a Petrocaribe y al Fondo Chino); y por el otro, los aportes a Fonden. A este último, Pdvsa le ha entregado más de 50.000 millones de dólares, lo que sumados a los aportes del BCV totalizan más de cien mil millones de dólares. ¿Qué ha hecho con ese dinero? ¿Qué ha sido del Fonden y del Fondo Chino? ¿Está preparado el Gran Inquisidor para rendir cuentas, para mostrarnos en detalle cuánto entró, qué se hizo en concreto y cuánto nos queda? "Vivimos de la insaciabilidad del dólar, de una especie de ninfomanía dolarizada". ¿Hay acaso mayor voracidad, mayor "ninfomanía dolarizada" que la del propio gobierno?

El Gran Inquisidor fustiga a los venezolanos por no dejar su dinero en bolívares, ganando tasas de interés que en ningún caso llegan ni a la mitad de la inflación. Y es que así, con las pérdidas de valor en los ahorros de todos, se financia la revolución. El beato tartufo tampoco hace referencia alguna al hecho de que desde la implementación del control de cambio el gobierno haya puesto a circular 3.650% más de monedas y billetes (44% anual). "Si eliminamos Cadivi y dejamos todo libre, las reservas no durarían tres días". Con esa cantidad de dinero que él ha impreso y con el pánico que se reparte aquí todos lo días a manos llenas, no cabe duda. Ninguna mención a la conexión entre esos desvaríos monetarios, la inflación y la devaluación.

En su lugar, recurre a la mortificación de la carne: "no se justifica que la gente se atiborre de comida chatarra... por eso hay tanta obesidad". Resulta curioso que haya utilizado este ejemplo de la obesidad de manera despectiva (para nosotros) y didáctica (para el gobierno): "Cuestionan que usemos la palabra ajuste. ¡Cretinos! Si un tipo tiene cien kilos de sobrepeso, más vale que se ajuste o le da una embolia o un infarto". Es así: 18% del PIB de déficit, financiado imprimiendo billetes, pone a cualquier economía en la vecindad de un infarto. "Si esto es un paquetazo, ¿dónde está la privatización?". El monje plantea esta pregunta en un país en donde lo más preciado, la defensa de la vida, se privatizó hace rato. La salud y la educación también. Si tiene dudas, podría preguntarle a sus colegas de gabinete a qué colegio mandan a sus hijos o a qué clínicas llevan a sus familiares. Y su vaya palabra por delante. 

@miguelsantos12

viernes, 8 de febrero de 2013

A 30 años del Viernes Negro


La próxima semana se cumplirán treinta años de aquél Viernes 18 de Febrero de 1983. De aquél campanazo no hemos sabido reponernos, no hemos logrado superar nuestra sensación de fracaso. Tres décadas después seguimos dando tumbos, deslizándonos a trompicones hacia un caos y una barbarie sin precedentes, que se supera a sí misma con el pasar de los días. Nunca llegamos a tocar fondo, nuestros fondos descienden en la misma medida de nuestra atormentada realidad. Venezuela cierra esos treinta años como uno de los países de menor crecimiento económico en el mundo. Entre 1983-2012 nuestra producción por habitante creció 16% (a razón de 0,5% anual), mientras en ese mismo período un chileno promedio se enriqueció 213%, un peruano 74%, un argentino 73%, un colombiano 64%, un brasilero 45%. El más próximo, México (31%), creció el doble que nosotros.

Incidentalmente, casi la mitad de ese período la ocupa la última parte de la IV República (16 años) y la otra mitad la revolución (14 años). La tasa de crecimiento del ingreso por habitante promedio en la primera mitad (1983-1998) fue de 0,2% anual, mientras que en el período más reciente (1998-2012) fue de 0,9%. Algo similar ocurre en relación con la inflación, donde nuestro récord es pobre (promedio anual de 31% en treinta años), con la primera mitad (39%) siendo mayor que la segunda (22%). A lo largo de los treinta años la devaluación medida a tasa oficial (27% anual) y paralela (34% anual) describen un intervalo en cuyo centro se encuentra la inflación (31%). Este es un hecho que se mantiene en ambos sub-períodos y que nos debería llamar a reflexión. Entre 1983-1998 nuestra devaluación anual (38%) fue idéntica a la inflación (39%). Para la segunda mitad (1998-2012) la devaluación a tasa oficial (16% anual) y paralela (28% anual) prácticamente promedian la inflación (22%). Es decir, en relación con la paridad del poder de compra, nuestro nuevo aprendizaje es que la vieja concepción (se cumple a rajatabla en plazos largos) era correcta.

Como lo que producimos sigue siendo en esencia lo mismo, dependemos cada vez más de que se venda a precios cada vez más altos. Así, nuestro gobierno se ha vuelto cada vez más agresivo con la especulación (en la OPEP) y nuestra población más obsesiva con la redistribución. La generación de riqueza es una tema tabú que no forma parte de la agenda pública (si a ver vamos, ya ningún problema concreto forma parte de ella).

