jueves, 13 de marzo de 2014

Mitos y realidades del dólar libre

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
miércoles 12 de marzo de 2014  12:00 AM
El gobierno continúa jugando al gallo pelón con la política cambiaria. El "nuevo sistema" está "a punto" desde hace semanas. Se habla de una "liberación cambiaria", de un nuevo mercado en donde se podrían adquirir divisas "sin restricciones" (Ramírez dixit). Ya las bancas de inversión proyectan que el precio del dólar libre se estabilizaría alrededor de cincuenta bolívares (Bank of America). Aprovechando que aún seguimos en el terreno de la especulación, de las hojitas de Excel que aguantan de todo, quisiera llamar la atención sobre algunas implicaciones que una medida como esa tendría en mercados distintos al mercado de divisas. A fin de cuentas la economía se trata de eso, de las interconexiones que existen entre los diferentes mercados y los precios que surgen a raíz de ellas: Mercados de dinero (intereses), de divisas (tipos de cambio) y de bienes (precios). No me anima el prospecto de aparecerme con la cuenta en la Última Cena, pero sí me interesa contrastar mi punto de vista con otros y contribuir a cerrar la brecha entre las expectativas y la posible realidad. 

Habría que pensar qué tan factible es -o por cuánto tiempo se podría extender- una liberación cambiaria que no pase por la liberación de las tasas de interés. Las remuneraciones de depósitos promedian 12,5% en ahorros y 14,5% a plazos, con la inflación por arriba de 56%. Uno presume que eso sólo es posible en un sistema en donde no existe la posibilidad de comprar dólares libremente. Ahora bien, la liberación de las tasas trae consigo problemas muy complejos, y uno no ve a nadie en el gobierno trabajando para resolverlos. ¿Qué pasaría con las cuotas de los créditos hipotecarios, agrícolas y de turismo, en caso de una liberación de tasas de interés? ¿Las tasas se ajustarían de una sola vez o de manera gradual? ¿Cuál sería el efecto sobre los balances de los bancos de un incremento en la morosidad?

Luego está el problema fiscal. Muchos piensan que con una devaluación a cincuenta bolívares por dólar (en el improbable caso de que el gobierno esté dispuesto a reconocerla) se corregiría el problema fiscal. Esta es una afirmación que vale la pena descomponer en sus diferentes supuestos y correspondientes conjeturas. En primer lugar, para conocer la contribución fiscal de la devaluación sería necesario saber qué cantidad de divisas el gobierno está dispuesto a vender a esa tasa. Recordemos que aún existe Cadivi (¿Cencoex?) y Sicadi-I. ¿Cómo distribuirán sus flujos (fuera del oro hay muy poco en stock) entre estos tres? En segundo lugar, hay que recordar que las importaciones públicas ya prácticamente igualan a las privadas, lo que reduce la contribución fiscal de la devaluación en relación con otras épocas. En tercer lugar, el déficit fiscal consolidado cerró en 15,4% del PIB, financiado a partes iguales entre impresión de dinero y deuda interna. Muchos insisten en que con una devaluación como la que se ha planteado no sería necesario imprimir más dinero. Ahora bien, esa es sólo la mitad del financiamiento del déficit fiscal. La otra mitad viene de emisiones de deuda interna. En este momento los títulos de deuda pública nacional vigentes promedian una tasa de interés de 14,7%. La diferencia entre esa tasa y la inflación es una suerte de impuesto vía represión financiera que el gobierno carga sobre los tenedores de bonos (bancos), quienes a su vez lo trasladan a los ahorristas. Si se liberan las tasas de interés, se eliminaría este mecanismo de financiamiento y se abriría un hueco adicional en el presupuesto nacional.

Yendo un paso más atrás cabe preguntarse: ¿Por qué se le hizo necesario al gobierno imprimir dinero? Para financiar el déficit de Pdvsa. ¿Y por qué Pdvsa tiene un déficit, si el petróleo está a cien dólares por barril? 1) Porque paga regalías sobre barriles que no cobra, ya sea porque se regalan, o porque se cobran a través de otro bolsillo (i.e. Fondo Chino), y 2) Por el gasto social que se le ha cargado a la petrolera estatal. ¿Está el gobierno dispuesto y en capacidad de unificar el tesoro nacional, eliminar los regalos y concentrar el gasto social en el gobierno central?

Más allá de las cifras puntuales, quería enfatizar que no puede existir liberación cambiaria sin un paquete consistente de medidas en el área fiscal, monetaria, bancaria y empresarial. De no ser así, se orquestaría una inmensa fuga de capital sin ningún propósito. Se trata de una transformación estructural de nuestra economía. Aún en el supuesto negado de que el gobierno tuviese ya bajo la manga un programa así, sería cuestionable el éxito de su implementación por parte de los mismos que han venido cayéndole a patadas a los textos de economía básica durante quince años.