Ahora bien, cuando se evalúan estos treinta años no se puede ignorar que en promedio cada habitante dispuso en la primera mitad de 1.060 dólares de exportaciones petroleras, mientras que en estos catorce años se ha dispuesto de 2.050 dólares en promedio anual por persona (ambas cifras en dólares de 2012). Más aún, durante la primera mitad de estos treinta años (debido a la crisis de la deuda y al cese del financiamiento a América Latina) nuestro endeudamiento no creció, mientras que en estos últimos catorce años se ha cuadruplicado. Es así, en esta segunda mitad nos ha salido muchísimo más caro producir unos resultados bastante similares a los de la primera. Más allá de eso, ninguna diferencia entre la peor parte de la cuarta y la revolución.

@miguelsantos12

Para El Universal, 08/02/212

viernes, 1 de febrero de 2013

14 años después


Con algunos días de retraso me he sentado a revisar en detalle el documento leído por Ramón Guillermo Aveledo el pasado 23 de enero. Me gusta leer a quienes me expresan, a los que son capaces de decir de la mejor manera esas cosas que uno ya siente y no encuentra cómo encauzar hacia la realidad exterior. Manifestaciones así no tumban dictaduras, está claro, pero son necesarias para proveer de contexto y sentido de la orientación a la lucha política que nos vemos obligados a librar a diario en condiciones de franca desventaja. El documento esta estructurado de una manera muy simple, con una amplia convocatoria a la unidad nacional (inscrita dentro de la misma tradición unitaria del 23 de enero de 1958), un diagnóstico de nuestra situación y una propuesta concreta de defensa de la democracia alrededor de doce objetivos. Dentro de esa estructura, quería aprovechar este espacio para complementar el balance que heredamos tras catorce de años de revolución.

La evaluación debe hacerse en la misma línea de la famosa parábola de los talentos: A quién más se le ha dado es aquél a quién se le debe exigir más. Cuando empezó la revolución, las exportaciones petroleras de Venezuela equivalían a 522 dólares por persona. Catorce años después, al cierre de 2012, esa misma cifra alcanza los 3.095 dólares per cápita. Es una cifra colosal, aún si ajustamos por inflación en Estados Unidos el aumento es de 324%. Decir eso es decir que cada uno de los 14 años nuestras exportaciones petroleras reales per cápita crecieron 11%. Pero esta lluvia de recursos no fue suficiente. En 1998 la deuda de externa de toda la República era de 28.455 millones de dólares (1.220 dólares por persona) Al tercer trimestre de 2012, la deuda externa consolidada de la República totalizó 102.357 millones de dólares (2.454 dólares por persona). Aún ajustado por inflación, cada uno de nosotros debe 101% más que hace 14 años.

¿Qué hicimos con todo ese dinero? Muy poco, la verdad. EL PIB per cápita, en una época de bonanza extraordinaria, ha crecido 13% en 14 años (0,9% anual). En ese período, pasamos de importar 838 dólares por persona al año a nada menos que 1.350 dólares (1). A falta de producción e inversión nacional, las importaciones hicieron posible un enorme boom de consumo: Un venezolano promedio consume en volumen 53% más que en 1998. Así, la renta petrolera entera se nos escapó en importaciones (428.083 millones de dólares o 62% de las exportaciones petroleras) y salidas de capital (169.378 o 25%). Allí tenemos ya el 87% de los ingresos provenientes del petróleo. ¿Y los de la deuda? Esa historia es más triste aún. Todo el crecimiento de la deuda pública externa y buena parte de nuestras reservas internacionales fueron a las arcas del FONDEN. Desde su fundación, el fondo ha recibido más de 105.000 millones de dólares, sin que tengamos hasta la fecha ninguna idea de qué hicimos con ese dinero.

Viendo este balance, uno se da cuenta del enorme fracaso económico de la revolución. También se da cuenta de que Venezuela no tiene ninguna razón de fondo, al menos no económica, para estar pasando por lo que hemos pasado y seguimos pasando.

@miguelsantos12

Para El Universal, 01/02/2013

(1) La cifra tal y como aparece en el artículo de El Universal es en dólares reales de 1988, aunque la aclaratoria fue omitida por razones de espacio. Si se miran las importaciones en dólares per cápita, pasaron de 838 (19.548 millones de dólares entre 23,3 millones de personas) a nada menos que 1.891 (56.357 millones de dólares entre 29,8 millones de personas). Visto así, las importaciones por persona crecieron 125,8%. En realidad, lo correcto es lo que aparece reportado en el artículo: Corrigiendo por la inflación en Estados Unidos (en el artículo lleve las importaciones 2012 a dólares de 1998, pero ha podido hacerse al revés también) al crecimiento es de 61,1%).