@miguelsantos12

miércoles, 5 de marzo de 2014

Venezuela Macroeconomic Outlook

Venezuela Macroeconomic Outlook: A summary on the main statistics of the Venezuelan economy, the Hugo Chavez poignant legacy, and the root of the massive protests taking place in Venezuela rightnow

La guarimba party

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
miércoles 5 de marzo de 2014  12:00 AM
José Ignacio Cabrujas solía decir que el rol de un articulista no era el de recoger en un conjunto de frases "¡eso mismo en lo que yo estaba pensando, pero no hallaba cómo decirlo!". No. Se trataba, en palabras de Cabrujas, de "ser capaz de pellizcar a esa sociedad". En este caso, se trata precisamente de eso. Ya no digamos a "la sociedad", porque quienes leen este periódico no representan a la sociedad en su sentido más amplio; pero sí de pellizcar a ese segmento de la sociedad que lo lee. Sospecho que guarda una relación cercana, que comparte un plano significativo con el espectro al que me quiero dirigir.

Entiendo que la oposición está lidiando con un régimen dictatorial. Entiendo que hay al menos quince muertos, muchos de los cuales han caído con una bala en la cabeza. Entiendo también que mientras eso ocurre, los canales de televisión privados se entretienen en programas de cocina, peluquería y novelas. Entiendo que la mayoría de los poderes públicos tienen sus períodos vencidos. Ahora bien, eso no convierte cualquier cosa que se nos ocurra hacer en contra de ese sistema en efectiva, ni tan siquiera en algo que valga la pena hacer. Muchos parten de la premisa de que "al menos estamos haciendo algo", como si hacer algo fuese necesariamente siempre mejor que nada. No es así.

La guarimba, esa extraña práctica a través de la cual un opositor le tranca la calle a otro que tiene la misma orientación política que él, y en el proceso se neutralizan ambos, no le trae nada bueno a la oposición. No se trata de hacérselo más fácil a ellos, sino de administrar nuestras fuerzas y nuestros recursos, que tampoco es que nos sobren. Hay que ser capaz de separar las cosas en matices, no sólo en blanco y negro, sirve o no sirve, y escoger la mejor acción. Una cosa es protestar, y otra cosa es guarimbear.

Los guarimberos son algo así como el Tea Party de Estados Unidos. Convencidos de su propia virtud, acaso también de su falta de efectividad, siempre dispuestos a arrastrar al fracaso a su partido para hacer valer sus principios. Hay una suerte de desesperación, de propensión a la auto-derrota, de la que no somos capaces de librarnos. A muy pocos de los que andan en eso, o de los que defienden esa práctica, se les ocurre pensar que alguien pudiera no estar de acuerdo. Para ellos "es el pueblo", sus compañeros de urbanización. Hacen citas vagas de la situación en Lídice, o en algún barrio próximo de reciente referencia, sin demasiada convicción, siempre a la carrera.

Y sin embargo, he aquí que, tras varias semanas de guarimba, empiezan a aparecer los primeros signos de agotamiento en la población, esa sí, en toda su extensión. La violencia le ha dado una oportunidad al gobierno de asociar el caos económico a las trancas de calles y avenidas a lo largo del país. Es una apuesta relativamente sencilla, que no requiere de mayores habilidades de venta. Mientras el caos se acentúa, se le hace más difícil al gobierno, sí, pero también se desprestigia la oposición. Es como si ambos viniesen cayendo de un terraplén, a ratos a velocidades diferentes. Si eso es así, la oposición debería tratar de aprovechar la menor oportunidad que tienda el gobierno o la comunidad internacional para armar una mediación, con actores locales e internacionales. Mujica lo ha ofrecido recientemente. Si no lo consigue pronto, lo que vamos a presenciar es una suerte de carrera suicida: Si cae primero el gobierno; o si se sostiene, y la oposición termina de perder el terreno ganado en estos últimos años.

Quienes se inclinan por la opción del golpe, que no son pocos y cada vez son más violentos, creen que quienes lo den nos van a llamar por teléfono al día siguiente. No se han paseado por la experiencia de Egipto, en donde celebraron la caída de Morsi y ahora sufren un régimen militar sin ninguna posibilidad de elecciones libres a la vista.

Son pensamientos sueltos, inconexos. A fin de cuentas, nuestra realidad, en la medida en que la vivimos, es también inconexa, la percibimos a trozos incompletos, en rápida sucesión. En esta circunstancia, cualquier pretensión de conocimiento absolutista es apenas una muestra de ignorancia. La oposición ha venido convergiendo hacia un set concreto de peticiones, ha venido abandonando la renuncia y la caída como precondición. En ese sentido, hemos progresado. Pero también es verdad que los llamados de los líderes a contener la guarimba, la violencia, ha sido ignorado por los más extremistas. Son un grupo pequeño, pero en el mundo de hoy muy pocos son capaces de generar caos y dar al traste con el esfuerzo de muchos. 

@miguelsantos12